Alvear, Holmberg y San Martín

Al crearse el Escuadrón de Granaderos a Caballo en marzo de 1812, el Primer Triunvirato estableció cargos y otorgó los correspondientes sueldos. De inmediato, Carlos María de Alvear (cuyo retrato vemos a la izquierda), envió una carta al Ejecutivo, renunciando a percibir sus ingresos:

Exmo. Señor:
Cuando ofrecí mis servicios á V. E. para que me destinase en lo que considerase podría ser de alguna utilidad á nuestra justa causa, cumplía con los deberes de un ciudadano honrado, que miraba como un crimen el permanecer en el ocio, cuando la patria exige de sus hijos el servicio que por la naturaleza le es debido y ahora que V. E. se ha dignado honrarme con el empleo de Sargento Mayor del Escuadrón de Granaderos á Caballo que se ha de formar, creo de mi deber y obligación, supuesto que la Providencia me ha dado con que subsistir, ceder á beneficio del Estado todo el sueldo que me pertenece por mi empleo, sirviendo en un todo á mi costa, cuya pequeña gracia espero de la justicia de V. E. se sirva admitir como la mas mínima parte del interés que me tomo por el bien de la Patria.
Dios guarde á V. E. muchos años.
Buenos Aires, 24 de Marzo de 1812.

La renuncia de Alvear fue publicada en la Gaceta del 3 de abril de 1812, junto con el siguiente decreto:

El Gobierno admite y reconoce esta patriótica oferta, que se publicará en la Gaceta para que sirva de satisfacción á los buenos ciudadanos, y de confusión á los egoístas.
Exmo. Gobierno Superior de las Provincias Unidas del Rio de la Plata.

Asimismo, acompañaba los textos de la Gaceta la siguiente nota:

No es menos digna de la consideración de la patria y del aprecio de los buenos ciudadanos la generosa oferta de 50 pesos mensuales que ha hecho don José de San Martín comandante del escuadrón de ganaderos ha de formar, y la sesión que hace de una tercera parte de su sueldo don Eduardo Kaillitz, barón de Holmberg, que marcha a incorporarse al ejército del interior. El gobierno ha mirado con distinción los sentimientos nobles de estos ciudadanos, ha ordenado que se les dé las más expresivas gracias a nombre de la patria y que se publique en gaceta para que aparezca un testimonio público que los honre y los haga merecer el afecto de los hombres virtuosos.

Recordemos que Alvear, Holmberg y San Martín habían arribado a Buenos Aires, provenientes de Europa, el 12 de marzo de 1812. Al ceder parte de su sueldo o la totalidad, estos hombres estaban dando una clara señal de que no perseguían un fin económico, sino claros valores que estaban por encima de ciertas comodidades.

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Nombres de niños en 1814

El uso del santoral para denominar a un hijo fue una práctica muy habitual en tiempos de la Revolución y la Independencia. Fue el caso del presidente Faustino Valentín Sarmiento, quien nació en 1811, el día de San Valentín y fue bautizado el día de San Faustino, aunque en la casa lo llamaron Domingo, nombre que no figura en el registro de su bautismo. En otros casos, se llamaron igual que sus antepasados. Por ejemplo, el hijo de Mariano Moreno llevó el mismo nombre de su padre.

¿Cuáles eran los nombres que se usaban hace 200 años? Una revisión de los libros de bautismos de aquel tiempo nos ofrece una idea. Además de los clásicos Juan, José, Pedro, Manuel, Francisco, Luis, Santiago, Mariano, María, Pilar, Ana, Mercedes, Clara, Lucía, Inés, Dolores, Paula, Victoria y Magdalena, entre tantísimos otros, destacamos aquellos que ya no son de uso habitual.

Entre los hombres, mencionamos a: Fortunato, Pascual, Basilio, Atanasio, Apolinario, Dámaso, Isidro, Asencio, Evaristo, Dionisio, Venancio, Ventura, Casimiro, Hilario, Cecilio, Hermenegildo, Tirso, Eustaquio, Nepomuceno, Giocondo, Ulpiano, Eufrasio, Críspalo, Eusebio, Fulgencio, Gabino, Crisólogo, Custodio, Valerio, Cándido, Pantaleón, Genaro, Cesáreo, Doroteo, Celestino, Ciriaco, Nicasio, Gaspar, Loreto, Cirilo y Timoteo.

Entre las mujeres, citamos a: Bernardina, Tadea, Antonina, Petrona, Brígida, Gertrudis, Jacinta, Norberta, Ildefonsa, Vicenta, Lugarda, Consolación, Antolina, Tiburcia, Mauricia, Isidora, Eusebia, Casilda, Felipa, Saturnina, Benigna, Daría, Sinforosa, Bartola, Gerónima, María de la Cruz, Aulia, Josefa, María de las Nieves, Lorenza, Bernabela, Santos, Inocencia, Tránsito, Hermenegilda, Ruperta, Leandra, Polonia, Sebastiana, Resituta, Tomasa, Cornelia, Bartolina, Enrica, Olegaria, Úrsula, Pascuala, Silveria y Flora.

Algunos de estos nombres se mantienen en determinadas familias que van traspasándolos de generación en generación para mantener la tradición. Pero en la mayoría de los casos ya han perdido su lugar en la preferencia de los argentinos.

 

 

 

 

 

Concurso: ¿Quién será el próximo presidente? (1904)

La segunda presidencia de Julio A. Roca llegaba a su fin y en el verano de 1904, los Cigarrillos Atorrantes lanzaron un concurso. Había que adivinar cuál sería la fórmula presidencial triunfante en las próximas elecciones. El premio mayor sería de 3000 pesos y había recompensa para el segundo, ($1500) y el tercero ($500). En 1904, un traje de hombre costaba 25 pesos y un par de zapatos, 10. ¿Cómo se establecía el ganador? Entre aquellos que hubieran acertado la fórmula, tendría ventaja el que hubiera enviado la mayor cantidad de cupones. Cada atado de cigarrillos traía un cupón.

A comienzos de junio, ocho días antes de que se reuniera el Colegio Electoral en el Congreso, cerró el concurso. Las elecciones se realizaron el 10 de abril y los resultados acotaron el número de candidatos. Se barajaban los nombres de Carlos Pellegrini, Marco Avellaneda, José Evaristo Uriburu, Manuel Quintana, Luis María Drago, José Figueroa Alcorta y Guillermo Udaondo. El 12 de junio, los electores le dieron el triunfo a Quintana (18 votos) frente a Avellaneda (13) para la presidencia. En cuanto al vice, Figueroa Alcorta (21 votos) se impuso a Udaondo (12).

El ganador del Concurso de los cigarrillos Atorrantes (y precursor de los consultores políticos con aciertos) fue Luis M. Vila, de la calle Colombres 435, Capital Federal. Había enviado 16.632 cupones. Los 1500 pesos quedaron en manos de Eutiquio Saavedra (sí, Eutiquio) y el tercer premio fue para José Corrado, ambos de la Capital, también.

Cuando el siempre pulcro Manuel Quintana (le decían Maniquí por su nombre y su elegancia) asumió la presidencia el 12 de octubre, Vila ya venía celebrando hacía rato, como si fuera el más quintanista de todos.

 

Rufino Falcón, soldado todo terreno

En 1960, cuando se celebró el sesquicentenario de la Revolución de Mayo, se realizaron innumerables actos y homenajes. En Buenos Aires, más precisamente en el barrio de Belgrano, se resolvió bautizar una de sus calles (que hasta entonces se denominaba Uriburu) con el nombre de Soldado de la Independencia, como reconocimiento a los miles de soldados anónimos que participaron en la contienda. También se los recuerda en la Catedral Metropolitana, donde se encuentra la urna del Soldado desconocido, junto al mausoleo de San Martín.

La realidad es que no todos son anónimos y desconocidos; en todo caso, muy poco conocidos. Como Rufino Falcón, un soldado con asistencia completa, según muestra su foja de servicios, que aquí resumimos. Nació en 1783 y murió a los 94 años, en 1877. ¿En qué hechos participó?

- Inició su actividad en el regimiento de Blandengues y actuó en la Reconquista (1806). Fue tomado prisionero, luego de varios meses logró escapar y se sumó a las fuerzas que pelearon en los Corrales de Miserere, en la Defensa de Buenos Aires (1807).

- Integró la filas de los Húsares de Pueyrredon. En 1811 se sumó a la Campaña del Paraguay, comandada por Belgrano, pero no pudo participar de las acciones porque en Corrientes se topó con el ejército que regresaba.

- En diciembre de 1811, dirigió un grupo de cien hombres que enfrentó a los amotinados en el Cuartel de Patricios durante la rebelión denominada Motín de las Trenzas.

- Formó parte de la Campaña al Norte, a las órdenes de Balcarce, primero, y de Belgrano, después. Fue tomado prisionero y recuperó la libertad luego de la victoria en la batalla de Salta. Acompañó a Belgrano en la retirada de Ayohuma, en 1813.

- En 1814, San Martín propuso a Francisco Fernández de la Cruz como comandante del Ejército del Norte y asimismo sugirió que su edecán fuera Falcón.

- A partir de 1815 actuó en las partidas de Güemes, enfrentando en guerra de guerrillas a los realistas del Alto Perú, hasta 1824, cuando se puso fin a la guerra de la Independencia.

Rufino Falcón (ya que estamos, aclaramos que Rufino se casó con Atanasia Duarte y no fue padre de Ramón Lorenzo, el futuro jefe de Policía) continuó en actividad. Su última participación tuvo lugar en Caseros, donde formó parte de la oficialidad de Urquiza que enfrentó a Rosas.

Esa es la brevísima historia de un hombre que fue protagonista de muchos acontecimientos, desde las Invasiones Inglesas hasta Caseros. Este es el soldado desconocido, que conoció a Pueyrredon, Balcarce, Belgrano, San Martín, Güemes y Urquiza. Uno más de los miles de héroes que existen en los archivos de nuestro pasado.

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Cuándo dejamos de manejar “a la inglesa”

En abril de 1944 se debatía qué ocurriría cuando se terminara el puente que unía Paso de los Libres con Uruguayana (Brasil). Porque nuestros vecinos manejaban conservando la derecha, pero nosotros lo hacíamos al revés, es decir, “a la inglesa”.

El ministro de Obras Públicas del presidente Farrel, Juan Pistarini, firmó el decreto que establecía que el domingo 10 de junio de 1945, todos los autos del país debían modificar su sentido de marcha. Se determinó que la primera semana se manejaría a menor velocidad. La campaña comenzó de inmediato. Se imprimieron calcomanías que debían pegarse en los vidrios de los autos. Las flechas indicaban por dónde debían ser pasados: por la izquierda.

Los folletos con consejos buscaban resolver las situaciones de incertidumbre –por ejemplo, en una bocacalle– con frases como:

“Piense que si usted es una persona serena, el otro conductor puede ser un novicio de temperamento nervioso y perder el control en momento de peligro”.

“Si se encuentra de frente con otro coche que no tiene en cuenta el cambio de mano, usted debe detener su vehículo y hacer al otro conductor las indicaciones necesarias”.

Como medida complementaria, se modificó el sentido de circulación de muchísimas calles. Brigadas del Touring Club Argentino y del Automóvil Club Argentino salieron con escaleras y martillos a estampar carteles viales. Se dieron vuelta 280 señales y se adhirieron a las esquinas 6500 flechas indicadoras del sentido de la circulación. Se acordó que los trenes y subtes no cambiarían de mano para no sumar más confusiones.

En mayo se realizó un simulacro de cambio de mano en Corrientes y Nueve de Julio. Durante un día entero, se podía dar vueltas alrededor del obelisco en el sentido contrario al que estaban acostumbrados. La gente se paraba en la Plaza de la República para ver el espectáculo del giro a la izquierda.

A las 5:55 de la mañana del domingo 10 de junio de 1945, un ejército de policías hacía sonar sus silbatos y le indicaba a los automovilistas que circulaban que lentamente se pasaran de carril o giraran el vehículo –por el cambio de sentido de más de cien calles– y aguardaran frenados cinco minutitos. A las 6:00 dejó de manejarse “a la inglesa”.

Los hijos de Urquiza

En el imaginario popular, el caudillo entrerriano Justo José de Urquiza (quien en realidad, al nacer en 1801 fue bautizado con el nombre de José Justo de Urquiza) ha ostentado un lugar en el podio de los romances. El primer presidente constitucional de la Argentina, siempre ha sido considerado uno de los hombres prolíficos de nuestra historia.

Por supuesto que lo fue, pero muchas veces se magnificaron sus virtudes amatorias. Suele decirse que tuvo cincuenta, cien hijos. ¿Será así? Tal vez ni él lo supiera. Pero hay una prole específica que puede identificarse con certeza. Nos referimos a los veintitrés hijos que tuvo y reconoció. Son los siguientes:

1) Concepción, hija de Encarnación Díaz, nacida en 1820.

2) Teófilo, hijo de Segunda Calvento, nacido en 1823.

3) Diógenes, hijo de Segunda Calvento, nacido en 1825.

4) Waldino, hijo de Segunda Calvento, nacido en 1827.

5) José, hijo de Segunda Calvento, nacido en 1829.

6) Ana, hija de Cruz López Jordán, nacida en 1835.

7) Justo José del Carmen, hijo de Juana Sambrana, nacido en 1840.

8) María Juana, hija de Juana Sambrana, nacida en 1842.

9) Cándida, hija de Tránsito Mercado, nacida en 1842.

10) Clodomira, hija de Tránsito Mercado, nacida en 1846.

11) Medarda, hija de Cándida Cardoso, nacida en 1846.

12) Norberta, hija de María Romero, nacida en 1846.

Luego de su casamiento con Dolores Costa, tuvo con ella los siguientes hijos:

13) Dolores (1853).

14) Justa (1854).

15) Justo José Salvador (1856).

16) José Cayetano (1858).

17) Flora del Carmen (1859).

18) Juan José (1861).

19) Micaela (1862).

20) Teresa (1864).

21) Cipriano (1866).

22) Carmelo (1868).

23) Cándida (1870).

En total, diez varones y trece mujeres. En total, fueron ocho las madres de los hijos que ha reconocido el entrerriano. De esta descendencia han nacido cien nietos. Ni 99 ni 101. Cien exactos.

 

Moreno y los morenos

El viernes 25 de mayo de 1810 asumió la Junta de Gobierno. Dos semanas más tarde, el viernes 8 de junio, convocaron al fuerte a militares indios, pardos y morenos que se habían incorporado a las armas en tiempos de las Invasiones Inglesas, pero en regimientos aislados. Una vez reunidos, se acercó el primer secretario de la Junta, Mariano Moreno, y leyó en voz alta el siguiente decreto:

La Junta no ha podido mirar con indiferencia que los naturales hayan sido incorporados al Cuerpo de Castas, excluyéndolos de los batallones españoles a que corresponden. Por su clase, y por expresas declaratorias de Su Majestad [es decir, la Junta], en lo sucesivo no debe haber diferencia entre el militar español y el militar indio: ambos son iguales y siempre debieron serlo porque desde los principios del descubrimiento de estas Américas quisieron los Reyes Católicos que sus habitantes gozasen los mismos privilegios que los vasallos de Castilla. En esta virtud ha resuelto la Junta, a consecuencia de una representación de los mismos naturales [esto significa que había existido un previo reclamo de los convocados], que su compañía pasen a integrar los regimientos 2 y 3 bajo sus mismos oficiales, alternando estos, con los demás, sin diferencia alguna y con igual opción a los ascensos.

La medida se cumplió de inmediato. Parte de la tropa se sumó al Regimiento 2, de Patricios, mientras que la restante lo hizo en el 3 de Infantería (que en las Invasiones Inglesas habían sido los Arribeños, es decir, los oriundos del norte).

Ambos cuerpos tuvieron una participación destacada en Suipacha (Alto Perú), la primera gran victoria patriota en la Guerra de la Independencia.

 

Nace la Nueve de Julio

El 12 de octubre de 1937 por la mañana, el presidente Agustín P. Justo y el intendente Mariano de Vedia y Mitre inauguraron el primer tramo de la avenida 9 de Julio, un viejo proyecto que buscaba que la ciudad tuviera un corredor Norte-Sur. Más allá de los aspectos oficiales, nos interesa resaltar que el obelisco ya contaba un año y medio de existencia y que el primer tramo inaugurado abarcaba de Tucumán a Bartolomé Mitre.

Multitud de vecinos se acercaron para estar presentes. Jamás se había visto una avenida de esas dimensiones. Hubo bandas musicales, discursos, ventas de recuerdos y muchos fotógrafos dedicados a retratar el primer día de la 9 de Julio, incluso trepados a los techos de las casas que se demolerían en las próximas semanas para continuar el trazado.

Por la noche, se convirtió en pista de baile y ese fue el día en que el tango y el obelisco se unieron para siempre. Fue el 12 de octubre de 1937, al ritmo del dos por cuatro.

 

La Loba Romana

Loba Romana o Loba Capitolina es una obra que regaló el rey de Italia Víctor Manuel a la Nación Argentina el 25 de mayo de 1910 y que mandó entregar al presidente electo, Roque Sáenz Peña (Rocco le decían los italianos), que asumiría el 12 de octubre de 1910 sucediendo a Figueroa Alcorta.

Sáenz Peña recibió en nombre de la Nación la escultura, que era una copia de una loba hecha por los etruscos, expertos en el tratamiento del bronce, a la cual dos hermanos escultores romanos del siglo XV le agregaron los gemelos Rómulo y Remo.

Roque, Rómulo, Remo y la loba arribaron en septiembre cuando Sáenz Peña regresó para asumir la presidencia. El lugar elegido para emplazar el regalo del rey de Italia fue la esquina de Florida y Bartolomé Mitre, en un alto pedestal de mármol (curiosamente, ahora está allí el monumento a Sáenz Peña). Allí permaneció la loba de bronce durante algún tiempo y después la pasaron al Jardín Botánico de Palermo. Luego se realizó una copia, es decir, la copia argentina de la copia italiana del original etrusco. La copia argentina fue a parar al Botánico (la vemos en la foto), en trueque por la auténtica que se mantuvo unos años en el hall del Palacio Municipal hasta que fue trasladada al Parque Lezama.

Quienes recorren el país saben que ahora hay muchas más lobas romanas. Resistencia y San Rafael (Mendoza), son dos ejemplos. Pero hay que aclarar que esa lobomanía arrancó con la que trajo a estas tierras el presidente electo de 1910.

En septiembre de 2007 se robaron a Rómulo y Remo originales de Parque Lezama. Fueron reemplazados y hoy, según las noticias, robaron los reemplazos. En el Botánico todavía están las copias.

El Día de la Policía

La imagen corresponde al desfile del 8 de octubre de 1927, en la celebración anual del Día de la Policía Federal. La celebración se había instaurado el año anterior. Vemos en el palco oficial al presidente de la Nación, Marcelo Torcuato de Alvear, con el sombrero en la mano. Como todos están descubiertos, incluso el chico, y los policías hacen la venia, es posible que esté ejecutándose el Himno Nacional Argentino. A la derecha del presidente, con abrigo claro, puede verse a la Primera Dama, Regina Pacini.

Además, en el palco lo acompañan ministros. De hecho, dos integrantes del Gabinete, presentes en la celebración, serían presidentes. En la primera foto se encuentra (lamentablemente tapado) el Ministro de Guerra, Agustín Pedro Justo, quien está haciendo la venia. En la segunda foto, tocándose la cabeza, vemos a Roberto Marcelino Ortiz.

Para terminar, un par de datos acerca del Día de la Policía. No era una fecha fija, sino un sábado de octubre. Estos desfiles se hacían en el Parque Centenario del barrio de Caballito. Y se entregaban premios y condecoraciones a los que habían realizado actos de valor o que fueran un ejemplo para el resto de sus compañeros.