Avisos clasificados en 1823

El Argos era uno de los diarios más leídos de la época. Anunciar en él significaba llamar la atención de un buen caudal de potenciales clientes. En las ediciones de 1823 se encuentran, entre otros, lo siguientes avisos, cuya ortografía original se respeta:

Don Domingo Mosqueira, vecino de Mendoza, solicita [busca] á su Sr. Padre llamado D. Francisco Mosqueira y Romero, su patria Galicia, de edad de cincuenta y tantos años, y fue casado en la provincia de San Luis, y que en su viudez supo estar ahora 12 ó 14 años en San Nicolas de los Arroyos, y en la Capilla del Rosario jurisdiccion de Santa Fé, y que si alguno supiese donde exista que tenga la bondad de avisarlo en la vereda ancha [Hipólito Yrigoyen entre Bolívar y Defensa] tienda de Don Miguel Ochagavia, quien dará razón del interesado, el que se ofrece á dar cantidad de pesos siendo efectivo saberse donde se halle. (7 de junio)

Al Sr. Roffet, calle de la Victoria [Hipólito Yrigoyen], media cuadra para el campo, acaba de llegar una partida de agua para los ojos de calidad muy superior. Esta agua admirable ha adquirido en diferentes partes del mundo mucho mérito, y por esto es que se recomienda particularmente á todas aquellas personas que padezcan de la vista como un remedio muy sencillo y fácil. El Sr. Roffet informará mas circunstancialmente de sus excelentes cualidades ocurriendo á su tienda. (5 de julio)

Una doméstica se hace visible á las señoras, y ofrece conchabarse; ella sabe coser bien, plegar, planchar, y en clase de mucama desempeña todo servicio de toda importancia, su conducta asegura con personas que la conocen, si la necesitasen avisarán á la vereda ancha. (16 de julio)

A los señores D. Mateo y Adan Stodart, que tienen su almacen en casa de D. Antonio Peran [se trata de Antonio Pirán], calle de la Piedad, N. 98, ha llegado una partida de pianos y otros varios instrumentos como son violines, guitarras, etc, advirtiendo que los pianos son todos de primera clase y los mejores que el autor ha podido escoger de su fábrica en Londres, en la inteligencia que los precios son de trescientos hasta mil pesos, los señores y señoras que quisiesen verlos pueden ocurrir en dicha casa. (2 de agosto)

Juan Antonio Sallandrouze, vive en la calle de la Paz, número 68. Da á conocer que limpia fraques y levitas, pantalones y chalecos de piel de cabra, saca toda clase de mancha en sedas y en merinos, blanquea y vuelve á su estado primitivo los chales de cachemire, crespones de la China y merinos brocados y estampados. Etc. (18 de octubre)

Nuevo interesante Almanak de Buenos Aires. Contiene ademas del calendario y las observaciones para los que nacen en cada mes, dos tablas del nacimiento y muerte de los patriarcas; la lista de los soberanos de la Europa; un extracto de los sistemas astronómicos; una tabla de las distancias de los planetas, sus formas ó sus diámetros, y el tiempo que tardan en sus revoluciones; nacidos y muertos en toda ella al cabo del año, del día y de la hora; la esplicacion de los sueños conforme á los antiguos magos y caldeos; una coleccion de anecdotas mui selectas: en fin, el itinerario de las postas en el interior. Se halla de venta, á un real, en la Imprenta de Espósitos, en la vereda ancha tienda de Ochagavia, y en las librerias de Ortiz y de Osandavaras [se refiere a Usandivaras], del Colegio para S. Francisco. (22 de octubre)

Se desea cambiar un carro nuevo de última moda con un coche lo mas ligero que pueda ser, si en su valor excediese al del carro se entregará en dinero, véase con su dueño el doctor D. Pedro Medrano que vive junto á San Miguel. (13 de diciembre)

De Santo Domingo, media cuadra para el campo en los cuartos de D. Tomas Romero, se venden sanguijuelas á 4 reales cada una.(20 de diciembre)

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Buenos modales en el bar (1956)

El libro CORTESÍA y buenos modales de María Adela Oyuela, escrito en 1956, ofrece consejos de cómo se debía actuar en una salida. Aquí, un repaso por algunas de aquellas normas de conducta social que se mantenían hace cincuenta años.  

–Modo de comportarse en restaurantes, confiterías, boites y bares americanos

Cuando se quiere tener una entrevista agradable, un rato de charla o una atención, y no se puede por algún motivo invitar a la propia casa, se adopta la solución actual, que consiste en recurrir a una confitería, restaurante, etc.

Las reducidas dimensiones de los departamentos modernos, las dificultades de servicio, de horario o de obtención de elementos adecuados, han contribuido a hacer de esta modalidad algo acostumbrado. A nadie, pues, le llama la atención recibir una invitación a tomar el té en tal o cual confitería, o a “tomar una copa” en este bar, a comer con Fulano y Mengano en aquel restaurante. Pero, si bien no existe un impedimento serio para resolver una situación de compromiso de este modo cuando se trata de dos o tres personas, puede haberlo cuando tenemos que invitar a muchos más, pues el presupuesto se aumenta de una manera exagerada.

Tratándose de relaciones nuevas que no conozcan nuestra casa, resulta mucho más cortés y significa en cierto modo admitirlas en nuestra intimidad, invitarlas a una reunión en nuestro domicilio, por pequeño que sea.

-Conozca bien a quién lleva a su casa

Es conocido el proverbial modo de ser argentino, que practica una política de “puertas abiertas” con sus relaciones, lo cual nos ha valido -sobre todo entre los extranjeros- fama de hospitalarios y generosos.

Hermosa fama, bien merecida y conservada; pero antes de llevar a nuestro hogar a un nuevo visitante, nos parece prudente conocer un poco su modalidad, educación y condiciones, a fin de evitar un posible y tardío arrepentimiento por haber actuado con precipitación. Para este previo conocimiento mutuo, resulta práctico invitar a lugares como los indicados, donde habrá oportunidad de estudiar más a fondo a los posibles amigos, y de obtener una impresión general sobre su carácter.

-Diferentes modos de invitar

La invitación para uno de estos establecimientos se hace por teléfono y con toda sencillez –como cuando invitamos al cine- salvo en el caso particular de que necesitemos conocer de antemano, y con exactitud, el número de los asistentes (por ejemplo, en ocasión de un homenaje, la celebración de una fecha, etc.). En estas circunstancias, la invitación se formula por tarjeta.

Las confiterías, salones de té, bares, restaurantes, etc., se dividen y clasifican en diferentes categorías, que ofrecen una gran diversidad de ambientes y son frecuentados por los públicos más heterogéneos. Aparte unos pocos establecimientos, tradicionalmente elegantes, el resto queda librado al capricho de la gente, que los pone de moda o les retira su favor, con la arbitrariedad más absoluta. Nadie ignora la inconstancia característica del gran mundo en ese sentido, engendrada probablemente por un insaciable deseo de novedad y de variación. Es muy comprensible que a las personas que “salen mucho” les resulte monótona y aburrida la frecuentación de lugares que ofrecen a otras, de vida doméstica, el atractivo de lo excepcional. El placer deja de serlo cuando se convierte en costumbre, y en tales condiciones suele preferirse cualquier cosa “diferente” de las conocidas, aunque sea de calidad inferior a aquellas que la costumbre ha acabado por gastar y desteñir.

Esto explica el éxito –de otro modo inexplicable- de algunos establecimientos que un buen día están de moda y se ven extraordinariamente concurridos, aunque dos días después vuelvan a la mediocridad y al anonimato. (…) De ahí la fugacidad de un auge que no tiene ninguna base sólida. Y de ahí también, cuando de invitar se trata, la necesidad de consultar las preferencias de nuestro invitado, para llevarlo no sólo a un sitio “de moda” sino a un ambiente donde, además, y sobre todo, pueda sentirse a gusto.

Vaya un ejemplo: si llevamos a una persona muy seria, bastante puntillosa, y convenientemente atiborrada de prejuicios, a un bodegón del bajo fondo, por pintoresco que sea, no es muy probable que nuestra elección resulte un acierto. 

-Cómo desenvolverse en esos sitios

Cuando se entra a un restaurante o confitería, los hombres se quitan el sombrero, por tratarse de lugares cerrados donde hay personas de ambos sexos. Son los últimos en sentarse y, antes de hacerlo, ayudan a las señoras acercando la silla a la mesa en el momento oportuno.

La ubicación de los asientos también se tiene en cuenta: las señoras o personas de más respeto se sitúan de frente a la entrada principal, teniendo derecho a la elección de la mesa y del lugar.

Si en algún momento una de las señoras de una mesa se pone de pie, los caballeros que la acompañan deben imitarla y permanecer así mientras ella no se retire. Si lo hace, los hombres vuelven a sentarse. De igual modo que al ocupar la mesa, los caballeros deben estar atentos al gesto con que una señora indique su intención de levantarse, para deslizar en su oportunidad la silla suavemente, y de ese modo facilitarle el paso. Si una señora o señorita se acerca a una mesa ocupada, por haber visto en ella a algún conocido, los hombres que estén en esa mesa se pondrán de pie, mientras la persona amiga los presenta. En caso de que lo juzguen oportuno, y siempre que la recién llegada esté sola, puede invitársele a integrar el grupo. En ningún caso se invitará a una persona sin su acompañante; y a su vez los invitados ocasionales deben por regla general, rehusar cortésmente, tratando de no prolongar la interrupción ocasionada por su presencia.

Un caballero no debe nunca –a menos de ser llamado especialmente- acercarse a una mesa ocupada por señoras solas o por una pareja, pues su intrusión puede ser indiscreta.

-Dónde dejar los paquetes y abrigos

Los abrigos, carteras, guantes, o pequeños paquetes, se colocan en una silla, al lado de su dueña. Si hay en el lugar un sitio destinado a guardarropa, o perchas, los hombres dejan allí sus sobretodos y demás accesorios; en caso contrario, siguen el mismo procedimiento que las señoras.

Es incorrecto y molesto colocar las prendas superfluas en los respaldos o brazos de los asientos de terceros, o quedarse con ellos sobre las rodillas; pero si no hay lugares disponibles, se elige la solución que provoque menos molestias a los demás.

-Pedidos al mozo (cuándo y quiénes los deben hacer)

Si alguna de las personas que se han dado cita llega con anticipación al lugar fijado (cosa que ocurre muy a menudo), puede elegir mesa y sentarse mientras espera, pero no debe hacer ningún pedido importante antes de la llegada de sus compañeros. Si el que se encuentra en tal situación es un hombre, en el momento de llegar la señora o señorita a quien espera, debe ponerse de pie, excusándose por haberse instalado, sin aguardar un poco. Si, por el contrario, es una dama (y esto habla muy mal del acompañante) no debe ni excusarse, ni ponerse de pie, pero tampoco habrá pedido nada al mozo antes de la llegada de su compañero, a menos que éste sea un amigo de mucha confianza, y no lo tome como una manera de echarle en cara su retraso.

Los pedidos al mozo o al camarero debe hacerlos (previa consulta con los demás) una sola persona que, como es lógico, será la que ha invitado, o en su defecto, la de mayor respeto, y la que presuntamente pagará el importe de lo que se consuma.

Entre personas del mismo sexo puede hacerse el pedido individualmente, pero manteniendo mucho orden y mesura y evitando aturdir al camarero con excesivos detalles.

Sea quien fuere el que haya invitado, todos los hombres que se sienten en torno a una mesa deben tratar de pagar la cuenta. Entre gente de edad aproximada, se puede repartir el gasto: “a la inglesa”, es decir, dividiéndolo en partes iguales (nunca en proporción a lo que ha tomado cada uno).

Si hay señoras, no es correcto repartir gastos contándolas por separado, y absolutamente inadmisible que ellas pretendan pagar, sea cual fuere su posición económica.

La conversación deberá ser agradable y en bajo tono de voz. Se evitarán las carcajadas estruendosas, los ademanes violentos, y las críticas sobre los demás.

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El mago Fu Manchú

Al mundo de los villanos simpáticos de la ficción (como el Coyote o el Pingüino) perteneció Fu Manchú. Este personaje, creado por el novelista inglés Sax Rohmer, siempre estaba muy enojado y tenía un odio visceral hacia la etnia blanca. Era multimillonario y fabricaba todo tipo de aparatos siniestros para eliminar al mundo occidental. Fracasaba una y otra vez, lo que hacía que aumentara su ira. Hizo su aparición en 1913 y fue uno de los malvados más populares de la literatura.

La vida paralela que necesita esta historia es la de David Bamberg, inglés nacido en 1904. Hijo de un mago, siguió los pasos de su padre. A los cinco años hizo un truco de magia en la Sociedad Estadounidense de Magos. En esa oportunidad solicitó un asistente y recibió la colaboración del presidente de la sociedad, nada menos que el gran Harry Houdini. A partir de entonces, se abría para él un futuro profesional de enormes posibilidades. Por eso, cuando tuvo edad suficiente para manejarse con independencia, partió de gira por teatros del mundo.

Bajo el apodo Syko el Psíquico, recorrió Estados Unidos y Europa. A los 19 años se casó con una espectadora, Hilda Seagle. Continuó su carrera con altibajos hasta que en Viena recibió una propuesta que marcaría a fuego su destino. El ilusionista Maurice Raymond lo invitó a participar como asistente en una gira que realizaría por Sudamérica. David aceptó y viajó junto con Hilda, en 1927. Cuando terminó la gira de Raymond, Bamberg había tomado una decisión: se quedaría a vivir en la Argentina. Lo primero que intentó fue montar un espectáculo de sombras chinescas, su especialidad, pero fracasó. Era tiempo del auge del cine sonoro y la proyección de sombras captaba la atención de muy pocos.

Un promotor le propuso armar un buen espectáculo y Bamberg estuvo a la altura de las circunstancias. Decidió adoptar un nuevo seudónimo y optó por el de su personaje favorito de la infancia. Ese año –1929– se convirtió en el “Mago Fu Manchú”. El gran paso fue agregarle mayor dosis de humor a los trucos. Y no abandonó las sombras.

De un día al otro, el mago inglés pasó a ser una celebridad. Actuaba en cines y teatros. Todo conjugó de la mejor manera y David “Fu Manchú” Bamberg trepó al podio de los mejores. Su fama trascendió la Argentina y partió de gira por el mundo: principalmente, Europa y Centro América. Pero cuando le tocó actuar en Estados Unidos, el apodo le jugó una mala pasada. Había usurpado el nombre del villano japonés y no le permitían presentarse bajo esa denominación que ya tenía dueño. Resolvió el problema de inmediato: en ese país fue conocido como Fu Chan.

Siguió viviendo –y actuando– en Buenos Aires donde descansó luego de su retiro de los escenarios. Murió en esta ciudad, en 1974. Con cuarenta años en el país, muchas generaciones de argentinos crecieron con sus ilusiones. Además, fue el promotor de la magia y formador, porque daba clases.

Para todos esos cientos de miles de argentinos, el primer Fu Manchú no era el malvado querible, sino el mago de su infancia.

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Los nacidos en septiembre y octubre

En el Almanaque Argentino correspondiente a 1923 podía encontrarse información variada para todo tipo de público. Se trataba de un compendio de notas de actualidad, entrevistas, guías para la cocina, consejos personales, datos útiles, compilación de direcciones de trámites, anuncios, galería de retratos y entretenimientos. Más próximo a este último campo, figuraban las predicciones para los que niños que nacieran durante el año.

En este caso, conoceremos qué le deparaba el destino a los nacidos en cada día de septiembre y octubre de 1923, según la popular guía que salía a la venta en los kioscos en el mes de diciembre. Más allá de la dudosa certeza, es curioso ver que en aquel tiempo no siempre los presagios eran positivos.

De todas maneras, la sección era muy comentada y no faltaban quienes creían con fe ciega las siguientes insólitas premoniciones:

Las personas nacidas en septiembre, el:

1. Tendrán tendencia a la vida monacal.
2. Contraerán casamiento muy tardío.
3. Carácter activo, inteligencia abierta.
4. Carácter disimulado y sombrío.
5. Espíritu calmoso y reflexivo, pacífico.
6. Vida muy laboriosa y sedentaria.
7. Amor a los placeres, llevado hasta el último extremo.
8. Fortuna precoz. Vocación al celibato.
9. Porvenir apacible al abrigo de reservas.
10. Vida tranquila en el campo.
11. Casará con persona de rango.
12. Enemistades, riñas con los suyos.
13. Fortuna especulativa.
14. Amor correspondido. Matrimonio feliz.
15. Buena suerte y fortuna en la navegación.
16. Amenazas de heridas entre ocho y doce años.
17. Caída en ardides groseros.
18. Amor al ideal. Corazón puro.
19. Ardor para el trabajo. Fortuna considerable.
20. Matrimonio rico, pero desgraciado.
21. Carácter inclinado a las ideas religiosas.
22. Amenaza de enfermedades mentales.
23. Carácter atrevido y belicoso.
24. Carácter contemplativo.
25. Vida difícil, amor amenazado.
26. Probabilidades tardías de fortuna.
27. Espíritu crédulo, poco desarrollado.
28. Vida trabajosa y de servidumbre.
29. Carácter demasiado pronto para obligarse.
30. Innumerables tribulaciones.

Las personas nacidas en octubre, el:

1. Son agresivas y coléricas.
2. Tienen instintos groseros.
3. Espíritu cándido. Amenazas de robo.
4. Carácter indolente, sin preocuparse del porvenir.
5. Carácter tristón que le hará perder sus amigos.
6. Carácter vano y pendenciero.
7. Espíritu frívolo. Ruina en carreras y juegos.
8. Diplomacia, finura. Casamiento rico. ­
9. Carácter ligero y frívolo.
10. Sin escrúpulos para los medios de medrar.
11. Éxito en las armas.
12. Espíritu piadoso y sacerdotal.
13. Grande alternativa de éxitos y reveses.
14. Espíritu lleno de deseos irrealizables.
15. Aptitudes para las ciencias terapéuticas.
16. Carácter dulce. Casamiento dichoso.
17. Espíritu de orgullo y suficiencia.
18. Carácter valeroso y emprendedor.
19. Gran benevolencia. Inventiva.
20. Poco éxito. Vida muy trabajosa.
21. Falta de iniciativa.
22. Falta de seguridad en los actos de la vida.
23. Carácter temerario y belicoso.
24. Matrimonio por amor. Empresas.
25. Amor de cosas elevadas.
26. Honores y riquezas.
27. Amor primero desgraciado. Amor nuevo.
28. Gran tenacidad en las empresas.
29. Fortuna adquirida por el trabajo.
30. Espíritu tornadizo; disgustos matrimoniales.
31. Amenaza de abandono de los suyos en la juventud.

Belgrano en manos expertas

Gentileza del Gob. de la Ciudad de Bs As.

El busto de Belgrano, obra donada por Antonio San María a la ciudad de Buenos Aires en 1899, se encuentra en dependencias del MOA, donde se trabaja en su restauración. La noticia fue publicada el último viernes en el sitio web del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Según la información oficial, regresará a su emplazamiento en 60 días.

Aprovechamos la oportunidad, entonces, para rescatar algunos aspectos de la historia del busto. Los Santa María administraron saladeros en Paysandú y en la zona sur de la ciudad de Buenos Aires. En una carta fechada el 26 de abril de 1899, que conocimos gracias a la generosidad de Jorge E. Garrido, el donante se dirigió a Joaquín Sánchez (delegado municipal de la Parroquia de Belgrano) para anunciarle:

“Antes de mandar fundir las chapas de bronce para el monumento a la memoria del General Belgrano que he donado a la parroquia de su nombre, por intermedio de usted,y que la Honorable Comisión Municipal se dignó aceptar, cúmpleme poner en su conocimiento las inscripciones que tengo la idea de poner en dichos bronces.

“En el asta de la bandera de bronce que se colocará sobre la escalinata: ‘Rosario 27 de febrero 1812′, fecha de la proclamación de la bandera. 

“En la placa de bronce que se colocará en el frente del pedestal, abajo del escudo mencionado: ‘General Manuel Belgrano / en Buenos Aires / 1770 – 1820′, fechas de su nacimiento y muerte.

“Y en otra chapa que se colocará en la cara posterior del pedestal, las fechas de sus dos gloriosas batallas: ‘Tucumán 1812′ ‘Salta 1813′.

“Esperando la resolución del señor Intendente al respecto para obrar de conformidad, saludo a usted con mi mayor consideración, Antonio Santa María”.

Otra de las cartas de la colección Garrido lleva la firma del director del Museo Histórico Nacional, Adolfo P. Carranza, quien fue consultado por el municipio y propuso que la bandera de bronce llevara la siguiente inscripción: “Fue su numen y la ungió con la victoria”.

El 28 de mayo de 1899, día de la inauguración, la familia Santa María (Antonio y su mujer Francisca García Morales, quienes vivían en la casa que vemos detrás de la columna) agasajó a las autoridades que asistieron al acto.

Mientras tanto, en la calle se organizó una fiesta, con estruendos, bebidas y baile. Participaron los vecinos de Belgrano y la numerosa concurrencia que se sumó a la inauguración, viajando en tranvía desde el centro de la ciudad.

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La peluca de Sarmiento

La nada disimulable calvicie de Sarmiento fue motivo de cientos de caricaturas. Cuesta imaginarlo con pelo. Sin embargo, un retrato nos lo muestra de una manera distinta. La historia de aquella pintura es la siguiente:

En 1845, Sarmiento tenía 34 años y vivía en Chile. Ese año nació Dominguito, hijo de Benita Martínez Pastoriza y Domingo Castro. Es necesario aclarar que, luego de enviudar, Benita se casaría con Sarmiento (en 1848) y Dominguito se convertiría en hijo adoptivo del sanjuanino. Sin embargo, parece que fue más que eso. Porque la tradición familiar sostiene que el hijo de Benita era un calco de Sarmiento cuando era chico.

De regreso a 1845, Domingo Faustino concurrió al atelier de su amigo, el joven pintor Benjamín Franklin Rawson. Sarmiento quería ser retratado para la posteridad. La fotografía, más precisamente el daguerrotipo, recién desembarcaba en el Río de la Plata. En 1845, la forma de perpetuarse en imágenes, en Santiago de Chile, era a través del retrato (como el que vemos, que pertenece a la colección del Museo Sarmiento, ubicado en el barrio de Belgrano).

Pero hubo un problema. En esos días, Sarmiento había padecido una fiebre que lo tuvo a maltraer, al punto de que deliraba. Y perdió el pelo. La calvicie no se contaba entre los atributos que deseaba exhibir. Por lo tanto, se puso una peluca. Y el resultado está a la vista.

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Una buena noticia

Hace una semana contábamos la nada agradable sorpresa de la desaparición del busto del general Manuel Belgrano en la Barrancas del barrio que lleva su nombre. Se trata de una obra emblemática, ya que es el monumento más antiguo de los que honran la memoria del prócer en el barrio (se inauguró en 1899; de paso aclaramos que la figura ecuestre de Plaza de Mayo es del año 1873).

Gracias a la colaboración de vecinos y comentarios que nos han llegado a través del blog, pudimos constatar que el busto se encuentra en los talleres de MOA (Departamento de Monumentos y Obras de Arte de la Ciudad de Buenos Aires), en el Parque 3 de Febrero. Había sido retirado para su restauración y la gente encargada de los trabajos comunicó que en pocos días lo llevarán de vuelta a su sitio.

Es una buena noticia que se preserven las obras de arte de la ciudad. También es bueno saber que no fue robada, como ocurrió con el reloj que perteneció al prócer, con la placa de bronce que ornamentaba el monumento a Rawson en Pueyrredon y Las Heras, con partes del histórico Pabellón Argentino; y con tantas reliquias del patrimonio de la ciudad que han desaparecido.

Hace una semana decíamos que cabía la posibilidad de que hubiera sido retirada “sin que se comunicara como corresponde”. Esto fue lo que ocurrió.

Teniendo en cuenta lo susceptibles que estamos muchos vecinos, luego de que en una mesa chica se haya decidido retirar de su sitio original el monumento a Colón (que fue costeado por miles de inmigrantes italianos agradecidos que llegaron al país entre 1870 y 1910) con la excusa de que debía ser restaurado; las autoridades deberían considerar la posibilidad de colar, entre toda la publicidad ciudadana, el anuncio de que un tesoro del patrimonio ha sido removido temporalmente. Y si eso es demasiado, tal vez un cartel junto al espacio del monumento aclararía dudas y evitaría preocupaciones.

 

Otra injuria a Manuel Belgrano

El 28 de mayo de 1899 se inauguró la columna de homenaje a Manuel Belgrano, en 11 de septiembre y Echeverría, junto a las Barrancas de Belgrano. Fue donación de la familia Santa María, propietarios de la casa que se ve detrás de la columna. La imagen pertenece a la Fototeca del Archivo General de la Nación y la he publicado en Buenos Aires en la mira, un libro con imágenes antiguas de la ciudad. Cuando en abril salió el libro, aún estaba el monumento. Ya no está más.

Aquí podemos ver otras fotos del archivo del diario La Nación. Desde ya, era un símbolo del barrio que evoca la figura del gran prócer argentino.

Como podemos testimoniar en la próxima imagen que fue tomada el 28 de agosto, Belgrano ya no está en Belgrano. Lo robaron. O tal vez fue retirado, sin que se comunicara como corresponde.

Belgrano, el héroe que pudo llevar una vida sin apremios dedicándose a la economía; que ofrendó sus últimos 10 años de vida a la causa de la libertad; que no tenía dinero para pagarle al médico que lo atendió y, asimismo, su familia tuvo que tomar el mármol de una cómoda para hacerle una lápida; que fue centro de un escándalo cuando exhumaron su cadáver porque dos ministros tomaron sus dientes; que fue noticia policial hace algunos años porque se robaron del Museo Histórico el reloj con que había pagado al médico. Belgrano vuelve a ser víctima de una afrenta. Con los valores por el piso y con las instituciones menospreciadas, no podía esperarse nada mejor.

 

Huelga por redondeo hacia abajo (1904)

De manera sorpresiva, el 4 de mayo de 1904, las calles céntricas de Buenos Aires se vieron colmadas de estudiantes secundarios. ¿El motivo? Habían declarado una huelga y movilización. En realidad, hace 110 años no se decía “movilización”. Pero lo cierto es que los chicos de los colegios nacionales actuaron en forma coordinada y resolvieron abandonar los cursos y partir a reunirse con los demás en la Plaza Lorea, a dos cuadras del Congreso.

Por más que algunos policías intentaron disolverlos, llegaron al punto de encuentro y, una vez que estuvieron todos, se dirigieron a la Casa de Gobierno donde funcionaba el ministerio de Educación. En la foto vemos a los estudiantes marchando por Avenida de Mayo, rumbo a la Casa Rosada para entrevistarse con el ministro de Justicia e Instrucción Pública de Roca, Juan Ramón Fernández. El doctor Fernández -era médico- no los recibió (doce días después, durante el acto de colocación de la piedra fundamental del Palacio de Tribunales, sufriría un ataque de apoplejía y abandonaría el cargo).

Fueron atendidos por el director de Instrucción Pública, Manuel Derqui, quien luego de una extensa charla, los convenció de que volvieran a sus colegios, retomaran las clases e hicieran los reclamos por escrito. Fue el final de la huelga.

¿Cuál era el motivo de la queja? En los nuevos planes de estudio se había establecido que no habría notas fraccionadas y que todas iban a “redondearse” hacia abajo. Se consideraba, por ejemplo, que el alumno que había sacado un 7,50 no había alcanzado el 8, por lo tanto su nota era 7.

Poco tiempo después, se eliminó el redondeo en las notas.

 

¡Ganó el zaino!

En 1961, Carlos Villafuerte recopiló en Voces y costumbres de Catamarca infinidad de datos característicos de la zona. De aquel libro de rico contenido tomamos algunos fragmentos relativos a la carrera de cuadreras. El autor explicaba que era “una de las fiestas criollas que más apasiona al paisano” y que “se las llama así porque se corrían por cuadras”. Aclaró también que “se realizan en algunos lugares apartados de los departamentos en los domingos o días de fiestas”.

LOS PREPARATIVOS

Acerca de la preparación del caballo, brindaba algunos secretos:

-Galopar por la noche en caminos solitarios.

-Darle de beber agua de corriente, por ser curativa.

-Untarle grasa de guanaco en las patas para que sea más ligero.

-Habituarlo al olor de la grasa del puma (esto se hacía porque a veces el contrincante, para asustar al caballo que enfrentaría) colocaba grasa para que sintiera el olor y se asustara.

-Darle masajes con sebo en las orejas y en el nacimiento de la crin para endurecerlas.

-Friccionarle los garrones con grasa de suri (o alpaca), cuatro días antes de la carrera, para que no tenga las venas encogidas y pueda correr cómodamente.

BRUJERÍAS

Dos o tres días antes de la carrera, para preservar el caballo del daño y brujerías de quienes le apostaban en contra, se tomaban “medidas de precaución”, tales como: hacerle cruces con cera bendita o ponerle ruda o pedazos de ajos en las orejas.

EL DÍA DE LAS CARRERAS

Cuenta Villafuerte que esa tarde “acude gente de todos los pueblos cercanos, algunos a caballo, otros en jardineras o chatas, vestidos con las mejores prendas. Las mujeres preparan empanadas y rosquetes para venderlos; hay también aquellas que ceban mate por dinero. Muchas horas antes de la hora señalada para la carrera van llegando los espectadores y mientras unos se divierten bebiendo y cantando en el boliche cercano, otros juegan a los naipes y a la taba. A las tres o cuatro de la tarde todos se colocan a ambos lados de la cancha para no perder pormenor y realizar las apuestas (…) No sólo se juega dinero, sino también mulas, vacas, yeguas, ovejas, trigo, etc.”.

“Después de las partidas convenidas, un encargado llamado gritador o gritón da la señal de salida. En el otro extremo están los rayeros, uno por cada bando, quienes deben sentenciar sobre el caballo que ganó; nómbrase también un tercero por si la carrera fuera muy reñida y haya divergencia de opiniones entre los rayeros. La sentencia del tercero es inapelable (…) Llegados los caballos a la meta, el rayero grita: ‘ganó el zaino o el tordillo’, siempre nombrando al animal por el pelaje”.

DEPUÉS DE LAS CARRERAS

Continúa Villafuerte: “Una vez vencida la hora —la entrada del sol— casi todos se dirigen a la pulpería; unos a celebrar el triunfo, otros a buscar el desquite en otros juegos: taba, baraja, etc.; pero el resultado final para todos es que dejan las ganancias al bolichero y también el jornal alcanzado durante la semana.”

SUPERSTICIONES

Sin duda, una de las partes más entretenidas del libro de Villafuerte es la relación de las supersticiones y creencias vinculadas con la competencia. Veamos algunas:

-En Cordobita, Departamento de Tinogasta, cuando un jinete hace correr su caballo ata un poco de altamisa en el bocado del freno para que el animal no se pasme.

-Los habitantes de Los Quebrachales, cuando quieren saber qué animal es el que va a ganar, encienden dos fósforos al mismo tiempo, los cuales representan a los caballos; el fósforo que se apague último es el caballo que perderá.

-Cuando uno de los caballos bosteza y levanta la cola es indicio seguro de que ganará.

-Si en el momento en que están por correr rebuzna un animal mular, ganará el caballo que se encuentre de ese lado.

- Los jugadores de carrera no permiten que una señora preñada del primer hijo, por ninguna causa, suba al caballo preferido porque perderá la carrera.

-En San Antonio de La Paz, el día antes de la carrera, el dueño del caballo debe ir a la cancha con un cuchillo y con pedacitos de ajos y colocarlos de trecho en trecho, por donde correrá su caballo; además el jinete a la madrugada del día de la carrera, debe concurrir también allí, desnudarse y revolcarse en cruz de distancia en distancia, por donde correrá el caballo contrario diciendo al mismo tiempo: “ha perdido el caballo de tal color”. Haciendo esto creen que no perderá el caballo favorito.

-Y la más común de todas y que se conoce también en otras partes es aquella de enterrar un sapo maneado a la orilla de la cancha, para el lado del caballo contrario, pues así perderá éste.

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