Liniers, Cambiaso y Trotz

El virrey Santiago de Liniers y Ana Perichón de O’Gorman fueron amantes, primero, y parientes políticos, luego: en 1809 una hija de Santiago –María del Carmen– contrajo matrimonio con un hermano de Ana, Juan Bautista. La hija de esta pareja, Rosario Perichon se casó con José Manuel de Estrada.

Son varios los descendientes de Estrada que han adoptado el apellido Liniers como nombre de pila. El más conocido es Ricardo Liniers Siri, autor de la historieta Macanudo que publica el diario La Nación. Su seudónimo es, a la vez, su segundo nombre: Liniers.

Entre los descendientes de los Estrada Liniers mencionamos al marido de Victoria Ocampo (Monaco Estrada), al político Santiago de Estrada, y a los polistas Ernesto Trotz y Adolfo Cambiaso (h). Sin embargo, una investigación llevada a cabo por genealogistas demuestra, con pruebas difíciles de rebatir, que muchos de los descendientes de Estrada nunca tuvieron ni una pizca de sangre de Liniers. Se refieren a la rama de Ángel de Estrada, supuesto hijo mayor de Rosario Perichon Liniers y José Manuel de Estrada.

Diego J. Herrera Vegas y Carlos Jáuregui Rueda cotejaron diversos archivos y arribaron a la conclusión de que sólo seis de los siete hijos del matrimonio fueron auténticos. Hasta hace poco tiempo se pensó que los Estrada Perichon habían sido siete: Ángel, Santiago, José Manuel, Narciso, Juan Bautista, Enrique y Eduardo. Hoy, la legitimidad de Ángel está casi descartada, ya que era hijo del padre, pero no de la madre. Las pruebas que ofrecieron los genealogistas Herrera Vegas y Jáuregui Rueda son:

- En el censo de 1855 realizado en la casa de la familia Estrada Perichon, vivían papá José Manuel (viudo, ya que Rosario había muerto en 1851), la abuela María del Carmen Liniers, los seis varones Estrada –de Santiago a Eduardo–, más un joven mayor que los demás, llamado Ángel pero de apellido Castro.

- En el formulario de la partida de matrimonio de Ángel de Estrada (del año 1867) no está completo el casillero en que debía indicar si era hijo natural o legítimo. Donde debía colocarse el nombre del padre, escribió: José Manuel de Estrada. Donde debía constar el nombre de la madre, dejó el espacio en blanco.

- En la sucesión de bienes de los Sarratea –Rosario Perichon era nieta de Santiago de Liniers y de Martina de Sarratea– del año 1864, José Manuel Estrada figura representando a seis de sus hijos Estrada. Ángel no figura.

- En una escritura de 1866 referida a una operación comercial con Justo José de Urquiza, el padre firma como representante de sus seis hijos. No se menciona a Ángel.

Ángel de Estrada fue director del Banco de la Nación Argentina y fundó la editorial que llevó su propio nombre. La reciente investigación les ha quitado la sangre Liniers a un nutrido grupo de argentinos. Por otra parte, los bisnietos, tataranietos y choznos de los seis hijos restantes, seguirán ostentando el título de descendientes del virrey, sin ningún problema. Entre los polistas, Ernesto Trotz continúa perteneciendo a la estirpe. En cambio, Adolfito Cambiaso mantiene la herencia genética de los Estrada, pero la de Liniers, ya no.

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Castigos a los estudiantes

La educación de nuestros próceres tuvo un condimento brutal: el castigo corporal. Es necesario aclarar que solía tomarse como algo natural. Sin embargo, para el tiempo de la Revolución de Mayo comenzaron a levantarse voces aisladas que manifestaban su rechazo a la violencia física en los casos en que el alumno cometía actos de indisciplina, respondía mal una pregunta o se evidenciaba que no había estudiado.

Se conoce el caso de Guadalupe Cuenca, viuda de Mariano moreno, quien cambió a su hijo de colegio (iba al San Carlos, donde había estudiado su padre) porque un profesor le pegó al niño. Sin duda, los integrantes la Asamblea General de 1813 conocieron las penurias del castigo en su época de estudiantes. Ellos establecieron, el 9 de octubre, la abolición de los azotes en las escuelas. Alegaron que era “absurdo e impropio que los niños que se educan para ser ciudadanos libres sean en sus primeros años abatidos, vejados y oprimidos por imposición de una pena corporal tan odiosa y humillante”.

Determinaron que tanto el Cabildo como la policía debían controlar que no se cometieron excesos. La norma tuvo corta vida. El estatuto provisional de 1815 derogó el decreto de la Asamblea. Los castigos volvieron a ser práctica habitual en las instituciones educativas y también en circunstancias más personales: el profesor particular podía pegarle a su alumno sin que nadie se horrorizase.

La Declaración de Independencia trajo varios cambios, entre ellos, la prohibición de “presidio, azotes y destierro”, sin la autorización de un tribunal superior. Esta medida se hizo extensiva a las escuelas. De todas maneras, la norma no se cumplía, aunque si se atenuó mediante las amonestaciones, que entonces se denominaban “notas de policía”. En Recuerdos de provincia, Domingo Faustino Sarmiento (señalemos que nació en 1811, lo que nos permite determinar su época de estudiante) contó que por su mala conducta, recibió varias “notas de policía”.

Recién en 1884, la ley 1420 de Educación impulsada por Julio A. Roca, retomó el asunto y estableció la prohibición a los directores, subdirectores y ayudante de las escuelas públicas –entre otras medidas–, de “imponer a los alumnos castigos corporales o afrentosos”.

La fiel criada de los Bioy

En las más antiguas sepulturas del cementerio de la Recoleta es común hallar, junto con la familia, a los criados de mayor confianza; aquellos que acompañaron a sus amos toda la vida. El caso más divulgado se encuentra en la bóveda de la familia de Bernabé Sáenz Valiente, ya que una placa lo confirma: “Catalina Dogan, en su humilde clase de sirvienta, fue un ejemplo de fidelidad y honradez”. Nosotros nos ocuparemos de una mujer que descansa en otra bóveda histórica. Nos referimos a Victorina Romarí, criada de los Bioy.

Su padre, el negro Timoteo, fue cochero de la familia (compuesta por Juan Bautista Bioy, Luisa Domecq e hijos) desde 1840, aproximadamente. Su mujer –cuyo nombre desconocemos–, también sirvió en la casa. Lo mismo ocurrió con los hijos, a medida que fueron naciendo: Salustiano, Bernardo, Daniel, Isidro, Sixta y nuestra mencionada Victorina, entre otros. Hacia mediados de la década de 1880, Timoteo ya se había ganado el cariño de los chicos de la casa, que lo llamaban Tata, pero llegó el tiempo de retirarse de la actividad. Su pelo se volvió cano y solía mencionar que se había convertido en tordillo (en relación al pelaje del caballo, mezcla de negro y blanco), para luego estallar en una carcajada. Su retiro no presentó muchas variantes. Solía sentarse al aire libre para fumar cigarrillos armados y contar cuentos, además de reírse mucho. Solo se ponía serio ante la presencia de su hijo Daniel, quien había tomado la posta para convertirse en el cochero de la casa. Timoteo sentía gran admiración y respeto por su hijo.

Entre los niños Bioy –Javier, María Luisa, Virginia, Pedro Antonio, Juan Bautista (h), Adolfo, futuro padre del escritor, Enrique y Augusto–, las preferidas fueron sus niñeras, la morenas Sixta y Victorina. La primera murió jovencita, víctima de la tuberculosis. Victorina, en cambio, acompañó a la familia durante décadas. Cuando tenía cerca de 30 años, Luisa Domecq de Bioy, quien solía decir que Victorina era su ministra de Relaciones Exteriores, le anunció que le pagaría. La negra no quiso saber nada. El recuerdo familiar es que la criada pidió que por favor no le hicieran eso y se puso a llorar. Los Bioy se las ingeniaron para disfrazar la paga en forma de regalos, incluso en algunos casos, de dinero. Lo que nos lleva a preguntarnos si no será que Victorina –quien, como todos sus hermanos, no alcanzaba a familiarizarse con el idioma–, tal vez entendió que le había dicho que le iban a pegar.

Lo cierto es que a través de los años la criada acumuló una pequeña fortuna, ya que nunca había tenido la necesidad de gastar en nada. Es más: cuando los Bioy hicieron su testamento, legaron a la fiel Victorina cincuenta productivas hectáreas en Olavarría. Ella, en cambio, no tenía descendencia. Sí, gente muy querida: en su testamento ordenó que el campo pasase a manos del menor de los Bioy, Augusto, a quien había criado desde chiquito. El dinero ahorrado lo repartió entre los numerosos nietos de la familia. Cada uno recibió quinientos pesos al morir Victorina. Entre ellos, Adolfo Bioy Casares. Tanto el escritor como la fiel criada descansan el sueño eterno en la Recoleta. Victorina en la bóveda de los Bioy. Adolfo en la bóveda Casares.

Los gauchos judíos y el girasol

“Carlos Casares es la cuna del cultivo de girasol en nuestro país. Los colonos llegados de Rusia trajeron la semilla y le implantaron en Colonia Mauricio para su consumo personal y de las aves de corral. El procedimiento para la siembra y la cosecha consistía en cortar la cabeza del girasol a cuchillo y déjalo secar. Luego se recogía y desengranaba en catres de alambre para pasarlo al pisadero; la ventilación la mano. La mecanización se aplicó desde 1920, cuando se sembraron unas 3800 hectáreas. En 1934, de las 83685 hectáreas sembradas con girasol en todo el país, 21000 correspondieron a Carlos Casares. Poco después nació la industria aceitera”.

De esta manera, el periodista Silvio Huberman se refirió a la llegada del girasol a la Argentina, en un delicioso libro que aborda numerosos detalles de un aspecto clave de la historia de nuestra tierra: la instalación de colonias de inmigrantes en el país.

Precisamente, “Los pasajeros del Weser” trata sobre el arribo del primer contingente organizado de familias judías al país, provenientes de Rusia, en 1889, a bordo del vapor alemán Weser.

Es necesario aclarar que para ese tiempo, alrededor de mil a mil quinientos judíos ya se encontraban en Buenos Aires, procedentes de Alemania, Inglaterra y Francia. Pero este contingente de 824 inmigrantes conformó el primer movimiento migratorio planificado de la colectividad. A decir verdad, la planificación estuvo lejos de cumplirse. Huberman ofrece detalles cinematográficos de las vicisitudes que pasaron antes de establecerse, principalmente en Santa Fe y Entre Ríos.

Agricultores expertos, se diseminaron por el país y así fue como en Carlos Casares, en la Colonia Mauricio, encontraron el mejor suelo para el cultivo y posterior desarrollo del girasol. Pero hubo otra cosecha fundamental: la de las familias judías en las colonias agrícolas. De allí surgieron los Huberman, los Pekerman, los Blejer, los Braslavsky, los Werthein, los Garfunkel y los Grobocopatel, entre muchísimos otros.

Sapo violento (1918)

El vespertino La Unión fue periódico que circuló en Buenos Aires entre 1914 y 1919. Las fechas marcan claramente su finalidad: fue un diario promovido durante la Primera Guerra Mundial por integrantes de la colectividad alemana con el objeto de ofrecer una mirada germana sobre los asuntos bélicos. Su redacción estaba en Avenida de Mayo 1064, cuadra que fue demolida cuando se creó la avenida 9 de julio veinte años después.

En esta oportunidad no nos ocuparemos de la contienda mundial ni de la actualidad alemana, sino de una simple noticia policial que refleja que incluso el juego de sapo, por las apuestas que generaba, era una actividad de riesgo. El 12 de julio de 1918, bajo el título “Consecuencias de una partida de sapo”, La Unión publicó:

En la esquina de la calle Gelly y Cavia se desarrolló esta madrugada un hecho de sangre cuyas causas procura establecer debidamente el personal de la comisaría 41. Encontrándose en el comercio de almacén situado en la esquina citada, de propiedad de Cornelio Basilio, los sujetos Domingo Contreras, Eduardo Crespo, Federico Díaz, Víctor Orozco y Aurelio Diéguez, se suscitó un cambio de palabras entre los dos primeros por diferencias en una partida al sapo. Los nombrados, después de proporcionarse una serie de golpes de puño, salieron a la calle, donde Crespo extrajo de sus ropas un puñal infiriendo a su rival una tremenda acuchillada en el cuello.

Acto continuo, el criminal huyó, presentándose poco después a la comisaría y constituyéndose en prisión. La víctima fue llevada en grave estado al hospital Juan A. Fernández, donde quedó en asistencia. 

Contreras es argentino, de 30 años, y pertenece al personal de tropa de la Guardia de Seguridad de Caballería.

Es importante aclarar que a corta distancia del almacén de Basilio se encontraba el cuartel de esta tropa, actual asiento del Cuerpo de Policía Montada, en Figueroa Alcorta y Cavia.

La capa del santo

Los 11 de noviembre, Buenos Aires celebra el día de su patrono, San Martín de Tours. La tradición sostiene que fue elegido el 20 de octubre de 1580 en un rancho situado donde ahora está el Cabildo. Ese día debía definirse por sorteo quién sería el santo patrono de la ciudad. El gobernador Juan de Garay, el alcalde Rodrigo Ortiz de Zárate, el escribano Pedro Fernández y los vecinos Hernando de Mendoza, Pedro de Quirós, Diego de Olavarrieta, Antonio Bermúdez, Luis Gaytán y Alonso de Escobar participaron en el acto.

Siguiendo las normas burocráticas comunes a todas las colonias, echaron los trozos de pergamino con los nombres de los santos en el casco de un arcabucero. Pero cuando el azar les ofreció el nombre de San Martín de Tours, la decepción fue general. La poca simpatía que despertaba el santo, no por su persona sino por su nacionalidad francesa, fue motivo suficiente para que se impugnara la elección. El nombre del santo volvió al casco. Se inició otro sorteo. El escribano Fernández leyó la papeleta con el nuevo resultado. ¿Nuevo? Para nada: ¡Una vez más, San Martín de Tours!

Con apuro y sin culpa, devolvieron a San Martín al improvisado bolillero. Pero, como suele ocurrir, no hubo dos sin tres: el papel con el nombre de San Martín de Tours volvió a salir y, con resignación y fastidio, acataron una decisión que, por lo visto, sonaba a mandato del cielo. Esta es la más antigua de las tradiciones de Buenos Aires. Imposible de comprobar. Pero ya tiene su lugar ganado en los relatos de la ciudad.

Martín nació el año 317, en el actual territorio de Hungría. Fue soldado del Imperio Romano, pero despertó de repente su vocación cristiana y decidió servir a Dios. Cuando tenía 20 años, ya era un oficial muy bien conceptuado por los subordinados, tanto por su valor como también por su generosidad. Cierto día, junto a las puertas de la ciudad de Amiens, fijó la vista en un pobre que estaba siendo vencido por el frío. Nadie le prestaba atención, como si esa persona fuera parte del paisaje y nada más. Martín (a quien vemos en la imagen retratado por El Greco) se quitó la capa que lo protegía y la cortó en dos con su espada.

Con una de las mitades tapó al pobre. Sus biógrafos cuentan que esa noche se le apareció Cristo en sueños y le agradeció que le entregara al miserable la parte de la capa.

Sería nombrado obispo de Tours en 370, lo que le valdría el mote de santo francés que tanto habría molestado a los pobladores que acompañaron a Garay. Murió en 397 y fue venerado en un santuario que se hizo donde se colocó su media capa. Por ese motivo, al recinto se le llamó capella en latín, chapelle en francés y “capilla” (pequeña capa) en español. Ese es el origen de la palabra que define a este tipo de oratorios, incluso los portátiles que llevaban los reyes o ejércitos en sus viajes. Justamente, el sacerdote que acompaña a los ejércitos es denominado capellán porque da misa en un altar portátil, es decir, una capilla.

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Lucila de Olivos, Lucila del Mar

El 26 de agosto de 1889, el teniente coronel Alfredo Froilán de Urquiza (nieto del vencedor de Caseros) contrajo matrimonio con Lucila Marcelina Anchorena Aguirre, proveniente de una familia emparentada con Rosas (el vencido de Caseros). Entre las propiedades que aportó Lucila se encontraba una importante fracción de tierra en la zona de Olivos que le había cedido su hermano Nicolás. Cuando en 1911 nació Eloísa Josefina Urquiza Anchorena (última hija del matrimonio), Froilán y Lucila decidieron construir allí un vistoso palacio de cuatro plantas y jardines espléndidos. Llamaron a la quinta La Lucila.

La obra de Paul Pater –el mismo que ideó el palacio Ortiz Basualdo, hoy embajada de Francia– se concluyó en 1916 y se inauguró con una fiesta acorde con la suntuosidad de la mansión. En sus salones se celebró el casamiento de la hija mayor del matrimonio, María Lucila Anchorena Urquiza con Vicente Quesada de Pacheco.

Los invitados pudieron admirarse de la calefacción, los ascensores, el sistema de teléfonos internos, las bodegas, el jardín de invierno, la pileta, las esculturas en los jardines y las soberbias terrazas de mármol.

La dueña de casa, madre de doce hijos, no pudo disfrutar mucho de la majestuosa mansión: murió el 20 de junio de 1917, a los cincuenta años de edad. Fue dos días después de que naciera Lucila Quesada Urquiza, la primera nieta.

En 1932, el viudo donó una fracción al ferrocarril para que se instalara una estación que, según pidió, sería un homenaje a su querida mujer. Llamaron a la estación La Lucila y se inauguró el 10 de noviembre de 1933.

Seis años después, murió Alfredo Froilán (Tata Mío, para los nietos). La casona fue demolida en 1942, cando ya todos denominaban La Lucila al pintoresco barrio del partido de Vicente López. Tiempo después, algunos vecinos del lugar resolvieron comprar tierras en la costa atlántica y bautizaron al balneario La Lucila del Mar. El homenaje a la forjadora de la mansión se amplió a un rincón que jamás hubiera imaginado.

La foto que cierra este posteo corresponde al interior de la casa y permite apreciar cómo se veía el magnífico cuadro de Justo José de Urquiza.

Decreto tucumano sobre el carnaval

Alejandro Heredia, gobernador de la provincia de Tucumán a partir del 12 de enero 1832, estableció pautas para controlar los excesos del carnaval. El decreto decía lo siguiente:

Sin embargo de que el juego del carnaval está en directa oposición con las luces y civilización del día, no siendo posible por otra parte arrancar de pronto las actitudes que ha adquirido el pueblo por la costumbre constante de muchos años atrás, para evitar en lo posible los excesos que regularmente se cometen en los tres días de carnaval, el Gobernador ha acordado y decreta lo siguiente:

1ro. Será permitido el juego del carnaval mientras no se ofenda la decencia moral pública.

2do. Se prohíben las correrías y galopes en grupo por las calles.

3ro. Serán permitidas las reuniones para cantar la vidalita sin causar desorden y perturbar la tranquilidad pública, teniendo por objeto que la permisión se dirige a un acto de pura diversión y entretenimiento.

4to. Todo el que conducido por un instinto de guapeza con armas, o sin ellas, trate de desarmar esta clase de reuniones, será castigado severamente por la policía.

5to. La policía cumplirá con este decreto, y en su ejecución se encarga la discreción, y consideraciones que se merecen unos ciudadanos abatidos con los sucesos horrorosos de la guerra.

Dado en la Casa de Gobierno de esta capital a 3 de marzo de 1832.

Alejandro Heredia.

Juan Bautista Paz, secretario. Por mandato de su Exclenecia, Pedro Gregorio Méndez, Escribano Público y de Gobierno.

En su corto mandato, el coronel Heredia “creó catorce escuelas rurales y cuatro locales de la capital, más programas de enseñanza; lo relativo a un código de faltas; a la ley para fomentar los matrimonios, al proyecto de Constitución; a la organización de la justicia y creación de una Cámara de Apelaciones del Norte; a las medidas proteccionistas de industrias locales”, entre otras, según contó José Luis López Colombres en una conferencia sobre el tucumano, que brindó en el teatro Cervantes de Buenos Aires, en 1948.

El gobernador Heredia murió asesinado, en medio de la guerra fraticida, el 12 de noviembre de 1833.

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El sueldo de Belgrano

El Primer Triunvirato, conformado por Juan José Passo, Feliciano Antonio Chiclana y Manuel de Sarratea, asumió sus funciones ejecutivas el 23 de septiembre de 1811. A mediados de noviembre, nombró al coronel Manuel Belgrano comandante del glorioso Regimiento Nro. 1 de Patricios.

Dos días después de recibir la notificación oficial, Belgrano, envió la siguiente carta al Triunvirato:

“Excelenetísimo Señor: Me presento ante V.E. [Vuestra Excelencia] manifestándole haber cumplido la orden que tuvo a bien comunicarme con fecha 13 para que me recibiera del regimiento número 1 haciéndome más honor del que merezco y fiando a mi cargo un servicio a que tal vez mis conocimientos no alcanzarán: procuraré con todos mis esfuerzos no desmentir el concepto que he debido a V.E. y hacerme digno de llamarme hijo de la Patria. En obsequio de ésta ofrezco a V.E. la mitad del sueldo que me corresponde; siéndome sensible no poder hacer demostración mayor, pues mis facultades son ningunas y mi subsistencia pende de aquél; pero en todo evento [considero] también reducirme a la ración del soldado, si es necesario, para salvar la justa causa con que tanto honor sostiene V.E. 

Dios guarde a V.E. muchos años. Buenos Aires, noviembre 15 de 1811.”

La respuesta del Triunvirato fue la siguiente: 

“El contribuir todo ciudadano con su fuerza moral y física a los sagrados objetos de la justa causa, es su deber primero; pero desprenderse de lo que la patria le franquea para su indispensable subsistencia es retribuir a la patria misma cuanto ha recibido de ella.

Este hecho colma a este Gobierno de las mayores satisfacciones, y así para las de V.S. [Vuestra Señoría] como para que su ejemplo se trasmita en sus hijos e inspire sentimientos tan dignos de la general estimación y del grande objeto que los promueve, se ha mandado publicar en la Gaceta el oficio de V.S. de 15 del presente. Dios guarde a V.S. muchos años, etc. Noviembre 18 de 1811. Feliciano Antonio Chiclana. Manuel de Sarratea. Juan José Passo. Bernardina Rivadavia. Secretario.”

Fue tres meses antes de la sublime creación de nuestra enseña patria.

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Avisos clasificados en 1823

El Argos era uno de los diarios más leídos de la época. Anunciar en él significaba llamar la atención de un buen caudal de potenciales clientes. En las ediciones de 1823 se encuentran, entre otros, lo siguientes avisos, cuya ortografía original se respeta:

Don Domingo Mosqueira, vecino de Mendoza, solicita [busca] á su Sr. Padre llamado D. Francisco Mosqueira y Romero, su patria Galicia, de edad de cincuenta y tantos años, y fue casado en la provincia de San Luis, y que en su viudez supo estar ahora 12 ó 14 años en San Nicolas de los Arroyos, y en la Capilla del Rosario jurisdiccion de Santa Fé, y que si alguno supiese donde exista que tenga la bondad de avisarlo en la vereda ancha [Hipólito Yrigoyen entre Bolívar y Defensa] tienda de Don Miguel Ochagavia, quien dará razón del interesado, el que se ofrece á dar cantidad de pesos siendo efectivo saberse donde se halle. (7 de junio)

Al Sr. Roffet, calle de la Victoria [Hipólito Yrigoyen], media cuadra para el campo, acaba de llegar una partida de agua para los ojos de calidad muy superior. Esta agua admirable ha adquirido en diferentes partes del mundo mucho mérito, y por esto es que se recomienda particularmente á todas aquellas personas que padezcan de la vista como un remedio muy sencillo y fácil. El Sr. Roffet informará mas circunstancialmente de sus excelentes cualidades ocurriendo á su tienda. (5 de julio)

Una doméstica se hace visible á las señoras, y ofrece conchabarse; ella sabe coser bien, plegar, planchar, y en clase de mucama desempeña todo servicio de toda importancia, su conducta asegura con personas que la conocen, si la necesitasen avisarán á la vereda ancha. (16 de julio)

A los señores D. Mateo y Adan Stodart, que tienen su almacen en casa de D. Antonio Peran [se trata de Antonio Pirán], calle de la Piedad, N. 98, ha llegado una partida de pianos y otros varios instrumentos como son violines, guitarras, etc, advirtiendo que los pianos son todos de primera clase y los mejores que el autor ha podido escoger de su fábrica en Londres, en la inteligencia que los precios son de trescientos hasta mil pesos, los señores y señoras que quisiesen verlos pueden ocurrir en dicha casa. (2 de agosto)

Juan Antonio Sallandrouze, vive en la calle de la Paz, número 68. Da á conocer que limpia fraques y levitas, pantalones y chalecos de piel de cabra, saca toda clase de mancha en sedas y en merinos, blanquea y vuelve á su estado primitivo los chales de cachemire, crespones de la China y merinos brocados y estampados. Etc. (18 de octubre)

Nuevo interesante Almanak de Buenos Aires. Contiene ademas del calendario y las observaciones para los que nacen en cada mes, dos tablas del nacimiento y muerte de los patriarcas; la lista de los soberanos de la Europa; un extracto de los sistemas astronómicos; una tabla de las distancias de los planetas, sus formas ó sus diámetros, y el tiempo que tardan en sus revoluciones; nacidos y muertos en toda ella al cabo del año, del día y de la hora; la esplicacion de los sueños conforme á los antiguos magos y caldeos; una coleccion de anecdotas mui selectas: en fin, el itinerario de las postas en el interior. Se halla de venta, á un real, en la Imprenta de Espósitos, en la vereda ancha tienda de Ochagavia, y en las librerias de Ortiz y de Osandavaras [se refiere a Usandivaras], del Colegio para S. Francisco. (22 de octubre)

Se desea cambiar un carro nuevo de última moda con un coche lo mas ligero que pueda ser, si en su valor excediese al del carro se entregará en dinero, véase con su dueño el doctor D. Pedro Medrano que vive junto á San Miguel. (13 de diciembre)

De Santo Domingo, media cuadra para el campo en los cuartos de D. Tomas Romero, se venden sanguijuelas á 4 reales cada una.(20 de diciembre)

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