El extraño fenómeno del mosquito reductor de cabezas

Mañana empieza el carnaval, pero nadie habla de eso. A mis amigos corresponsales de medios internacionales les cambiaron las pautas de noticias. Ya no interesa quien será la portabandera de tal o cual escola de samba, ni cuántos millones invirtió la intendencia para el carnaval 2016 en el caso de Río, o cuántos dejó de invertir por falta de fondos la de São Luis de Maranhão, en el lejano norte brasileño. Lo urgente es hablar del zika, el más “reciente” enemigo del planeta y de la preservación de la especie humana.

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Las olas, el viento y la basura

Termina enero, el año mal comenzó y ya tiene un mes menos. Último post del mes. Viernes. Foda. Iba a escribir sobre la basura, que últimamente está tan presente en mi vida. En la vida de todos, pero ahora la veo con más frecuencia, en más cantidad y en lugares donde contrasta demasiado. Seguir leyendo

Misterios del manglar

Después de una playa desierta que unos días es paradisíaca y otros se convierte en un cementerio de basura plástica que llega por mar, hay que atravesar un coqueiral. Y al pasar un área de arena blanca que parece una cancha de fútbol empieza el manglar. El secreto es conocer la entrada, si no, esta ciudad de árboles con raíces retorcidas que no tiene fin, un escenario que parece el escenario de un filme de Tim Burton, se convierte en un peligroso laberinto donde ya se perdieron varios.

El manglar: un criadero de vida; una protección natural para huracanes y maremotos, un bosque de barro que esconde unas conchas que se llaman lambretas, moluscos parecidos a la almeja, deliciosos con limón. Welber, un pescador de Boipeba que estaba enterrado en el barro, explicó todo -para la cámara- sobre este bichito que tiene una pata blanca que estira para poder desplazarse y me convidó unas para comer allí mismo, en el medio del barrial, crudas. Tan ricas que ni siquiera necesitan sal. Después le compré cuatro docenas de lambretas para llevar a casa. Ninguna saudade de hacer la fila del supermercado.

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La bicisenda más linda del mundo

Si contornear la geografía carioca de Glória, Flamengo, Botafogo, Copacabana, Ipanema y Leblon ya era impresionante, avanzar por una pista suspendida en el aire, entre el morro y el mar, es simplemente espectacular. El domingo pasado inauguró la nueva ciclovía Niemeyer que conecta la Zona Sul de Río con el barrio de São Conrado. Tiene casi cuatro kilómetros, comenzó a ser construida un mes antes del Mundial y costó unos 45 millones de reales. La próxima etapa será construir el tramo hasta Barra da Tijuca, otros tres kilómetros de ciclovía. Así se podrá contornear el mar en bicicleta do Leme ao Pontal, como dice una de las canciones más conocidas del gran Tim Maia.  Seguir leyendo

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Sabores nativos de São Sebastião

Hoy es el día de São Sebastião, el patrono de Río de Janeiro y de Cova da Onça, el pueblo de pescadores en el que estoy, que se llama oficialmente como el patrono que veneran, São Sebastião. Desde el viernes estamos de fiesta, procesiones marítimas con el Santo, con música, con barcos adornados con palmeras y árboles y flores y mujeres disfrazadas y alcohol. Decenas de barcos, lanchas, canoas y yates salen a navegar con la banda de la iglesia tocando en vivo y bajan en la playa paradisíaca de Pratigi y en bancos de arena que aparecen y desaparecen con las mareas.

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Desayuno en Arpoador

No hay mejor ubicación en todo Río de Janeiro. Así de simple. Cuando el abuelo de Daniel Gorin inauguró el hotel Arpoador Inn en 1974 sabía lo que hacía, se instalaba en el único lugar de Arpoador a Leblon donde no hay que cruzar la calle para entrar al mar. Seguir leyendo

Curiosidades de Copacabana

Parece ser que la palabra Copacabana viene de un lugar mucho más alto y frío que la playa que la hizo famosa. Supuestamente la palabra original es “kupa kawana”, de origen quechua, y quiere decir “mirando el lago”.

Fue en Copacabana, Departamento de La Paz, Bolivia, donde un indio llamado Tito Yupanqui talló, por el año 1600, la Virgen de Copacabana, una de las representaciones más antiguas de la Virgen María en América. La imagen, que perdura hasta hoy a orillas del lago Titicaca, originalmente se llamaba Nuestra Señora de Candelaria, pero los indígenas de la región empezaron a llamarla Nuestra Señora de Copacabana. A su vez Copakawana era una deidad andina precolombina -equivalente a la diosa griega Afrodita o a la romana Venus- a la que se le rendía culto para favorecer la unión y la fecundidad. Su día es el 2 de febrero, como el día de Yemanjá.

Fue un comerciante portugués el que trajo una réplica a Río de Janeiro, ya con el nuevo nombre, y bautizó la Parroquia de la Praia do Forte como Parroquia de Copacabana. Hoy el barrio y la playa más famosos de la ciudad maravillosa.

Identidad registrada

Tião, un moreno robusto del que decían que manejaba bien y despacio, me entregó el casco. Eran las ocho y media de la mañana del sábado y aunque el sol azotaba, la tierra olía a lluvia. Esas tempestades bahianas que lo mojan todo y duran nada. Por un camino de arena que sube y baja y pasa debajo de cajueiros cargados de frutos, por una selva fresca y espesa, por charcos de agua que empiezan a evaporarse, por surcos de un metro y medio que fueron formándose con las idas y venidas de los tractores, por palmares y campos de mangabas, una fruta deliciosa del tamaño de una pelota de golf, por lomadas que dejan ver el mar turquesa, avanzamos sin resbalar. Seguir leyendo

Un argentino en Boipeba

Daniel Fernandez cumplió el sueño de millones de hombres: subir a un avión y que en el asiento de al lado viaje una rubia hermosa. Daniela Lozano Scoles, marplatense, licenciada en turismo, piel de porcelana. Seguir leyendo

Un lugar desconectado

Vivir sin internet es difícil. Uno se desespera. Ahora, por ejemplo, intento subir una foto desde la mañana. Y nada. Da error. Queda trabada al 85%. Completando. Es el arte de ejercitar la paciencia, que la verdad que acá, es fácil de ejecutar. Ahora escribo en una hoja de word, por ejemplo, en vez de escribir directamente en el blog, como hago siempre. Y es como lo hacía hasta los 90, cuando no había internet. Teclear, escuchar las teclitas suaves de la compu, imprimir en simultáneo en una pantalla blanca que te mata la vista. Seguir leyendo