Noches Tropicales

Beco es una de esas palabras fantásticas que sintetizan cosas. Beco: callejón sin salida. Así como arrepiar es causar escalofríos, que se te ponga la piel de gallina. Exactamente lo que sucede al escuchar a Letuce interpretar la canción O Amor em Paz, de Vinicius de Moraes y Tom Jobim en el Beco das Garrafas.

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El psicólogo

Ultimamente algunos amigos me preguntaron si tengo el contacto de algún psicólogo en Río. Les paso dos, el de una terapeuta argentina a la que fui durante varios meses en el 2009, y el de un psicoanalista también argentino que no conozco pero al que va un amigo, y desde que va, lo veo mucho mejor.

Psicología y Rio de Janeiro son como el chocolate con sal, pareciera que no combinan, pero resulta la más fina conjunción.

No voy a ningún psicólogo en este momento, para pagarles tendría que cambiar de trabajo. Estos que nombré arriba cobran R$ 380 la hora, se puede negociar algo, pero igual son caros, 1.369 pesos argentinos según el convertidor de moneda. Después de leer este dato, muchos psicólogos se van a querer mudar a Río, para desanimarlos les digo que primero aprendan muy bien el portugués, porque son pocos los latinos que viven en Río y tienen plata.

El texto que sigue lo escribí en el 2008. Todavía existía el obelisco que separaba Ataúlfo de Paiva y Visconde de Pirajá, la misma avenida con diferente nombre. El final de Leblon y el inicio de Ipanema. Todavía no dominaba bien el portugués ni las relaciones tóxicas.  Todavía vivía en Santa Teresa y circulaba el bondinho, ese tranvía amarillo que costaba 60 centavos y que cuando vuelva, dicen los moradores del barrio, costará R$25.

Es largo, como la terapia.

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Arte por todas partes

En ArtRio pasa esto, uno no sabe si mirar las obras, la gente o el paisaje, todo es atractivo. Hoy es el primer día de la cuarta edición de la feria de arte más importante de la ciudad, y que cada vez ocupa más almacenes en el puerto, el Pier Mauá. Este año son 5 y en el último está IDA, la feria de diseño de Rio, que se realiza por primera vez e incluye piezas -sobre todo mobiliario- de Sergio Rodrigues, Joaquim Tenreiro, Zanine Caldas y los hermanos Campana. Seguir leyendo

Dos orquestas en un circo

Aquí é o Rio de Janeiro, las orquestas van con una r en el medio, son para bailar, y los circos, también. El sábado a la noche el Circo Voador tuvo doble dosis de orquesta, una voladora y la otra jamaicana. No es la primera vez que tocan juntas en el Circo y cada vez que lo hacen la platea se transforma en una pista de baile. Seguir leyendo

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Declaración jurada

Ni por trabajo, ni por amor. Por paisajes como éste me vine a vivir a Río de Janeiro. Para poder verlo diariamente. Para estar en él diariamente. Y por paisajes como éste me hice adepta a correr, descalza, sobre la arena -que hoy estaba impoluta-. Y por correr descalza desapareció un juanete porteño que me había salido por usar un par de botas lindas por demasiado tiempo. Lo juro. El médico que vi en su momento me dijo que el hueso empezaría a salirse cada vez más, que si dolía habría que operar. Y una le cree porque es el médico. Y si una lo cree, sucede, porque así funciona la mente. Pero el juanete no creció, se fue. Sumiu. it’s gone. Sí, yo creo que venir a Río fue una buena decisión.

El periplo

El 2 de abril, día de los caídos en Malvinas, me subí a un micro y me fui a la Argentina. Volar en avión cada vez me gusta menos, en cambio la tierra no me cansa, aunque hayan sido 41 horas. Suena a tortura pero la verdad que fue un Spa, asiento individual, coche cama, pero cama de verdad, 180º, películas, el paisaje que pasa y lava la mente, la imposibilidad de hacer absolutamente nada, más que dejarse llevar, y escribir. La crónica del viaje se puede leer acá.

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Moqueca

La Moqueca no es de Río, pero no importa, hace rato que este blog tampoco. Puede ser Baiana, da Bahia, o Capixaba, de Espírito Santo, el Estado que está al norte de Río de Janeiro. Puede ser de peixe o camarão. Se cocina en una olla de barro y la que más recuerdo es una que comí en Oficina do Sabor, un restaurante de Olinda, Pernambuco, donde si pedís el plato de día te regalan un plato de cerámica de la Boa Lembrança. Hay coleccionistas que van comiendo platos del día por los todos restaurantes asociados. Mi plato, dónde habrá quedado. Seguir leyendo

La Academia

Drogaria es farmacia, borracharia es gomería y gimnasio es academia. Esta semana me anoté en la academia, donde no se estudia, se malha, se hacen músculos. Así le dicen a hacer aparatos, en Argentina aparatos de gimnasia, en Brasil aparatos de musculação. Seguir leyendo

Polaroid II

Termino de trabajar a eso de las cinco y media, me pongo unas calzas, una remera, ojotas, agarro la menor cantidad de llaves posible y me voy a correr. No llevo I-pod, ni plata, ni nada que me puedan sacar.

La saludo a Marlene, que atiende el Salvatore, cerca de la plaza São Salvador, donde varios hombres toman cervezas importadas. Los barcitos que rodean la plaza ya se empiezan a llenar.

Llego a la Rua Barão do Flamengo, Tacacá do Norte está lleno y me digo que algún día les tengo que mostrar todas las publicaciones que hice sobre ese lugar. En la puerta de la farmacia un chico se depila las cejas sentado en una silla de plástico con un espejito en la mano, el de al lado juega con un video-game y otro, de pie, lo mira jugar. Más adelante un señor duerme la siesta encima de una carretilla detrás de las rejas de un local vacío. Y enseguida, el restaurante de comida peruana Intihuasi, que nunca se me dio por probar pero dicen que es bueno.

Me pasa una pareja de altos, ella rubia, bronceada, con el pelo largo atado en una cola de caballo, ropa deportiva negra y zapatillas multicolor, se parece a Valeria Mazza. Él tiene una incipiente pelada y no mucho más para decir.

Al cruzar el puente curvo que une la ciudad con el Aterro do Flamengo, una bandada de aves formadas en V vuela por el cielo rojizo en el que sobresale el Pão de Açúcar, macizo, imponente. Y en un gran cliché, suspiro porque llegué a Río.

Polaroid I 

El exorcista

El Templo dos Anjos queda en una cuadra apartada del barrio de Lapa. Lo único que lo delata es la luz violeta que se escapa por entre las cortinas de tiritas, como las que había en los almacenes y después se pusieron de moda, pero con canutillos. Si uno pasa por delante y no sabe, pasa de largo. Por fuera es una casona antigua, por dentro, un templo con piso de mosaicos blancos, paredes blancas, sillas de plástico blancas, imágenes de Jesús, de arcángeles, inscripciones en hebreo, un cartel que explica sobre los cursos de cábala, un mostrador donde cobran pequeñas contribuciones, otro donde venden salgados, tortas, café y gaseosas, un entrepiso y una luz violeta fuerte que evita que el lugar parezca la sala de un hospital.

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