Que gane el mejor

É o melhor! não sou eu quem fala, é o povo de Ipanema que diz. Así vende sus potecitos de mousse el paulista Seu Mario desde hace casi ocho años en la playa de Ipanema. El mejor mousse, el mejor açaí, el mejor restaurante, la mejor tienda de vinos, el mejor buffet, el mejor barman, el mejor postre, todos los años la revista Veja, igual que el pueblo de Ipanema, elige los mejores de Río de Janeiro para comer y beber. Los premios enmarcados adornan las paredes de los establecimientos, y algunos acumulan uno cada año.  Seguir leyendo

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El Uruguayo

-Estás en Ipanema? veníte al Uruguayo, barraca 80, me dice el tano. Había llegado obligada por mí misma. Los domingos me da entre pereza y pánico encarar la playa. Mucha gente, la ciclovía explota, Ipanema es un infiernito, periferia en la Zona Sul. Muvuca, que es el nombre de una barraca del Posto 9 y quiere decir amontonamiento, tumulto. Estar en la muvuca es estar en el medio del quilombo. Y el uruguayo era un quilombo de gente, sombrilla pegada con sombrilla, piernas con hombros, bunda con cabeza. Pero menos mal que salí de casa y del barrio y encaré lo que siempre soñaba en Buenos Aires, ir a la playa un domingo, lo soñaba literalmente. La capital tenía una playa descomunal y era la ciudad más perfecta del mundo. ¿Buenos Aires con playa? Dios, la gloria. Pero no tiene.

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El fin del monopolio

Para probar el verdadero açaí de Pará, no hay que viajar hasta Belém ni al barrio de Flamengo, donde está Tacacá do Norte. Se puede comer en Arataca, a una cuadra de la playa de Copacabana. Seguir leyendo

Encuentro cercano

El mar parecía un lago, la arena estaba limpia y la playa, desierta. Atardecía detrás de los edificios de Flamengo y al otro lado de la Bahia de Guanabara, Niterói se veía hermosa, dorada y rosa.

Cuando lo vi tuve que parar de correr. Estaba parado frente al mar, solo y tieso. Me acerqué despacio hasta ver sus ojos, color miel, como su piel. Quedamos tiesos los dos, mirándonos. Cuando di un paso más levantó las pinzas y supe que estaba vivo. Era la primera vez que veía un cangrejo de ese tamaño en una playa de Río.

No sabía si agarrarlo para devolverlo al agua, en realidad no sabría ni cómo agarrarlo y si tiene que ir al agua. Se parecía a WALL-E, tal vez por los ojitos despegados del cuerpo. ¿Estaría herido? ¿perdido? Abría y cerraba su boca alienígena. Empecé a hablar, a decirle que no sabía si necesitaba ayuda o no. A pedirle perdón por todas las atrocidades cometidas por los de mi especie, que no éramos todos malos. Empecé a llorar. Él bajó las pinzas y quedamos ahí, examinándonos. Lo más loco fue que hablar con el cangrejo de Flamengo me pareció lo más cuerdo que hice en el día.

Los infinitos adjetivos de Copacabana

Juliana Rocha es una de esas chicas a quien el fotógrafo de Rioetc, el primer site de cool hunting de Brasil, pararía en la calle para preguntarle si puede sacarle unas fotos. Pero resulta que Juliana, de 26 años, original de Ceará, es la Editora de Imagen de Rioetc y cuando la conocí, unos cinco años atrás, era ella quien paraba personas para fotografiar.

Los Rolling Stones, el Papa Francisco, los Argentinos, todos han pasado por Copacabana y cada uno dejó su huella. La princesinha do mar, como se apoda al barrio más famoso de Brasil es amada y odiada, magnífica y horrible, áspera y excitante, pero no voy a ser yo quien la adjetive, de eso se encargó la fotógrafa Rocha, que un buen día, por acaso, o porque Tiago Petrik, su jefe, le pidió si podía llegar más temprano a la oficina, comenzó a correr por la orla de Copa acompañada de su celular a la hora del amanecer. Sensible a la luz de la aurora, como buena observadora, la comenzó a registrar. Cada día una foto adjetivada que pasó a publicar por Instragam (@rochajuliana). Así surgió la serie Copacabana Sentimental.

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El voto imaginario

Después de 7 años y medio viviendo en Brasil, sería más lógico poder votar acá que tener que hacerlo en Argentina. Me une con mi país la familia, los amigos, los alfajores, las medialunas, la melancolía, el buen teatro y el cine, pero de política, nada. Cuanto más tiempo pasa, menos conozco a los políticos y sus partidos.

Como tampoco puedo votar en Brasil, el país de las siglas, PT, PSD, PSOL, PSL, PSTU, PMDB, me dedico a esquivar los carteles de propaganda. Si votara, probablemente haría lo mismo que la mujer de este video.

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De película

Ta bom, ta bom, yo voy. Esta vez me toca. Cuántos favores ya me hicieron. Cuántas veces me trajeron paquetes pesados de afuera, tecnología que en Brasil cuesta cinco veces más. Ta bom, voy yo a retirar las credenciales a la sede del Festival de Cine do Rio, en el armazém 6 del Pier Mauá, esa tierra de nadie y llena de escombros que, aunque recién empezó la primavera, hierve. Ta bom, por una vez, qué me va a pasar. Es grato recompensar. Total, me levanto temprano, arreglo la casa, me visto para la entrevista de trabajo que tengo a las 11.15 y me tomo el Metrô hasta Uruguaiana. Aprovecho y compro unos auriculares nuevos en los puestitos de la Avenida Presidente Vargas y camino hasta el Pier Mauá. Caminar es lo mejor. Andar en auto un viernes en el centro es una de las torturas más modernas que hay. Seguir leyendo

Noches Tropicales

Beco es una de esas palabras fantásticas que sintetizan cosas. Beco: callejón sin salida. Así como arrepiar es causar escalofríos, que se te ponga la piel de gallina. Exactamente lo que sucede al escuchar a Letuce interpretar la canción O Amor em Paz, de Vinicius de Moraes y Tom Jobim en el Beco das Garrafas.

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El psicólogo

Ultimamente algunos amigos me preguntaron si tengo el contacto de algún psicólogo en Río. Les paso dos, el de una terapeuta argentina a la que fui durante varios meses en el 2009, y el de un psicoanalista también argentino que no conozco pero al que va un amigo, y desde que va, lo veo mucho mejor.

Psicología y Rio de Janeiro son como el chocolate con sal, pareciera que no combinan, pero resulta la más fina conjunción.

No voy a ningún psicólogo en este momento, para pagarles tendría que cambiar de trabajo. Estos que nombré arriba cobran R$ 380 la hora, se puede negociar algo, pero igual son caros, 1.369 pesos argentinos según el convertidor de moneda. Después de leer este dato, muchos psicólogos se van a querer mudar a Río, para desanimarlos les digo que primero aprendan muy bien el portugués, porque son pocos los latinos que viven en Río y tienen plata.

El texto que sigue lo escribí en el 2008. Todavía existía el obelisco que separaba Ataúlfo de Paiva y Visconde de Pirajá, la misma avenida con diferente nombre. El final de Leblon y el inicio de Ipanema. Todavía no dominaba bien el portugués ni las relaciones tóxicas.  Todavía vivía en Santa Teresa y circulaba el bondinho, ese tranvía amarillo que costaba 60 centavos y que cuando vuelva, dicen los moradores del barrio, costará R$25.

Es largo, como la terapia.

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Arte por todas partes

En ArtRio pasa esto, uno no sabe si mirar las obras, la gente o el paisaje, todo es atractivo. Hoy es el primer día de la cuarta edición de la feria de arte más importante de la ciudad, y que cada vez ocupa más almacenes en el puerto, el Pier Mauá. Este año son 5 y en el último está IDA, la feria de diseño de Rio, que se realiza por primera vez e incluye piezas -sobre todo mobiliario- de Sergio Rodrigues, Joaquim Tenreiro, Zanine Caldas y los hermanos Campana. Seguir leyendo