Desde el cielo

Estoy en el cielo, con Jesús. En la cama. Y para donde miro hay verde, hay mar, hay celeste. Hay un sabiá, un zorzal, que se pelea con su propio reflejo contra el vidrio del baño. Son las cinco y media de la mañana y el cielo parece de fuego. Los rayos de un sol oblicuo y todavía tibio atraviesan las amendoeiras y la habitación, que es toda de vidrio, hasta iluminar partes de la hamaca en la terraza y la bañera de madera para dos personas que está a la intemperie, rodeada de bosque tropical. Seguir leyendo

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El cambio

Taxi, taxi, taxi, uno atrás de otro me ofrecen taxi como si no escucharan la negativa al de al lado. Elijo el ómnibus. El chofer se va a tomar un café antes del viaje. La salida se atrasa y cuando quiere recuperar el tiempo perdido maneja el coche rojo como si fuéramos ganado. Porque el ganado sí que está perdido cuando viaja. Como si fuera mercadería. Es mercadería. El tipo le gana a los choferes de los colectivos de Río.

Pasamos los cañaverales de bambú. Desde el avión se veía como el cemento está comiéndose el verde con nuevos condominios, barrios, edificios. Pero los bambúes  sobreviven, altísimos, curvos, frondosos. Salvador tiene la salida de aeropuerto más linda del mundo.

Ante la velocidad devoro chizitos, miro el paisaje y me hago la distraída hasta que en cierto momento nos inclinamos un poco más de la cuenta hacia el lado de mi ventanilla, el chofer se prende a la bocina y zafamos de un accidente porque a veces el universo decide que mejor no.

Un señor avanza por el pasillo agarrándose a lo que puede y le grita al motorista que desacelere, -isto não é mercaduria não, le dice y que si está atrasado problema suyo. El chofer balbucea algo que no se entiende y el señor, defensor de los transportados,  agrega -usted está conduciendo de forma inadecuada. El conductor dice algo más, no escucho, pero mi héroe bajito, clarito, de anteojos, mi brasileño indignado que alza la voz entre todos los callados le contesta “então mude“, entonces cambie. Y el chofer cambia. Mudo. Y ahora avanzamos normalmente, en plena noche a las seis de la tarde, por la costa de esta ciudad en la que nadie sabe los nombres de las calles.

Buscados

Una noche, de pura casualidad, estaba en el centro cultural Matienzo, en Buenos Aires, cuando la banda Mohandas subió al escenario. Mohandas, esos brasileños que tocan una música “Etno-pop” y cada tanto organizan los mejores recitales callejeros de Río, en la Pedra do Leme, pusieron a los argentinos a bailar como locos. Seguir leyendo

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El único

Todos, absolutamente todos, conocemos sus canciones, su voz, su ritmo, su guitarra. Tê Tê tê, têtêretê, tê tê, têtêretê, es probablemente el estribillo más cantado del momento “carnaval carioca” de todo casamiento, cumpleaños de 15, bar mitzvá. Esa canción se llama Taj Mahal. Después seguro viene “Moro, num país tropical, abençoado por Deus e bonito por natureza” y enlazado “Ooooooô lariá laiô obá obá obá”, todos con los dedos índices apuntando al cielo, las corbatas desanudadas y los vestidos desencajados, “e esse samba que é misto de maracatu, é samba de preto velho, samba de preto tu”. Esa se llama “Mais Que Nada” y es la música que hizo famoso a Jorge Ben Jor.

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Enamorados del vino

Era una calle nada. O peor, era una calle que daba miedo. Queda atrás de la salida del Metrô y al lado de la favela. Casi no circulan autos por ahí. Un edificio de miles de departamentos ocupa toda la cuadra. En Ipanema, eso sí. Abajo del edificio hay un pé sujo, esos botecos tradicionales que infelizmente están en vías de extinción, y una casa de materiales de construcción. Enfrente una escuela y nada más. A la noche la Rua Jangadeiros era un desierto oscuro. Hasta que llegaron ellos.

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Gosto de agosto

Trabalho, trabalho, trabajo. En un minuto, tres veces la palabra trabajo. Hablan fuerte los cariocas que están en la playa sin trabajar. El sol raja la piel como si fuera enero, o noviembre, o cualquier mes del año. Voy a parar para ponerme protector solar. La mayor inversión desde que vivo en Río de Janeiro, donde no hay invierno.

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Un tranvía llamado Deseo

Cuatro años de espera, de obras sobre obras sobre obras sobre obras, como la repetición de una maldición de magia negra. El barrio más portugués de Río de Janeiro es también el más castigado. Y el más aislado. Seguir leyendo

Fuerza natural

“Vai, Brasil” espera sobre la mesa de luz. Tiene tapas duras, como todos los libros de Ediciones Tinta da China, verde manzana. La mesa de luz está en un cuarto donde el sol del invierno carioca entra de doce a cinco. El sol del invierno carioca es tan asesino como el del verano. En tres días las tapas del libro se curvaron hacia arriba. Seguir leyendo

Un minuto de viento

Estoy escribiendo un post sobre el lanzamiento del libro “Vai, Brasil”, de Alexandra Lucas Coelho, la periodista y escritora portuguesa que últimamente cito bastante en este blog. Desde las siete de la mañana y desde hace algunos días, edito el video de la entrevista en un programa que no conocía, coloco subtítulos, corto partes con todo el dolor del alma y la escucho. Al principio habla de la fuerza aplastante que tiene la naturaleza sobre Río de Janeiro, de lo pequeños que somos ante ella. Seguir leyendo

Alto Astral

Hacía cuatro días que no salía de casa. El clima era perfecto para hibernar, un frío raro en Río de Janeiro y lluvia, mucha lluvia. El Aterro do Flamengo más verde que nunca. Después de cuarenta días de viaje, de transitar por espacios ajenos, mi casa era el mejor lugar para estar. Seguir leyendo