Turistas

Turistas, turistas, turistas. Turistas por todas partes. Turistas con cámaras, en havaianas, con sombrero, en tuk-tuks, esos transportes importados de India. Fila de turistas para entrar en la Librería Lello, establecida en un edificio de 1906, la más linda de Oporto y entre las más lindas del mundo, según The Guardian y Lonely Planet.  Seguir leyendo

Escapadas

Domingo, ocho y media de la mañana, día despejado, auto alquilado desde la noche anterior. Es cierto que Río es una ciudad balnearia pero a veces también viene bien una escapada, sobre todo si es a la playa de Itacoatiara, en Niterói. Seguir leyendo

TransCarioca

-¿Cuándo podremos salir del Galeão, el aeropuerto de Río, en Metro?. -No sé, pero no creo que yo viva para verlo, responde un señor carioca de unos 60 años en el ascensor del Metro del aeropuerto de Lisboa. Seguir leyendo

Empanadas en Leblon

La primera vez que mi gran amiga carioca visitó Buenos Aires mi mamá preparó unas empanadas de carne que le salen increíbles. Carne picada, cebolla, morrón, huevo duro, aceitunas y pasas de uva. Empanadas de carne dulce. Mi amiga pidió ketchup y mostaza y a cada bocado iba bañando esa delicia argentina con los aderezos que nosotros usamos para el pancho. Seguir leyendo

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Vida de bacana

Vivo a dos cuadras de la playa, del hotel Fasano, del posto 8. Demoro cinco minutos en llegar hasta la arena, meterme al mar. El sol de mayo tiene esa temperatura de la que uno no se queja ni por el frío ni por el calor. Son las tres y media de la tarde, es viernes y terminé de trabajar. En la playa estamos los afortunados. Sólo eso nos asemeja a todos los que estamos hoy acá. Recostados sobre los pareos, dormitando en reposeras, besándose en el agua, caminando por la orilla con patas de rana y bodyboard. Sin traje de neoprene, eso no hace falta. Hay olas fuertes, buenas para hacer bodyboard parece, el mar está lleno de chicos que barrenan y hacen giros sobre esas olas cortas y que caen en picada. Los surfistas están más en la punta, cerca de la piedra de Arpoador. Afortunados los que estamos. Seguir leyendo

Música del futuro

Si hay una sala que viaja como una máquina de tiempo, tiempo de calidad, es esa cajita de zapatos, con pocas butacas -de las que uno ni se puede levantar- pero con una iluminación de última generación y un sonido impecable. La sala que podría ser el living de una casa, por el tamaño y la intimidad que se genera entre artista y público. La sala de Oi Futuro Ipanema -pegado al Metrô General Osório-, un edificio blanco antiguo remodelado, con un portón naranja frente al que a veces duerme un nene sobre cartones, y al preguntarle por la familia dice que sólo tiene padre, y que está preso. Seguir leyendo

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Un refugio en la ciudad

La temperatura baja unos grados, el terreno se eleva unos cuantos metros y la arquitectura se cuela entre la naturaleza, con el máximo respeto. Se trata de la casa del embajador y banquero Walter Moreira Salles, padre del cineasta Walter Salles. Una construcción de la década del 50, proyectada por el arquitecto Olavo Redig de Campos. El sello de los jardines salta a la vista apenas se visita este lugar que está en lo alto del barrio de Gâvea. Sólo Roberto Burle Marx podría haber diseñado ese paisaje que lo deja a uno atontado, por el tamaño de las hojas, los colores de los frutos que son raros y a la vez autóctonos. El mosaico que rodea la piscina también es de su autoría. Seguir leyendo

El titán del aluminio

La Avenida Bartolomeu Mitre, en el barrio de Leblon, conecta la Zona Sul de Río con otros barrios: Barra da Tijuca, São Conrado, Gâvea y Rocinha, la favela más grande de Brasil. Es una avenida ancha, con bastante tránsito pesado, semáforos demorados y obras del Metrô a dos cuadras de la playa. Un domingo a la tarde, pedaleando por la bicisenda, más o menos donde empieza la calle de los restaurantes y bares de moda, la Dias Ferreira, veo esta imagen: dos piernas y la bolsa de un colchón Queen Size lleno de latas.  Seguir leyendo

El bar donde Ipanema no duerme

Después de las nueve de la noche, la Visconde de Pirajá, avenida principal de Ipanema, equivalente, digamos, a la avenida Santa Fe en Buenos Aires en esa manía argentina de compararlo todo, está más desierta que domingo en el microcentro. Si Roberto Arlt viviera y visitara Río de nuevo, volvería a quejarse de lo mismo que en 1930. A las once de la noche todo el mundo está durmiendo. O casi, el que no, va por la mitad de su caipirona, una caipirinha de litro y medio, en el Barthodomeu. Y después, como a eso de las tres, cruzará al Empório, un bar rockero que también está a una cuadra del mar y salva las noches del barrio.  Seguir leyendo

Pertenenecias

Como todas las semanas, fui a comer mi dosis de açaí al Tacacá do Norte. Era de tarde y el bolichito estaba tranquilo, ni muy lleno ni muy vacío. Varios lugares disponibles en el fondo, donde suelo sentarme. Pensé que la banqueta del final estaba ocupada, que la mujer, porque sólo podía ser una mujer o un travesti, estaba en el baño. Pero no, era uno de los empleados el que ocupaba el baño.

Pasaron diez minutos y nadie más que yo parecía ver esa campera roja de cuero colgada en el respaldo curvo de la banqueta de aluminio. Corta, con cierres de bronce, olor a nueva. Me fijé la marca, no la conocía pero parecía buena. Forrada por dentro. Capaz la dueña estaba hablando por teléfono afuera, en ese boteco nunca hay señal. Seguí comiendo el açaí. No había dueña, la campera llevaba media hora abandonada en el respaldo ¿cómo pueden olvidarse una campera tan linda con este frío? Sí, en Río de Janeiro hace frío, no por muchos días, nunca menos de 13 grados, pero cuando el promedio anual es 30, 18 parece helado.

Por el espejo de la pared vi que cada uno estaba absorto en su comida, en prepararla o en comerla. Descolgué la campera y me la probé. Mi talle. Debería usar más rojo. Si me la llevo nadie se da cuenta. ¿Cuánto costará una campera de estas?. Me la saqué despacio. Pagué el açaí, agarré mi mochila, doblé la campera al medio y me quedé parada. -Señor, alguien se olvidó esta campera. Cuando salí a la calle me pareció que la temperatura había aumentado un par de grados.