La “Escalera del diablo”: el patrón matemático de los asesinos seriales

¿Se puede predecir el próximo crimen de un asesino serial? Dos investigadores californianos creen que sí. Según estos científicos, la conducta de un asesino serial sigue un patrón que en matemáticas se conoce como “Escalera del Diablo“.

Andrei Chikatilo, el asesino serial que mató a más de 50 personas en 12 años

Según cuenta la revista Muy Interesante, el estudio se basó en el análisis del comportamiento del ucraniano Andrei Chikatilo arrestado el 20 de noviembre de 1990, tras haber cometido 56 asesinatos en el transcurso de 12 años. Chikatilo fue ejecutado en 1994.

Al ritmo de las neuronas

La teoría sostiene que la razón por la que los asesinatos siguen una función matemática es que los asesinos seriales trabajan a un “ritmo” manejado por las neuronas de sus cerebros, según explica el Daily Mail.

“El patrón de “disparos” de las células cerebrales es similar al del cerebro de un epiléptico, que los lleva a tener ataques, aunque en el caso de los asesinos les genera una urgente necesidad de matar”, dice el Daily Mail.

Los crímenes de Chikatilo

Los homicidios cometidos por este famoso asesino serial ocurrieron entre el 78 y 1990. El intervalo más corto entre dos homicidios fue de tres días, y el más largo, de 986. A primera vista, dicen los científicos, no parece que hubiera un patron en sus acciones.

“Es altamente irregular, con largos intervalos sin homicidios, interrumpidos por saltos, cuando mató mucha gente en períodos cortos. Esa curva se conoce en matemáticas como la Escalera del Diablo”, explican los investigadores.

De todos modos, el modelo necesita algunos ajustes. “No podemos esperar que un asesino cometa sus crímenes en el momento exacto en que alcanza la excitación de sus neuronas. Necesita planear y preparar su crimen. Entonces podemos asumir que comete el asesinato después de que la excitación ha estado sobre un umbral durante cierto período de tiempo”, indican.

“Otra cosa que asumimos es que el asesinato tiene un efecto sedante en el asesino”, aseguran. La curva de homicidios de Chikatilo se acerca a sus predicciones. Y los investigadores creen que el modelo puede hacerse incluso más preciso.

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Quién mató a Facundo Cabral

La revista Gatopardo publicó una nota que aquí les comparto, contando quién es El Palidejo, el hombre acusado de ser el autor intelectual del ataque en el que murió Facundo Cabral.

EL HOMBRE QUE MATÓ A FACUNDO CABRAL

POR ALEJANDRA S. INZUNZA Y JOSÉ LUIS PARDO (Nota publicada en Gatopardo)

El trovador tenía setenta y cuatro años pero conservaba su figura elegante. Vestía jeans, suéter azul y chaqueta café y ocultaba sus ojos, que ya no veían bien, tras unas gafas de vidrio de botella del mismo color. Facundo Cabral pisó con parsimonia el escenario del Teatro Roma de Xela, Guatemala, en la fría noche del 7 de julio de 2011. En una mano portaba un bastón de madera y en la otra la guitarra, la inseparable. Se sentó en una silla y comenzó a desplegar un repertorio que había acompañado media vida a gente como Raúl Barreno, que lo contemplaba hipnotizado desde una butaca en la décima fila. Hacía diez años que había asistido en el mismo lugar a un concierto del argentino, pero le parecía como si lo escuchara por primera vez.

Durante poco más de una hora Cabral compartió su fidelidad al amor, a Dios y a su madre, a la que recordó como siempre: “Mi madre era una mujer grandiosa, divina, durísima, porque cuando tenía nueve años, cuando me fui, me dijo que ése era el último regalo que me daba. El primero había sido la vida y el segundo, y último, la libertad para vivirla”. Recitó “Mi pobrecito patrón” y “Éste es un nuevo día”, canciones que hablan del amor y la convivencia a pesar de haber sido un niño alcohólico, sufrir la cárcel y después el exilio. “Porque uno no vive solo y lo que a uno le pasa le está sucediendo al mundo, única razón y causa”, susurraba en la introducción de “No soy de aquí, ni soy de allá”. Ése fue el tema que cerró el concierto.

Antes de rasgar los últimos acordes, Cabral se levantó por un instante y encorvándose para reverenciar al público, se despidió:
—Gracias por la amistad de tantos años. Sepan que fueron una parte importante de mi felicidad. Sepan que los voy a llevar en mi corazón hasta el momento final.

Al bajarse el telón, Facundo Cabral dejó de recitar para siempre. Fue su última actuación. Su voz se esfumó dos días después cuando fue acribillado en un coche camino al aeropuerto de la ciudad de Guatemala.

Sobre la pared de la sala de Henry Fariñas colgaba un cuadro en el que aparecía Facundo Cabral juntó a él, su esposa y sus dos hijos. En el librero guardaba los discos del argentino, e incluso coleccionaba los libros y entrevistas en las que era protagonista al que llamaba “maestro”. Hacía años que eran amigos y Fariñas, un empresario nicaragüense del mundo del espectáculo, había llevado a Cabral a Nicaragua en varias ocasiones y gestionado otros conciertos en Centroamérica, entre ellos el último celebrado en Xela. La íntima relación que los unía llevó a este hombre de cuarenta y dos años, de pelo chino y ojos negros, a estar presente en los últimos momentos de la vida del cantautor. Aquel 9 de julio de 2011, Fariñas insistió en llevarlo al aeropuerto en su Range Rover blanco, el mismo que apenas unos minutos después sería baleado por veinticinco disparos, tres de los cuales matarían a Cabral. Fariñas sobreviviría.

Cuando todavía dos mil personas lloraban en la ciudad de Guatemala al artista en la escena del crimen, Fariñas testificó que el autor intelectual del asesinato había sido Alejandro Jiménez, un supuesto narcotraficante costarricense que lo quería muerto por haberse negado a venderle el Elite Night Club, el antro nocturno que regentaba en Managua. En el momento en que se presentaba al mundo como un empresario y promotor musical honrado, víctima de la coacción del narco, el teniente José León Gadea y el inspector Pedro Manuel Sánchez, de la policía de Nicaragua, ya lo tenían fichado. Desde 2010 le seguían la pista por pertenecer a una organización de tráfico de drogas internacional.

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La historia detrás de las gemelas Casas

No, no les voy a contar todo lo que hay detrás del polémico caso de Edith Casas, que hoy se casó con Víctor Cingolani, el hombre detenido por el homicidio de su hermana gemela, Johana.

Se los va a contar Rodolfo Palacios, un colega con una gran pluma y una increíble habilidad para encontrar los detalles de las historias policiales.

Y lo va a contar todo en la próxima edición de Orsai. Pero acá les comparto el adelanto que posteó Hernán Casciari. Se van a morir de ganas de leer esa crónica. O al menos eso me pasó a mí, que estoy esperando ansiosa la edición de marzo.

La historia de las gemelas

▣ HERNAN CASCIARI, JUEVES 14 DE FEBRERO, 2013

(Para leer el post completo y ver las fotos, hace click acá)

Catorce de febrero. Mientras escribo este adelanto de la Orsai N12, una chica de veintitrés años se está casando con su novio en un pueblo de la Patagonia. La pareja eligió dar el «sí» justo el Día de los Enamorados. La madre de la chica está ausente porque el novio mató a la hermana gemela de la novia. Por eso él entrará al Registro Civil esposado. Y por eso, también, la luna de miel será en la cárcel.

Con Chiri leímos esta historia hace un par de meses, al mismo tiempoque la conocía todo el mundo:

Varios de los elementos del relato nos alucinaron, como si se tratara de un cuento erótico-policial. Primero nos llegó el rumor de que el asesino se acostaba con Johana y Edith (las gemelas) al mismo tiempo.

Más tarde conocimos los detalles del asesinato de Johana: dos tiros en un descampado. Y por fin, la decisión de Edith —misteriosa, imposible decisión— de casarse con el asesino de su hermana aún sabiendo de la pólvora que la policía encontró en las manos del novio.

Pero sobre todo nos encegueció, con machista frivolidad, la belleza indecente de las gemelas. Según todos los testigos, las mujeres más hermosas nacidas al sur del mundo.

Durante mi último viaje a Buenos Aires hablamos con Chiri toda una noche sobre el caso. Fantaseábamos con estar allí, mezclados con los vecinos, absorbiendo la chismografía de los pueblos chicos hasta llegar a la verdad. ¿Qué pasó realmente? ¿La gemela se quiere casar con el asesino para vengarse? ¿De verdad lo ama? ¿Mataron a Johana entre los dos? ¿Él es inocente y purga una condena injusta? ¿Está encubriendo a alguien?

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Lectura recomendada: “Qué de lejos parecen moscas”, de Kike Ferrari

La lectura recomendada de hoy es una muy buena novela policial de un escritor argentino. El libro se llama Qué de lejos parecen moscas y su autor es Kike Ferrari.
A continuación, una  entrevista que le hice para que nos cuente algunos detalles de cómo fue el proceso creativo del que surge el libro que les recomiendo.

¿En qué o en quién te inspiraste para hacer el personaje de Machi (protagonista de la novela)?

Kike Ferrari: La historia apareció antes que el personaje, de hecho el primer borrador del primer capítulo comenzaba con la frase el tipo es un garca, a modo de guía, porque todavía no lo tenía del todo definido. Después, mientras estaba en el proceso de construcción del personaje, buscándole una forma de caminar (aunque casi nunca la describo, hasta que no veo la forma de caminar de un personaje no lo puedo contar) de hablar, de pensar, de actuar, me di cuenta que tenía un modelo perfecto: un ex patrón, llamado Luis Machi, del que usé, además, un par de anécdotas.

La historia transcurre en apenas unas horas, pero por la intensidad parece mucho más. ¿Cómo manejaste la elección de situaciones que le tocaron vivir a tu personaje para que pudieran desarrollarse en ese espacio temporal y a la vez lograr moverte en el tiempo para contar la historia de vida de Machi?

K.F: Me ayudo un montón cuando encontré el título del libro y me puse a jugar  con la enumeración de Borges en El idioma analítico de John Wilkins. Esto me sirvió para ordenar las historias del pasado de Machi y cruzarlas con el presente continuo del muerto en el baúl. Igual en un momento, cerca del final, sentí que la historia se me aceleraba, pero lo dejé ser. Supongo que algo de ese vértigo se trasluce en la novela.

En Qué de lejos.. hay muchas referencias momentos que se vivieron en la Argentina: la última dictadura, la década del 90, la crisis del 2001, etc. ¿Alguno de tus personajes tiene también un anclaje real?

K.F: En la nota de final de Regresamos como Sombras, el Jefe Taibo dice “los límites en esta novela entre la realidad y la ficción no están del todo claro ni siquiera para el autor“. Supongo que esa frase sirve para explicar lo que me pasa con Que de lejos parecen moscas. Varios de los personajes nacieron a partir de una persona de la vida real, pero fueron tan brutalmente ficcionalizados, que me cuesta encontrar ahora al modelo que les dio vida. Pero sí, empezando por el propio Machi hasta personajes más marginales dentro de la historia como el Loco Wilkinson (uno de los alias de Galimberti), el Patrón Balza, el Coco Noriega, Mariela Baez o algunas de las minitas (La Colorada, la Chica del Mechón Violeta), tienen el anclaje del que hablás.

Crédito: Mika Urzomarzo

Además de la merca, las minas, la corrupción, por sobre todas las cosas resalta la impunidad con la que se maneja el señor Machi. ¿Es un reflejo de algo que ves en la vida cotidiana?

K.F: La impunidad del poder, sí, del Capital. Del poder que da el Capital. Propiedad y Patriarcado, todo eso. Por eso me interesaba buscar una situación en la que un tipo acostumbrado a la impunidad del poder estuviera en el límite.

En una entrevista leí que decías “soy escritor de barrio chico”. Qué de lejos.. fue publicado en España. ¿Por qué la decisión de publicar allá? ¿Cómo te fue con los distintos públicos, el local y el español?

K.F: Publicar en España no fue una decisión, sino la primera oportunidad que apareció para hacerlo, de la mano de Carlos Salem. Tengo la sensación de que en España se me leyó un poco más que acá, pese a ser un escritor más porteño que los adoquines. En cualquier caso la historia que cuenta Que de lejos parecen moscas es, creo, tan universal como la hijoputez.

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Jack el Destripador ¿era argentino?

Ya pasó más de un siglo, mucho más. Y, si bien es leyenda en la historia criminal, nadie sabe cuál fue la verdadera identidad de “Jack the ripper”, o Jack el destripador. El apodo de este asesino se lo asignó el mismo –o ella- : así firmó las cartas en las que se atribuyó los brutales homicidios de cinco mujeres entre agosto y noviembre de 1888, en Whitechapel, Londres.

Sus víctimas eran prostitutas que trabajaban en las tabernas y calles locales. Las mataba y, tal como su apodo lo indica, las destripaba: los cuerpos fueron hallados con cortes de garganta, mutilación abdominal y genital y lesiones faciales progresivas. Y también era parte de su modus operandi la extracción de órganos internos.

Hubo una interminable lista de sospechosos, pero lo cierto es que nunca se logró probar que ninguno hubiera cometido los aberrantes homicidios. Luego del asesinato número cinco, no volvió a saberse de otro crimen semejante en la zona. Era como si El Destripador se hubiera esfumado. El caso fue cerrado en 1892.

Pero el asesino se convirtió en leyenda y sobre su identidad se hicieron muchas conjeturas. Una edición argentina de la Revista Muy Interesante destaca las siguientes:

Una teoría involucra al príncipe Albert Victor, duque de Clarence. Los rumores decían que el joven había embarazado a una prostituta y la mató para ocultar el hecho y evitar el escándalo.

Otra versión sostiene la posibilidad de que el homicida haya sido el pintor Walter Sickert, que tenía una obsesión con el destripador e hizo varios cuadros sobre él.

El que planteó una teoría interesante fue Arthur Connan Doyle, el creador de Sherlock Holmes. El escritor sostuvo que se trataba de una mujer, disfrazada de hombre. Esta teoría fue retomada por otros curiosos que intentaron resolver la incógnita del destripador. Pero nunca pudo probarse.

Y, como no podía faltar, hubo un argentino en la lista de sospechosos: un tal Alonzo Maduro o Alonso Maroni, financista que habría estado en Londres cuando se cometieron los asesinatos. El escritor Juan Jacobo Bajarlía tomó esta teoría en base a testimonios de un secretario del financista argentino. El testigo habría escuchado a Alonso diciendo que las prostitutas debían ser eliminadas. También lo habría visto con un sombrero y un sobretodo parecidos a los que había descripto el único testigo de la investigación que no era un embaucador. Si esta teoría es cierta, Jack the Ripper murió en Buenos Aires en 1929, a los 75 años.

Pero ninguna de estas hipótesis fue comprobada. Y hasta el día de hoy, la identidad del asesino que inspira tantas películas, libros y series policiales permanece en el anonimato.

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Las palabras del crimen

Como todo, las palabras que usamos para designar a los homicidas y sus variantes tienen un origen. En el caso de “homicidio“, viene del latín homicidium. Esta palabra está compuesta por dos partes: homo (hombre) y cidium (acción de matar).

Cidium viene del verbo caedere que significa matar o cortar. De ahí surge la raíz cid que a nosotros llega como cidio, terminación que vamos a encontrar en varias palabras usadas para nombrar distintos tipos de homicidios:

-Parricidio: el homicidio de la madre o el padre

-Genocidio: el exterminio de un grupo social o raza

-Filicidio: cuando el padre o la madre matan al hijo

-Fratricidio: cuando un hermano mata a otro

-Infanticidio: cuando se mata a un niño

-Suicidio: es cuando uno se mata a sí mismo

-Regicidio: el asesinato de un monarca

-Uxoricidio: es cuando el hombre mata a su esposa. En la Argentina, fue incorporado recientemente al Código penal como Femicidio, que es el asesinato de la mujer.

 El origen de Asesino

El origen de la palabra “asesino” es todavía más interesante. El término es árabe y quiere decir “adicto al hachís“. En la época de las Cruzadas había una secta musulmana que cometía crímenes en nombre de Alá siempre bajo el efecto del hachís. La secta se conoció como Hashsh Ashín (los que consumen hachís)..

Según cuenta la leyenda, eran guerreros suicidas, dispuestos a morir por el Islam. Sus rituales incluían el consumo de hachís.

 

 

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Cuando de novela policial se trata… ¡Viva Suecia!

Después de haber leído unos 7 libros de Henning Mankell, estoy comenzando a disfrutar de Asa Larsson. Acabo de terminar de leer La senda oscura y sigo asombrándome de la increíble capacidad que tienen los suecos para construir personajes atractivos dentro del género policial, como parte de historias tan atrapantes que no querés largar el libro hasta terminarlo.

Claro, está también la famosa trilogía de  Stieg Larsson. Debo confesar que, si bien el primer libro me fascinó, a la mitad del segundo me aburrí y ya no leí más.

Aquí los invito a leer una breve reseña sobre la novela policial sueca, publicada en Boutique del Libro:

“La novela policial sueca está pasando, sin duda, por su mejor momento. Con la llegada de la trilogía Millenium de Stieg Larsson, fallecido poco tiempo antes de ver publicada su obra, el público lector descubrió el notable talento de los escritores suecos del género. Todo comenzó en la década del 60 con la pareja de escritores Maj Sjöwall y Per Wahlöö, considerados los padres de la novela negra nórdica, creadores del famoso inspector Martin Beck en el cual muchos escritores posteriores se basaron. El más importante es, sin duda, Kurt Wallander, el policía creado por Henning Mankell, autor éste de más de 40 títulos publicados, aunque no todos ellos del género. Pero ésta literatura policial, tuvo un vuelco a partir del asesinato nunca resuelto del primer ministro Olof Palme en 1986, que generó un enorme impacto en la sociedad sueca y en su tan mentado Estado de Bienestar. A partir de ahí, la novela policial tomó un giro más social y comenzó a centrarse sobre aspectos morales que no estaban funcionando demasiado bien dentro de la maquinaria del tan publicitado estado idílico. Es en ésta etapa cuando cobra importancia los casos de violencia de género, los crímenes racistas o el uso legítimo de instrumentos no democráticos para defender el estado democrático. Además de todo esto, estas novelas nos muestran Suecia: sus costumbres, sus ciudades y calles, su particular clima, su sol de medianoche, los cuestionamientos de sus habitantes. Se transforman a su vez en un magnífico viaje. Son esos ingredientes los más notables en los nuevos escritores, tanto en Stieg Larsson, como Asa Larsson, Camilla Läckberg (llamada “la reina de la novela negra“), Jens Lapidus, Lars Kepler y Mari Jungstedt, entre otros”

Sobre Mankell y Asa Larsson encontré algunas notas interesantes que les comparto a continuación.

 

Henning Mankell: “El policial es aburrido”

(Nota completa en la web de Revista Ñ)

Dicen que Henning Mankell es parco. Dicen que está enojado. Pero Mankell se siente bien con su enojo y sólo es parco con aquello de lo que no le interesa hablar. Allí levanta un muro del mismo modo que erige torres de palabras para argumentar contra sus enemigos.

Ha estado en Buenos Aires y ha dicho que vino cuando tenía que venir. Y esa referencia a un designio de la voluntad surge porque pudo venir aquí durante la dictadura pero eligió no hacerlo. Ahora sonríe y cuenta con una emoción contenida y discreta cuánto le gusto el paisaje del Tigre, cuánto las fotografías de Manuel Alvarez Bravo en el Malba o una parrillada de la calle Lavalle. Algunos lo vieron comprando libros argentinos y muchos otros salieron más que contentos de la charla que dio en la Feria del Libro. Todavía le preguntan por su última novela publicada en español El chino (Tusquets) y otros por la que acaba de terminar y con la que se supone que jubila al detective Wallander que se llamaráEl hombre inquieto y que llegará aquí el año próximo.

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El sexo en la cárcel

Hace unos meses, cuando dábamos una clase en el penal de Ezeiza, en la cárcel de mujeres, junto con Verónica Dema, surgió el tema de la sexualidad en prisión. El debate fue muy interesante. Algunas de las chicas comentaban que, si bien son heterosexuales y en algunos casos hasta tienen marido fuera de la cárcel, dentro de prisión la realidad es otra.

Contaban que hay chicas que forman parejas homosexuales mientras cumplen sus condenas, pero luego al salir vuelven con su novio o marido. Ellas no consideran que son homosexuales, sino que simplemente la situación en la que se encuentran tras las rejas las empuja formar lazos afectivos intensos que generalmente las ayudan a sobrellevar las dificultades y miserias de la vida sin libertad.

Esa no es la única particularidad de la sexualidad en la cárcel. También está la cruda realidad de los abusos, las relaciones de poder y los vínculos sexuales muchas veces necesarios para sobrevivir.

La semana pasada, Página 12 publicó este interesante artículo relacionado a estos temas:

Sexo abarrotado

Por Mercedes Nieto (Página 12)

A Agapito Lencinas lo masacraron de cientos de puñaladas por cogerse a todos los pibes que entraban nuevitos al penal. Con su metro noventa, no sólo los sometía a ellos sino también a sus familias: la “visita” debía complacer con favores sexuales a los capos del pabellón. Entregar a tu mujer, a tu hermana, a tu prima como garantía de un plato de comida y de poder andar con tus zapatillas todo el mes. Los 12 Apóstoles, en el motín más sangriento de la historia carcelaria argentina, vengaron con sangre la traición de convertirse en buchones del Servicio.

“Agapito era un buen pibe, yo lo conocí en Olmos, pero la droga le voló la cabeza. Por dos pastillas empezó a entregar a todo el mundo, a laburar para la gorra”, cuenta Mario, quien pasó cuarenta de sus cincuenta y seis años como un saltimbanqui por las cárceles de la provincia de Buenos Aires. El ingreso de las drogas no sólo le voló la cabeza a Agapito sino que marcó una nueva forma de vivir en la cárcel. “Yo estaba en Olmos para la Navidad del ’89, y me acuerdo de que pasó un cobani ofreciendo sidra y se la compré con una cadenita de oro.” Mario había laburado bien esa temporada y los signos de la abundancia decoraban su cuerpo. En el ’95 recuperó su libertad. Una musculosa y un jean fueron sus únicas pertenencias. Lo demás se lo dejó al delivery del penal.

Mario, Gustavo y Yanina saben muy bien lo que significa cuidarse la espalda. Se especializaron en el arte del cuchilleo, la destreza de armar el “mono” en diez segundos, y la indigesta de garrones y otras impotencias. La mayoría son y fueron parte de la estadística que ubica al Servicio Penitenciario Bonaerense como el más grande del país, que recluta hoy cerca de 30 mil presos.

Todos coinciden en que el motín de Sierra Chica y la aparición de “los derechos humanos” marcaron un antes y un después tras las rejas. Gustavo comenta que después de lo de Sierra se ganó la visita íntima y la intercarcelaria, y que gracias a eso disminuyó la cantidad de abusos sexuales que se daban entre la población. Su tío, que estuvo preso el decenio completo de los ’80, le contó que antes se daban constantes violaciones, abusos y que hubo muchas muertes a raíz de eso. Agradece a Dios que no le tocó vivir esa época porque fue una parte muy triste de la historia.

La Prandi

Gustavo tiene 34 años y se la pasa repartiendo sonrisas. Su cara parece de látex, tirante, brillosa, prolija, no se le asoma ni una arruga, a pesar de que reniega y reniega todo el tiempo contra las arbitrariedades del Servicio Penitenciario. Jura que llevará su caso hasta la Corte Suprema de Justicia o hasta la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Esa valentía nació cuando, siendo menor de edad, le pegó un tiro a un transa y salió victorioso. Después, el destino le jugó una mala pasada y se le dio vuelta la torta. Pasó de ser testigo a ser acusado de homicidio. Desde entonces pasa sus días en la Unidad Nº 45 de Melchor Romero.

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¿Quién es el mayor asesino de la historia reciente?

Asesinos seriales hubo muchos. Y seguramente muchos no han salido a la luz. Pero de entre los que sí se hicieron conocidos, la revista Muy Interesante destaca a uno como el mayor asesino de la historia reciente.

Se trata de Harold Shipman. Al igual que a Jack Kevorkian, a Shipman le decían “El doctor muerte”.

El hombre acabó con la vida de 218 personas en 27 años, aunque algunos estiman que sus víctimas fueron muchas más. Incluso que llegaron a ser 1500. La mayoría de las víctimas eran mujeres mayores de 75 años y solían morir solas y por la tarde. Shipman, que nunca se mostró arrepentido de sus crímenes, ni los reconoció, tenía sin embargo la habilidad de entrar en confianza con sus pacientes antes de matarlas. Por esto también se ganó el apodo de “Doctor Friendship” (Doctor Amistad).

Shipman se instaló en la localidad británica de Hyde en 1977. Allí instaló su consultorio y con sus modales paternalistas se ganó el aprecio de todos los pacientes.

La que comenzó a dudar de su carisma fue la dueña de una empresa fúnebre.  Tal como publicó LA NACION, Susan Booth notó que mientras otros facultativos traían a su negocio un máximo de 20 o 30 pacientes por año, Shipman pasaba los 90 y recomendaba siempre a los familiares que emprendieran una cremación.

La trampa de la codicia

Tal vez Shipman hubiera seguido asesinando por más tiempo si no fuera que se dejó llevar por las garras de la codicia; una de sus víctimas fue una ex alcaldesa de Hyde, Kathleen Grundy. La mujer murió súbitamente tras hacerle una visita. Una firma de abogados recibió por correo un testamento en el cual Grundy dejaba a Shipman más de un millón de dólares y tres propiedades.

Para desgracia de Shipman, pero para el bien del resto de las mujeres que podrían ser sus pacientes, la hija de su víctima, Angela Woodruff, era abogada. Woodruff descubrió que el texto y la firma del testamento eran falsas.

Esta investigación tuvo como consecuencia el pedido de exhumación de otras pacientes. Y allí comenzó a salir a la luz el verdadero accionar del Doctor Amistad.

La cuestión es que el asesino fue descubierto, y en el año 2000 fue condenado a 15 cadenas perpetuas. El 13 de enero de 2004 apareció muerto en su celda de la prisión británica de Wakefield. Dicen que se suicidó.

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El gato que quiso liberar presos

No es chiste. Ocurrió en una prisión del norte de Brasil. Los guardiacárceles vieron al pequeño felino intentando ingresar al penal.

Cuando lo atraparon, notaron que el gato llevaba una particular carga pegada al cuerpo: un teléfono celular, recambios de taladro, pilas, un cargador y pequeñas sierras.

FOTO: AP

Esto fue descubierto el 30 de diciembre en la cárcel de la ciudad de Alagoas.

“Un agente vio al gato y fue a mirarlo de cerca porque parecía que había algo raro. Ese animal entra y sale de la cárcel” habitualmente, explicó al diario O Globoel director del sindicato de agentes penitenciarios, Marcelo Avelino.

Un poco en chiste –esperamos- otro vocero de la prisión dijo: “Va a ser difícil descubrir quién es el responsable ya que el gato no habla”.


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