La historia detrás de las gemelas de Pico Truncado

En los últimos meses, hubo un caso entre lo policial y lo “romántico” que llamó la atención de toda la sociedad argentina. Se trata de la historia de las gemelas Casas, de Pico Truncado: una de ellas fue asesinada, la otra se casó con el hombre que está preso por el homicidio.

Rodolfo Palacios estuvo en el pueblo que fue escenario de la muerte y del matrimonio. En una fantástica crónica publicada en la Revista Orsai, cuenta cómo son las personas detrás de los personajes en esta historia que generó tanta polémica como atracción.

Sólo les voy a convidar con algunos fragmentos de esta crónica, el resto tendrán que leerla en Orsai, si entran a la página verán las explicaciones de cómo conseguirla. Es una gran revista, vale la pena tenerla por esta y tantas otras notas.

Diálogos entre Rodolfo Palacios y Víctor Cingolani

R.P: ¿Johana y Edith se pelearon por vos?

V.C: Ni. Edith le fue de frente, le dijo lo que nos pasaba y Johana lo entendió. A Johana la quise, a Edith, la amo.

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V.C: Acá muchos se han hecho el coco pensando chanchadas. Algunos sinvergüenzas del pueblo me han puesto un apodo fulero.

R.P: ¿Cuál?

V.C: Bin Laden. Osama Bin Laden.

R.P: ¿Por?

V.C: Porque me volteé a las gemelas

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Diálogos entre R. Palacios y Edith

R.P: ¿Sentiste algo la noche en que la mataron [a Johana]?

Edith: Estaba como rara. Incómoda. Yo estaba con amigas. No sabía qué me estaba pasando. No lo podía explicar. Era un vacío inmenso. Llegué a casa a la madrugada y pasó algo extraño: mi reloj se detuvo a las cuatro y media de la mañana [hora aproximada en la que mataron a su hermana gemela]

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R.P: Si descubrieras que Víctor la mató, ¿seguirías con él?

Edith: Eso no va a pasar porque él no fue. Yo también creo en él. Y demasiadas cosas me hicieron ver que él no es un culpable. Uno no puede hacerse cargo de lo que no hizo.

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Diálogo entre R.P y Marcelina, la madre de las gemelas

R.P: ¿Está segura de que Cingolani mató a Johana?

M: No hay dudas de eso. Cingolani es el demonio en persona.

R.P: ¿Cree que Edith está en peligro?

M: Sí. El asesino podría matarla como mató a Johana. Son una familia muy rara.

R.P: ¿Por qué dice eso?

M: No sé si son de una secta o algo así. A la Edith la tienen como secuestrada. Cuando la veo hablar por televisión, no es ella. Le lavaron la cabeza. Quizás si usted llega a conocerla pueda darse cuenta de lo que le digo. La hermana de Cingolani no la deja sola en ningún momento. A mí me odia. Ayer salí a caminar y me persiguió doce cuadras en su camioneta. Hice la denuncia.

 

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¿Cuál fue el origen de la silla eléctrica?

Parece una ironía, pero es real: lo que dio origen a la silla eléctrica fue la búsqueda de un método de ejecución “más humano”. Es que hasta entonces, la forma más común de “ajusticiar” a alguien era la horca. Por supuesto no existen los métodos de ejecución humanos, pero estamos hablando de sistemas que consideran legítima la pena de muerte. Por suerte esto no es así en la Argentina.

Hay quienes atribuyen la creación de este aparato de tortura a Thomas A. Edison. Pero no fue él sino un empleado de su empresa el ideólogo de la silla.

Se trata de Harold P. Brown, quien hacia 1886 fue contratado para buscarle una alternativa a la horca, a través de la electrocución. Para evitar que la compañía de Edison quedara vinculada al tipo de electricidad que daría muerte a los reos, Edison instruyó a Brown para que utilizara para este sistema corriente alterna, que era lo que impulsaba su principal competidor, Nikola Tesla.

Para probar este aparato de la muerte, se “ejecutó” a varios animales, incluyendo a un elefante de circo. La primera ejecución de un ser humano ocurrió en la prisión de Auburn, Nueva York, en agosto de 1890. La víctima del cruel aparato fue William Kemmler, un hombre acusado de matar a su amante con un hacha.

Cómo funciona la silla eléctrica. Infografía: Revista Muy Interesante

Al reo se le colocaban dos electrodos, uno en la cabeza y otro en la pierna, y se le aplicaba la electrocución en dos golpes de 2000 voltios. El primer choque debía dejar inconsciente al reo, aunque esto no sucedía siempre. Por el contrario, muchos de los sometidos a este método de ejecución requerían varios choques, en medio de un terrible sufrimiento en el que incluso a veces se les prendía fuego la cabeza. La piel se les quemaba y la temperatura de los cuerpos alcanzaba los 60 grados. Todo se convertía en un espectáculo horroroso y cruel.

Con la ejecución de Kemmler comprobaron que no había ninguna disminución de crueldad con respecto a la horca: al contrario, luego de la primera descarga, mientras se recargaba el generador, se oían los gemidos del condenado, con el cuerpo quemado y todavía vivo.

Sin embargo el método se adoptó y se popularizó fundamentalmente en los Estados Unidos, en donde fue utilizado para aplicar la pena capital hasta 1950. Hoy sólo existe como método optativo en algunos estados, pero su práctica ha ido disminuyendo y en la mayoría de los estados norteamericanos que aún aplican la pena de muerte, el método de la silla eléctrica ha sido reemplazado por la inyección letal.

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Los niños, testigos del horror

La violencia de género es un tema conocido, debatido y que lamentablemente se cobra muchas vidas. Pero hay algo detrás de estos casos que es aún más doloroso: los testigos de este flagelo, los que sufren el maltrato a sus madres y que muchas veces las ven morir, son los niños.

Esta interesante nota de Gabriela Oprandi en Tiempo Argentino cuenta más detalles de estos pequeños testigos del horror.

Cada vez son más los niños que son testigos en causas por femicidios

Por Gabriela Oprandi

Aguantó una semana en silencio. Apenas su padrastro salió de la casa en la que estaban, contó en detalle lo que vivió la tarde del domingo 13 de enero en Colonia Naranjito, un paraje ubicado a pocos kilómetros de la localidad misionera de Jardín América. Le contó a la mujer que lo cuidaba y que los alojaba, que el hombre había matado y enterrado a su madre en la zona de un pinar.

 Al principio, la mujer no le creyó, hasta que el menor los llevó hasta el lugar en donde encontraron el cuerpo en estado de descomposición de Liliana Falcón, quien tenía un profundo corte en el cuello. El jefe de la Unidad Regional IX Jardín América, Juan Carlos Vogler, cuenta a Tiempo Argentino que la mujer le empezó a dar charla al nene porque no lo veía bien. “La señora de la casa se dio cuenta de que el nene estaba mal y aprovechó el momento en el que el hombre salió a buscar trabajo para preguntarle que le pasaba. Entonces fue ahí cuando el chico le dijo donde estaba su mamá y que el hombre la había matado.”
Como en el caso de este niño, que se ánimo a hablar y colaboró para que la policía encontrara al asesino de su madre, hay otros menores que resultaron ser testigos de homicidios y sus testimonios se convirtieron en piezas claves de investigaciones judiciales. En algunos hechos fueron el puntapié inicial de la causa y en otras, a pesar de que colaboraron, no fueron tenidos en cuenta.
La justicia considera como válidos los testimonios de niños que fueron testigos de crímenes, una vez que fueron evaluados por profesionales del área de la psicología. Gabriela Trabazzo, psicóloga de la División Ciencias de la Conducta que pertenece a Delitos Complejos de la Policía Bonaerense, comenta a Tiempo que “no siempre se puede tomar el testimonio del niño como cien por ciento creíble porque a veces inventan”, pero remarca que “el testimonio de ellos permite achicar la hipótesis con las que trabaja la justicia.
“Si lo pide el fiscal, se analiza la causa y se evalúa al niño. Primero se hace una  entrevista evaluativa para ver el contexto del menor o la menor y su madurez intelectual. Y también se evalúa el trauma que le quedó del suceso. Nunca hay que revictimizar al niño”, explica Trabazzo, quien trabajó con Brian –no es su verdadero nombre– un niño de cinco años que fue testigo de la violación y homicidio de su abuela y de su tía, en la localidad de Moreno, y colaboró para dar con el asesino.
Para leer la nota completa, hacé click acá.

 

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¿Qué hacemos con los comentarios violentos en las notas policiales?

Esta semana, cuando publiqué una nota que informaba de un caso en el que la Justicia confirmaba la inocencia de alguien, hubiera deseado poder cerrarla a comentarios. Porque, tal como lo sospeché, los foristas postearon comentarios de un nivel de odio y prejuicio terrible. Le decían “monstruo” a la persona en cuestión, sin importarles lo que había decidido la Justicia, sin haber leído la causa ni los fundamentos del fallo.

Para la gente, esa persona “tiene cara de asesina” y entonces vale todo. No me sorprende el nivel de violencia que generó esa nota, porque lo veo en todos los artículos policiales.

Ese odio que se expresa en los foros me hace pensar que tal vez no estemos lo suficientemente maduros como sociedad para pensar en juicios por jurado. Sería terrible que los propios ciudadanos decidan el destino de un acusado por la cara, porque sí, por el origen, o por cuestiones que nada tienen que ver con las pruebas concretas de si cometió o no el crimen del que se lo acusa.

En ese contexto, me compartieron esta nota que me pareció interesante: DurhamRegion.com, un sitio de noticias inglés, decidió cerrar a comentarios las notas policiales, debido a la violencia y el racismo que expresaban los foristas.

El editor del sitio, Mike Johnston, lo explica así:

Muchas de nuestras notas sobre crímenes que involucran robos incluyen una descripción de los sospechosos, si ésta ha sido provista por la policía. Blanco, negro, asiático, no importa. Si la descripción ayuda a que arresten al culpable, nos enorgullece ayudar.

Pero últimamente, cuando el sospechoso es negro, provoca los más viles, repulsivos y ofensivos comentarios que hemos tenido en nuestro sitio.

De hecho, hemos llegado al punto de tener que cerrar a comentarios las notas policiales cuando sean publicadas en nuestra web.

No sé si la solución es cerrar a comentarios. Creo en la libertad de expresión y valoro que haya espacios que la promuevan. Pero no deja de preocuparme el nivel de odio que se manifiesta en esos ámbitos, en la mayoría de los casos por parte de personas ocultas tras un seudónimo y que rara vez muestran tener un conocimiento real del hecho que están juzgando.

 

 

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Un homenaje a dos mujeres, en medio del dolor y la impotencia

No todos los festejos por el Día de la Mujer fueron alegres. Familiares de Cassandre Bouvier y Moumni Houria, las turistas francesas que fueron asesinadas en Salta en julio de 2011, decidieron enfrentar el dolor y homenajear a estas dos mujeres que perdieron su vida tan trágicamente. Para esto, encargaron la creación de una estatua en su honor.

El escultor y el padre de una de las jóvenes, junto a la obra que las homenajea FOTO: Le Parisien

La escultura, realizada por el artista franco-argentino Alfredo Garzón representa una mano ensangrentada extendida hacia el cielo. Fue colocada en el lugar en el que fueron hallados los cuerpos de las dos jóvenes, que fueron abusadas, torturadas y luego asesinadas en la Quebrada de San Lorenzo, a 12 km de la ciudad de Salta.

La obra fue inaugurada el viernes pasado, en el Día Internacional de la Mujer.

Jean-Michel Bouvier, padre de una de las víctimas, aclaró que la estatua ”no es un monumento funerario”.

“Es un testimonio de la amistad franco-argentina movilizada por la libertad de las mujeres”, dijo el hombre, que aseguró que para él, promover la construcción e instalación de ese memorial fue “una especie de terapia”.

Por el crimen de las jóvenes, hay tres personas acusadas de homicidio y abusos sexuales agravados y otras tres están sospechadas de ser cómplices.

 

 

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En el día de la mujer, la hija de Marita Verón dará una charla virtual

Hoy es un día para celebrar a la mujer. Y qué mejor ejemplo de mujer que Micaela Catán, la hija de Marita Verón, que junto a su abuela, Susana Trimarco, encarnan la lucha contra la trata de personas.

En el marco de este día, Micaela dará una charla virtual a las 17 horas por Taringa!, en la que contará la historia de su mamá y de la Fundación María de los Ángeles en primera persona para el público adolescente de T! y se abrirá un hashtag #Noalatrata en la sección shouts de T! donde se les podrán hacer preguntas durante todo el día, que la joven contestará en vivo.

Para seguir la charla virtual, pueden hacerlo desde aquí: http://t.bb/micaela

Esta iniciativa es a la vez la inauguración de un acuerdo de mutua colaboración establecido entre la Fundación María de los Ángeles y la  compañía de Internet Taringa!. Desde ahora, la organización liderada por Trimarco utilizará al portal como un canal y herramienta de comunicación para buscar personas desaparecidas, realizar campañas de prevención e información sobre la trata en Argentina.

 

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Lectura recomendada: Pendejos, de Reynaldo Sietecase

Nuevamente tengo el lujo de recomendarles otra lectura policial de un muy buen escritor y periodista argentino. Se trata del libro Pendejos, de Reynaldo Sietecase. Si bien es una novela, Pendejos aborda uno de los temas más polémicos de nuestra realidad: la vida de los menores en conflicto con la ley penal.

Partiendo de hechos que ocurrieron en la realidad, Sietecase intenta mostrarnos el “detrás de escena” de una serie de asesinatos cometidos por menores de diferentes contextos socio económicos.

Pero para qué contarlo yo, si se los puede contar él mismo. A continuación, una breve entrevista con el autor del libro recomendado.

¿Por qué elegiste el tema del vínculo entre los menores y el crimen para escribir un libro?
Sietecase: Por mi trabajo periodístico me enteré que había una decena de menores condenados a cadena perpetua en Argentina. Esa situación viola tratados internacionales. Conocí una de las historias, la de un chico de mendoza que se había cosido la boca para protestar y empecé a interesarme por el tema de los menores delincuentes. Esos pibes que son víctimas y, a la vez, victimarios. Después me pareció que lo mejor que podía hacer era narrarlo desde la literatura.

Los casos, como bien comentás al final del libro, tienen similitudes con hechos reales. ¿Cómo elegiste qué casos querías contar en ficción?
Sietecase: Desde hace más de diez años guardo recortes de diarios con los casos policiales que me interesan. Es un ejercicio profesional. Y cuando decidí escribir los cuentos de Pendejos tomé diez hechos que involucraran a menores -en todos los casos matando- y sólo con esa información básica los llevé al plano de la ficción.La literatura tiene una fuerza y una riqueza que no posee el documento periodístico. La literatura no es contradictoria con la realidad, a veces la completa o la complementa. Esto ya lo decía Borges.

¿Qué caso policial vinculado con un menor –en la vida real- te impactó más?
Sietecase: Es uno de los que ficcioné. Un chico de doce años que mató a su padre que violaba a su hermana mayor. El padre era policía. Es el asesino más chico de los que se narran en el libro. El cuento se llama Pelusa duerme en el sillón. Hace unos meses el grupo de rock Hijos de Babel, hizo un tema basado en ese cuento.

¿Hay algún caso real que te gustaría narrar sin ficcionarlo?
Sietecase: No. Prefiero ir siempre hacia la literatura. La ficción me permite inventar escenas, agregar personajes y diálogos. La narración real tiene un compromiso con la verdad que no se puede violar. Y yo prefiero dejar el periodismo para mi laburo de todos los días.

El tema del libro es una cuestión de permanente debate en los medios y en la sociedad. ¿Qué opinás de los proyectos que piden bajar la edad de imputabilidad?

Sietecase: En esto tengo la misma opinión que los expertos de Unicef. Debería existir un régimen penal para menores, es decir que sean imputables, que no dejen de “pagar” por un crimen, pero que esa pena esté en relación a su edad y que tengan todas las garantías del debido proceso: abogado defensor, un fiscal que los acusa y un juez que dictamina sentencia, pero en relación a la edad y con centro carcelarios que les permitan volver a la sociedad. El sistema actual es perverso, todo queda en manos de un juez de menores. Y cuál es el resultado: los menores pobres que delinquen van presos y los menores con plata que matan, terminan siendo declarados inimputables o en un centro de salud. Además el hecho de que exista una pena también le permite a los familiares de las víctimas algún tipo de reparación.

¿Qué medidas pensás que se podrían tomar para prevenir y para trabajar sobre la delincuencia juvenil?
Sietecase: Cuando un chico toma un arma, ya todo está perdido. Quiere decir que fracasó el Estado, la escuela, la familia…Hay que actuar antes. No es sencillo porque muchos de los chicos que delinquen son hijos de padres que están presos o en la droga. Hay que tratar de rescatar a esos pibes. Te doy un dato: según reconoció hace un par de años el gobernador Daniel Scioli, sólo en Bs Aires hay 400 mil chicos que no estudian ni trabajan. Es un ejército de desamparados. Con esa cifra es un milagro que la violencia no sea mayor.

En el libro, a mi entender, se logra un equilibrio interesante en la presentación de víctimas y victimarios, al narrar detalles de las vejaciones y miserias que vivieron los menores antes de cometer sus crímenes. ¿Pensás que en el periodismo policial debería haber más información de los dos lados de la historia?

Sietecase: Sin duda. Pero en general que le pasa a un pibe que mata o que le pasó, no le interesa a nadie. Esta es otra razón por la que elegí trabajar este tema desde la ficción.

¿Qué opinás de cómo se cubren, en general, los casos policiales que vinculan a menores en televisión? ¿Y en prensa gráfica?

Sietecase: Es un verdadero desastre. Son los casos que mejor se prestan para el sensacionalismo. Te voy a contar algo que nunca conté. Cuando salió el libro una importante productora me compró los derechos para la tele. La idea era hacer una serie con cada uno de los cuentos y cerrar con un pequeño debate sobre el tema de los menores y la violencia. Me pagaron muy bien. A los seis o siete meses, cuando pregunté cómo iba el proyecto me dijeron que no se animaban a hacerlo.Una pena, creo que hubiese ayudado a crear conciencia. Y sobre la prensa gráfica lo mismo. El tratamiento no es tan sensacionalista pero podría tener más data sobre la historia de los chicos.

¿Cómo llegaste al género policial?

Sietecase: Llegué primero como lector. Desde muy pibito leo libros de aventuras y novelas policiales, desde Salgari a Sherlock Holmes. Y como autor, es un género en el que me siento muy cómodo. Es cercano al periodismo, por lo menos en cuanto a los métodos de investigación previa  y además, el policial te obliga a contar una buena historia -el lector de policiales no tiene piedad con los bodrios- y a la vez te permite narrar una sociedad: las relaciones con el poder, la justicia, la policía. A través de una buena novela policial se pueden entender qué ocurre en una ciudad o un país.

¿Quiénes son tus autores favoritos en la literatura negra?

Sietecase: Del policial tradicional: los cuentos de enigma de Poe y las novelas de Chandler. Del nuevo policial europeo: Manuel Vazquez Montalban, Andrea Camilieri y Mankel están entre mis preferidos. En Argentina hay muchos autores buenos, sólo por citar algunos de muchos: Olguín, Abós, Sasturain, Batista, Oyola, Aguirre y podría seguir.

Además de los casos en los que te basaste para este libro ¿solés inspirarte siempre en hechos reales para tus relatos literarios?

Sietecase: No siempre, pero de hecho son un gran disparador. Como se dice hasta el cansancio, la realidad supera a la mejor ficción.

Tres libros que ningún periodista/escritor de policiales debería dejar de leer

Sietecase: A sangre fría de Capote, Operación Masacre de Walsh (el prólogo de ese libro además, contiene todo lo que un periodista debe saber para ejercer este oficio) y El sueño eterno de Chandler (en realidad casi todo de él). Agregaría dos más. Crimen y castigo de Dostoievski y El asesinato considerado como una de las bellas artes de Thomas de Quincey. Ambos fueron muy inspiradores para mí. Estos de una lista interminable de grandes libros.

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Sobre el autor

Reynaldo Sietecase es poeta, narrador y periodista. Ejerce el periodismo en medios gráficos, radiales y televisivos de la Argentina. Por su trabajo en radio fue distinguido con el premio Martín Fierro en 2006 y con el premio Éter a la mejor labor periodística en 2008 y 2009. Su programa Lado Salvaje fue galardonado con el premio Martín Fierro al mejor programa periodístico de televisión por cable en 2006 y 2008.

Es autor de los libros de poesía Y las cárceles vuelan (1987), Cierta curiosidad por las tetas (1989), Instrucciones para la noche de bodas(1992), Fiesta rara (1996), Pintura negra (2000), Hay que besarse más(2005) y Mapas para perderse (2010). La antología Los poemas (2011) recopila parte de su producción poética.

Publicó las novelas Un crimen argentino (Alfaguara, 2002) y A cuántos hay que matar (Alfaguara, 2010), el volumen de relatos Pendejos (Alfaguara, 2007) y dos libros de crónicas: El viajero que huye (1993) y Bares (1997). En 2012 publicó el libro Kamikazes, los mejores peores años de la Argentina.

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Lucila Frend: los fundamentos que confirman su absolución

El martes de la semana pasada, el Tribunal de Casación Penal bonaerense rechazó un pedido del fiscal general Carlos Altuve para que se condenara a Lucila Frend a prisión perpetua o se anulara el debate que se realizó en 2011 en el Tribunal Oral en lo Criminal (TOC) 2 de San Isidro. De esta manera, confirmó la absolución de la joven en la causa que investigó el crimen de Solange Grabenheimer.

Tal como lo hizo el TOC 2, Casación también cuestionó duramente la investigación llevada adelante por el fiscal de San Isidro Alejandro Guevara.

A continuación, algunos de los fundamentos del máximo Tribunal para insistir en que no hay pruebas que permitan concluir que Lucila cometió el asesinato.  Los fundamentos fueron planteados en el voto del doctor Víctor Horacio Violini.

En respuesta a las quejas planteadas por la fiscalía, Violini explica:

“Se procedió a la visualización de las diez jornadas de debate (…), no apreciándose las irregularidades denunciadas”

Sobre el actuar del Tribunal Oral:

  • “Las preguntas efectuadas [por el presidente del Tribunal] a los testigos no aparecen como capciosas o parcializadas; en realidad, ellas eran las que debería haber efectuado la fiscalía, que, no sobra decirlo, en momento alguno protestó a este respecto”
  • “En las ocasiones que el tribunal interrumpió para formular preguntas lo hizo tanto respecto de la fiscalía como de la defensa”
  • “La fiscalía interrogó libremente a los testigos, (…) éstos depusieron con comodidad, y al término de cada participación, los recurrentes dejaron en claro que no tenían más preguntas que formular”.
  • “Nada impedía a la fiscalía protestar libremente ante cualquier actitud que considerara irregular, por lo que si no lo hizo respecto de otros testigos, cabe presumir que no observó irregularidad alguna”

Sobre la perito psicóloga Patricia Martínez Llenas, que dijo que Lucila tenía rasgos de personalidad psicopática, el juez dijo:

  • “Es verdad que respecto de [la] testigo [Patricia Martínez Llenas] el tribunal resultó más incisivo, quizás porque no le resultaba creíble, y (…) encuentro que tenía sobradas razones para dudar de la objetividad de la perito psicóloga, sin perjuicio de lo cual, ésta se explayó en extenso”.
  • “No encuentro qué relación podría tener el hecho de que la imputada sea zurda o diestra con su perfil psicológico (…) la perito ha excedido su ámbito de actuación”
  • “En el aspecto psicológico tampoco se cuenta con una opinión unánime”

Sobre la data de muerte:

  • “Resultaba evidente que la hora de la muerte no se encontraba clarificada en lo absoluto”. En ese sentido, el magistrado cuestiona el testimonio de Eugenio Aranda, forense de la Policía Científica bonaerense, respecto de la data de muerte de Solange. “La declaración de Aranda fue, cuanto menos, desprolija esa desprolijidad genera duda, y como es sabido, la duda no puede resolverse en contra del justiciable”. Recordemos que sobre el horario del crimen hubo numerosas hipótesis y ninguna pudo comprobarse. Aranda, que fue el primero que vio el cuerpo de Solange en la escena del crimen, declaró diferentes franjas horarias a lo largo del juicio, por lo que la defensa de Lucila lo acusó de falso testimonio.

Sobre la modalidad del crimen:

  • “Tampoco se encuentra probado de modo fehaciente que el agresor haya sido una persona zurda”. Esta era otra de las pruebas que el fiscal consideraba fundamentales para establecer la culpabilidad de Lucila. Algunos peritajes determinaron que la persona que mató a Solange “podría ser zurda”, pero esto no quedó acreditado y de todos modos tampoco podía probar por sí solo que Lucila la hubiera matado.

Sobre el móvil:

  • “El recurrente alude a varias circunstancias que podrían haber motivado el homicidio (…) Ninguno de estos motivos resulta convincente, o se encuentra probado”. Sobre este punto la fiscalía manejó varias hipótesis: una supuesta rivalidad por un ex de Lucila, la presunta decisión de Solange de dejar de vivir con Frend, incluso algunas disputas domésticas menores, entre otros elementos.

Sobre la valoración de la prueba:

  • El magistrado considera que el fiscal hizo un trato “desparejo” de la prueba, en el sentido de que actitudes de Lucila el día del crimen que él considera sospechosas, no las consideró así en el caso de idénticas actitudes por parte de otros testigos del juicio. “Se observa un tratamiento desigualitario de la prueba por parte del recurrente, por el que se valoran como indicio de cargo actitudes que también se verifican respecto de testigos insospechados, por lo que si el dato es irrelevante para generar sospechas contra éstos, no puede ser un indicio de cargo respecto de la imputada”

Sobre las hipótesis alternativas:

  • El magistrado no coincide en la afirmación de la fiscalía que sostiene que las hipótesis alternativas que surgieron durante la investigación fueron investigadas y agotadas
  • Considera que no fueron exhaustivamente investigadas las hipótesis sobre la empleada doméstica que había tenido altercados por “celos” con Solange, ni el caso del obrero que dijo que fue a la obra ese día, y que “en el camino encontró un bolso que cargó hasta cansarse y luego arrojó por encima de la pared de la obra, pese a que tenía las llaves del lugar y podía abrir”

Con todo esto, Casación llega a la misma conclusión que el Tribunal Oral: no hay pruebas de que Lucila haya cometido el crimen. La incógnita que queda a seis años del homicidio, es obvia ¿Quién mató a Solange Grabenheimer?

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Lectura recomendada: Restos Humanos, de Álvaro Abós

Amantes de la novela policial, tengo el honor de poder compartir con ustedes esta breve entrevista que le realicé a Álbaro Abós, uno de los grandes escritores argentinos. La lectura recomendada de hoy es Restos Humanos, una de sus novelas policiales. Es un libro fascinante, en el que se entremezcla un crimen real, que tuvo mucho impacto en la Argentina de los años 50, y la fantasía, que encaja a la perfección en el relato.

Ha sido un lujo poder tener este diálogo con Abós, que nos cuenta un poco de la “cocina” de este libro, que gira en torno al asesinato de Alcira Methiger, cuyo cuerpo fue descuartizado y esparcido por distintos puntos de la ciudad.

Aquí va la entrevista:

¿Por qué eligió el caso de Alcira Methyger para escribir una novela?
Álvaro Abós: En aquel febrero de 1955 yo tenía 13 años y ya era un lector voraz. Mi padre al volver del trabajo traía La Razón y yo devoraba la contratapa, con los chistes e historietas, y las páginas de deportes y policiales. La aparición de restos humanos desperdigados por la ciudad causó conmoción y la prensa dedicó mucho espacio al caso. La ciudad se llenó de rumores y miedos: por ejemplo, se decía que había un asesino que mataba mujeres indiscriminadamente. Mi madre y mi hermana mayor tenían miedo de salir a la calle. Luego se supo que los restos pertenecían a una mujer joven y al aparecer la cabeza en el Riachuelo, la policía armó el cuerpo en la morgue. Una larga cola se formó en la calle Viamonte para reconocer a la mujer. Algunas personas tenían amigas o parientas desaparecidas, pero otros iban por el placer morboso de ver el cadaver. Al detenerse al asesino, Burgos, una multitud se reunió en la Avenida Montes de Oca cuando lo llevaron a reconstruir el crimen. Algunos lo aplaudían, otros lo querían agredir. Es que el caso Burgos, además de la morbosidad de sus detalles, tocaba una sociedad dividida. Eran los finales del gobierno de Perón, y la gente veía en Alcira a una chica del interior, una “cabecita” y a Burgos como un típico hombre de clase media porteña. Era un enfrentamiento entre dos Argentinas. Claro que, como puede seguirse en las cartas de lectores de revistas populares como Ahora, algunos acusaban a Burgos de abusador perverso pero otros lo defendían alegando que era un buen muchacho engañado por una ambiciosa cazadora de hombres. Poco después, se produjo el bombardeo a la Plaza de Mayo, en junio del 55 y luego el derrocamiento de Perón. El caso Burgos fue olvidado por la prensa pero quedó en la memoria colectiva y en la historia de los crímenes célebres. En 1963 yo era estudiante de derecho y militante de las primeras juventudes peronistas. En el patio de la carcel de Caseros, donde estábamos centenares de presos políticos, lo ví a Burgos: era un hombrecillo adusto que daba vueltas al patio sin hablar con nadie. Entonces decidí escribir sobre el caso y en los años setenta empecé a investigarlo, leí la causa y hablé con testigos. Me costó mucho conseguir el libro “Yo no maté a Alcira” que Burgos escribió en la carcel. Por entonces, dudaba entre escribir una investigación no ficcional o una novela. El proyecto se interrumpió por múltiples motivos, sobre todo porque para ganarme la vida tuve que dedicarme a otras cosas. Luego debí exiliarme y finalmente,en Barcelona,  empecé la novela que terminé en Buenos Aires a mi regreso del exilio. También me llevó mucho tiempo conseguir editor hasta que finalmente la publicó en 1991 la editorial Puntosur.
¿Cuánto hay de real y cuánto de fantasía en los personajes que protagonizan la novela?
AA: Cuando decidí que Restos humanos sería una novela, combiné los datos reales con otros ficcionales, pero con fuerte tono autobiográfico: la historia está vista a través de un adolescente, y rodeada de historias imaginadas y de personajes ficticios.O  reales aunque obren como títeres del autor, como Rubén Bravo,el delantero de Racing, mi club, obviamente,o la actriz María Schell, de la que estaba enamorado. En Restos humanos como en otras novelas que escribí, estudio a fondo una época, o una situación, pero al escribir,  trato de olvidar  la documentación para narrar.Como dice el evangelio, no se puede servir a dos patrones. Cuando uno decide hacer novela, hay que estar dispuesto a la traición. Sin embargo, la realidad es tan fantasiosa o mi imaginación tan pobre que nunca nadie me objetó por traicionar la realidad.. Alguna vez me pasará…
¿En qué se inspira para construir sus personajes. Por ejemplo, los personajes de los policías que investigan el crimen, ¿hay algo de la vida real en ellos?
AA: El comisario Ramocino, que investiga  el caso Burgos y detiene al asesino, está vagamente inspirado en Meneses, que intervino en el caso. La figura del policía me atrae porque tiene una dimensión trágica: es alguien que está todo el tiempo en contacto con la muerte, con situaciones extremas. En la literatura universal hay tantos ejemplos, desde el juez de instrucción en Crimen y castigo de Dostoievski hasta el Wallandar de Menkell o el Montalbano de Camillieri, sin olvidar a Maigret, del gran Simenon. En mi novela Kriminal tango (Alfaguara, 2011) estudié a fondo la vida de los detectives de la División Homicidios, para construir mi pesonaje del inspector Muñecas…
En una nota al pie, mencion u anónimo enviado a la policia que enlaza una parte de la historia, que es el personaje de María Schell, el jugador de Racing y el Almirante ¿Ese anónimo existió o es parte de la ficción?
AA: Los anónimos jugaron una parte importante en el caso Burgos. Cuando la policía buscaba afanosamente al descuartizador que había matado y cortado en pedazos a Alcira, se produjo una situación típica de las psicosis colectivas:proliferaron los  anónimos que delataban a presuntos asesinos: eran venganzas sórdidas, o ajustes de cuentas… Así fueron detenidos numerosos cirujanos y carniceros, ya que se sospechaba de ambos gremios por la pulcritud del descuartizamiento…El anónimo concreto que Ud. menciona es ficcional, por supuesto.
¿Cómo se logra un equilibrio entre la ficción y la realidad cuando se escribe una novela sobre un hecho que sucedió en la vida real?
AA: ¡Ojalá yo supiera lo que Ud. me pregunta! Entonces tendría el secreto de la literatura. Al ignorar ese secreto, no me queda más remedio que intentar una y otra vez…
En el género policial, ¿cuáles son sus escritores favoritos?
AA: Son muchos y además,  mis gustos van cambiando con el tiempo. El policial es un campo tan abierto y atractivo que suele atraer a escritores diversos y a veces lejanos. En mi antología “Asesinos” (Adriana Hidalgo, 2008) recopilé sesenta cuentos de escritores como Walt Whitman o Marcel Proust que nadie asociaría con el policial, y que no resistieron la tentación de narrar un crimen. También figura allí nuestro adusto erudito Paul Groussac. Manuel Puig o Juan José Saer también se rindieron: ver The Buenos Aires Affair de Puig y La pesquisa de Saer. Entre los argentinos me gustan Borges y Walsh, separados por la politica pero unidos por su amor al género negro, y Marco Denevi, y  la precisión geométrica de Claudia Piñeiro en Tuya y Las grietas de Jarach. El escritor de novela negra que más me ha impresionado en los últimos tiempos es Menkell. Menciono a dos grandes novelas policiales latinoamericanas: Laura 67 del mexicano Fernando del Paso y El gran arte del carioca Rubem Fonseca.

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Sobre el autor:´

Álvaro Abós nació el el 20 de octubre de 1941 en Buenos Aires. Es periodista y escritor. Es autor de las novelas Restos humanos (1991), El simulacro (1995) (Premio Jaén, España), El crimen de Clorinda Sarracán (2004), Cinco balas para Augusto Vandor (2006) y Kriminal tango (Alfaguara, 2009). Sus cuentos están reunidos en De mala muerte (1986), Merece lo que sueñas (1995) (Premio de Narrativa Alcalá de Henares) y La baraja trece (2005). Al pie de la letra. Guía literaria de Buenos Aires (2000) fue adaptado para televisión por Canal (á). La trilogía biográfica conformada por El tábano (2001) (sobre Natalio Botana); Macedonio Fernández. La biografía imposible (2002) y Xul Solar. Pintor del misterio (2004) recibió el Premio Konex. Su antología El libro de Buenos Aires (2000) reúne crónicas porteñas, y Asesinos (2009) compila cuentos universales sobre crímenes. La revista cultural Ñ eligió su investigación Eichmann en Argentina como uno de los libros del año 2007.

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La “Escalera del diablo”: el patrón matemático de los asesinos seriales

¿Se puede predecir el próximo crimen de un asesino serial? Dos investigadores californianos creen que sí. Según estos científicos, la conducta de un asesino serial sigue un patrón que en matemáticas se conoce como “Escalera del Diablo“.

Andrei Chikatilo, el asesino serial que mató a más de 50 personas en 12 años

Según cuenta la revista Muy Interesante, el estudio se basó en el análisis del comportamiento del ucraniano Andrei Chikatilo arrestado el 20 de noviembre de 1990, tras haber cometido 56 asesinatos en el transcurso de 12 años. Chikatilo fue ejecutado en 1994.

Al ritmo de las neuronas

La teoría sostiene que la razón por la que los asesinatos siguen una función matemática es que los asesinos seriales trabajan a un “ritmo” manejado por las neuronas de sus cerebros, según explica el Daily Mail.

“El patrón de “disparos” de las células cerebrales es similar al del cerebro de un epiléptico, que los lleva a tener ataques, aunque en el caso de los asesinos les genera una urgente necesidad de matar”, dice el Daily Mail.

Los crímenes de Chikatilo

Los homicidios cometidos por este famoso asesino serial ocurrieron entre el 78 y 1990. El intervalo más corto entre dos homicidios fue de tres días, y el más largo, de 986. A primera vista, dicen los científicos, no parece que hubiera un patron en sus acciones.

“Es altamente irregular, con largos intervalos sin homicidios, interrumpidos por saltos, cuando mató mucha gente en períodos cortos. Esa curva se conoce en matemáticas como la Escalera del Diablo”, explican los investigadores.

De todos modos, el modelo necesita algunos ajustes. “No podemos esperar que un asesino cometa sus crímenes en el momento exacto en que alcanza la excitación de sus neuronas. Necesita planear y preparar su crimen. Entonces podemos asumir que comete el asesinato después de que la excitación ha estado sobre un umbral durante cierto período de tiempo”, indican.

“Otra cosa que asumimos es que el asesinato tiene un efecto sedante en el asesino”, aseguran. La curva de homicidios de Chikatilo se acerca a sus predicciones. Y los investigadores creen que el modelo puede hacerse incluso más preciso.

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