El otro Obelisco

En el año 1994 el arquitecto y artista plástico Leandro Erlich presentó un proyecto para instalar un obelisco de metal en el barrio de la Boca.

El Monumento sería una réplica exacta del Obelisco, emplazado en la Plaza de la República. Conservaría las dimensiones y los 67,5 metros de altura del original pero,  y a diferencia del actual, sería construido sobre una estructura de hierro y revestido con láminas de acero.

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La iglesia que un día cerró

 

Aquel domingo de junio de 2000 no fue un día más para la iglesia de San Miguel Arcángel, una de las más añejas de nuestra ciudad, con más de 200 años de antigüedad.

Está ubicada en la esquina de Bartolomé Mitre y Suipacha, en el barrio de San Nicolás.

El templo, que fue capaz de soportar el fuego cruzado de las milicias durante las invasiones inglesas en 1807 y las dramáticas jornadas de la quema de iglesias de junio de 1955, no pudo resistir el estado de abandono a que fue sometido en su época contemporánea. La humedad, la caída del revoque de sus paredes, el deterioro de los frescos pintados por Augusto Ferrari y otros detalles de su detrimento edilicio, que convertían al templo en un lugar inseguro para los fieles, provocó su cierre por las autoridades eclesiásticas.

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Mujeres deportistas de aquellos tiempos

Las atletas argentinas antes de partir rumbo a Lima para ganar el Campeonato sudamericano de Atletismo en 1939.

 Si algún lector distraído observara la foto de arriba, tranquilamente tendría derecho a pensar que se trata de un grupo de universitarias en viaje de estudios, o quizás unas entusiastas amigas sacándose la foto antes de emprender un viaje.

 

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Traffic modelo 70 en La Nación


El 16 de agosto de 1970, la revista dominical de La Nación editaba una estupenda nota sobre la banda británica de rock Traffic, que se había rearmado tras una breve separación y volvía a retomar el camino del éxito. El artículo, que estaba firmado por F.L. (o sea, el querido colega y estupendo crítico Fernando López) aventuraba la posible evolución de este genial grupo de rock que en 1967 había impactado al ambiente musical londinense con su sofisticada combinación de psicodelia, folk, jazz y rock progresivo.

Traffic contaba en sus filas en su formación clásica con el tecladista, cantante y compositor Steve Winwood (que se había destacado como músico adolescente con The Spencer Davis Group por su voz visceral y desgarrada y el impactante sonido de su órgano electrónico), Dave Mason, un excelente cantante y mejor compositor que se pasaba entrando y saliendo de la banda, y dos brillantes músicos como Chris Wood (vientos) y Jim Capaldi (percusión).

Precisamente en aquel año de 1970, quien escribe estás líneas divagaba dichoso en la fase final de la “edad del pavo” (espero sinceramente haber salido de ella), deseoso como siempre de gastar el dinero (poco o mucho no importaba, me lo gastaba igual) en buenos discos de rock, había hecho un intento infructuoso de conseguir algún album de Traffic editado en la Argentina.

Todo había sido en vano, sólo había conseguido un simple que contenía el clásico “Feelin’ Alright” y nada más.

Hay que recordar que por aquellos tiempos en nuestro país sólo se habían editado regularmente los discos de los Beatles, los Stones, los Animals, los Hollies, los Dave Clark Five y los Beach Boys, y las ediciones se habían hecho más dispersas y erráticas cuando de música Beat, se pasó a hablar de Rock, y sobre todo, de Rock Progresivo. Ahí las ediciones locales se espaciaron y grandes bandas como las británicas Cream o Traffic prácticamente no habían conocido edición alguna (salvo algún disco simple) hasta el momento de su separación a fines de los años 60.

Habría que buscar entre los importados, pensé entonces. Y la cosa era complicada. ¿Por qué?

 

Sencillamente porque un Lp importado valía entonces más o menos tres veces el precio de un disco nacional, y como adolescente de recursos más bien escasos la opción era de hierro. Si me compraba un importado, ya me podía olvidar de salir con mi eventual noviecita de entonces por un mes (en ese tiempo, por supuesto no existía el pagar a medias nada). Así de dramático era el dilema.

En este caso, la decisión estaba hecha. Había que conseguir el nuevo album de Traffic reagrupado, que se grabó a comienzos de 1970 y se llamaba “John Barleycorn Must Die”, en mi humilde opinión uno de los 10 mejores discos de la historia del rock de todos los tiempos.

La búsqueda de este importado tenía casi únicamente dos opciones. O dirigirme a la legendaria disquería El Agujerito, ubicada en la Galería del Este, o encaminar mis pasos hacia “Tubo Records”, en la galería Alvear. Finalmente, me decidí por este último negocio.

Mi decisión se basó en un hecho muy puntual. Por entonces (e incluso hasta el día de hoy) las disquerías especializadas en rock solían ser atendidas por individuos de aspecto pseudohippuie y tono pedante que atendían con desdén a casi todo el mundo.

En el caso de Tubo Records, en la Galería Alvear, la cosa era bien distinta. Ahí había una bellísima vendedora de pelo castaño, que lucía una minifalda igualmente bellísima, y que además era muy cordial y entendía del tema. Así que de Tubo Record salí aquel invierno del 70 considerablemente más pobre en dinero, pero riquísimo con un disco que escucho hasta el día de hoy y que la nota de Fernando López me hizo recordar ahora.

Un año después haría el mismo recorrido para comprar “Welcome to The Canteen”, un album de Traffic grabado en vivo (con la brillante y fugaz reincorporación de Dave Mason) en donde sobresalía la versión prologadísima de “Gimme Some Lovin’” (un colosal hit de los Spencer Davis Group de 1966 cantado por el mismo Winwood).

Recordando un tan buen momento de la música pop (y de mi propia vida, claro, porque era joven entonces) traigo a El Archivoscopio dos versiones de este tema, la del Spencer Davis Group del 66 en un viejo clip, y la colosal interpretación de Traffic en el festival de Glastonbury en 1971, ejecutada para un público enloquecido de hippies que bailaba debajo y encima del escenario. Un joyita única que espero les guste tanto como a mí.

 

La calle Corrientes a principios de los 80´

Si pudiéramos elegir una avenida que represente a nuestra ciudad, sin duda alguna entre las candidatas estaría Corrientes. Era calle en su primer tramo, desde el bajo hasta la 9 de julio. Y en 1936 fue ensanchada, convirtiéndose en avenida en todo su trazado.

 

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Gato y Mancha aquellos caballos criollos

Aimé F. Tschiffely un joven profesor suizo tenía una idea que para muchos podía resultar disparatada y hasta absurda.

El quería probar la fortaleza y rusticidad que tenían los caballos criollos para esto intentaría unir Buenos Aires con New York.

Con este proyecto que tanto lo entusiasmaba se acercó al diario LA NACION dónde lo alentaron. Allí contactó al Dr. Octavio Peró conocedor de la raza a quién le pidió consejos de como emprender su viaje y la recomendación acerca de qué ejemplares criollos podía comprar para realizar su sueño. Seguir leyendo

Rodolfo Bebán en el Archivo de La Nación

Aquella tarde del 28 de octubre de 1993 cuando nos avisaron de la secretaria de redacción del diario que Rodolfo Bebán y su equipo del canal se disponían a desembarcar en nuestro archivo, fue tal el revuelo que provocó, en especial entre el elenco femenino de nuestra sección, que podríamos decir que no fue un día más de trabajo.

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Una esquina céntrica de Buenos Aires. Adivinanza

Esta esquina  porteña tiene algunos atractivos históricos como para tener en cuenta. Por ejemplo, en una de sus esquinas se encuentra el Palacio San Miguel, otrora tiendas San Miguel y enfrente tenemos a la Iglesia de San Miguel Arcángel.

La fotografía fue tomada por Norberto Mosteirín, fotógrafo de La Nación, el 9 de enero de 1975 y pertenece al acerco documental de nuestro Archivo.

¿Te animás a contarnos de qué esquina se trata?

La costanera o el juego de las diferencias

Buscando unas fotos de la costanera que una colega me pidió para ilustrar una nota me hallé de pronto, casi sin quererlo, con un par de imágenes que me hicieron recapitular en la búsqueda.
Allí estaba ella, una niña, persiguiendo una enorme pelota playera. Sus pies avanzaban salpicando el agua del río que besaba la playa del balneario municipal.

 

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Todos se refrescaban en el Río de la Plata

Hubo un tiempo en que a los días de mucho calor se los combatía de una manera muy sencilla. Tanto los porteños y los que no lo eran corrían a refrescarse en el río de la plata. En la costanera de Buenos Aires existía el Balneario Municipal y en las ciudades costeras del Gran Buenos Aires también. Cada una con su balneario. Era un espacio público que cualquier vecino podía disfrutar, en especial durante las jornadas de calor sofocante como hoy.

 

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