Avisos notables en LA NACIÓN de 1928

Buscando información en los microfilmes de 1928 me encontré con una agradable sorpresa, una verdadera perlita.  Los avisos que se publicaban en LA NACIÓN.

Si bien sabía de su existencia, antes no les había prestado demasiada atención. Quizás en esos años puntuales la creatividad publicitaria había alcanzado uno de sus momentos más altos.

Claro, no existía la televisión, la radio recién comenzaba a hacer sus primeras incursiones. El cine mudo alcanzaba su apogeo y ya empezaba a asomar el cine sonoro.

Prácticamente la industria gráfica no tenia competidores. Para vender algún producto tenian que recurrir si o si a la publicidad en los diarios de papel.

 

Por eso no es de extrañarse el despliegue y la calidad con que se manifestaban los anunciantes.  Estos avisos que ven están publicados en el cuerpo principal del diario y son a página completa.

Otros, en cambio, si bien no tenian tanto despliegue, no eran menos locuaces y provocativos que sus competidores.

También encontré un aviso con premio. El lector que descubriera el error tipográfico que se había colocado ex profeso en el aviso se llevaba dinero de regalo con la compra del producto.

Y en el rubro culinario pude rescatar dos hermosos exponentes publicitarios: Uno de la Yerba Mate Flor de Lis y el otro de los afamados bizcochos Bay Biscuit.

 

Yo, sinceramente, no salgo de mi asombro y admiración. Estamos a finales de los años 20. Toda una época. Otro país.

Prometo que si encuentro más de esto durante mis búsquedas archivísticas, se los subo inmediatamente para que lo disfruten.

La Diagonal Norte en sus comienzos

La imagen de la fotografía muestra a la Diagonal Norte (Avenida Presidente Roque Saénz Peña) en noviembre de 1928, en pleno desarrollo, en plena construcción.

La foto está tomada desde Maipú y Cangallo (actual Perón) hacia Carlos Pellegrini, en el barrio de San Nicolás.

No existen aún los edificios que luego se fueron levantando en los años venideros y que le dieron ese aspecto señorial, respetando una altura máxima en las construcciones. 

No están las bocas de acceso a las líneas del subterráneos, si, en cambio, algunos terrenos baldíos.

Se destaca la ausencia del símbolo máximo de la ciudad de Buenos Aires: el Obelisco, que sería construido recién 8 años después,  en 1936,

 

 

La balsa que llegaba a Entre Ríos

Mujeres, hombres, niños y automóviles viajando en la Balsa 9 BA del servicio oficial de balsas automóviles del Ministerio de Obras Públicas, una mañana del 12 de enero de 1939, hace apenas 76 años.

Este servicio de transporte fluvial unía las provincias de Buenos Aires y de Entre Ríos llevando personas y vehículos desde Zárate ( se llamaba José F. Uriburu) hasta Puerto Constanza.

Salia todos los dias, en viajes de ida y vuelta cubriendo un trayecto de 42 km. Partía del puerto de Zárate, provincia de Buenos Aires, cruzaba el Río Paraná, se internaba en en canal Coronel Martín Irigoyen, tomaba por el río Talabera para llegar finalmente al Puerto Constanza, Entre Rios, a través del Paraná Guazú.

Su viaje inaugural fue el  31 de mayo de 1937. Durante el primer año de su existencia transportó más de 20.000 pasajeros y casi 5 mil vehículos, entre automóviles y líneas regulares de colectivos de pasajeros que llegaban a Gualeguaychú y a Concepción del Uruguay en Entre Rios.

Partía de Zárate a las 9 y 30 hs y llegaba a las 12 hs a Puerto Constanza. El regreso era a las 13.30 hs, arribando a Zárate a las 16 hs.

El pasaje costaba 2, 50 $ en primera clase y 1,50 $ de segunda clase, solamente de ida.

 

Fotografías del ARCHIVO del DIARIO LA NACIÓN

Los rusos que llegaron para quedarse en la Argentina

 

Luego de un largo periplo desde su partida de la Rusia natal allí están, un dia de otoño de 1961, con sus pertenencias, sus ropas típicas, sus miedos y su esperanza, su cansancio y su fe intacta, en la estación Constitución, dispuestos a subir al tren que los lleve rumbo al sur.

Se trata de varias familias de rusos blancos pertenecientes a  una rama de la Iglesia Ortodoxa Rusa, llamada “De la vieja Fe”. Vinieron desde China.  Van hacia Julián Romero, en Río Negro. Allá los espera la nueva tierra. Quizás la tierra prometida.

Esta foto fue tomada por De Mori,  fotógrafo del diario , un 12 de mayo de 1961 y publicada al día siguiente en el cuerpo principal de LA NACIÓN.

 

 

Que llueva que Baigorri está en la cueva

En la nochebuena del año 1937 sucedió un hecho muy difícil de explicar. Un ingeniero argentino hizo llover artificialmente en Santiago del Estero. Y nada menos que 60 milímetros. Hacía ya tres años que no llovía.

Pero, ¿Qué había sucedido realmente?. Los diarios de la época, como “La Prensa”, que se caracterizaba por sus nutridos pronósticos del tiempo, anunciaban buen tiempo para ese fin de semana.

Juan Baigorri Velar, el hombre en cuestión, un Entrerriano especialista en petróleo (había trabajado con Enrique Mosconi en la reciente creada YPF, Yacimientos petrolíferos fiscales).

Baigorri había creado un aparato que consistía en una caja que funcionaba con una batería eléctrica, la combinación de metales radioactivos mezclados con sustancias químicas y dos antenas, una de polo positivo y otra de polo negativo, que emitían ondas electromagnéticas que producía una acumulación de calorías que desataba el desequilibrio y las lluvias.

No conforme con esta demostración en tierra santiagueña, el 2 de enero de 1939 hizo llover en Buenos Aires.

La popularidad de éste hombre fue in crescendo y prueba de ello es lo que cantaban los porteños allá por los años 40:

“Que llueva, que llueva

Baigorri está en la cueva

Enchufa el aparato

Y hay lluvia para rato…”

También en el año 1952 provocó  la lluvia en 3 oportunidades en Caucete, San Juan.Hacía 9 años que no llovía.

Y Otra jornada memorable fue en La Pampa, donde hizo llover 2160 milímetros cuando hacía 3 años que no llovía. La cosecha de ese año fue de 9 millones de toneladas.

 

Baigorri ofreció numerosas veces sus servicios a las autoridades argentinas pero no sólo rechazaron sus ofrecimientos sino que también lo intentaron desprestigiar dudando públicamente de sus métodos por considerarlos poco científicos.

Por eso Baigorri a fines de los 60 montó su propia empresa, que consistía en una especie de laboratorio móvil sobre un camión.”El que me contrate me llama, y yo voy a su campo en este camión y le doy la lluvia que quiera”, según lo confesó durante una entrevista concedida a la revista Gente, en marzo de 1969.

Los cierto es que Baigorri no era un novato en el campo de los inventos. En Diciembre de 1929 creó el Buzón automático que fue probado con total éxito por las autoridades del Correo Argentino.

El buzón automático tenía un cierre automático en el saco (depósito de la correspondencia) que aislaba por completo el contacto del buzonista con las cartas impidiendo la extracción de las mismas.

Además el buzón clasificaba la correspondencia en dos categorías: impresos y cartas, simplificando asi el trabajo del personal. Al colocarse el saco vacío el buzón se cerraba solo.

Aquí les dejo lo que publicó el diario “La Calle” el 14 de diciembre de 1929.

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Submarinos nazis en el Mar Argentino

Llegó a mis manos un libro que trata sobre la incursión de los submarinos nazis en el mar argentino durante la II Guerra Mundial. Se trata de “Tras la estela de los lobos grises, submarinos nazis en la costa argentina.” de Ernesto G. Castrillón y Luis Casabal que la editorial Distal publicó recientemente (2014)

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Una callecita del Gran Buenos Aires. Adivinanza

Una imagen típica de una calle céntrica de un pueblo del Gran Buenos Aires de los años sesenta. “Pueblos de los alrededores, pueblos que son la negación de Buenos Aires, pueblos para soñar, pueblos de serenidad. Las veredas anchas, con losas rajadas. Las calzadas rústicas. …luego calles, calles que no son anchas ni estrechas, calles en las que el paso del transeúnte resuena nítido y claro…y luego paz, serenidad, silencio.” Así lo describe Roberto Arlt en una de sus “Aguafuertes Porteñas” que se publicaban en el diario El Mundo.

Esta calle que ves queda muy cerca de una estación de un Ferrocarril que llega hasta la ciudad de Buenos Aires.

Jorge Luis Borges pasó los días de su niñez en esta localidad bonaerense.

¿Te animás a contarnos de que localidad del Gran Buenos aires se Trata? ¿Sabes que calle es?

 

El río que trepa la montaña

A un brazo del rio Las Tunas, afluente del Tunuyán, en Mendoza, los lugareños lo llaman “el río que sube”, porque sus aguas en vez de ir cuesta abajo lo hacen cuesta arriba. Esto se puede comprobar fehacientemente al arrojar un objeto que flote.  Seguirá inexorablemente también el rumbo ascendente de las aguas.

 

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El Buenos Aires de Daniel Balmaceda

El historiador Daniel Balmaceda nos tiene acostumbrados a sus libros fascinantes donde revive esa figura tan esquiva como atractiva que suele estar ausente en las obras contemporáneas de Historia, es decir, el mismo Hombre, con sus pecados domésticos, su existencia cotidiana, sus excentricidades personales.

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Reglamento del tránsito para peatones

Parece que el ordenamiento del tránsito en Buenos Aires siempre fue un problema difícil de resolver. En especial el de los peatones. Por lo menos asi lo entendieron algunos Concejales porteños. Aprobaron una ordenanza que reglamentaba el tránsito de los peatones. Y despertó tanto interés el tema que “La Nación” se hizo eco del asunto y lo reflejó en sus páginas, publicando extensas notas.       Seguir leyendo