Todos queremos a nuestra Coca Sarli

No hay hombre argentino de edad madura que en su tierna juventud no haya fantaseado con la Coca en la oscuridad de alguna sala de cine. Incluso le pregunto a los más chicos si la consideran el mito erótico más influyente de este país y, aun siendo una señora mayor, casi todos me contestan sin dudar que su figura representa esa especie de “bestia sexual con la que se ratonea cualquier varón” de este planeta.

La embajadora cultural flotando en la pileta

Y cómo no. Miren a la nueva embajadora cultural en esta foto de época. Hay tantas en los archivos que no sabía cual elegir para homenajearla. Lo que más me atrae de su personaje es que así de despampanante y atrevida como se mostraba en el cine, fuera del set Isabel Sarli era una mujer muy simple, opuesta a la femme fatal que proyectaba su imagen. Leyendo algunas entrevistas que le hacían daba la impresión de ser un patito mojado, como si hubiera asumido ese papel resignada, por amor a Bo, sin ninguna vocación por esa labor. Tal vez me equivoco, pero esa pose resulta de a ratos poco creíble. En cambio sí era evidente su sensibilidad, su enorme humildad.

divina por donde se la mire

Me alegra que le hayan retribuido con honores su aporte al cine erótico nacional, aunque no sé si es la mejor representante de la cultura popular, no por el rubro sino porque, si de cultura popular hablamos, pienso en María Nieves Rego, una estrella de la farándula tanguera que llevó el tango a Brodway a fines de la década del 60 junto con Copes, sin tener una moneda en bolsillo, pasando penurias, hambre y frío, pero promoviendo con pasión la danza rioplatense. El boom vino después, y muchos fueron los beneficiados. Y si era por sexy, tenía una figura que partía la tierra.

La Coca tendrá por siempre un lugar en el Olimpo de los ídolos locales. Pero más que por su trabajo en el cine, por ser buena gente. Alguien que ama a los animales y a los niños no puede ser sino un gran ser humano.

 

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