Celulares con pantallas curvas, la tentación de ser como Steve Jobs y más

Otra semana interesante para el mundo de la tecnología móvil. Vamos primero, como siempre, con lo que publicamos en Tecnología de LA NACION y luego con algunas otras noticias que me resultaron interesantes.

La semana tuvo, para mí, tres noticias clave. Primero, el Samsung Galaxy Round, el smartphone con pantalla cóncava de la compañía (y que se adelanta a otro de LG que presentarán en una o dos semanas). Lo logran usando un sustrato de plástico para el display (hasta ahora era vidrio), lo que permite la flexibilidad para la construcción (pero para que todo el equipo se pueda doblar o torsionar durante el uso falta hacer flexible todo lo demás; exploré esas opciones aquí hace unos años; en una o dos semanas haré una versión actualizada). El Galaxy Round se hunde en su eje vertical; el de LG, como el Galaxy Advance o el Galaxy Nexus, en su eje horizontal. Sigo creyendo más interesante lo que hace Nokia con sus Lumia y con el N9 (darle convexidad al vidrio exterior) porque le ofrece “resistencia” al dedo cuando se desplaza -es decir, más retroalimentación sobre el movimiento- pero hasta no probar el Galaxy Round es hablar en el aire.

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La cámara, la tangente por la que se escapan los fabricantes de celulares

Un HTC One durante su presentación en febrero último

Los smartphones modernos se parecen en muchos puntos, por una cuestión de formato y de tecnología disponible (usan todos los mismos procesadores, pantallas, etcétera). En el terreno de las cámaras de fotos, sin embargo, todavía existe terreno para la innovación y la diferenciación.

Lo que separa una cámara digital del teléfono de una de bolsillo (ni hablar de una DSLR) y más allá de la conveniencia que llevó a Philippe Kahn a iniciar una revolución, tiene que ver con el tamaño del sensor, el diámetro del lente y, eventualmente, la posibilidad de tener aumentos (zoom óptico). Seguir leyendo

Dos reflexiones más sobre el Samsung Galaxy S4 (y la industria móvil en general)

Habemus SGS4, y aunque falta tenerlo en la mano y someterlo a las revisiones de rigor (acá tienen las impresiones de un primer encuentro) su anuncio cristaliza como pocos dos elementos clave de la industria de hoy.

Ambos tienen que ver con el hardware, y con el software. Y, claro, con el hardware como función del software (algo que en lo que Apple siempre ha insistido).

En la medida en que los teléfonos, como las PC, se parecen cada vez más; en la medida en que el hardware, además, supera con creces los requerimientos del sistema operativo (sea Android 4, Windows 8, Windows Phone, Linux, etcétera), la lista de especificaciones deja de importar.

Sí, todos preferimos tener el teléfono con chip de 8 núcleos a 1,6 GHz al que tiene uno solo a 1 GHz, aunque para las tareas cotidianas el resultado sea similar (no idéntico). Pero está claro que para la mayoría el interés está más en el resguardo que en una percepción real de “esto con el mío no se puede hacer, y es una función nueva que trastocará mi mundo”. Es tener un retorno de la inversión mayor, un teléfono que dure más, que pueda correr ignotas aplicaciones futuras sin inconvenientes, que tenga más espalda para llevar no solo el sistema operativo y sus aplicaciones, sino también todo el detrito que deja su uso y que impacta -a veces más, a veces menos- en la computadora (de bolsillo, falda o escritorio). Seguir leyendo