Straight Outta Compton: Es solo una cuestión de actitud

“Me gustaba la noche. Las cosas crecen de noche. Mi imaginación está despierta de noche. Todos mis prejuicios sobre las cosas se desvanecen. A veces, uno busca el paraíso en el sitio equivocado. Podría estar bajo tus pies. O en tu propia cama.” Bob Dylan

Straight Outta Compton comienza como si estuviera evocando a rajatabla una de las frases de Tupac Shakur que eventualmente se convertiría en un manifiesto artístico (o uno que puede aplicarse a cualquier eventualidad por fuera de ese ámbito): “all I’m trying to do is survive and make good out of the dirty, nasty, unbelievable lifestyle that they gave me”. Como siempre, todo parece reducirse a la continua repetición del mantra “excelsior”, de tomar lo negativo e intentar encontrarle una veta creativa. Recientemente, en medio de una relectura de Things the Grandchildren Should Know, la autobiografía del cantante de Eels Mark Oliver Everett, advertí cuántos artistas se aferraron a su pasión primigenia no para despegarse de la realidad sino para experimentarla más vívidamente, como si el secreto de las creaciones que trascienden radicara en eso mismo, en meter los pies en el barro para que la verdad impregne una letra, una melodía, el título de una canción. De hecho, si uno repasa los nombres de los temas compuestos por Everett se topa con “I Need Some Sleep”, “Mistakes of My Youth”, “All The Beautiful Things”, entre muchos otros exponentes de la dicotomía que todos atravesamos cotidianamente. Hay días en los que queremos permanecer entumecidos y hay días en los que estamos capacitados para contemplar la belleza de lo mundano. “Beautiful Freak”. Everett sabe que es necesario hundirse en las arbitrarias contradicciones. “Black Cotton”. El gran Tupac también. A fines de los ochenta, en el barrio Compton de California, Eric “Eazy-E” Wright (interpretado por un sublime Jason Mitchell) escapa de la policía en un intento de vender drogas. En simultáneo, Andre “Dr. Dre” Young (un perfecto Corey Hawkins) yace en el piso de su cuarto con vinilos alrededor y gigantes auriculares en sus oídos. Afuera, su madre le implora que piense en su pequeño hijo, que la reproducción en loop de esos discos no va alterar esa realidad inabordable de la que hablaba Shakur. Días más tarde, O’Shea “Ice Cube” Jackson (O’Shea Jackson Jr., hijo de Cube y revelación de esta biopic) se sube a un colectivo para escribir canciones como Eminem lo haría años más tarde en Detroit: en un papel sucio con la tinta como evidencia de la poesía en los dedos. Gray expone con esa precisa introducción tanto las características de cada uno de esos jóvenes (Eazy-E es el arrebato y el corazón, Dr. Dre es quien absorbe quirúrjicamente la música y Ice Cube es la mente detrás de las mejores letras) como la inevitable génesis del grupo del que también formaría parte DJ Yella. N.W.A. (la sigla corresponde a Niggaz wit Attitudez) surge en un contexto de fuertes pulsiones, donde las drogas, la violencia, las disputas entre pandillas y el abuso de la policía a personas de color eran lo cotidiano. Las mejores secuencias de Straight Outta Compton son aquellas en las que el arte está entremezclado con lo sórdido, como cuando Ice Cube (quien iría a ser dirigido por Gray en su ópera prima Friday) es apuntado por un arma mientras está componiendo con su lapicera o como cuando todo el grupo es detenido solo por el color de su piel, en un descanso de la grabación del que se convertiría en un disco emblemático del rap, el homónimo Straight Outta Compton.

Uno de los aspectos más fascinantes del arte es cómo una determinada creación puede, inconscientemente o no tanto, convertirse en la motivación principal de una obra posterior. Así como “I’m gonna start a revolution from my bed” de Oasis es una frase que probablemente (o al menos eso fantaseo) no existiría si Dylan no hubiese escrito eso de que las mejores ideas residen en la intimidad de uno y su espacio más personal; N.W.A. no hubiese existido sin el gueto como el escenario que les demandaba una respuesta que resuene en otros; Tupac no hubiese escrito “Ghetto Gospel” sin el empuje previo de N.W.A.; Eminem no hubiese existido sin la mano maestra (y el excelente oído) de Dr. Dre; y Dr. Dre no hubiese vuelto a la vida si no hubiese conocido a Marshall Mathers (el “all I know is you came to me when I was at my lowest, you picked me up, breathed new life in me, I owe my life to you” que vocaliza Marshall en la imprescindible “I Need A Doctor” funciona para ambos lados).Cuando se detiene a indagar en lo inevitable de las múltiples conexiones artísticas que trascienden el factor espacio-temporal, Straight Outta Compton late con la misma visceralidad que la dirección de fotografía del enorme Matthew Libattique. El cruce de experiencias entre los integrantes de N.W.A., los momentos exactos en los que concibieron himnos como “Fuck the Police” y “Gangsta Gangsta” (inspirados por la brutalidad de las fuerzas policiales), junto con el mítico recital en Detroit en el que fueron detenidos debido a la explicitud de sus letras, están registrados con un nervio que en la última media hora se disipa. Así como los caminos del trío se bifurcan (Ice Cube entabla una disputa económica con el manager Jerry Heller y se despega para luego pergeñar la violenta “No Vaseline”, Dr. Dre redescubre su talento para descubrir talentos y comienza a trabajar con Suge Knight como figura omnipresente, Eazy E contrae HIV y muere al poco tiempo), esa luz en la oscuridad que era la biopic de Grey, esa urgencia y atemporalidad que nos forzaban a cuestionar una supuesta evolución social, no solo se extingue sino que muta en algo innecesario. Gray trastabilla en la inclusión de escenas con Tupac o Snoop Dog (un irreconocible Keith Stanfield post-Short Term 12) o en la omisión de una contradicción recientemente resaltada por la realizadora Ava DuVernay: “To be a woman who loves hip hop at times is to be in love with your abuser. Because the music was and is that. And yet the culture is ours.”.

Quizás debido a que Straight Outta Compton fue producida por Dre, Cube y la viuda de Eazy-E Tomica Woods, los comprobados actos de violencia y misoginia perpetrados por ellos mismos y por muchos otros referentes del rap, fueron pasados por alto con el fin de mostrar la gestación de la productora de Dre., Aftermath (otro nombre revelador), perdiendo ese brillo de sus primeras dos horas en las que uno, independientemente del contexto, independientemente de no haber habitado en Compton, puede comprender cabalmente. Sí, se puede comprender lo fundamental que fue N.W.A. en cuanto a tomar una posición y hablar sobre la violencia con el arte como única vía posible. Porque seguramente cuando Dre estaba tirado en su cuarto escuchando vinilos y oyendo disparos afuera, de todos modos pensaba que el paraíso estaba bajo sus pies, que había algo en su interior que necesitaba expandirse por fuera de los confines de esa habitación. “Express Yourself”. Otro título entre obvio y radical, cortesía de Ice Cube. “Speak a little truth and people lose their minds” dice su propio hijo en el film, ese hijo que tuvo la posibilidad de ponerse en los pies de su padre y cantar sobre el pedido de la libertad. Straight Outta Compton, antes de su declive final, es una obra poética y romántica sobre la búsqueda de un paraíso que luego se le desplegaría a otros jóvenes raperos incipientes “who post pin-up pictures on their walls all day long, idolize their favorite rappers and know all their songs”. Cantar por quienes tienen un sueño. O por quienes lo creen perdido. De eso se trata. ♪ 

………………………………………………………………………………………….

► [TRAILER] El adelanto de Straight Outta Compton:

Straight Outta Compton - Theatrical Trailer from Gabe Goldstein on Vimeo.

…………………………………………………………………………………………….

► [LISTA DE REPRODUCCIÓN] 50 canciones de rap mencionadas en el post de hoy; ¡gracias por los aportes!:

…………………………………………………………………………………………….

► [GALERÍA] USTEDES & SUS LUGARES DE ORIGEN:

…………………………………………………………………………………………….

¡BUEN MIÉRCOLES PARA TODOS! Para este post, tres consignas: 1. Por un lado, quienes hayan visto Straight Outta Compton están más que invitados a explayarse sobre la misma 2. Por el otro, me gustaría que armemos una playlist con sus canciones de rap favoritas 3. Por último, y poniéndonos más personales, la pregunta es ¿en qué barrio crecieron y qué recuerdos tienen del mismo? No se olviden de entrar en este link para armar su foto “Straight Outta Somewhere” para la galería; ¡eso es todo, muchachada! Nos reencontramos mañana para hablar de Woody Allen en la sección de los jueves De menor a mayor; ¡hasta entonces! ¡buen miércoles!

…………………………………………………………………………………………………

…………………………………………………………………………………………………………

* RECUERDEN QUE SI QUIEREN SEGUIR LAS NOVEDADES DE CINESCALAS POR FACEBOOK, ENTREN AQUÍ Y CLICKEEN EN EL BOTÓN DE “ME GUSTA” Y POR TWITTER, DENLE “FOLLOW” AL BLOG ACÁ; ¡GRACIAS!

La historia sin fin

Muchas veces lo pensé. ¿Qué pasa en Entre Copas luego de que Miles junta valor, va hacia la casa de Maya y golpea la puerta? Muchas veces lo pensé también: todos los caminos conducen a Antes del atardecer y a esa reflexión de Jesse acerca de cómo, cuando nada está dicho explícitamente, podemos decidirnos (inconscientemente) por una alternativa romántica o por una alternativa cínica. Muchas veces pensé que el cine – o al menos, determinadas historias – no terminan con el fundido en negro sino después, ya sea con el juicio de valor que hacemos o con un cierto modo de fantasear respecto a cómo continúan las narraciones. Entre Copas, entonces, para mí no concluye con ese golpe a la puerta sino con mi idea de un futuro para dos personajes que, casi sin quererlo, se encuentran para salvarse.

Les propongo un ejercicio creativo (?): elijan una película que les guste (o no), con final abierto (o no) y escriban la continuación de ese final según lo que ustedes querrían que suceda; ¡Los leo! ¡Buen martes!

* RECUERDEN QUE SI QUIEREN SEGUIR LAS NOVEDADES DE CINESCALAS POR FACEBOOK, ENTREN AQUÍ. Y CLICKEEN EN EL BOTÓN DE “ME GUSTA” ¡GRACIAS!

Please (be patient with me)

“I was drifting, crying, looking for an island”

Creo que muchos podemos coincidir en que uno de los aspectos que más hay que trabajar para poder mantener una relación familiar armoniosa es la paciencia. Sin embargo, a veces no alcanza. A veces, la tarea de poner la otra mejilla cuesta más que embarcarse en batallas que no llevan a ninguna parte. Pero es difícil no caer en ese error, es difícil lograr una dinámica que nos permita ser independientes y al mismo tiempo compartir con el resto lo que nos sucede como individuos por fuera de ese ámbito de comodidad, donde nos mostramos transparentes, a veces en nuestro detrimento.

Win Win es la tercera película de Thomas McCarthy, no tan eficaz como The Station Agent o The Visitor, pero sí con una cualidad interesante: se mueve a su propio ritmo, con una cadencia admirable, contando una historia que ya la vimos mil veces, pero desde un lugar más sincero y relajado. En Win Win hay chiclés por doquier (y toda una subtrama de película deportiva), pero McCarthy logra sostenerlos gracias a la manera en la que filma a esos personajes comunes, de reconocimiento instantáneo y a la manera en la que los actores se plantan frente a las escenas. No es un film pretencioso, tampoco es un film renovador, pero de alguna manera consigue, gracias a esa modestia, que los vínculos en conflicto que presenciamos sean tan conmovedores como entendibles.

Dentro de ese mundo donde habitan madres en busca de perdón y madres en busca de estabilidad emocional, hay también un padre y un hijo. Un padre que llega a ese hijo que no es propio justamente por un acto de desesperación para salvar a su familia. Ese hijo, a su vez, con sus auriculares, su talento deportivo y su tristeza como disparadora de cada una de sus acciones, encuentra en ese padre un lugar de aceptación, un espacio que, si bien no exento de rispidez, es el espacio que necesita. Uno y el otro, a la deriva, se encuentran, se ven, se conectan y deciden buscar la mejor manera para que la comprensión de lugar a las más básicas muestras de afecto. Porque como dice el tema de The National que suena en el film, a veces simplemente necesitamos que nos acompañen en el trance y que, al menos por un tiempo, sean pacientes en nuestras tormentas.

¿Cuáles son los films sobre la paternidad que podrían sumar a este post? ¿Cuáles son los mejores y peores padres del cine? ¡Dejen sus comentarios!

* RECUERDEN QUE SI QUIEREN SEGUIR LAS NOVEDADES DE CINESCALAS POR FACEBOOK, ENTREN AQUÍ. Y CLICKEEN EN EL BOTÓN DE “ME GUSTA” ¡GRACIAS!

En cuestión de segundos

“Show me slowly what I only know the limits of”

Ayer alguien me recordó una gran frase de Philip Roth: “Nadie encuentra su vida, eso es la vida”. Por una extraña razón pensé en Barney Panofsky, el cailedoscópico personaje salido de la novela de Mordecai Richler, interpretado en cine por Paul Giamatti en, justamente, Barney’s Version. El hombre en cuestión autodefine su historia de vida como una sucesión de situaciones malgastadas, como si todo aquello que fue construyendo con esfuerzo en un determinado momento, por sus incapacidades, por sus demonios o por factores externos, terminó por destruirlo poco tiempo después. La película de Richard J. Lewis es caótica, despareja, y el nivel de atención que genera depende mucho del atractivo de cada uno de los momentos de la vida de Barney. Pero esa no es necesariamente una debilidad, más bien es la única forma posible de abordar a Richler y la única forma posible de dejar en claro que nosotros estamos siendo testigos de los traspiés y los aciertos de un hombre con muchas vidas, de una obra de teatro con distintos actos bien definidos. Uno de ellos transcurre en una Roma bohemia; el otro se centra en un matrimonio por conveniencia; y el tecero (y sin dudas el mejor) en el vínculo de Barney con el gran amor de su vida, con la única mujer por la que no se dio por vencido nunca.

Lo que hace Lewis es mostrar la manera en la que Barney se enamora de Miriam (Rosamund Pike, tan bella, tan intelectual, tan perfecta) en su segunda boda sin castigarlo. Es decir, jamás presenciamos juicios de valor, presenciamos la corrida desesperada de un hombre hacia un tren donde se encuentra, tranquila y leyendo, la mujer que protagonizará ese tercer acto, sinónimo del mejor estadío de su vida. En cuanto a esto, la actuación de Paul Giamatti – tan compleja y fascinante como la de American Splendor – es brillante porque logra proyectar cómo la existencia va mutando y cómo todo, a fin de cuentas, es relativo, frágil, efímero. Porque Barney cometerá errores, sí, pero la película no los condena. La película, retomando la frase de Roth, muestra a un hombre en continua búsqueda de una vida que nunca terminará de configurarse y que, tan solo en cuestión de segundos – esos segundos que le fueron suficientes para enamorarse de Miriam -, puede derrumbarse y construirse, así, espontáneamente, sin previo aviso, sin alarmas, sin señales.

¿Qué personajes cinematográficos “políticamente incorrectos” o moralmente discutibles les resultan atractivos, irresistibles, carismáticos? ¡Comenten!

* RECUERDEN QUE SI QUIEREN SEGUIR LAS NOVEDADES DE CINESCALAS POR FACEBOOK, ENTREN AQUÍ. Y CLICKEEN EN EL BOTÓN DE “ME GUSTA” ¡GRACIAS!

Sin comentarios

El mejor papel de…Paul Giamatti

blog1111

Recuerdo vívidamente el día que compré American Splendor en la mejor librería posible…esa en la que se reencuentran Jesse y Cèline después de nuevo años. Recuerdo estar sentada rodeada de cientos de cómics más y leer a Pekar mientras a mi alrededor todos hablaban en francés. Sin dudas, uno de los mejores recuerdos de mis 27 años. No sólo por el contexto, sino por tener esa obra en mis manos. Cuando murió el gran Harvey escribí unas breves líneas para el diario y al, hacerlo, sentía simultáneamente que no había nada que uno pudiera decir para terminar de describirlo. Harvey era, ante todo y como él mismo se autodefinía, una persona compleja, llena de manías y actitudes incomprendidas por la gran mayoría. Sucede pocas veces, pero su biopic – de la que él participa, junto a su mujer, la gran Joyce – no solo logra definirlo sino también adentrarse en ese particular universo del que formaba parte, como cuando aparece la figura ineliduble de Robert Crumb.

tumblr_lfsmjxMLqh1qa40m3o1_400

Sin embargo, American Splendor no sería lo que es sin Paul Giamatti. Y si seguimos con los recuerdos…les dejo otro. Recuerdo verlo con mi viejo (che, viejo, aparecé alguna vez por acá que los cinescaleros te reclaman) en una escena de Entre Copasfilm del que ya nos hemos ocupado -, cuando su ex mujer le dice que está embarazada. En un segundo, su cara se transforma y vemos pasar por sus ojos todo un cúmulo de sensaciones (principalmente la frustración de no poder vivir esa vida con ella y sentirse solo). Eso es un actor. El mismo actor que en este film no intenta mimetizarse con Pekar sino que intenta, desde su lugar, hacerle justicia a la figura de un hombre que usaba su voz como nadie para aludir a la rutina idiosincrática. Un hombre que, en el fondo, tenía su propio mundo de luz gracias a esa tríada compuesta por su mujer, su hija y, claro, las palabras.

¿Cuál es su papel favorito de Paul Giamatti? ¡Buen Finde para todos! ¡Nos vemos el lunes!

* RECUERDEN QUE SI QUIEREN SEGUIR LAS NOVEDADES DE CINESCALAS POR FACEBOOK, ENTREN AQUÍ. Y CLICKEEN EN EL BOTÓN DE “ME GUSTA” ¡GRACIAS!

Sin comentarios