Room: Las cosas por su nombre

 “My imagination gave me a dual life: I lived in my body, and at the same time lived a life no one could see” – Andre Dubus

*Atención: se revelan algunos detalles del argumento 

En su novela Paddy Clarke Ha Ha Ha, el escritor irlandés Roddy Doyle – el mismo detrás de la brutal La mujer que se estrellaba contra las puertas – apela a un recurso narrativo sumamente complejo de llevar a cabo como lo es el stream of consciousness, una suerte de monólogo interior que, además de (re)presentar a un personaje sin filtro alguno, (re)presenta a un personaje en constante ida y vuelta con el mundo que lo rodea. Así, todo aquello que se desprende de una contemplación X no es contado sino más bien escupido, quebrándose así las barreras entre el Ser y su hábitat, impidiendo que las reflexiones se pongan por delante de las primeras impresiones. Asimismo, como para redoblar el desafío, ese personaje que espeta sentencias sin trabas es un niño de diez años, el Paddy Clarke del título, un joven que describe Dublín dependiendo de las mutaciones de su pequeña familia. El “ha ha ha” opera como un gesto sintomático de lo que implica moverse en el mundo con cierta ingenuidad, con esa sensación de eternidad que nos hace atravesar los cambios con la omnipotencia como cualidad básica. Paddy se ríe de todo porque verdaderamente siente que puede controlar su espacio, independientemente de quienes se vayan colando en éste. Paddy se hace preguntas pero su apertura se limita cuando él mismo dictamina las respuestas. Se cree superior porque no hay nada que desmorone su lugar de confort. ¿No recuerdan experimentar algo así siendo niños? ¿El tener la habilidad de inventarse una zona inquebrantable? ¿El guardar todos los sueños “en castillos de cristal”? Ser chico trae aparejado el llamar a las cosas por su nombre. Y no hablo de títulos empíricos. Hablo más bien del nombre que a nosotros nos agrada e identifica. El “ha ha ha” de Paddy también funciona como una alusión onomatopéyica a creer que, en medio de los problemas matrimoniales de sus padres, él puede superar una depresión incipiente. El “ha ha ha” es su manera de aprehender el conflicto. “Sometimes, when you were thinking about something, trying to understand it, it opened up in your head without you expecting it to, like it was a soft spongy light unfolding, and you understood, it made sense forever” nos explica este niño en un pasaje del libro, ubicando al acto de “encontrarle un sentido a las cosas” en un sitio superior. Doyle sortea esa doble complejidad de emplear la espontaneidad del monólogo interior y el vocabulario de un chico de diez años porque realmente lo entiende, entiende cómo le adolece al pequeño el ir corroborando que el crecer está fuera de su dominio. “It was a sign of growing up, when the dark made no more difference to you than the day” es algo así como el equivalente a cambiar de piel y de lenguaje. La noche ya no representa el miedo a la oscuridad sino el hecho práctico de dormir.

Quise abrir el texto sobre Room con la novela de Doyle como referencia porque la película de Lenny Abrahamson – quien venía de dirigir Frank, también un film sobre el “encierro” y sus réplicas psicológicas – está basada en otra obra literaria narrada enteramente desde la perspectiva de un niño. Emma Donoghue – compatriota de Doyle y claramente influenciada por su colega – adaptó su propia novela y lo hizo manteniéndose fiel a ese punto de vista (en su caso, el de Jack, un chico cinco años). Lo que en el papel no termina de resultar tan cautivante (Donoghue está constantemente pisando la fina línea entre la inocencia como algo encantador y la inocencia como algo irritante, trastabillando a la hora de ponerle la voz a Jack), a nivel cinematográfico adquiere otra tesitura. Si pensamos a Room como un exponente de hasta qué punto una madre (Joy, interpretada por Brie Larson con un cierto aire grunge que a veces se sobredimensiona) busca todas las maneras posibles de proteger a su hijo (Jacob Tremblay, el arma secreta de la película) en un contexto asfixiante (esa habitación donde están cautivos), entonces el largometraje conmueve pero sosteniendo un mayor despliegue de inventiva solo en su primera mitad. Abrahamson muestra cómo dos personas intentan sacarle provecho a un espacio tan estrecho y lo hace a través de pequeñas viñetas que revelan (muchas veces fuera de campo) la modalidad de Jack y Joy para abordar la rutina. Así, madre e hijo hacen ejercicio como forma de intentar “estirar” la habitación, leen tanto o más que lo que miran televisión y resguardan las pequeñas provisiones que su captor (“we call him Old Nick”) les lleva a diario. Es así como Room se vuelve más anómala, singular y atractiva cuando se centra en Jack y su propio modo de “estirar” otra cosa: el lenguaje. En relación a ésto, las conversaciones con su madre sobre los objetos de esa habitación están completamente despojadas de pronombres. En consecuencia, como Jack no conoce otro mundo más que ese, cada cosa que lo integra deja, justamente, de cosificarse. Aún derruidos, Lámpara, Planta, Alfombra y Televisor son todos amigos, y cobran vida cuando Jack se comunica con ellos y cuando regresa para decirles adiós. Toda la primera hora de Room – hasta la magistral escena del escape, musicalizada con la efectiva “The Mighty Rio Grande” y con los ojos de Tremblay que se abren a medida que se abre el mundo frente a ellos – es una observación aguda sobre la invención de nuevos códigos, de un nuevo vocabulario, esa fuerte base en la que se desarrolla toda relación madre e hijo, cada una con su propio idioma.

La segunda parte del film, por el contrario, vira hacia el estrés postraumático de Joy, estrés que llega a su pico cuando se ve forzada a dar una entrevista por dinero y es maquillada y convertida en una mujer que dista mucho de su verdadera identidad. En esa secuencia, menos virtuosa pero consecuente con ese enfoque más tradicional del último segmento, Larson abre los ojos como Tremblay lo había hecho momentos atrás, aunque en su caso más horrorizada, reaccionando ante la pregunta de por qué no liberó a su hijo de esa habitación mucho antes. La presión de la periodista empuja a Joy a enfrentarse a los traumas y es aquí dónde Room regresa a Jack y a ese código en común que lo une a su madre para salvarse mutuamente: un mechón de pelo le da tanta fuerza a Joy como un diente de Joy le había dado fuerza a Jack. Tanto en su novela como en su adaptación, Donoghue muestra que el vínculo entre ambos es un reflejo de millones de vínculos más. Así como hay circunstancias en las que una madre le dice a su hijo lo que tiene que hacer (deberes, limpieza, etcétera), hay otras en las que el hijo mira a la madre y la vuelve devota de sus necesidades (abrazos, paseos, etcétera). Por lo tanto, independientemente de su convencionalismo, cuando sobre el final Jack le ruega a Joy volver a Habitación, ella, con pánico ante ese regreso, le concede el pedido. “The world’s always changing brightness, and hotness. And there’s invisible germs floating everywhere. When I was small, I only knew small things. But now I’m five, I know EVERYTHING!” exclama Jack cuando su espacio se ensancha y, en simultáneo, se ensanchan sus palabras, sus frases, sus formas de describir la flamante realidad. Jack cambia, como cambia Alice en Wonderland (el subtexto predominante en Room), como cambia Paddy en Dublín: cuando la noche no es sinónimo de pánico y sonidos indescifrables, cuando la noche pasa a ser el momento más propicio para descansar entre las sábanas. “I wonder if I’ve been changed in the night. Let me think. Was I the same when I got up this morning? I almost think I can remember feeling a little different. But if I’m not the same, the next question is ‘Who in the world am I?’ Ah, that’s the great puzzle!” escribió Lewis Carroll con Alice como vehículo. Rompecabezas. El mismo que tiene armar Jack en Room. Uno que poco tiene que ver con los Legos que recibe de regalo. Uno más amplio e incesante. Ni más ni menos que el mundo. 

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► [TRAILER] Algunas imágenes de Room:

Trailer for the 2015 movie Room from Northernstars.ca on Vimeo on Vimeo.

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► [DE YAPA] Anatomía de una escena, por el New York Times:

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► [GALERÍA] Algunas fotos de ustedes con sus madres:

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¡BUEN MIÉRCOLES, MUCHACHADA! Hoy les dejo dos consignas: 1. ¿Qué opinión tienen de Room, la película de Lenny Abrahamson? 2. Por otro lado, ¿qué fue lo mejor que hicieron sus madres por ustedes? Puede ser una acción concreta o un consejo que les haya servido; como siempre, los leo y nos reencontramos mañana con un podcast y una nueva sección; ¡gracias por las fotos y gracias por leer! ¡que tengan un excelente miércoles!

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FRANK, el hombre de la máscara de cartón (y nuestra música favorita del 2014)

Hoy en Cinescalas escribe: Soledad Lamacchia

“No escojas sólo una parte…tómame como me doy…entero y tal como soy…no vayas a equivocarte…”. Inevitablemente estas palabras cantadas por Serrat se me vienen a la mente cada vez que pienso en Frank. Seguramente el mencionar a Serrat y a Frank en la misma frase resulte raro y realmente lo es, tan bizarro y extraño como esta película dirigida por Lenny Abrahamson. En Frank, Jon (Domhnall Gleeson) tiene una vida simple, un trabajo de oficina rutinario y vive con sus padres. Toca los teclados y espera convertirse en un compositor reconocido. Una tarde, mientras camina cerca de la costa buscando algo que lo inspire a componer, conoce a Don. Ambos observan cómo un hombre, el tecladista de la banda de la cual Don es manager, es trasladado en ambulancia luego de intentar suicidarse. Jon ve la oportunidad y, como un acto reflejo, responde a este encuentro casual y tragicómico asegurando que él es tecladista. Así, sin planearlo, Jon se unirá a Don y los suyos para grabar un disco bajo el liderazgo de Frank (Michael Fassbender), el enigmático cantante y compositor de la banda, quien oculta su rostro bajo una gran cabeza de papel maché.

Viviendo situaciones que pivotean entre el drama, el absurdo y el humor negro, Jon no podrá evitar sentirse atraído por el magnetismo que Frank ejerce sobre todos aquellos que se cruzan en su camino. Admira – y también envidia – su capacidad para encontrar inspiración en todo tipo de sonidos naturales y artificiales y en las extrañas formas musicales que utiliza para conseguir sus creaciones. Ramas que se quiebran y agua cayendo dentro de un balde de lata junto a una combinación de oraciones sueltas y onomatopeyas conforman los sonidos que dan identidad a los Soronprfbs, la banda que posee un nombre tan peculiar como los músicos que la integran. Y es que junto a Don con su fijación por los maniquíes y Frank con su gran cabeza falsa nos encontramos con Nana y Baraque que se comunican con sus compañeros sin hablar una palabra de inglés y con la neurótica Clara (Maggie Gyllenhaal) quien toca el theremín, instrumento cuya particularidad es la de ser ejecutado sin entrar en contacto físico con él.

Jon: “How to describe Frank? Well, there’s the head, of course. He never takes it off. Now what goes on inside the head inside that head? His music”

Exceptuando a Don y a Frank, todos muestran un claro rechazo hacia Jon, quien a pesar de sus intentos por encajar nunca dejará de sentirse un extraño, un observador al que se le concedió el privilegio de compartir un momento que en realidad no le pertenece. Posiblemente sea esta falta de sentido de pertenencia e integración lo que lo vuelve incapaz de reconocer el sutil equilibrio en el que se mueven y conviven estas personas. No comprende la conformidad que sienten haciendo lo que hacen sin que nadie les exija nada, sin que nadie espere de ellos algo diferente a lo que pueden dar. Jon sólo puede ver en lo que hacen lo que él necesita: una oportunidad para salir del anonimato y transformarse en alguien dentro del mundo de la música. Con este objetivo en mente, comienza a grabar el día a día del proceso creativo en el que Frank los sumerge para dar a conocer a la banda y a sus propias impresiones sobre lo que está viviendo a través de las redes sociales.

Pero las personalidades simples de los integrantes del grupo empezarán a chocar con la visión que Jon tiene sobre su futuro. La creciente influencia que éste empieza a tener sobre Frank, a quien alienta para que cree sonidos más comerciales junto con la presión que ejerce sobre él para que salga de su ostracismo, lo conducen a un abierto enfrentamiento con Clara. Su violento sentido protector se activa con las promesas de fama y popularidad con las que Jon tienta a Frank y utilizará todos los recursos que estén a su alcance para mantenerlo alejado. Pero todo será en vano y Clara no podrá evitar que Jon, valiéndose de la pequeña repercusión que sus videos tienen en las redes, acabe por convencer a Frank de presentarse en un festival de música independiente. Así es como Jon, cuya simplicidad e inocencia van mutando a medida que se siente más cerca de su sueño, avanza sin ver que los Soronprfbs no pueden (o no quieren) seguirlo. Exige cada vez más pero, contrariamente a lo que esperaba, sólo consigue que el frágil equilibrio en el que vive Frank empiece a derrumbarse junto con su ingenio. Estas actitudes nos hacen ver por qué Jon nunca será realmente parte de esta banda: a diferencia de ellos, él escoge ver solamente una parte de Frank, su genialidad creativa, su originalidad y su gran cabeza de cartón, sin reparar en la persona completa y la débil mente a la que esa cabeza protege.

Michael Fassbender es pura expresión corporal. Cada fibra de su ser se mueve de la manera adecuada para transmitir junto con una voz repleta de matices lo que le es imposible expresar con su cara hasta conseguir que, una vez superada la sorpresa inicial, esa inmensa máscara con ojos de dibujo animado deje de llamarnos la atención para convertirse en un rostro tan humano como el del resto de los protagonistas. La variedad de personajes y situaciones que transitan el mundo de Frank nos posibilitarán reflexionar sobre lo que cada uno de ellos es y transmite.

Con Frank veremos la borrosa línea que separa la cordura del precipicio de la locura y de lo poco que se necesita para traspasarla. Es que en el fondo, Frank, no es más que un hombre escondiéndose detrás de una careta, un ser inseguro que sólo se siente a salvo bajo la misma, viviendo al borde de esa línea, únicamente rodeado por la seguridad que le dan su música y su gente, y nos daremos cuenta que sólo bastará un leve empujón para que se despierte su necesidad de sentirse aceptado, y para cruzar esa línea y caer. Jon, por su parte, nos hará cuestionar nuestra facilidad para perder de vista el límite entre lo que vemos y lo que elegimos ver, entre lo que es real y lo que esperamos. Nos hará preguntarnos hasta dónde aceptamos a las personas tal y como son, con sus taras y sus limitaciones sin cargarlas con el peso de nuestras expectativas y hasta qué punto somos conscientes de lo que estas expectativas pueden generar sobre ellas por el simple hecho de verlas como una proyección de nuestras necesidades. Porque nos guste o no, en algún momento estaremos enfrentados a nuestra propia realidad, no podremos escapar de ella, porque se impone a la fuerza a pesar de nuestra perseverancia y nos obliga a afrontarla ya que, como también canta Serrat, ”nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio”.

Por Soledad Lamacchia

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[VIDEO DE REGALO] Michael Fassbender y compañía cantan “I Love You All” en el programa de Stephen Colbert:

Michael Fassbender cantando I Love You All en The Colbert Report 6 Agosto 2014 from Michael Fassbender Fan on Vimeo.

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*TOP FIVE MUSICAL DEL 2014:

► 1. MI DISCO DEL AÑO: ULTRAVIOLENCE (Lana Del Rey)

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► 2. MI CANCIÓN DEL AÑO: “Hero” (Family of the Year)

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► 3. MI MOMENTO MUSICAL (dentro de una película) DEL AÑO: Ailín Salas y Santiago Pedrero cantan “De Malvin a La Paz” en La vida de alguien de Ezequiel Acuña

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► 4. RECITAL DEL AÑO: ARCTIC MONKEYS EN EL PERSONAL FEST

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► 5. SOUNDTRACK DEL AÑO: INSIDE LLEWYN DAVIS

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► [LISTA DE REPRODUCCIÓN / AWESOME MIX VOL. 2014] 100 canciones que marcaron el cine de este año + las canciones que los acompañaron a ustedes durante el mismo:

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¡BUEN LUNES PARA TODOS! Para este comienzo de semana tenemos dos consignas: 1. Quienes hayan visto Frank, ahora gracias a Sole pueden explayarse sobre la película 2. Asimismo, este post funciona como balance musical del 2014 y la idea es que mencionen sus discos, canciones, soundtracks, escenas musicales (yo sumo esta otra), recitales favoritos de este año (¿a quiénes vieron en vivo?); como no podía ser de otra manera, con sus aportes les dejaré una playlist, la última del 2014; gracias por estar del otro lado, muchachada, nos vemos mañana para recordar las mejores secuencias que dio el cine durante todo este año; ¡buen comienzo de semana para todos!

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—> La última vez escribieron Lucas Alvarez y Pablo Policarpo sobre… LOUIE

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Lo mejor del 2014: Los actores

Justamente en el post de ayer aludí a cómo en Deux jours, une nuit los hermanos Dardenne toman una problemática puntual – la crisis económica que azota a una mujer – para construir una parábola sobre la lucha del hombre contra sus propios demonios. En un registro totalmente antagónico, Dan Gilroy hace lo propio en su ópera prima Nightcrawler. Sí, el foco está puesto en quienes sondean escenas del crimen, las registran y las venden, pero el panorama que retrata es tan vasto como esa ciudad que se muestra deshabitada en los títulos de crédito, como si algo estuviera a punto de asaltarnos desde las sombras. En consecuencia, Lou Bloom (re)surge como un individuo que simplemente está aguardando una respuesta afirmativa para ingresar en un submundo x. La oportunidad lo es todo, los pormenores son indistintos. Luego de un primer rechazo donde se vislumbran sus principales rasgos a la hora de “venderse” (verborragia, frases de manual, persistencia, persuasión, conocimiento hondo del destinatario de esa propuesta), la luz verde se le enciende cuando un canal televisivo al borde del precipicio le compra uno de esos brutales registros. Nightcrawler es una película que se mueve emulando los pasos de su protagonista. Por lo tanto, la primera media hora maneja un ritmo aletargado, a la par de la conducta de Bloom de roer ese hueso que es su nuevo trabajo. En contraposición, y a medida que Lou va incorporando más herramientas (desde lo concreto como un nuevo auto y una nueva cámara hasta lo abstracto como esos consejos aprendidos de instructivos de Internet, tan vacíos como filosos), la película va volviéndose cada vez más impredecible. ¿Quién es Lou Bloom? ¿Cuál es su meta? ¿Cuál es la génesis de su avidez de triunfo? A Gilroy no le atrae responder ninguno de esos interrogantes ya que es imperativo que su protagonista no tenga pasado. Lou es una hoja en blanco cuyos gestos más peculiares oscilan entre atarse el pelo en un rodete hasta planchar la misma camisa mirando los noticieros y regar las plantas riendo histéricamente. En concordancia con esta vaguedad de información, sus monólogos son sentenciosos y calculados, pero siempre con el enigma bajo resguardo: “What if my problem wasn’t that I don’t understand people but that I don’t like them? What if I was the kind of person who was obliged to hurt you for this? I mean physically”. La violencia en Nightcrawler es siempre bidireccional: están las gráficas muertes que Lou capta con la cámara y están las frases que el propio Lou les escupe a su asistente, a su jefa y a cualquiera que se le interponga en el camino al progreso. Jake Gyllenhaal apenas se permite pestañear en la película – decisión acertada que se distancia de aquella que tomó para su personaje en Prisoners, donde Locki pestañeaba sin cesar – y es en esos detalles donde su interpretación es letal: Lou Bloom es un sociópata que nunca titubea. Así, todo lo que sale de su boca (“I’d like to think if you’re seeing me you’re having the worst day of your life”) resulta mucho más horroroso que cualquier material fílmico. Desde la fotografía de un siempre notable Robert Elswit hasta la música de James Newton Howard que se pone juguetona cuando Lou se comporta del mismo modo en los extraordinarios ping-pong verbales con el personaje de Rene Russo, Nightcrawler toma a esa figura noctámbula para contar, como el propio Gilroy lo ha expresado, la historia de un éxito. En relación a esto, Gyllenhaal se acerca a Bloom como si éste fuera un animal hambriento, con la mirada en constante estado de alerta, merodeando hasta encontrar el alimento. El film de Gilroy es escalofriante porque se atreve a poner en el centro a un exponente de self-made man que jamás genera empatía y que, por el contrario, nos hace mirar alrededor para detectar a esos seres igual de oportunistas a los que se les abren las puertas del hoy sin siquiera excavar en su ayer. 

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►[COMPILADO] Algunos momentos de Nightcrawler:

Nightcrawler's Laundry - A Fan Trailer from Joey Carter on Vimeo.

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*[TOP FIVE] OTRAS GRANDES ACTUACIONES MASCULINAS DEL AÑO:

► 1. LEONARDO DiCAPRIO en The Wolf of Wall Street

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► 2. OSCAR ISAAC en Inside Llewyn Davis

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► 3. JOAQUIN PHOENIX en Her

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► 4. MICHAEL FASSBENDER en Frank

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► 5. RALPH FIENNES en The Grand Budapest Hotel

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► *DE YAPA: Chris Pratt en Guardians of the Galaxy y The Lego Movie

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 ► [GALERÍA] 50 GRANDES ACTUACIONES MASCULINAS DEL 2014 mencionadas en el post de hoy:

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¡BUEN MIÉRCOLES PARA TODA LA MUCHACHADA! Como adelantamos ayer, hoy armamos una galería con las mejores actuaciones masculinas del año; pueden explayarse sobre los actores que se destacaron en el 2014 en los comentarios; en este link pueden encontrar las elecciones del 2013; por otro lado, mañana al mediodía les dejaré un mensaje navideño, así que me guardo los saludos para dentro de unas horas; asimismo, nos reencontramos formalmente el lunes con un post sobre Frank y la mejor música que nos dejó el 2014; ¡como siempre, los leo! ¡que tengan un buen día!

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Lo mejor del 2014: Los personajes

“I’m bored out of my mind, too sick to even care” es lo primero que canta Eve (Emily Browning) en God Help the Girl. Que canta, no que dice. Aunque da lo mismo. Para ella cantar y hablar son la misma cosa. La música es su lenguaje. Su inconsciencia respecto a su enfermedad – padece anorexia nerviosa y está internada en un instituto psiquiátrico – la expulsa literalmente por la ventana y la lleva a trepar alambres, tomar un colectivo primero y tomar un tren después, todo con el fin de ver a una banda. “My only choice was to find the face behind the voice” concluye una vez que llega al lugar. Pero Eve no alude particularmente al grupo que está tocando enfrente suyo (los vacuos Wobbly-Legged Rat) sino a todos esos rostros de la música en los que se refugia para sentirse menos sola. Stuart Murdoch – frontman de Belle & Sebastian, cuyo proyecto paralelo God Help the Girl, inspiró su homónima ópera prima – no la hace explicitar a Eve cuáles son los referentes musicales que la salvaron pero veladamente los incluye en la historia a partir de las voces en off de un par de locutores radiales que hablan de Nick Drake y Joy Division, y a través de una remera como la de Meat is Murder de los Smiths. Asimismo, para Murdoch la palabra es importante, tanto por la admirable manera que tiene de concebir las rimas pop más perfectas que jamás hayan existido (donde la construcción sintáctica apela a frases verbales originales y raras veces escuchadas, como “musician, please take heed” en lugar de “musician, please pay attention”) como por su necesidad de captar la voz femenina como requisito clave. Desde figuras literarias más clásicas como León Tolstói (Anna Karenina) y Gustave Flaubert (Madame Bovary) hasta el recientemente mencionado John Green (The Fault in Our Stars), pensar y expulsar con éxito el pensamiento femenino implica un entendimiento cabal de esa mentalidad, implica emanciparse de los preconceptos. Murdoch hace precisamente eso con Eve, crea a esta joven pluridimensional y no siempre del todo querible, que puede mostrarse tan egoísta por momentos (persiguiendo la satisfacción del placer personal a expensas de los sentimientos de un tercero) y tan noble por otros (escribir una canción con influencias de David Bowie para que su mejor amiga/fanática del Duque Blanco pueda interpretarla y encontrar su propia voz). La complejidad de Eve, entonces, va más allá de su enfermedad y es algo que provoca una identificación inmediata: no siempre podemos dar a conocer nuestra mejor versión porque la vida atenta contra esa intención segundo a segundo. Esa fluctuación de estados atraviesa todas las maravillosas canciones de God Help the Girl, donde nuevamente la palabra (o la lírica) es el alimento vital que ingiere esa chica que justamente está aprendiendo a alimentarse. Por lo tanto, Eve compone porque busca que la conozcan (en toda esa pluridimensionalidad) y así oscila entre el deseo de recuperarse (“light that comes in from outside, If you could catch it all and pin it to your wall then you would sleep much better”) y la incapacidad para dejar atrás el desasosiego (“I was a case when I grew up, a case of hope, crashing to the ground”).

En ese proceso, la joven conoce a James (Olly Alexander) y a Cassie (Hannah Murray), dos adolescentes que también reniegan de los estereotipos y quienes no tenían canales para expresarse hasta la repentina aparición de Eve. Esa colisión de mundos da como resultado dos hechos inevitables: se forja una amistad y se forma una banda. En este aspecto, God Help the Girl evoca a The Perks of Being a Wallflower en cómo no existen los finales tristes o las despedidas (“I want a story with a happy ending”) cuando lo importante es el hecho de haberse encontrado. “I was crying because I was suddenly very aware of the fact that it was me standing up in that tunnel with the wind over my face; not caring if it was downtown; not even thinking about it; because I was standing in the tunnel; and I was really there; and that was enough to make me feel infinite” escribe Charlie en la novela de Stephen Chbosky. A una conclusión similar llega James en la película de Murdoch, cuando asevera que “just for a moment we were all in the right place and the possibilities were infinite”, mientras Eve se aleja en un tren con el sabor agridulce de quien debe encontrar estructura y orden para sentirse mejor, aunque eso implique el distanciamiento físico de sus amigos. God Help the Girl es, en cierto modo, la fábula de una mujer que descubre su independencia (su último plano es equivalente al de Begin Again de John Carney) gracias a la familia paralela que eligió para su pequeña gran travesía. Tanto ella como James y Cassie se eligen mutuamente, tal como canta Eve en “A Down and Dusky Blonde”. “When I needed someone I chose you because the fledgling soul awakes, and on the balcony she quakes, and she is waiting for the sign, and when the brother does not come, and when the sister’s much to young, she chooses you” vocifera ya no parada frente a un músico sino siendo ella misma la protagonista de la noche, como si “ese rostro detrás de la voz” que anhelaba encontrar al comienzo de la historia fuera su propia esencia. Murdoch aborda el momento de quiebre de una joven enferma con un bienvenido tono afable, sabiendo que la oscuridad puede empañarlo todo pero nunca destruirlo. “I’ll kick this mood off with a change of scene” dice Eve en una de esas viñetas de desesperación – sin dudas, la mejor escena de la película -, donde God Help the Girl parece iluminar, a través de su protagonista, una hermosa verdad oculta: que está en nuestras manos elegir la composición perfecta para enfrentar el presente (“I pick the soundtrack with immaculate care”), ya que esa composición es un símbolo de otra cosa. Eve considera que su vida “depende de una canción” porque hablar de música es hablar de ella misma y hablar de ella misma es asegurar que quien tiene la compulsión de tomar cuidadosamente un vinilo para hacerlo sonar puede hacer lo propio con el control de su destino. 

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►[ESPECIAL] Un informe sobre la música de God Help the Girl:

GOD HELP THE GIRL - "La música" / Making of parte 3 from AVALON on Vimeo.

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*[TOP FIVE] GRANDES PERSONAJES DE ESTE AÑO:

► 1. ADÈLE en La vida de Adèle

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► 2. RAYON en Dallas Buyers Club

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► 3. LLEWYN DAVIS en Inside Llewyn Davis

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► 4. MASON en Boyhood

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 ► 5. ROCKET en Guardians of the Galaxy

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 ► *DE YAPA: FRANK en Frank

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 ► [GALERÍA] 50 GRANDES PERSONAJES DEL 2014 mencionados en el post de hoy:

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¡BUEN MIÉRCOLES PARA TODOS! Hoy continuamos con el balance del año con la siguiente consigna: ¿Cuáles son los mejores personajes que dio el cine en este 2014? Dejen sus aportes así armo una galería compilándolos; ¡nos reencontramos el lunes con un balance televisivo! ¡que tengan un excelente miércoles! ¡los leo! PD. El mejor personaje del 2013, según sus votos, había sido Tiffany MaxwellJennifer Lawrence en Silver Linings Playbook

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