Cuidado con el precipicio

“There are vows, there are ties
There are needs, there are standards,
There are shouldn’ts and shoulds.
Why not both instead?“Moments in the Woods”

*Atención: se revelan algunos detalles del argumento

Hace tiempo que quería hacer un post sobre mensajes subliminales, subtextos o dictámenes morales que habitan en un alto número de películas. Como ejemplo más cercano nos encontramos con It Follows. ¿Acaso la película de David Robert Mitchell nos está queriendo decir que el sexo desemboca directamente en la muerte? A simple vista, si se la aborda como una gran obra simbólica sobre las enfermedades de transmisión sexual, entonces sí, una lectura puede ser esa. Sin embargo, conociendo las inclinaciones del director por las historias coming of age, no es desacertado considerar a It Follows como un film que – como ya hemos discutido – habla sobre la pérdida de la inocencia, siendo el sexo un factor más. No hay moralejas ni condenas. La protagonista es una mujer que disfruta de su sexualidad y que termina haciéndole frente a su vida adulta (con todos los componentes paranormales que forman parte de ella) acompañada por un hombre y no con un hombre como único sostén. Ante todo, ella es su propia aliada. Into the Woods, la reciente película de Rob Marshall, es la contrapartida. Adaptado por James Lapine, el autor del libro en el que a su vez se basa el musical de Stephen Sondheim, se trata de un film problemático en muchos sentidos (no hay una tesitura en la puesta en escena que indique amenaza, el nivel interpretativo es desparejo, hay una falta de precisión narrativa que lo vuelve tedioso, etcétera), pero en uno en particular: no es lo suficientemente oscuro como la obra de base y no es lo suficientemente afable como para estar dirigido a un público infantil. En consecuencia, el vasto de número de mensajes subliminales son torpes y/o están disfrazados por juegos del guión. En este plano, quiero detenerme en la subtrama que involucra a la esposa del panadero (Emily Blunt), quien es persuadida por el Príncipe (un excelente Chris Pine) para entablar una situación amorosa. Si mis palabras son vagas, es precisamente porque la película lo es. Por ende, esa “situación” no puede ser descrita en detalle. Al encontrarse impedida de cierta explicitud no apta para niños, Into the Woods se vale de sutilezas que no lo son tanto para sugerir que entre esa mujer y ese hombre hubo algo más que un inocente beso. Pero lo más alarmante del film no reside tanto en su indecisión en el tono (a fin de cuentas, muchas películas pecan de eso sin lastimar a nadie) sino en lo que acontece con el personaje de Blunt. Minutos después de intimar con el Príncipe (bajo la forma de ese beso o bajo la forma de un acto más pasional, eso no se muestra), la atribulada mujer cae por un precipicio. La ecuación es simple: el adulterio debe ser castigado. Las críticas a esa elección en el formato causa-consecuencia no tardaron en llegarle a Lapine, quien respondió con una suerte de contraargumento carente de sustento: solo las mujeres se detienen en ese hilo argumental, porque están embebidas de lecciones feministas. Si bien no puedo asegurar que los hombres que la hayan visto hayan pensado diferente, sí puedo decir que la forma en la que se muestra la partida del personaje es demasiado burda para la observación de cualquier espectador, independientemente de su género. “There are vows, there are ties, there are needs, there are standards, there are shouldn’ts and shoulds. Why not both instead? There’s the answer, if you’re clever: ‘Have a child for warmth, and a baker for bread, and a prince for whatever’ — Never! It’s these woods”, canta la mujer del panadero poniendo de relieve otro notorio simbolismo de la obra y, en consecuencia, de su adaptación. El bosque es la tentación y por más atraído que te sientas a sucumbir a él, lo mejor es escapar con cordura para evitar la caída. ♦ 

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► [GALERIA] 50 Honest Posters mencionados en el post de hoy (y algunas yapas); ¡gracias por la magia!:

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¡BUEN MIÉRCOLES PARA TODOS! En este nuevo post, dos consignas: 1. ¿Qué otros mensajes moralistas y/o subtextos algo cuestionables del cine podrían sumar a la lista?  De más está decir que si vieron Into the Woods, este es el post para debatirla; por otro lado, 2. ¿Les gusta el género musical? ¿Qué exponentes podrían citar como sus favoritos? ¡Los espero en los comentarios, como siempre! Nosotros nos reencontramos mañana con el post pre-proyección de No estás solo en esto en Córdoba; en relación a eso, esta noche de miércoles estaré hablando, a las 21:00hs., en el programa radial cordobés “Bitácora de vuelo” sobre la presentación del documental en dicha ciudad; pueden escuchar por acá 😉

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NO ENTRES AL BOSQUE, EMILY…

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Algo de vos llega hasta mí

“I just love the idea of a character having a secret life that the author doesn’t even know about”

En sintonía con el post de ayer, y con otras cosas que me han sucedido, me quedó en la cabeza el tema de la compañía. No solo porque aludimos a Richard Parker y a su compañerismo (inusual e inesperado) sino porque continuamente encontramos en las películas – y lo expresamos aquí – a personajes que nos identifican y que, en relación a esto, operan, funcionan, se comportan como aliados, antídotos contra el escepticismo. Así es como en algunas ocasiones nos terminamos apropiando de eso que vemos, lo sentimos cercano, personal, y percibimos en su creador a alguien que, aún sin saberlo, se puso en nuestro lugar y nos definió, logrando ese reconocimiento instantáneo. Como se trata de algo poco común, algo que no tantas obras pueden conseguir, cuando ocurre eso de visualizarnos en los personajes, las películas dejan de ser permeables a un mero análisis crítico y pasan a adquirir otra connotación. Volví a este punto por dos razones. Por un lado, por el estreno en Sundance de Before Midnight y todo lo que el inminente reencuentro con Jesse y Celine implican para mí (y para muchos de ustedes). Por el otro, por haber visto The Jane Austen Book Club. 

El film de Robin Swicord – basado en la novela de Karen Jon Fowler – no es precisamente original en su desarrollo e incluso le puedo discutir varias cosas (por momentos se vuelve excesivamente explícito y hay giros de guión bastante forzados). Sin embargo, tiene algo que rescato: muestra cómo las novelas de una autora (Jane Austen, claro) se encuentran tan fusionadas con las vidas de un grupo de mujeres (y el hombre que altera la dinámica) que no solo hay en ellas características de los personajes de la escritora sino que además son partícipes de situaciones que tienen su correlato con episodios protagonizados por Elizabeth Bennet, Fanny Price y compañía. Teniendo en cuenta que muchos me pidieron que no descuidemos la sección Cine y Literatura, esta me pareció una buena oportunidad para que, tomando a esta película como disparador, compartan qué novelas en general (y personajes en particular) han llegado a ustedes, o han sido su espejo, su reflejo. Como siempre, mi elección es Franny Glass. Mucho de ella ha llegado hasta mí, desde su rabiosa misantropía (“All I know is I’m losing my mind. I’m just sick of ego, ego, ego. My own and everybody else’s. I’m sick of everybody that wants to getsomewhere, do something distinguished and all, be somebody interesting. It’s disgusting – it is, it is. I don’t care what anybody says”) pasando por su peculiar forma de ser autocrítica (“I’m sorry, I’m awful, I’ve just felt so destructive all week. It’s awful. I’m horrible”) hasta esa frase que quería incluir en el post de hoy, perfecta síntesis de algunos pensamientos que, en más de una ocasión, se han cruzado por mi mente.

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 ► Les dejo imágenes de The Jane Austen Book Club:

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¿Con qué personajes de la literatura se sienten identificados? ¿Qué autores sienten que les hablan a nivel personal? Quienes hayan visto The Jane Austen Book Club, pueden explayarse sobre la película; ¡Dejen sus comentarios! ¡Buen miércoles para todos! 

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Sus películas del año (y un video de regalo) (¡y Feliz 2013!)

Foto: Florencia Cames & Santiago Idelson

Harry: so how’s the writing going?
Erica: puring out of me now, go figure 

(Alguien tiene que ceder, 2003, Nancy Meyers)

“No sé cómo hice todavía para superar ciertas cosas que me pasaron este año”. Del otro lado del teléfono estaba la voz de mi amigo, que me dijo: “creo que fue por toda la catarsis que hiciste en el blog”. Nunca lo había pensado de esa manera. Mejor dicho: siempre supe que en la categoría “A la deriva” mis textos eran por lo general personales o estaban ligados a una experiencia reciente (o no tanto). Lo que nunca supe es que las horas y horas de escritura acumuladas, los minutos y minutos de pánico ante la página en blanco, iban a colaborar a expulsar lo que no podría hacer de otro modo. Vivir y respirar palabras. No es secreto, porque ya lo conté, pero este año murió mi tío y se generó una suerte de efecto dominó, réplicas que me forzaron a cambiar mi manera de ver las cosas. Sobre todo porque nadie lo esperaba. Sobre todo porque cuando alguien se va, lo hace sin la noción de lo que esa partida ocasiona en el resto. No sé si fue ese hecho puntual el que me hizo volverme más consciente de que si no tomaba a la escritura en serio (o más en serio), si no ponía algo de mí entrelíneas, entonces todo lentamente iba a empezar a carecer de sentido, todo iba a tornarse monótono e impersonal, exactamente lo opuesto a lo que me propuse cuando hace dos años y medio concebí este blog. Pero esa idea ya se había cristalizado antes, en mi viaje de vuelta a Argentina este año, cuando en el avión pasaron Moneyball y pensé que su trasfondo estaba relacionado con ese regreso. Sin saberlo, eso marcó el pulso de muchos de los posts de este año, donde me encontré con el cine desde un lugar que a veces se abandona en vías de análisis más estructurados. Y ese lugar, creo yo, es la vida de uno. Y no solo porque determinadas historias presenten episodios reconocibles, no solo porque una escena puede teletransportarte a un momento, no solo porque algunas palabras se asemejan a nuestros pensamientos. El vínculo también es otro: las películas son parte de lo cotidiano incluso cuando están de manera inconsciente rebotando y rebotando, hasta que las hacemos salir a la superficie, también sin quererlo.

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Este blog, como esas películas, es una gran parte de mi vida, casi una existencia paralela, con una familia paralela (ustedes), con desafíos paralelos (el pensar cada post), con necesidades paralelas (emplear el cadáver exquisito como técnica), con pequeños logros (textos que, al concluirlos, me dejan bien) y con algunas decepciones (textos a los que no pude dedicarles más tiempo). Lo mágico, para mí, es cuando la vida principal y la vida paralela se interconectan o se funden en una: cuando los leo, cuando los saludo, cuando me escriben, cuando a algunos los veo en el plano “real”. Como dice Charlie: “Sé que todo esto algún día va a ser una historia. Y que nuestras imágenes se van a convertir en viejas fotografías. Pero ahora estos momentos no son solo historias. Esto está pasando. Estás vivo, estás escuchando esa canción y, en ese momento, somos infinitos”. Este blog es como un diario íntimo signado por la inmediatez, por el ahora, por dar vuelta la página cada día que pasa. Sin embargo, el día que publico algo como esto y ustedes comparten sus impresiones, o el día en que me devuelven la confianza cuando me siento segura de haber escrito algo que la genere, esos días, esos momentos, efectivamente dejan de ser historias y pasan a ser, como dicen en una novela, unos cuantos “por siempre” en estos días “numerados” que un blog tiene. Porque se supone que un blog es algo de esencia automática, con pautas, reglas, condiciones sine qua non versión 2.0. Escribir, publicar, responder. Escribir, publicar, responder. Pero ya no estoy tan convencida. Este año especialmente llegué a la conclusión de que nunca me hicieron sentir eso, de que este lugar es bastante más. Que no necesita de reglas, de un cierto número de clicks, que está regido por otra cosa y que, en momentos en los cuales me costó mucho sentarme a escribir o a pensar qué podría ser interesante para ustedes, siempre hubo algo que me mantuvo con las manos en el teclado. Sí, Charlie dice que en algún momento todo esto va a pasar a ser una historia. A veces me pregunto a quién le voy a contar, dentro de unos años, sobre Cinescalas y todo lo que me trajo. El mero pensamiento me hace querer reconfortarme en esa idea de infinito pensando en un eterno transcurrir, en que esto no va a perecer nunca, en que podemos ser héroes por más de un día. Como compartí hace poco, cada comienzo de año (o de lo que sea) implica buscar un gran “quizás”. Yo, en este espacio, voy también en busca de uno nuevo. Espero en el 2013 seguir teniéndolos a ustedes del otro lado del monitor. O, mejor dicho, al lado mío.  

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MI TOP FIVE DE PELÍCULAS DEL AÑO:

*1. Eternamente comprometidos (Nicholas Stoller)

*2. Argo (Ben Affleck)

*3. Safety Not Guaranteed (Colin Trevorrow)

*4. The Grey (Joe Carnahan)

*5. Take This Waltz (Sarah Polley)

* Mención especial: Ted (Seth MacFarlane)

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AHORA SÍ: SUS PELÍCULAS DEL AÑO:

Hace unas semanas, todos ustedes recibieron un mail de mi parte. ¿La propuesta? Que se saquen una foto con un cartel que represente su película del año (una que los haya marcado incluso no siendo del 2012). En el video de acá abajo están quienes pasan a comentar, quienes son lectores silenciosos, quienes participan asiduamente en la página del blog en Facebook, quienes ganaron concursos, quienes escribieron los lunes, quienes filmaron cortos. En síntesis: quienes integran la comunidad de este blog, cada uno a su manera. Este video es mi modo de agradecerles por la compañía constante, es mi modo de facilitar que se puedan conocer entre ustedes, es mi regalo para culminar un año personal del que han sido una parte fundamental. El agradecimiento lo quiero hacer extensivo a quienes no pudieron mandar foto pero igualmente se hicieron eco de la convocatoria (pido disculpas si a alguien no le llegó el mail, ese día me quemé las pestañas escribiendo/enviando y quizás dejé algún nombre afuera; si es así, háganmelo saber retándome o como sea y en la próxima lo compensamos) y a Matías Aimar, quien me ayudó con mucha paciencia a editar lo que van a ver. Gracias también a quienes se jugaron con la producción y a quienes se animaron a caracterizarse como algún personaje de su película del año (lo cual explica mi inexplicable foto de apertura del post). Sin más preámbulos, y con Queen como siempre musicalizando los momentos emotivos de Cinescalas, les dejo el video. Son grosos, sépanlo. A las pruebas me remito:

 

Cinescalas - Video Fin de año 2012 from lanacion.com on Vimeo.

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*De yapa: como todos los años, les dejo un compilado que, en este caso, hizo la gente de Cinema con todas las películas del 2012 en 8 minutos, y que arranca con uno de mis temas favoritos de los Black Keys. Que lo disfruten:

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Bueno, muchachada, la última consigna del año: ¿Cuál es su Top Five de películas de este 2012? Pueden sumar menciones especiales si así lo desean; les agradezco de nuevo por la compañía en este espacio, es realmente un placer compartir parte de mis días con ustedes aquí; ¡Que tengan un excelente comienzo de año! ¡Feliz 2013 para todos! Nos reencontramos el miércoles 2 😉

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Lo mejor del 2012: Las actrices

Un año después de la muerte de su hermano, Jack (Mark Duplass) escucha a un amigo de éste brindar un prolongado – y algo afectado – discurso homenaje. Que era una persona generosa, que siempre se ponía por detrás de las necesidades de los demás, que esto, que lo otro. Todo bueno. Porque nadie se atreve a hablar de las miserias de quienes no están, aunque sean miserias comunes a todos, o a la gran mayoría. No. Hay que evocar anécdotas que nos hagan sentir bien, que nos hagan recordar con una parcialidad bastante llamativa, y que no terminen por empeorar la situación. Para Jack todo eso es una pantomima. Por eso, interrumpe el discurso y refuta todas esas anécdotas con aquellas que hablan de cómo era verdaderamente su hermano: una persona compleja que no siempre tenía esa habilidad para poner a los demás primero. Pero en medio del momento tenso, la cámara de Lynn Shelton se concentra en Iris, se concentra en Emily Blunt, ex novia del hermano de Jack y ahora la mejor amiga de él. Dura menos de un minuto, pero ese plano desnuda, con total y bella honestidad, qué hace de Blunt una actriz formidable: su forma de preguntarle al personaje de Duplass si está bien, si quiere ayuda, si la necesita. A ese intercambio mudo de impresiones le sucede una de las conversaciones más naturales de Your Sister’s Sister, dos amigos hablando en un pasillo, uno reconfortando al otro. Posteriormente, la película (sí, otra indie, sí con la música como amparo) focaliza en la interacción entre Jack, Iris y la hermana de ella (la increíble Rosemarie DeWitt), quienes a partir de una seguidilla de circunstancias dignas de una sitcom (acá más pesadas) se van conociendo más, se van confesando y, sin buscarlo, se van cambiando el futuro.

Emily Blunt y Mark Duplass en Your Sister’s Sister

Mencionaría más de una vez el adjetivo “natural” para hablar del film de Lynn Shelton porque lo cierto es que hay pocos que le hagan la misma justicia. En la historia nada está forzado (tanto así que prácticamente no tiene final, los personajes están en un transcurrir eterno) y en los ojos celestes de Blunt se confunden la necesidad de decir en voz alta lo que siempre estuvo en un plano subterráneo, la preocupación por el presente de su hermana y la esperanza de construir de cero, dejando atrás tanto tanto a ese novio que ya no está como a los miedos por empezar de nuevo. Blunt es genuina. Y no solo lo percibimos en Your Sister’s Sister. También lo percibimos en Looper y su prestancia, mezcla de heroína de western, algo de femme fatale y mucho de mujer quebrada que quiere otra chance para demostrar que efectivamente puede proteger a su hijo. Y, claro, también lo percibimos en Eternamente comprometidos cuando su Violet se reencuentra con Tom y advierte que si la vida te vuelve a poner por delante a alguien que te merece, no tiene sentido girar sobre planes, planes y planes que retrasen la concreción de un destino en común. De eso se trató el año cinematográfico de Blunt. De personajes que tienen a su alcance segundas oportunidades. De personajes lo suficientemente inteligentes como para aprovecharlas.

 *Les dejo algunas imágenes de Your Sister’s Sister:

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*Menciones especiales para…

Michelle Williams (Take This Waltz, My Week with Marilyn)

Brit Marling (Arbitrage, Sound of My Voice)

Felicity Jones (Like Crazy)

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Seguimos con el balance y las consignas: ¿Cuáles les parecieron las mejores actuaciones femeninas del 2012? ¿Cuál es el mejor papel de Emily Blunt? ¿De qué otros actores y/o directores quisieran ver post? ¡Comenten! ¡Buen Finde para todos!

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Todos los planes

“All the plans we make and all the plans we made…”

Hay muchas maneras de reflejar el paso del tiempo. Tomemos como ejemplo El ciudadano, donde Orson Welles mostraba el deterioro de un matrimonio a través de una sucesión de planos en un mismo lugar: la cocina. Primero vemos a la pareja compartiendo desayunos, almuerzos, cenas, sin que nada se interponga en la comodidad del momento, sin que nada altere lo que sería ese espacio de comunión con fin único: compartir. Pero a esas primeras escenas las suceden otras que generan una sensación opuesta, un abismo, una distancia irreconciliable entre ese hombre y esa mujer. Ella, en una punta; él, en otra. La conversación no parece existir y el contacto visual es infrecuente. Sin una palabra de guión, Welles pinta todo el panorama con un poder de síntesis abrumador. ¿Qué panorama? El fin de las cosas. La transitoriedad. El efecto del tiempo. Traigo a colación a la enorme El ciudadano porque mirando Eternamente comprometidos advertí que este film también se propone mostrar el paso del tiempo de manera peculiar, incluso de manera anómala para lo que es su género. Como sucedía en Marley y yo (película que parece ser una cosa y termina siendo otra), el film de Nicholas Stoller parte de una premisa y desemboca en lugares mucho más densos, incluso oscuros. La propuesta de casamiento de Tom (Jason Segel, quien, si había algún atisbo de duda, acá se termina consolidando como guionista) a Violet (Emily Blunt) es solo el comienzo de la historia, así como en el film de David Frankel la boda entre John y Jennifer era también un preludio. Pero, ¿en dónde juega su papel el tiempo en todo esto?

Eternamente comprometidos cuenta con una subtrama que, a pesar de su carácter casi parentético, se convierte en el epicentro de las situaciones: Violet tiene a todos sus abuelos vivos. Su madre, al ver cómo la concreción de la boda se va posponiendo por situaciones imprevistas, le pide a su hija que no deje pasar el tiempo, que sus abuelos son grandes y quieren verla en ese instante tan ansiado. La escena está construida como gag, como un episodio cómico sin (aparente) futuro desarrollo. Sin embargo, la película lo toma como puntapié y, a medida que esa boda se retrasa, entre escenas mucho más extensas que narran el porqué de esa dilatación, Stoller intercala los funerales de cada uno de los abuelos de Violet con precisión, sutileza y, sobre todo, sin la necesidad de una verbalización de lo que eso provoca internamente en ella, en su familia y en Tom. El discurso está presente, pero nunca subrayado. Eternamente comprometidos es una película sobre (y para) quienes están en una situación controlada, para quienes creen tener (nuevamente podemos retomar Marley y yo) una vida armada, lo que los lleva a no poder contemplar la posibilidad de las pérdidas. Así como Violet prioriza su carrera y va dejando a un lado la concreción del matrimonio, Tom opta por acompañarla pero nunca siendo completamente sincero. No es feliz y no lo dice. Sin embargo, más allá de las actitudes, ambos están haciendo lo mismo: subestimando al tiempo. Es por esto que la película es más larga que el parámetro habitual para las comedias románticas. Nos hace sentir el peso de esa inconstancia en la pareja, sabiendo que en algún momento la cuerda se va a cortar y una decisión va a tener que ser tomada. No podríamos nunca percibir en su totalidad lo complejo que es vivir acompañado por alguien (y acompañando a alguien), resignando cosas por el otro, adaptándose a nuevos espacios (en el film hay un permanente cambio de locaciones) si hubiese habido presura o anticipación a los hechos. Acá, desde el comienzo, desde su título original (The Five-Year Engagement), sabemos que la resolución de las cosas no será inmediata.

Pero tampoco estamos ante una película pesimista, sino más bien realista. Y el realismo es aportado en gran medida por la brillante dupla conformada por Alison Brie y Chris Pratt. Por lo general, las comedias nos (mal)acostumbran a personajes secundarios que solo funcionan como soportes de los protagonistas, como si no se les quisiera dar autonomía. Acá sucede todo lo contrario. Tanto un personaje (Suzie, la hermana de Violet) como el otro (Alex, el mejor amigo de Tom) son quienes nos dan a conocer la otra cara de la moneda. Ellos representan una relación que se generó sorpresivamente y que derivó en un matrimonio impensado, en una familia aún menos concebible y, especialmente, en una pareja que está más dispuesta a renunciar al egoísmo para que el otro sea feliz. Lo dice Suzie cuando le cuenta a Violet de cómo nunca pensó que, habiendo sido la chica caprichosa que efectivamente fue, terminó todos sus días limpiando el vómito de sus hijos de su remera. Luego, con esa dulzura que caracteriza a Alison Brie, agrega que está en paz con cómo se dieron las cosas en su vida, mostrándole así a Violet que ella no había llegado a la madurez (al menos no a la momentánea, no creo que exista la madurez absoluta) porque nunca había hecho un verdadero sacrificio, siempre se había manejado pendularmente. Y también lo dice Alex (Chris Pratt, excelente) cuando le aconseja a Tom (en otro episodio hilarante, porque el film sabe cómo atenuar las cosas) que no se recluya en sí mismo, que no puede estar en una relación sin expresar lo que realmente necesita.

Les dejo imágenes de la película:

En una canción de Pulp, Jarvis Cocker escribió: “¿Qué es esto que me está pasando? (y el mundo empieza a girar y a girar al otro lado de la ventana, más y más y más rápido, y este es el único lugar enfocado, el anzuelo de lo que cuelga todo lo demás) ¿Qué es esto que me está pasando?”. La respuesta está en el título del tema: “Feeling Called Love”. A fin de cuentas, el amor es lo único que nos motiva a generar todos los planes posibles, aunque la vida sea la que los ponga a prueba, la que los altere. También lo dijo Thom Yorke: “You are my center when I spin away out of control”. Eternamente comprometidos nos presenta, nos hace conocer, a una pareja que hace y deshace proyectos, pero siempre sabiendo que son el punto al que quieren volver. Que poco importan los escollos cuando se tiene en claro qué es lo que te devuelve a tu eje, qué es lo que, como escribió Jarvis, nos enfoca cuando el resto del mundo está girando. Por eso, en la mejor escena cerca del final (y antes del gran segundo empleo de “Cucurrucucu Paloma”), cuando Suzie le dice a Violet que no existe “la galleta correcta”, que a veces hay que “elegir una y morder”, sabemos que está hablando de lo mismo. El tiempo no espera a nadie. Se pueden pasar dos, tres, cinco años queriendo concretar algo y fracasando en el camino. Pero si tomamos una decisión, si no quedamos pasivos o dubitativos ante los vaivenes de la vida, el tiempo va a cumplir otro rol y la idea de eternidad al lado de alguien va a ser mucho menos aterradora y mucho más disfrutable. ¿Quién sabe lo que va a pasar de acá en adelante? Parafraseando a Celine, las respuestas definitivas no las tiene nadie, la respuesta a cómo lograr el equilibrio y la felicidad no tendrían que estar en el resultado: tendrían que estar en el intento.

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¿Vieron Eternamente comprometidos? ¿Qué les pareció? Los invito a sumar películas sobre bodas (o escenas) en el post de hoy; ¡Espero sus comentarios! ¡Saludos a toda la muchachada!

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