Diablo Cody sigue sin querer crecer

Hoy en Cinescalas escribe: Florencia Gaudio

Tuve ganas de ver Young Adult ni bien supe de su existencia. Es que siempre me sentí identificada con Diablo Cody. Desde que la conozco. Vamos, no creo ser la única a la que le pasan este tipo de cosas. Piensen un poco, seguro ustedes también tienen un realizador o guionista que no solo cuenta las historias que quieren ver, sino que además los incomoda, los hace sentir inquietos o, por el contrario, logra que se sientan a gusto, como si la historia llevada a la pantalla fuera demasiado cercana, demasiado real y palpable para nosotros.

En mi caso, hace años que Cody es una de las que se robó ese puesto. No, no quedé embarazada en la adolescencia ni poseo un teléfono con forma de hamburguesa, pero aún estoy esperando que Ellen Page coloque un centenar de cajitas de Tic-Tac en mi buzón. Tampoco fui ofrendada en un rito satánico ni tengo un demonio en el cuerpo, sin embargo entiendo muy bien el concepto de “high school evil”, y aunque no me diagnosticaron con desorden de personalidad, la gente que me conoce sabe que estoy a un paso de luchar contra mis alters por la supremacía de mi cuerpo. Y no, definitivamente no fui la reina de la promoción (no solo por cuestiones geográficas), pero puedo comprender a la perfección la desazón que experimenta Mavis Gary en Young Adult, la última creación de Cody. Es precisamente con esta película con la que pude echar luz sobre el asunto. Así comprendí que siempre hay algo en la obra de Cody que consigue hacerme sentir identificada, sin importar la historia en cuestión, la ciudad donde transcurre o los personajes.

En esta comedia dramática (más dramática que comedia), Charlize Theron interpreta a una treintañera que vive en Minneapolis, Minnesota, y que se dedica a escribir novelas para jóvenes adultos. Se podría decir que con estos libros se gana la vida. El dinero de su trabajo le permite pagar un lindo departamento, un Mini Cooper, un perro Pomerania al que descuida tanto como a su auto, una Nintendo Wii y las botellas de Coca-Cola light con las que desayuna. A medida que transcurren los minutos es claro para los espectadores que Mavis apenas existe en su impasible realidad, pero a ella le costará un poco más darse cuenta de que está de fango hasta las orejas. Mavis escribe los famosos libros “YA” (sigla correspondiente a Young Adult), uno de los tantos subgrupos en los que el marketing suele dividir las industrias, en este caso la editorial, según el destinatario del producto. La amplitud y vaguedad del término abarca desde niños que apenas pisan la pubertad hasta aquellos jóvenes que están partiendo hacia la universidad. Libros como Harry Potter, Crepúsculo o Los juegos del hambre dejan sus temáticas sobrenaturales o posapocalípticas de lado y se agrupan en las estanterías bajo el rótulo de literatura “YA”, siguiendo la premisa de estar protagonizados por jóvenes que lidian con nuevas realidades. Mavis Gary es la persona ideal para escribir este tipo de libros. Después de todo, está claro que Mavis no quiere crecer.

Con esta nueva película, en la que la guionista vuelve a formar dupla con Jason Reitman, director de Juno, film que le valió su primer Oscar al Mejor Guion Original, me queda clara una idea que hace tiempo ronda mi cabeza, pero que no terminaba de tomar forma: creo que Diablo Cody sufre del síndrome de Peter Pan. El síndrome de Peter Pan no es una enfermedad mental reconocida como tal, pero es un término popular que se utiliza para describir al conjunto de características de comportamiento de ciertas personas que parecen no aceptar las reglas de la sociedad y de la vida en general; por ejemplo una cuestión tan básica como que el tiempo transcurre irremediablemente. Quienes sufren el síndrome de Peter Pan no quieren crecer. Lo sé, porque lo padezco. Yo no quiero crecer; Mavis Gary, tampoco.

Mavis vive en un pasado de esplendor, no hay nadie en su pueblo natal que no conozca su nombre, y es allí hacia donde se dirige mientras su vida se está yendo al tacho, movilizada por un mail de la esposa de su ex novio. El muchachito con el que se paseaba del brazo por los pasillos del colegio (interpretado por Patrick Wilson) ya no es el joven alocado que ella conoció, el mail le informa que acaba de ser padre, y a ella esa cruda realidad la agobia aún a la distancia. ¿Qué tal si pudiera recuperarlo? O mejor, ¿qué tal si pudiera recuperar todo aquello que la convertía en la envidia de sus compañeros de escuela? Mavis carga al pobre Pomerania en un bolso, se trepa al Mini Cooper, y repite una y otra vez la misma canción, una canción de su adolescencia (“la” canción), que musicalizará su viaje mientras recorre la ruta de vuelta al pasado.

Diablo Cody tiene una tendencia a contar historias de adolescentes, de la misma manera que Mavis únicamente puede narrar con pericia los días de gloria de una queen bee de secundaria de pueblo pequeño perdido en algún estado del país de la Estatua de la Libertad. No importa en qué parte de su vasto territorio transcurra la acción, siempre es una ciudad pequeña de barrios apacibles, donde la hermosa casa con amplios jardines oculta algo más que una simple familia disfuncional americana. Juno podría asistir al mismo colegio que Mavis y posiblemente jamás llegaran a ser amigas. Claro que la pequeña de personalidad extravagante no le daría a la chica popular la oportunidad de burlarse de ella. A la vez, Mavis podría vivir en el mismo barrio de casitas similares que habita la familia de United States of Tara, la interesante serie de televisión creada por Cody, y quizás se llevaría bien con Kate, la hija adolescente de la mujer de múltiples personalidades. Arriesgándome un poco, quizás Jennifer, la porrista malvada de Diabólica Tentación, estaba destinada a convertirse en la exitosa Mavis Gary, la porrista que logró escapar del pueblo para triunfar en la ciudad. Claro, todo esto si Jennifer no hubiese terminado poseída por un demonio y eliminada por Needy, su mejor amiga.

En general, los personajes femeninos del universo creado por la stripper devenida en blogger/escritora/guionista luchan constantemente con dos realidades: crecer o no crecer. Y sí, esa es la cuestión. Cuando se tiene que enfrentar a su mejor amiga, a Needy le toca crecer de golpe dentro del film de 2009, que parodia las películas de terror adolescente y que pasó por el cine sin pena ni gloria. Lo mismo le sucede a Juno, que aunque intenta no quemar etapas y toma una inteligente decisión para poder seguir disfrutando de la libertad de su edad, termina madurando de todas formas, porque es esa misma decisión la que la coloca sin escalas en la puerta de la adultez. Por el contrario, Kate, en la serie producida por Steven Spielberg, anhela crecer y es capaz de terminar la escuela en tiempo récord con tal de comenzar su vida alejada de la disfuncional casa familiar en la que le tocó nacer. Es también en United States of Tara donde Charmaine antecede a la protagonista de Adultos jóvenes en su problemática, es que la tía de Kate creció a la sombra de su peculiar hermana (y de sus diversas personalidades), y ahora que superó la barrera de los treinta parece añorar la libertad y la despreocupación de los años teen. Y mientras las papas queman en cada capítulo, la irresponsable y narcisista Charmaine se muestra rebelde y poco empática hacia la enfermedad de su hermana.

De igual forma, narcisista como pocas, Mavis Gary se da de lleno contra la realidad al pisar su pueblo natal, al reencontrarse con su ex, con antiguos compañeros y con todo aquello de lo que se había alejado. Su soledad, su incapacidad de compromiso y su poco interés por ocuparse de algo, ni siquiera de su perro, se ponen de manifiesto con más fuerza cuando el pasado llega con furia a morderle el trasero. Pero cómo explicarle a Diablo, a las Charmaine, a las Mavis, o incluso a mí, que la realidad y el paso del tiempo son inevitables. ¿Cómo entender que no siempre se puede volar y escapar por la ventana? ¿Cómo aceptar que Nunca Jamás ya no es tan amigable como solía ser y que allí no volveremos a ser las mismas, porque ya nada es igual?

No me lo expliquen, y no, no dejen que Diablo Cody lo descubra tampoco. Ansío compartir por muchos años más el sentimiento de nostalgia que experimentan sus extraños personajes, viviendo sus agridulces vidas, mientras recorren (ellos o yo) el camino hacia un pasado que muchas veces creemos mejor.

Por Florencia Gaudio

¿Vieron Young Adult? ¿Qué opinan de los guiones y/o creaciones de Diablo Cody? ¡Dejen sus comentarios!; para escribir en Cinescalas solo deben mandar sus notas a milyyorke@gmail.com

——————————————-

OFF TOPIC: NOS REENCONTRAMOS EN EL BLOG EL MIÉRCOLES, CON NUEVA SECCIÓN

———————————————-

* RECUERDEN QUE SI QUIEREN SEGUIR LAS NOVEDADES DE CINESCALAS POR FACEBOOK, ENTREN AQUÍ. Y CLICKEEN EN EL BOTÓN DE “ME GUSTA” ¡GRACIAS!

Mi ballena con moraleja

Hoy en Cinescalas escribe: Martín Folco

Debo empezar a escribir aclarando que Juno es muy especial para mí, la película y el personaje, interpretado brillantemente por mi amada Ellen Page. Y si, es especial por la calidez de las imágenes, por la perfecta composición de personajes, conversaciones y lugares, escritos perfectamente por quien era, en ese momento, una Don Nadie. Es especial también, por su banda sonora (súper indie, acompañando el clima de la película todo el tiempo, como si la mayoría de las canciones hubiesen sido escritas especialmente para la película), elegida con mucho amor y ayuda, también, de la actriz principal, quién respondió sin dudas “¡The Moldy Peaches!” cuando le preguntaron que tipo de música debería tener.

Pero Juno no escucha ese tipo de música, ella es fanática del punk (quien, para ella, 1977 fue el año dorado del género), y es fanatica de Iggy Pop, The Runaways y Patti Smith (la actriz es, también, una gran fanática de Patti). Juno tiene 16 años, pero parece más grande. No sé cuánto. Ella es de ese tipo de personas a las que uno no les puede adivinar la edad. Lo que la hace tan grande es su sentido del humor y su madurez. Luego de perder la virginidad con su novio (Paulie Bleeker, un nerd amante de los tic-tacs de naranja quien sale a correr todas las mañanas), Juno queda embarazada. Y, claro, lo primero que hace es llamar a su mejor amiga Leah para contarle, y que la ayude a mover unos muebles hacia la casa de Paulie para contarle. Luego de esperarlo afuera de la casa sentada en un sillon, Juno le cuenta que esta esperando un hijo, y Paulie, luego de un silencio magistral, le dice que la acompañará en cualquier decisión.

La decisión principal es abortar el bebé, cortarlo de la raíz antes de que empiece a crecer. Pero en la clínica el pánico y miedo la inunda, y sale corriendo cuando Su-Chin, una compañera que protesta en contra del aborto, le dice que el bebé tiene uñas. Ese fue el dato que terminó de asegurarle que no puede abortarlo. Entonces decide darle el bebé a una pareja que anhele un hijo más que ella. Juno vive con su padre, su madrastra y la hijita de ellos. Su relación con ellos es de envidiar, y ellos también le brindan su apoyo luego de enterarse de la noticia. Después de un momento de divagación, el padre le confiesa que pensaba que era del tipo de chicas que sabía decir que no. Y Juno le responde que en realidad no sabe qué tipo de chica es. Pero hay un momento en el que Juno se desmorona, y es cuando el futuro padre adoptivo de su hijo decide dejar a su mujer. Y ahí todos los planes de Juno se vienen abajo, dejándole toda la carga y responsabilidad que creyó que les había dejado. Y en ese momento, es cuando se da cuenta de lo mucho que le gusta estar en su casa y, luego de hablar con su padre, se da cuenta de que está enamorada de Paulie, de que él es el chico para ella. Y como muestra de afecto, le llena su buzón de tic-tacs.

Esta no es una de esas películas de embarazos adolescentes donde la chica sufre todo el tiempo, tiene al bebé y lo cría con todas sus fuerzas, sin ayuda. Juno está contada desde otro punto de vista, cuando Diablo Cody pensó “escribiré sobre una chica embarazada, pero dónde la protagonista dé el bebé en adopción y trate de seguir su vida”, y eso hizo enojar a mucha gente. He hablado con todas las personas que pude sobre esta película (que se convirtió casi en una obsesión, dado que también toca bastantes puntos personales) y las opiniones pasaron desde las parecidas a la mía, hasta los que piensan que Juno es una “aberración a la humanidad” (!?) y una “mocosa inmadura”, y que la película es un incentivo para que las adolescentes se embaracen. Justamente es a ese tipo de personas a la cual la película no iba dirigida. En mi opinión, Juno no es inmadura, sino, totalmente lo contrario.

Después de unos minutos de la película te olvidas que tiene 16 años, si no que ya dejas de medir a la persona por la edad. Por su humor, sagacidad, desenvolvimiento, sobretodo en su agudez. Y el momento en el que decide no quedarse con el bebé, genera incomodidad en cierta gente. Pero porque no pueden entender el dolor que Juno está sintiendo. Porque no lo muestra, lo traga y lo digiere. Y uno cree que merece darse cuenta de la situación y hacerse cargo del hijo. Pero Juno es muy consciente de que ella, a sus 16 años, no puede (ni quiere) criar un hijo. Seguramente pueda, pero no está preparada, y una familia que sí lo quiera va a ser un ambiente más sano y mejor para el hijo. Y de todo esto, de hacerse cargo de lo que pasa en la cabeza del personaje y de lo que exterioriza, sólo puede encargarse Ellen Page, quien te deja sin palabras. Como si el personaje hubiese sido escrito especialmente para ella. Juno me devolvió la fe, esa que ella tanto había perdido en un momento. Si mucha gente logro emocionarse con Juno, es porque algo en su corazón les tocó. Y no se trata de un dramón dónde la madre de una familia se muere de cáncer y deja a sus hijos diabéticos y disléxicos a cargo de un padre alcoholico y drogadicto. No. Es más, se puede considerar tranquilamente una comedia, aunque no se trate de algo gracioso. Aunque, obviamente, si se trata de bebés a uno le va a despertar ternura en su corazón.

Es ese ambiente tan independiente, esas imágenes tan vivas, esa música que encaja perfectamente en cada fotograma, esos diálogos hilarantes y vivos, y por último, los personajes. Desde Su-Chin – la compañera en contra del aborto- pasando por la madre que le manda un cáctus todos los años, hasta finalmente Juno. Es el conjunto de pequeñas partes que te llenan de amor, una sonrisa y tal vez, una lágrima en la cara. Y esas emociones que te despierta, te hacen querer salir a la calle y cantar sus canciones, conocer gente como Juno y Paulie, querer, amar, sonreir, y volver a creer en la humanidad…

Por Martín Folco

Como regalo, la cancion final:


¿Qué opinan de JUNO? ¿Sobrevaluada o a la altura de los halagos? ¡Espero sus comentarios!; si quieren escribir en Cinescalas manden sus notas a milyyorke@gmail.com, ¡gracias!

* RECUERDEN QUE SI QUIEREN SEGUIR LAS NOVEDADES DE CINESCALAS POR FACEBOOK, ENTREN AQUÍ. Y CLICKEEN EN EL BOTÓN DE “ME GUSTA” ¡GRACIAS!