Todos los planes

“All the plans we make and all the plans we made…”

Hay muchas maneras de reflejar el paso del tiempo. Tomemos como ejemplo El ciudadano, donde Orson Welles mostraba el deterioro de un matrimonio a través de una sucesión de planos en un mismo lugar: la cocina. Primero vemos a la pareja compartiendo desayunos, almuerzos, cenas, sin que nada se interponga en la comodidad del momento, sin que nada altere lo que sería ese espacio de comunión con fin único: compartir. Pero a esas primeras escenas las suceden otras que generan una sensación opuesta, un abismo, una distancia irreconciliable entre ese hombre y esa mujer. Ella, en una punta; él, en otra. La conversación no parece existir y el contacto visual es infrecuente. Sin una palabra de guión, Welles pinta todo el panorama con un poder de síntesis abrumador. ¿Qué panorama? El fin de las cosas. La transitoriedad. El efecto del tiempo. Traigo a colación a la enorme El ciudadano porque mirando Eternamente comprometidos advertí que este film también se propone mostrar el paso del tiempo de manera peculiar, incluso de manera anómala para lo que es su género. Como sucedía en Marley y yo (película que parece ser una cosa y termina siendo otra), el film de Nicholas Stoller parte de una premisa y desemboca en lugares mucho más densos, incluso oscuros. La propuesta de casamiento de Tom (Jason Segel, quien, si había algún atisbo de duda, acá se termina consolidando como guionista) a Violet (Emily Blunt) es solo el comienzo de la historia, así como en el film de David Frankel la boda entre John y Jennifer era también un preludio. Pero, ¿en dónde juega su papel el tiempo en todo esto?

Eternamente comprometidos cuenta con una subtrama que, a pesar de su carácter casi parentético, se convierte en el epicentro de las situaciones: Violet tiene a todos sus abuelos vivos. Su madre, al ver cómo la concreción de la boda se va posponiendo por situaciones imprevistas, le pide a su hija que no deje pasar el tiempo, que sus abuelos son grandes y quieren verla en ese instante tan ansiado. La escena está construida como gag, como un episodio cómico sin (aparente) futuro desarrollo. Sin embargo, la película lo toma como puntapié y, a medida que esa boda se retrasa, entre escenas mucho más extensas que narran el porqué de esa dilatación, Stoller intercala los funerales de cada uno de los abuelos de Violet con precisión, sutileza y, sobre todo, sin la necesidad de una verbalización de lo que eso provoca internamente en ella, en su familia y en Tom. El discurso está presente, pero nunca subrayado. Eternamente comprometidos es una película sobre (y para) quienes están en una situación controlada, para quienes creen tener (nuevamente podemos retomar Marley y yo) una vida armada, lo que los lleva a no poder contemplar la posibilidad de las pérdidas. Así como Violet prioriza su carrera y va dejando a un lado la concreción del matrimonio, Tom opta por acompañarla pero nunca siendo completamente sincero. No es feliz y no lo dice. Sin embargo, más allá de las actitudes, ambos están haciendo lo mismo: subestimando al tiempo. Es por esto que la película es más larga que el parámetro habitual para las comedias románticas. Nos hace sentir el peso de esa inconstancia en la pareja, sabiendo que en algún momento la cuerda se va a cortar y una decisión va a tener que ser tomada. No podríamos nunca percibir en su totalidad lo complejo que es vivir acompañado por alguien (y acompañando a alguien), resignando cosas por el otro, adaptándose a nuevos espacios (en el film hay un permanente cambio de locaciones) si hubiese habido presura o anticipación a los hechos. Acá, desde el comienzo, desde su título original (The Five-Year Engagement), sabemos que la resolución de las cosas no será inmediata.

Pero tampoco estamos ante una película pesimista, sino más bien realista. Y el realismo es aportado en gran medida por la brillante dupla conformada por Alison Brie y Chris Pratt. Por lo general, las comedias nos (mal)acostumbran a personajes secundarios que solo funcionan como soportes de los protagonistas, como si no se les quisiera dar autonomía. Acá sucede todo lo contrario. Tanto un personaje (Suzie, la hermana de Violet) como el otro (Alex, el mejor amigo de Tom) son quienes nos dan a conocer la otra cara de la moneda. Ellos representan una relación que se generó sorpresivamente y que derivó en un matrimonio impensado, en una familia aún menos concebible y, especialmente, en una pareja que está más dispuesta a renunciar al egoísmo para que el otro sea feliz. Lo dice Suzie cuando le cuenta a Violet de cómo nunca pensó que, habiendo sido la chica caprichosa que efectivamente fue, terminó todos sus días limpiando el vómito de sus hijos de su remera. Luego, con esa dulzura que caracteriza a Alison Brie, agrega que está en paz con cómo se dieron las cosas en su vida, mostrándole así a Violet que ella no había llegado a la madurez (al menos no a la momentánea, no creo que exista la madurez absoluta) porque nunca había hecho un verdadero sacrificio, siempre se había manejado pendularmente. Y también lo dice Alex (Chris Pratt, excelente) cuando le aconseja a Tom (en otro episodio hilarante, porque el film sabe cómo atenuar las cosas) que no se recluya en sí mismo, que no puede estar en una relación sin expresar lo que realmente necesita.

Les dejo imágenes de la película:

En una canción de Pulp, Jarvis Cocker escribió: “¿Qué es esto que me está pasando? (y el mundo empieza a girar y a girar al otro lado de la ventana, más y más y más rápido, y este es el único lugar enfocado, el anzuelo de lo que cuelga todo lo demás) ¿Qué es esto que me está pasando?”. La respuesta está en el título del tema: “Feeling Called Love”. A fin de cuentas, el amor es lo único que nos motiva a generar todos los planes posibles, aunque la vida sea la que los ponga a prueba, la que los altere. También lo dijo Thom Yorke: “You are my center when I spin away out of control”. Eternamente comprometidos nos presenta, nos hace conocer, a una pareja que hace y deshace proyectos, pero siempre sabiendo que son el punto al que quieren volver. Que poco importan los escollos cuando se tiene en claro qué es lo que te devuelve a tu eje, qué es lo que, como escribió Jarvis, nos enfoca cuando el resto del mundo está girando. Por eso, en la mejor escena cerca del final (y antes del gran segundo empleo de “Cucurrucucu Paloma”), cuando Suzie le dice a Violet que no existe “la galleta correcta”, que a veces hay que “elegir una y morder”, sabemos que está hablando de lo mismo. El tiempo no espera a nadie. Se pueden pasar dos, tres, cinco años queriendo concretar algo y fracasando en el camino. Pero si tomamos una decisión, si no quedamos pasivos o dubitativos ante los vaivenes de la vida, el tiempo va a cumplir otro rol y la idea de eternidad al lado de alguien va a ser mucho menos aterradora y mucho más disfrutable. ¿Quién sabe lo que va a pasar de acá en adelante? Parafraseando a Celine, las respuestas definitivas no las tiene nadie, la respuesta a cómo lograr el equilibrio y la felicidad no tendrían que estar en el resultado: tendrían que estar en el intento.

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¿Vieron Eternamente comprometidos? ¿Qué les pareció? Los invito a sumar películas sobre bodas (o escenas) en el post de hoy; ¡Espero sus comentarios! ¡Saludos a toda la muchachada!

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