Ellos tienen opiniones, yo tengo listas

 

nota

En un olvidado blog personal, una vez escribí esto:

“Hace poco hice mi primer e inolvidable viaje a Inglaterra. En roadtrips a Oxford y Brighton iba escuchando playlists. Me gustaba armar discos donde desde el primero hasta el último tema estén calculados y en los cuales el título que los englobe sea fundamental. Porque las listas son fundamentales.

Hace poco, leyendo High Fidelity me encuentro con Rob ratificando que a veces ”what you like” es más importante que “what you are like”. De ahí su maniática compulsión a jerarquizarlo todo. Y me gustó eso. Me gusta pensar que uno llega a ciertas frases en un determinado momento porque ya tiene la capacidad para interpretarlas de otro modo. Sin esas playlists, yo no se si hubiese entendido a Rob tanto. Y no importa que toda la novela de Hornby sea una refutación a lo que dice su protagonista. Me acuerdo de esas tardes eligiendo cuidadosamente con qué tema abrir y cerrar los discos y soy feliz. Como soy feliz sabiendo que existen libros como High Fidelity en el mundo. Ahí, tan cerca”.

Releo eso y no lo cambiaría. Hace poco hice otro viaje y volví a esa compulsión de hacer listas. Pero no es lo único que me une a mi personaje cinematográfico favorito, Rob Gordon. Si bien tengo mis diferencias con él, lo que me empuja a entenderlo a pesar de todo es la manera en la que tiende a ponderar todo aquello que lo constituye como persona (sus discos, por ejemplo). Pero para resumir mi atracción por este personaje, habría que ir al libro primero y releer este fragmento que dejo abajo. Y enamorarse de Hornby. Y, posteriormente, de lo que hizo en cine Stephen Frears, con John Cusack aún más querible que en Say Anything. Si esto es posible…

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Mirá esta escena de Alta fidelidad:

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