Con los ojos cerrados

 

“I see a small house built on the see, I could live there alone with a horse and a ukulele”

En el disco Wind in the Wires, Patrick Wolf se autodescribe mediante una serie de dicotomías. Es la tragedia, pero es el héroe. Está perdido, pero está rescatando…y así sigue antes de dar el grito “Mi nombre es Tristan ¡y estoy vivo!”. Todo eso es él, una suma de contradicciones, un ser humano en la perseverante búsqueda, búsqueda que, en su caso, no es solo la del amor sino la de un ideal de felicidad (“working for joy on overtime”) que no parece estar en ningún otro lado más que en su interior. Por eso, cada uno de sus discos están signados por recorridos geográficos, pero también por recorridos internos. “Dentro de un sueño pongo la brújula a girar”, canta en “Bluebells” y de eso se trata todo. De lanzar el dado. Este año, el poetainglés-niñogenio-damaris-libertino que es Wolf editó Lupercalia y John Lindquist dirigió un corto para presentarlo. Eso me condujo a pensar, reviendo los videos del cantante, en cómo lo dirigiría yo en una gira o cómo lo mostraría si alguien me diera una cámara y lo tuviera enfrente…

A mis ojos y a mis oídos Wolf llega, antes que nada, como un ser que se define por su indefinición y que, en consecuencia, es tanto el soltero oscuro de The Bachelor (escuchen “Damaris”, donde la oscuridad acompañada por los violines puede herir, la música sí que puede herir) como el Peter Pan de The Magic Position (sí, él usa el sombrero de Peter Pan en “Accident & Emergency”). Su permanente necesidad de tomar un bolso e irse explicitada en “The Gypsy King” es, sobre todo, inspiradora. Su música y sus letras ponen el ojo en la naturaleza – un poco a la manera de Radiohead con The King of Limbs – y en la orfandad que deja de ser tal cuando esa naturaleza nos adopta. No por nada Wolf escribe que la felicidad puede pasar por vivir en una casa en el mar con un caballo y un ukulele. Solo. Sin más.

Les dejo un fragmento del video “The Magic Position”:

De todos modos, su discografía es una discografía de transiciones. Y así, llegando a Lupercalia, el Patrick rebelde y nómade de Lyncantrophy se convierte en el hombre que, nunca dejando de ser “forever young”, en su último disco deja atrás a ese bachelor, se compromete y encuentra su lugar en el mundo, menos metafórico (adiós a las referencias mitológicas). En “House”, una de las mejores canciones de Lupercalia, comienza diciendo “oh, amo esta casa, amo esta casa”, luego salta a decirle a su pareja que ve a Dylan Thomas en su rostro y concluye con algo significativo: “el amor es lo que hace que esta casa sea un hogar”. Ahora bien…¿Por qué este post? Porque la música inspira y, por ende, también nos hace sacar fotos mentales, con los ojos cerrados, como está Patrick en la foto y el gif de hoy; la música, por breves instantes, nos hace directores. ¿Quién no cerró los ojos con determinada canción y filmó su propia película? Patrick Wolf saca ese costado mío a la luz y, disco a disco, me va trazando un recorrido. De un “constante deseo de un amor supremo y de un conocimiento supremo…” canta en “Teignmouth” y yo pienso si no es precisamente ese doble deseo (inagotable y, a la larga, imposible de satisfacer del todo) lo que nos hace sentir vivos.

¿Sobre qué músico o banda que les gusta harían una película/documental? ¿Cómo la filmarían? ¿Qué canciones los hacen realizar films con los ojos cerrados? ¡Comenten, vamos!

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