Ted (nadie me comprende como vos)

 

“…no necesito hablar, de pronto venís y me abrazás”

Sobre Ted se pueden escribir muchas cosas. Se puede aludir a las producciones televisivas de Seth MacFarlane (Padre de familia, American Dad!, The Cleveland Show), se puede ratificar que es una película desprejuiciada que va noqueando cualquier tema tabú a su paso,  que su humor es caleidoscópico (vamos de lo escatológico a las referencias pop en cuestión de segundos, con esa gran culminación final que no voy a spoilear) y que siempre se pasa de rosca, ya sea con sus homenajes ochentosos como con el truco del gag por el gag mismo. Sí, Ted cuenta con todo eso pero como refuerzo de la narración primaria que, a su vez, también tiene diferentes aristas. La soledad en la niñez, la dificultad en establecer lazos, lo arbitrario que puede ser el concepto de madurez y, sobre todo, qué pasa en una relación cuando la amistad parece ser perjudicial para la misma. En un punto, Ted tiene algo de la subvalorada I Love You, Man, esa película en la que Zooey (Rashida Jones) impulsa a su prometido Peter (Paul Rudd) a buscar un amigo y ese amigo (Sydney, Jason Segel) por momentos, y sin quererlo, atenta contra las bases de la relación amorosa. Pero, claro, Ted no es una película con el humor de John Hamburg. Empecemos con lo obvio de que acá el mejor amigo del protagonista es un oso de peluche que tiene una caja especialmente destinada a artefactos para drogarse, que coge sobre las verduras del supermercado donde trabaja (y es ascendido por eso) y que dibuja sobre las tetas de una mujer para demostrar que se parecen a los ojos de Garfield. El desafío principal que tenía MacFarlane era la presentación de ese inverosímil (el oso que cobra vida). El tipo lo hace combinando lo que sería una constante en su película: la nostalgia con la audacia. Así, el nacimiento de este oso se produce cuando un chico (John) pide un deseo a una estrella fugaz (tener un amigo “forever and ever”) y de ahí en adelante todo transcurre dentro de esa (a)normalidad, de ese mundo que se vuelve posible dentro de sus propios códigos. Pero MacFarlane se apoya también en un plus brillante: convierte a Ted en una celebridad primero (memorable ese encuentro con Johnny Carson) y en un hasbeen después. Esto le sirve no solo para configurar al personaje sino también para hacerse eco (con humor negro en ciertas ocasiones) de las estrellas infantiles venidas a menos (Corey Feldman, Frankie Muniz, el cast de Blossom, etc.).

Podemos pensar a Ted, incluso, como un gran homenaje, como una mirada a la idolatría de personalidades icónicas que abarcan toda la gama (Flash Gordon como talismán de juventud, Tom Skerritt como figurita repetida y las partes íntimas de Lance Armstrong como muestras de fanfarronería), incluso anclándose también en el presente, conjugando en una misma escena una burla al fiasco de Adam Sandler Jack and Jill, cuatro prostitutas y un desborde de escatología que funciona mejor cuando se introduce el flashback (otro recurso que responde más a la autoparodia). Con esa metodología, MacFarlane va llevando su película, incluso con incorrecciones, con lo guarro, con las ganas de siempre rizar el rizo, hacia la nostalgia, hacia el pasado, hacia qué es lo verdaderamente importante en la dura transición a la madurez. En ese sentido, el film funciona (otra vez) escindido en dos. Es, en lo clásico, una buddy-buddy movie pero también es, en otro punto, una coming of age. Aquí quien debe atravesar el proceso de cambio es John (Mark Wahlberg). Para que ese click se produzca, MacFarlane agrega la subtrama de Donny (Giovanni Ribisi, más increíble que lo habitual), un padre obsesionado con secuestrar a Ted para regalárselo a su hijo (no menos conflictuado que él). Ese giro en el tono está siempre moderado, los gags siguen adheridos a éste, al punto de que la visión de ese dúo de weirdos va más allá de la burla, logrando acoplarse a una suerte de reflexión sobre las marcas que deja la niñez con todos sus índices de gravedad.

Les dejo el Trailer de Ted:

En definitiva, ese clima de suspenso que deriva en un desenlace entre desesperante y ñoño (porque Ted siempre va a querer lo mejor para su amigo, independientemente de la vida individual que lleve) es el broche, el momento de epifanía de ese camino que emprende John. No hacia lo “correcto”/socialmente impuesto ni hacia lo que todos quieren para él, sino hacia su propia idea de madurez: tomar consciencia de lo que tiene a su lado (su novia Lori/Mila Kunis, y también el propio Ted). Cuando MacFarlane cruza esos mundos (la nostalgia, el homenaje, el humor puesto sobre todo y contra todo), su película se vuelve notable. Al fin y al cabo, el epicentro del film es el miedo a la pérdida como parte del crecimiento y es esa persona destinada a acompañarte hasta donde sea (llamándote para conocer a Sam Jones, intercediendo sin egoísmos para que recuperes a tu chica), y siendo capaz tanto de abrazarte durante una tormenta como de cagarte a trompadas en un hotel.

Si la vieron, ¿Qué les pareció Ted y qué opinan de las creaciones televisivas de MacFarlane? Si no la vieron, ¿qué clase de humor les gusta más?; ¡comenten! ¡buen miércoles para todos!

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