La culpa la tiene Glee

 

Con la inminente llegada de un nuevo año e inevitablemente inmersa en otra ola de balances cinematográficos (y de otra índole, aunque supongo que también van ligados), llegué a la conclusión de que algunas de las mejores películas del 2012 son comedias. Pero no de la clase de comedias configuradas especialmente para complacer y que en ese afán permiten que se le vean los hilos (ejemplos recientes de buenos a mediocres: Piratas del Caribe en su variante de comedia de aventuras, o El discurso del Rey en su variante de comedia “agradable”), sino aquellas que, les vaya bien con el público o no, les vaya bien con la crítica o no, logren una cierta popularidad o no, frecuentemente son prejuzgadas, tildadas de superficiales, simplonas, o lo que es peor: confinadas a su género con el ya clásico mote “no es para todos los gustos”. La lectura que se puede hacer de esto es bastante triste: si una película tiene chistes escatológicos o hace reiterado uso de palabras como “dick”, “fuck”, “shit” y otras variantes es descalificada inmediatamente como obra permeable al análisis cinematográfico. Sí, claro. Porque John Waters no hizo de la escatología un culto que merezca ser celebrado de aquí a la eternidad. Creo que ya saben lo que pienso respecto a esa noción que se tiene de la comedia como algo que, si no está acompañado de una cierta sofisticación o actuaciones de prestigio (El discurso del Rey, de nuevo), directamente no tiene chance de ser, paradójicamente, tomado en serio. El argumento es totalmente inválido y el 2012 demostró que tres películas del género totalmente distintas pueden, deben y merecen ser analizadas como obras que tienen mucho para decir. Eternamente comprometidos sobre la vida, los planes que se posponen, el  sacrificio, la muerte. Ted sobre la amistad, también el sacrificio, la pareja y el crecimiento. Y finalmente tenemos la película que nos ocupa hoy: 21 Jump Street.

La herencia que Jonah Hill (co-guionista y protagonista del film) recibió de, por ejemplo, Ben Stiller, nunca fue más evidente. Como para despejar dudas, Hill se hace cargo de que su película (dirigida por Phil Lord y Chris Miller, pero tan suya en muchos planos) es un refrito, una reposición del clásico televisivo comandado por Johnny Depp. Y se hace cargo poniendo en boca de un personaje esta idea: “Lo único que se hace ahora es reciclar mierda del pasado y esperar que no lo notemos”. De ahí en adelante, y con la autoconsciencia al volante, 21 Jump Street no tiene freno posible. Pero en medio de algunas de las secuencias más hilarantes del año (el montaje paralelo de la reacción de los infiltrados Schmidt y Jenko ante la droga que intentan erradicar) también se lleva a cabo (como Stiller con Hollywood en Tropic Thunder) una de las lecturas más inteligentes sobre la escuela secundaria que el cine ha visto en mucho tiempo. En poco más de cinco minutos, 21 Jump Street hace un panorama de la juventud actual tan preciso como irrisorio, provisto por detalles que desconciertan a Jenko (antes el popular, ahora el nerd) debido a esa distancia generacional. Desde no entender la razón por la cual los adolescentes usan las mochilas con las dos tiras puestas o no saber reconocer a una tribu urbana emergente (nunca los hipsters tuvieron un mejor cameo), esa brecha, esa nueva sociedad que abraza a los losers, se muestra desde lo general con la trama que involucra a Schmidt (antes el nerd, ahora el popular) y desde lo más puntual con una escueta y precisa frase: la culpa la tiene Glee.

“Fuck you, Glee” dice Jenko, aludiendo a cómo la exitosa creación de Ryan Murphy eliminó por completo la posibilidad de que un “lindo pero probablemente idiota” como él sea por segunda vez consecutiva la estrella de la secundaria. Las reglas cambiaron y 21 Jump Street  convierte a Schmidt en el chico que está “in” (porque ahora se puede cuidar del medioambiente y ser popular al mismo tiempo) y a Jenko en alguien que no encuentra su espacio (o sí, junto a los geeks). En este aspecto (y debo reconocerlo) Channing Tatum se luce en un papel totalmente opuesto a los que nos tiene (mal)acostumbrados. No tiene un interés romántico. No muestra su cuerpo. No es encantador. O sí: solo es encantador cuando advierte que es más inteligente de lo que pensaba o cuando demuestra hasta qué punto es capaz de honrar la hermandad. “Abracen los estereotipos” dice un imparable Ice Cube al comienzo del film y eso fue precisamente lo que hicieron Hill y compañía. Lamentablemente, 21 Jump Street va a pasar a integrar la lista de comedias incomprendidas e infravaloradas. Porque, claro, una película que abre con “The Real Slim Shady”, se ríe de los efectos de las drogas, dice “fuck”, “suck a dick” y tiene a Jonah Hill vestido de Peter Pan en una persecución policial no es digna de análisis ni puede estar entre lo mejor del 2012. Sí, claro.

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*DE YAPA: Les dejo un compilado de las escenas más divertidas de la película, que lo disfruten:

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