Educación y desigualdad

En las últimas décadas del siglo XX hubo un aumento del “skill premium” en el mundo desarrollado: una brecha cada vez mayor entre trabajadores calificados y no calificados. Una de las explicaciones de ese fenómeno era tecnológica: mientras que las nuevas tecnologías mejoraban la productividad y por ende los salarios de los trabajadores más educados, el reemplazo de tareas manuales por máquinas reducía la demanda por trabajadores con menor educación. Por los dos motivos, la brecha de ingresos crecía.

Comenta Krugman citando este paper que esa tendencia está cambiando, tanto por motivos de demanda como de oferta. Algunas tareas “calificadas” también pueden ser reemplazadas por tecnologías (¿periodistas?; ¿contadores?) y además cada vez hay más gente educada: crece la oferta de habilidades, baja su demanda, el premio a la educación va cayendo. Y algunas tareas no calificadas son difíciles de reemplazar; como dice Krugman, “siempre vamos a necesitar mucamas y jardineros”.

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Darwinismo, cambio climático e inflación

Sólo un genio como Krugman puede poner esas tres cosas en el mismo párrafo y decir algo gracioso, cierto y profundo:

Back to the evidence versus the orthodoxy. I can, in a way, understand refusing to believe in global warming — that’s a noisy process, with lots of local variation, and the overall measures are devised by pointy-headed intellectuals who probably vote Democratic. I can even more easily understand refusing to believe in evolution. But the failure of predicted inflation to materialize is happening in real time, right in front of our eyes; people who kept believing in inflation just around the corner lost a lot of money. Yet the denial remains total.

I guess it’s a matter of who you’re gonna believe — Ayn Rand or your own lying eyes. 

De paso: si hubo un actor temeroso a que las políticas expansivas podían generar inflación en todo este proceso de Gran Recesión fue el Banco Central Europeo. Hoy, finalmente, anunciaron que bajan la tasa de refinanciamiento del 0,5% al 0,25%, el mínimo desde que existe el BCE. En Estados Unidos, la Fed tomó la decisión de bajar esa tasa a entre 0 y 0,25% en diciembre de 2008. En Europa la toman cinco años después.

En principio una podría pensar “bueno, es irrelevante 0,25% más o menos”. Evidentemente no creen que sea irrelevante: por algo toman la decisión. El motivo es que la inflación europea fue apenas 0,7% en los 12 meses hasta octubre. Y que algún efecto genera es bastante obvio: el euro se depreció en el momento del anuncio, cuyo timing fue anterior a lo esperado (los mercados saben que están lidiando con halcones).

Y también es obvio que la política hasta ahora erró por contractiva: desempleo alto, inflación más baja que el objetivo: ¿no es evidente que algo está mal? Es más, desde la crisis financiera, la inflación “núcleo” en Europa estuvo siempre por debajo del objetivo de 2% (ver cuadro abajo, aunque se ve mejor acá). ¿Qué estaban esperando?

¿Medicare u Obamacare para la Argentina?

Hace mucho que proponemos un sistema de salud más en la línea con Obamacare que nuestro sistema público: provisión privada o estatal, financiamiento público para los que lo necesitan. En la Argentina la manera más fácil de ponerlo en marcha sería via obras sociales/prepagas. Obligación de contribuir a prepagas/obras sociales (que podrían ser una misma cosa) para los empleados en blanco; obra social/prepaga pagada por el Estado para los que no tienen un empleo o informales. Incluso: una de las obras sociales podría ser estatal, para los que piensan que el Estado administra mejor que los privados. En total, la plata que hoy se gasta en salud pública alcanzaría para darle prepaga a todos los no cubiertos.

Buena columna de Krugman hoy discutiendo entre dos alternativas posibles de provisión privada con financiamiento público:

(1) Obamacare, que ahora está empezando, aunque el software para elegir aseguradora está andando mal (“Apology for ‘Debacle’ With Health Website“);

(2) Medicare. Medicare es el sistema usado en USA para mayores de 65 y personas con discapacidad, que también es en esencia una posibilidad de financiamiento público y provisión privada. Esencialmente, vas al médico y Medicare te lo paga. Pero no hay, entre medio, una obra social o prepaga.

En otras palabras: la diferencia es que en Medicare hay una única aseguradora de salud que es el Estado; en Obamacare, las aseguradoras compiten entre sí. ¿Cuál es mejor, pensando en una reforma para nuestro país?

Una diferencia que Krugman no menciona es que Medicare implica más pagos del Estado; pasar a un Medicare para todos en un país como el nuestro implicaría que el Estado debería sumar a sus gastos todo el dinero que hoy el sector privado aporta directamente al sistema de salud. Una parte de eso se financia fácilmente cambiando el destino de los aportes obligatorios que hoy van a las obras sociales, que pasarían a dirigirse hacia el Estado; pero no podría recuperarse el dinero que va voluntariamente a las prepagas.

Creo de todos modos que el problema más importante de un Medicare Para Todos es que el Estado tiene menos incentivos a aprobar proveedores eficientes que los que tienen las obras sociales/prepagas. Obviamente la aseguradora (privada o estatal) debería autorizar o no a proveedores. Con un sistema realmente competitivo de prepagas (cosa que no tenemos hoy, pero es otro tema), hay incentivos para contención de costos: elegir médicos buenos, sí, porque forma parte de tu atractivo como prepaga; elegir médicos con ratio caro/bueno muy alto, no. Mi impresión es que en El País de los Troqueles eso sería un poco más complicado con aseguradora única estatal: no hay ningún incentivo (salvo el cuidado del Tesoso público, que no suele ser de gran intensidad) para que el Estado contenga costos.

O será, quizá, el instinto de economista: no nos gustan los monopolios.

¿China contra la muralla?

Gran estupor causa en las redes el artículo de Krugman diciendo que China se está chocando contra una muralla. Siempre hay que tener en cuenta que debajo de los titulares sobre “desaceleración china” aparecen cifras que en el peor de los casos son tipo 6,5% de crecimiento.

Toda la discusión es alrededor del “expenditure switching” — hace mucho se dice que para poder seguir creciendo China debería aumentar el porcentaje de consumo en el PBI y bajar el de inversión y, quizás, el de exportaciones. La idea de bajar el porcentaje de inversión es para evitar el riesgo de “sobrecapacidad”, y este es el punto que enfatiza Krugman: invertir para producir más en el futuro, para que esa producción futura sea dedicada a bienes de inversión que se usarán en invertir para producir más en el futuro para que esa producción futura sea dedicada a bienes de inversión… sí, un “Ponzi Game”: alguna vez tenés que consumir. Y si no hay perspectivas de que eso ocurra, en un punto se derrumba la inversión y por lo tanto se derrumba todo.

La idea de bajar el porcentaje de exportaciones, en tanto, era sobre todo un consejo interesado de los países ricos durante la Gran Recesión, que buscaba limitar el daño de la “penetración china” a industrias de países desarrollados. El consejo incluía apreciar el yuan y reemplazar la pérdida de exportaciones netas con medidas de estímulo al consumo.

Quiero decir que no entiendo.

Y no entiendo porque me parece bastante sencillo aumentar el nivel de consumo, si ese fuera el problema. ¿China tiene Asignación por Hijo? No. Adelante. Y cosas por el estilo. Un poco de populismo. Más crédito al consumidor, que es fácilmente redirigible en un sistema financiero tan regulado. Siendo tan fácil resolver ese problema, no entiendo que sea un problema.

Pero sí creo que China tiene un gran problema, que no enfrentaron otros países de alto crecimiento del Sudeste Asiático. Al ser China un participante importante en el mercado mundial, su camino hacia una potencia industrial exportadora es un terremoto en los mercados mundiales. A medida que sus trabajadores pasan del sector-agrícola-atrasado del famoso modelo de Lewis hacia el sector moderno, industrial exportador, el aluvión de productos chinos sólo puede ser absorbido en el resto del mundo a precios declinantes. Fíjense los términos de intercambio de China en los últimos treinta años:

Obviamente, el empeoramiento de los términos de intercambio chinos (el cociente entre sus precios de exportación y de importación) es la contracara de la mejora en *nuestros* términos de intercambio.

¿Puede China persistir en su export-led growth? Evidentemente la demanda mundial le impone un límite. ¿Puede, entonces, cambiar hacia un crecimiento de otros sectores productivos? Sí. Pero el problema es que esos otros sectores productivos no tienen la misma capacidad de mejora en la productividad. Supongamos que China sí pudiera, en efecto, aumentar su consumo, a expensas de su inversión o sus exportaciones. Ahora bien: los sectores productivos que alimentan el consumo no son primordialmente estos sectores “industrial exportadores”. Una economía más basada en el consumo sería una economía donde, por ejemplo, los servicios pesan cada vez más. Y la capacidad de aumento de productividad en los sectores de servicios no es ni por asomo la que hay produciendo IPADs o auotmóviles.

En resumen: la dificultad de China no es tanto que sea difícil cambiar la configuración de su demanda, sino que esos cambios en la configuración de la demanda llevarían a una estructura económica que no puede crecer a, ehm, tasas chinas.

La argentinofilia de Paul Krugman

Una vez Krugman comparó favorablemente nuestro crecimiento con el de los brasileños, aunque usando números del INDEC. El gráfico se veía así:

El post me caía simpático: soy desde hace mucho un Brasilescéptico y Krugman denunciaba una cierta complacencia exagerada de los medios económicos con Brasil. Creo que los números del último par de años (Brasil tiene el crecimiento más bajo de Sudamérica) justifican el escepticismo. Por supuesto, nuestra presidenta mostró esos gráficos y leyó ese post en una conferencia de prensa.

Hoy estuve ojeando los powerpoint de las clases de Krugman, aquí. De nuevo la Argentina como caso relativamente exitoso; esta vez comparado con Estados Unidos en los años treinta:

La verdad que comparar con Estados Unidos, el país más golpeado por la Depresión, para evaluar si la industrialización sustitutiva tuvo o no sentido no parece lo más justo. Tampoco parece lógico ignorar, en una comparación de diez años, las diferencias en el crecimiento de la población: la norteamericana creció 8% en esa década, la de la Argentina 21%. Si en lugar de PBI se toma PBI per cápita, el cuadro cambia:

Supongo que la argentinofilia de Krugman (no, chicos, no digo “argentofilia”, del latín “argentum”, plata) es algo así: “Yo soy heterodoxo, me tengo que pelear con los ortodoxos, y no hay país más heterodoxo que la Argentina; busquemos cómo hacer para dejarlo bien parado”.

Conmigo no, Pablo.

La moneda de un billón de dólares

Durante nuestra ausencia Krugman y otros estuvieron considerando la posibilidad de que Obama enfrentara el Cielorraso de la Deuda emitiendo una moneda de platino de un trillion (un billón) de dólares. Si entiendo bien, el problema es el siguiente: le votan a Obama un presupuesto de gastos e ingresos que implica un déficit, y por lo tanto endeudamiento; pero ese endeudamiento adicional llevaría la deuda por encima de un techo legal, y los republicanos no estarían dispuesto a levantarlo. Cuando no se puede emitir deuda para financiar un déficit –lo sabemos de memoria en estas playas– pueden hacerse dos cosas: o emitir dinero, o no tener ese déficit (esto es, ajustar) o tenerlo y repudiar directamente la deuda (default).

En Estados Unidos, como en casi cualquier otra parte del mundo, el poder del gobierno central para emitir es limitado; el banco central no es una caja del gobierno sino una institución con cierta independencia. Pero, incluso allá, hecha la ley, hecha la trampa. El gobierno federal tiene permitido emitir monedas conmemorativas, y no se especifica un monto máximo. De allí la idea de pagar con emisión montaria (la moneda del billón de dólares) los gastos que no se pueden financiar con deuda.

¿Tiene sentido? Dadas las circunstancias políticas, si tiene sentido ese déficit, tiene sentido financiarlo de algún modo, y la Moneda De Un Billón parece el único modo posible sin tener que padecer nuevas extorsiones del Grand Old Party. Su efecto económico es, de momento, equivalente al de emitir deuda de corto plazo. La deuda corta es un papelito que hoy paga 0% de interés; el billete es un papelito que hoy paga 0% de interés.

Más aun: si la Reserva Federal considerara que esa expansión de base monetaria es en algún sentido peligrosa (difícil: la inflación mensual sin estacionalidad fue 0% en diciembre y había sido -0,3% en noviembre) podría aspirar emisión por los medios habituales.

La idea de una moneda de valor enorme, y el asociado problema de cómo conseguir cambio, tiene ilustres antecedentes literarios: Mark Twain (“El billete de un millón de libras“) y –no lo mismo, pero parecido y muy divertido– Robert Stevenson (“El diablo en la botella“). Loca como suena, la fantasía de Krugman le dio de comer a los humoristas:

¿Cómo es el fin del euro?

Krugman habla de corralitos en España e Italia.

No creo. En situaciones como esta la pregunta clave siempre es: ¿cuál es la línea de menor resistencia? Es decir: ¿qué es lo que pasa en una situación en la que nadie quiere hacerse cargo de nada, y por lo tanto las cosas “van ocurriendo” según las decisiones individuales que cada actor tiene que tomar en cada momento?

Me parece que ningún burócrata europeo va a a decidir desenchufar a los bancos italianos y españoles del crédito del Banco Central Europeo. El costo es una crisis financiera inmediata, mucho mayor a la de Lehman. Por lo tanto: por más euros que pasen de Grecia, España e Italia a bancos alemanes, el BCE seguirá perstando (Además: supongo que muchos de esos euros vuelven al BCE en la forma de depósitos de bancos alemanes).

Por lo menos: nadie va a tomar esa decisión mientras los países europeos estén cumpliendo con sus pagos de deuda. Sí hay un escenario diferente cuando un país está en default. Ejemplo: (1) gana Tsipras en Grecia y rechaza el ajuste; (2) los alemanes se niegan a renegociar el ajuste; (3) Grecia entra en default; (4) en ese escenario, es razonable que el Banco Central Europeo no siga entregando euros a los ciudadanos griegos, vía sus bancos, cuando el gobierno griego está decidiendo no pagar su deuda; (5) el que depositó euros no está recibiendo euros, y por lo tanto el gobierno griego se tiene que enfrentar a dos opciones; (6a) parálisis bancaria total, con todos los bancos cerrados y corralitos o (6b) prestarle dracmas a los bancos para que le den a los depositantes o, posiblemente (6c) una mezcla de (6a) y (6b), con algunos depósitos intercambiados por bonos de largo plazo y otros por dracmas (¿se acuerdan del corralón y el corralito?).

En resumen: lo que quiero decir es que el fin del euro ocurre después del default, porque antes del default es improbable que el BCE decida generar una crisis bancaria.

Austerianos y Keynesianos

No había visto este buen post de Krugman intentando mostrar los efectos contractivos de la austeridad fiscal en Europa. Da bastante bien:

 

 

Un argentino en Nueva York, Times

“An Argentine commenter on my Greece-leaving-the-euro post notes…” empieza hoy Krugman, comparando la devaluación argentina con la situación griega. El comentarista había dicho esto:

Es decir: el gran problema es que para salir tenés que hacer algo con el sistema financiero además de con la deuda. Krugman le da la razón y por lo tanto opina que la única salida posible del euro será por la fuerza, no por la razón: sin crisis bancaria previa, no se sale del euro. Ningún gobierno confisca el dinero de sus depositantes salvo que no tenga otra alternativa. Y la alternativa, por ahora, existe para los griegos: seguir sufriendo el euro.

Confirmado: la estabilidad institucional es endógena

Estados Unidos violará los límites legales a su deuda federal; o, mejor dicho, cambiará la ley para no violarlos, lo que es muy parecido. Cuenta Krugman:

Some explanation: There’s a legal limit to federal debt, which must be raised periodically if the government keeps running deficits; the limit will be reached again this spring. And since nobody, not even the hawkiest of deficit hawks, thinks the budget can be balanced immediately, the debt limit must be raised to avoid a government shutdown. But Republicans will probably try to blackmail the president into policy concessions by, in effect, holding the government hostage; they’ve done it before.

¿Por qué lo hacen? Y claro, están en crisis económicas y en esos casos no se pueden cumplir todas las reglas de manera compatible con las restricciones políticas. Anotar en la carpeta para cuando me pregunten en clase por qué digo que nuestras barrabasadas institucionales (el corralito o el default o el Plan Bonex) no son buenas explicaciones del “fracaso argentino” — fueron la consecuencia de crisis económicas que tenían otros motivos.