¿Cuánto dura el dólar de $8?

Supongamos que con el dólar de 6 pesos previo a la devaluación teníamos atraso cambiario (y sí, lo teníamos). ¿Cuánto dura el dólar de $8? De $6 a $8 hay 33%, de modo que si se mantuviera en $8 el resto del año y tuviéramos una inflación del 33%, terminaríamos con el mismo atraso cambiario. Pero bueh, tirando un año más.

¿Es posible la inflación de 33% a lo largo del año? Según inflacionverdadera.com, los precios subieron 13,5% entre principios de año y el 15 de marzo. Para que llegue a 33% la inflación de 2014 necesitaríamos una suba de precios de 17% entre el 15 de marzo y el 31 de diciembre. Una tasa de 17% en ese período equivale a una tasa anual de 22%. La verdad, no me parece que con los salarios subiendo cerca del 30% anual podamos tener un ritmo inflacionario del 22%.

Es decir: con el dólar en $8 la ganancia cambiaria se acabaría antes de fin de año, quizá bastante antes. Lo cual nos lleva al mismo dilema del año pasado, pero un escalón más complicado: ¿devaluar más aún, y llevar la inflación ya claramente por arriba de 35%, o de nuevo luchar contra la marea del atraso cambiario?

Sí, estos son los dilemas a los que te lleva la alta inflación. Como la falopa. Pensás que se puede un poquito y todo bien. Y sí, un poquitito se puede. Pero siete años arriba de 20% no es un poquitito. Sos adicto. Hacé algo.

Inflación de febrero: ¿excepcionalidad o tendencia?

Trágicos núemeros de la inflación de febrero en www.inflacionverdadera.com: 6,21% mensual al 26 de febrero. La pregunta importante acá es si se trata de los efectos retardados de la devaluación o si hay una nueva tendencia. ¿Mi impresión? La inflación puede explicarse casi por completo por una combinación de dos factores: dólar y salarios. Esta es, por ejemplo, la evolución en 2002-2006: una combinación de 85% salarios (ajustados por productividad) y 15% dólar más o menos se aproxima a la evolución del índice general de precios:

Si la inflación fuera durante todo el año el 3,7% mensual de enero, tendríamos una tasa anual de 56%. Pero no veo cómo podemos llegar a 56% con salarios subiendo (tomemos una hipótesis de máxima 35%) y el dólar (suponiendo que el promedio del año sea $9) creciendo algo así como el 50%. Suponiendo, claro, que no haya ninguna de esas tragedias que suele autoinfligirse el kirchnerismo de vez en cuando.

Conclusión: como vemos estos días, es clave la partiaria para lograr esa aspiración humilde de una inflación anual, digamos, inferior al 40%. Y es probable que así sea.

Darwinismo, cambio climático e inflación

Sólo un genio como Krugman puede poner esas tres cosas en el mismo párrafo y decir algo gracioso, cierto y profundo:

Back to the evidence versus the orthodoxy. I can, in a way, understand refusing to believe in global warming — that’s a noisy process, with lots of local variation, and the overall measures are devised by pointy-headed intellectuals who probably vote Democratic. I can even more easily understand refusing to believe in evolution. But the failure of predicted inflation to materialize is happening in real time, right in front of our eyes; people who kept believing in inflation just around the corner lost a lot of money. Yet the denial remains total.

I guess it’s a matter of who you’re gonna believe — Ayn Rand or your own lying eyes. 

De paso: si hubo un actor temeroso a que las políticas expansivas podían generar inflación en todo este proceso de Gran Recesión fue el Banco Central Europeo. Hoy, finalmente, anunciaron que bajan la tasa de refinanciamiento del 0,5% al 0,25%, el mínimo desde que existe el BCE. En Estados Unidos, la Fed tomó la decisión de bajar esa tasa a entre 0 y 0,25% en diciembre de 2008. En Europa la toman cinco años después.

En principio una podría pensar “bueno, es irrelevante 0,25% más o menos”. Evidentemente no creen que sea irrelevante: por algo toman la decisión. El motivo es que la inflación europea fue apenas 0,7% en los 12 meses hasta octubre. Y que algún efecto genera es bastante obvio: el euro se depreció en el momento del anuncio, cuyo timing fue anterior a lo esperado (los mercados saben que están lidiando con halcones).

Y también es obvio que la política hasta ahora erró por contractiva: desempleo alto, inflación más baja que el objetivo: ¿no es evidente que algo está mal? Es más, desde la crisis financiera, la inflación “núcleo” en Europa estuvo siempre por debajo del objetivo de 2% (ver cuadro abajo, aunque se ve mejor acá). ¿Qué estaban esperando?

Todo como Zloto

No había leído el muy buen artículo de Zloto, “Demagogos“, sobre la rebaja del impuesto a las ganancias. En efecto, bajarle los impuestos a los que ganan $15.000 al mes, e incluso a los que ganan entre 15.000 y 25.000, no puede ser progresista en un país con un tercio de los trabajadores en negro.

Se me ocurren dos o tres comentarios adicionales. El primero es que, si Zloto tiene razón (como creemos) en que era bueno que pagaran ganancias todos los que ahora no pagarán, entonces tendremos que decir que el kirchnerismo hizo una silenciosa reforma impositiva progresista. Se dirá: “pero la hizo por las malas, engañosamente, porque la inflación salarial hizo más probable que los ingresos superaban los umbrales fijos del mínimo no imponible”. Claro que sí. Pero es posible que no haya manera políticamente más efectiva de subir un impuesto que sin decir nada. Como decía Keynes sobre el efecto de la inflación en los acreedores: “sufren silenciosamente estas depredaciones, cuando habrían derrocado a un gobierno que les quitara una fracción de esa suma por medios más deliberados pero más justos”.

Un segundo comentario: ¡cuánto más se resisten los impuestos directos que los indirectos! Y creo que en esto hay algo peculiar de nuestro país. Debemos tener uno de los ratios más altos de IVA/Ganancias en el mundo. ¿Por qué será? Quizás los añares de inflación alta entre los 60s y 80s licuaron los impuestos a las ganancias, y la estructura impositiva con que arrancamos los 90s era una donde “la gente” no pagaba impuestos directos: legalmente, pagaban las empresas (por ganancias y por impuestos al trabajo), los exportadores y se pagaba además el impuesto inflacionario. Pero esto de sentir que te sacan un poco **a vos** es demasiado explícito para el ser nacional.

Y un último comentario, relacionado. Se podría decir: “al fin y al cabo, está bien que haya menos impuestos en general. Que pague menos la clase media no quiere decir que los pobres vayan a pagar más”. Sin endeudamiento adicional y sin bajas del gasto público, alguien tiene que pagar el gasto. (Con endeudamiento, claro que también lo paga alguien, pero en el futuro).

En principio, hay alguna compensación con dos nuevos impuestos: un 15% a las utilidades por compra y venta de acciones y títulos que no coticen en bolsa y un 10% a la distribución de dividendos. No entiendo bien de qué se trata el primero, pero sospecho una dificultad para estimar ganancias y pérdidas, mucho más de papeles sin cotización pública. Sobre el segundo: hasta ahora las empresas pagaban 35% por cualquier ganancia; con esto pasan a tributar 45% por la parte de las ganancias que se distribuyen (que, a la muy larga, tienden a ser todas). Suena un poco alto.

De todos modos, ese combo de nuevos impuestos va a ser poco y tarde para financiar la rebaja de Ganancias. Y ya sabemos cuál es el impuesto que se ajusta cuando los otros no alcanza. Si falta plata, la pone el Banco Central. Y adivinen qué pasa cuando el Banco Central aumenta su emisión

No es que los precios suben

Bajan las cantidades que te podés comprar con la moneda. Ah, es lo mismo:

El nuevo modelo económico y la minera Vale

Creo que fue a @fedesturze a quien le oí alguna vez clasificar contextos macroeconómicos según su competitividad mirando los costos del trabajo y del capital. Momentos como la convertibilidad tenían, comparativamente, costos laborales en dólares altos pero costos del capital relativamente bajos: al menos hasta la recesión iniciada en 1999, la Argentina enfrentaba tasas de interés relativamente bajas porque se confiaba en la moneda (tasa de devaluación esperada reducida) y en la capacidad de repago. Las empresas en ese esquema podían ser competitivas, aunque quizás ahorrando trabajo e invirtiendo más en capital.

Un segundo modelo posible, en esta clasificación, sería el del primer kirchnerismo: costos laborales en dólares muy bajos (o, lo que es lo mismo, tipo de cambio real muy alto) pero costo del capital alto por la incertidumbre asociada al reciente default. Hubo un momento, incluso, donde ambos costos fueron bajos. Fíjense la evolución del riesgo argentino comparada con la de otros países emergentes. Entre la reestructuración de deuda de 2005 y la intervención del INDEC, el riesgo argentino fue declinante. Llegó a ser, por momentos, inferior al de Brasil.

El modelo de costos salariales bajos pero costos del capital más altos es uno en el que la expansión es más intensiva en trabajo que en capital.

El tercer modelo combina lo peor de los otros dos: altos costos en dólares y riesgo país elevado: el tipo de cambio real de (algún momento de) la convertibilidad y el riesgo país de mil puntos o más de un país con percepción de riesgo de default. En ese contexto no hay expansión productiva ni con nuevas inversiones ni por aumentos en el empleo. En este contexto pasa lo que pasó con la minera brasileña Vale: las inversiones no sólo no vienen, sino que se van. Se van porque piden “una adecuación del tipo de cambio” y no se la dan; y porque perciben “risco Argentina”. Es el modelo del estancamiento.

EX-POST: quienes sigan este blog desde hace un tiempo saben que, en mi opinión, en el modelo del primer kirchnerismo estaban las semillas del segundo: la sobre-devaluación inevitablemente iba a llevar a una inflación que tarde o temprano, en ausencia de un programa de estabilización de precios, se iba a comer la competitividad. (Acá, por ejemplo, un post al respecto del año del señor de 2005)

Sí, la emisión genera inflación

Muy buen post metió Luciano Cohan, con puntitos que se mueven mostrando la relación clara que existe, en un plazo más mediano que largo, entre cantidad de dinero y nivel de precios o, lo que es lo mismo, entre tasa de emisión y tasa de inflación.

Es una pena que estemos discutiendo estas cosas.

Por supuesto, gente “too clever” le dijo en los comentarios la siguiente obviedad: “correlación no implica causalidad; no estás mostrando que la causa de la inflación sea monetaria”. Claro que no. Muchos creemos que hoy el grueso de la inflación en la Argentina es (1) “inercia” + (2) “dinero acomodaticio”. Esto es:

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Jugando con el fuego de la inflación

El Banque Central du Congo (http://www.bcc.cd/) publica una inflación anual del 6,03%. En Etiopía, la inflación entre agosto de 2011 y 2012 fue de 20%, más baja que el 20,2% de julio gracias a tres meses de inflación cero. En Venezuela la inflación interanual de agosto fue 18%. En cuanto a Bielorrusia, una brusca estabilización llevó a un acumulado de 12,4% hasta agosto –anualizado de 19,1%­­­- cuando en 2011 había tenido 109%. A Venezuela el FMI le estimaba 33% para este año; Etiopía tuvo 38% en 2011; y el ex Congo belga había tenido en 2010 la inflación más alta del mundo.

En la lucha con los titanes de la inflación mundial, pues, estamos ganando. La página inflacionverdadera.com muestra una inflación interanual de 26,5%. Son datos creíbles: durante todo el período de intervención del INDEC, inflacionverdadera.com (a salvo de Moreno, porque tiene sede en el exterior y toma datos de precios de la web) coincidió con las inflaciones provinciales, que a su vez eran muy similares al IPC del INDEC antes de su intervención (ver cuadro). Pero cada vez menos provincias miden con honestidad la inflación. Falacia de autoridad adicional para creerle a inflacionverdadera.com: Krugman y el Economist la usan.

¿Somos el país con mayor inflación del mundo? Consuelo de tontos: la división del Sudán ha llevado a incertidumbre sobre la propiedad de los pozos petroleros, y sudaneses del norte y sur están padeciendo como consecuencia inestabilidad cambiaria y una inflación del orden del 40%. Como en otras disciplinas, este año debemos conformarnos con estar en el podio de la inflación mundial.

La obsesión de los economistas con la inflación puede provocar cierto cansancio en el ciudadano común. ¿No tenemos hace ya un lustro inflación de veintipico y seguimos vivos? ¿No está equivocada incluso la Presidenta cuando señala que con inflación de 25% o 26% (exactamente la que tenemos) estallaríamos por los aires? ¿No vivió la Argentina en el pasado con esta inflación de mediana intensidad sin estallar en el intento (por ejemplo: entre 1945 y 1967, trece años tuvieron una inflación entre 17% y 39%)?

El problema es que nuestra inflación no es neutral: no todo sube al mismo ritmo. El atraso cambiario y de las tarifas públicas provocados por nuestra inflación despareja están detrás de la mayoría de nuestros problemas económicos: controles de cambios y controles de importaciones para bloquear las consecuencias financieras y comerciales del encarecimiento en dólares, poca inversión en sectores exportables y de energía, problemas fiscales porque la inflación impacta de lleno sobre el gasto salarial y los subsidios pero no de igual modo sobre los ingresos, ya que las retenciones no están indexadas. Cada año de inflación de veintipico no es igual al anterior: la inflación agrava un poco más cada uno de estos problemas, que van impactando sobre la tasa de crecimiento económico.

En este contexto, el viceministro de Economía afirma en el Congreso que no es peligroso emitir mucho dinero, porque Europa y Estados Unidos lo hacen y allí no hay inflación. Podemos coincidir en que la inflación en la Argentina tiene hoy un componente fuerte de inercia que no depende de la emisión. Pero también leímos los manuales ortodoxos que Kicillof decidió saltearse: en el mundo desarrollado pudo crecer la base monetaria sin inflación precisamente porque la demanda del público por cash creció monstruosamente de la mano de los pánicos financieros; y la emisión es inflacionaria sólo cuando se emite más dinero que el que la gente desea.

¿Hay margen en la Argentina para empapelarnos de Evitas a casi el 40% (38,5% al 14-sept) sin que se acelere la inflación? Una parte alimenta un crecimiento económico de 2 o 3 puntos, pero el restante 35% es, en principio, inflacionario. El último año la transmisión a precios no fue total porque los controles cambiarios taponaron parcialmente la vía de escape más habitual de la emisión excedente. Pero fue un salto “de una vez” de la demanda de dinero: la pereza de ir al blue nos induce a mantener una proporción mayor de la riqueza en pesos, pero no necesariamente una proporción creciente.

En el régimen de controles, los excesos de emisión que buscan el dólar no vuelven al Banco Central, que no interviene; circulan por la economía hasta que los aumentos de precios inducen al público a demandarlos. Los mecanismos son varios: la suba del blue incrementa el precio en pesos de los activos, y por lo tanto de las rentas de la tierra y los bienes de capital usados, influyendo sobre los costos; los tenedores de dólares ven abaratarse –en términos de dólar informal­– bienes domésticos y los consumen más; los bienes durables resultan un refugio posible de valor. La combinación de subas de costos y de demandas es inflacionaria, y fogonea por lo tanto la inflación salarial.

La inflación es un problema grave que se está agravando. El escenario eventual de apertura de cepos es cada vez más temible a medida que se acumulan desequilibrios. Claro que podemos no estallar por los aires controlando aquí, emparchando allá, posponiendo en todos lados. Pero incluso los costos de esta inflación reprimida a martillazos son cada vez mayores. Negarlos cada dos días es una forma ­–ni muy sutil ni muy productiva– de ir admitiéndolos.

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El laboratorio del doctor Axel

Axel. Quiero hablar contigo. Dijiste ayer:

Para los que piensan que la emisión es la causa exclusiva del incremento de precios, les recuerdo que vivimos en un laboratorio de expansión monetaria. Estados Unidos cuadruplicó su base monetaria, la Unión Europea la duplicó y el Banco de Inglaterra la cuadruplicó. ¿Y en esos países hay riesgo de inflación? No, hay riesgo de deflación.

“Laboratorio” en general alude a: “cambiemos la variable X, a ver qué pasa con la variable Y, manteniendo las demás variables constantes”. “X” sería “cantidad de dinero”, “Y” sería “aumento de precios”. Lo que dicen los “ortodoxos”, Axel, es: con los otros factores constantes (llamémoslos “factores Z”), más X es más Y. Pero Z es fundamental: es lo que se llama demanda de dinero o, en el ejemplo que das, demanda de base monetaria.

¿Qué pasó en esos países en los últimos años? Hubo un pánico generalizado que hizo que el público y los bancos prefirieran cash más que otros activos. Por ejemplo: los bancos prefieren mantenerse líquidos que prestar en una economía muy incierta. El público quiere más cash que acciones u otros títulos riesgosos. En otras palabras: aumentó mucho la demanda por base monetaria, de modo que abastecerla no fue inflacionario. Bancos y personas estaban ansiosos por recibir esas inyecciones monetarias, entregar a cambio otros activos y mantenerse sentados sobre el cash.

Va de nuevo: la cantidad de dinero puede aumentar sin ser inflacionaria cuando hay un aumento de su demanda. No es muy difícil: es oferta y demanda la cosa. Si sube la oferta y sube la demanda, el valor del dinero expresado en otras cosas (bienes o divisas) no cambia. Pero si emitís por encima de la demanda, claro que sí. Ezequiel Burgo explica con bastante claridad por qué la Argentina es un país con una demanda monetaria más baja que otros; y no podemos creer que esa demanda de dinero (expresada en términos reales) crecerá mucho.

Para laboratorio de los efectos de la expansión monetaria con demanda de dinero constante tenemos uno bastante cercano y se llama “Argentina durante cuarenta años del siglo XX”. Hemos vivido muchas épocas de expansiones monetarias por encima de la demanda. A esta altura deberíamos entender cómo terminan esos experimentos.

Infla, infla, que algo explota

Variación anual en la cantidad de monedas y billetes en manos del público (y eso que no incluye la aparición de la tarjeta SUBE, eh):

Esto es: tenemos un 37% más de billetes en nuestros bolsillos, en comparación con un año atrás, en un período en que la economía creció cero (el Estimador Mensual de Actividad Económica de junio publicado por INDEC dio exactamente 0,0%). El crecimiento de la cantidad de dinero no es el récord de los últimos años: en 2010 rozó los 40%. Pero sí es el momento en el que más distancia hubo entre crecimiento en la cantidad de dinero y crecimiento económico: 37% – 0% = 37%.

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