¿Se puede unificar el tipo de cambio?

 

Anoche, en el programa de Fantino, Alfonso Prat Gay usó una palabra cargada de sentido: “unificación”. Hace algunos meses nos preguntábamos por la viabilidad de una unificación cambiaria; hace un par de años se la recomendábamos al actual gobierno.

La clave para la viabilidad de una unificación cambiaria en un nivel razonable (es decir: en el nivel del tipo de cambio real que sea compatible con la rentabilidad de producir en la Argentina y con un programa de desinflación gradual) es entender qué pasa con la oferta y la demanda de pesos en el evento unificación. Aquí lo explicábamos con detalle. Es confuso pensarlo como “oferta y demanda de dólares”. ¿Si todos queremos vender nuestras casas y comprar dólares (aumentó la demanda de dólares) eso hace subir el dólar? No. Hace bajar los precios en dólares de las propiedades. ¿Si todos queremos cambiar BODENES por dólares, sube el dólar? No: baja el precio de los bonos. La clave, para ver qué pasa con el dólar (es decir: con el peso) es cuántos pesos hay queriendo convertirse en dólares y cuántos dólares hay queriendo convertirse a pesos. El activo en cuestión, cuyo precio queremos conocer, es el del peso. Por lo tanto, lo importante es su oferta y su demanda.

Una parte de esa pregunta nos lleva a otra: ¿hoy tenés pesos que no querés, o ya los cambiaste por dólares u otro activo? Si hoy no tenés pesos sobrantes, entonces la libertad cambiaria no implicaría una caída de demanda de pesos: los que querías sacarte de encima, ya te los sacaste de encima. Es difícil medir si hoy hay o no hay “tenenencias forzosas” de pesos — pesos queriendo cambiarse por dólares que no pueden hacerlo por las restricciones. Una manera de aproximarse al asunto es ver la evolución del valor real de las tenencias de pesos. ¿Son mucho más altas que en 2011, antes del control de cambios? O, de otra manera: ¿hoy los argentinos están guardando una proporción forzosamente alta de su riqueza en depósitos a plazo fijo, caja de ahorro, etcétera?

El gráfico da algunas respuestas. El valor real de las tenencias monetarias (“M3 privado”) era en julio de 2015 un 14% superior, en valor real, al de julio de 2011. El valor en dólares de las tenencias de pesos era un 13% infierior: 91 mil millones de dólares en julio de 2011; 80 mil millones de dólares en julio de 2015. En otras palabras: los argentinos tienen guardados hoy, en el sistema financiero, una proporción menor de su riqueza que la que tenían guardada en 2011. Recordemos que a medidados de 2011 ya quedaba bastante claro que algún tipo de devaluación iba a ocurrir.

¿Conclusión? La unificación cambiaria no es ningún cataclismo: si no hay demasiados pesos (medidos en valor real), entonces tampoco puede haber demasiada corrida. Más aún: la demanda de pesos debería aumentar, a igualdad de otros factores, si el peso pasa a ser una moneda “convertible” en el sentido que tenía la palabra antes del 1 a 1:una moneda que puede cambiarse libremente por otras. Un papelito que puede cambiarse por dólares tiene que ser más deseado, a igualdad de otros factores, que uno que no puede cambiares por dólares.

Por supuesto, todo depende de las condiciones de la unificación. Si la perspectiva es que el Banco Central limitará su financiamiento al gobierno y que vuelve a comprometerse con la misión de defender el valor de la moneda, la unificación es posible y deseable. Con un gobierno que siga usando al Banco Central como caja, en cambio, la unificación es imposible e indeseable.