Los salarios ante una unificación cambiaria

 

Venimos sosteniendo hace un par de años que el efecto de una unificación cambiaria sobre la inflación sería muy modesto, si al mismo tiempo se remueven los obstáculos no arancelarios que existen a la importación.

Una manera de imaginar el futuro es mirar el pasado reciente. En un proceso de atraso cambiario liso y llano, los salarios tienden a subir por encima de los precios. El motivo no es difícil de entender: con los productos que se comercian internacionalmente atados al dólar, los salarios más altos pueden generar alguna inflación (especialmente, en productos cuyo precio depende de los costos internos, como la salud privada, el lavauto o el peluquero) pero no una inflación proporcional. El salario real tiende aumentar porque la capacidad para comprar bienes comerciables aumentan: los salarios le ganan al dólar y entonces le ganan también los artículos importados y exportados.

La peculiaridad del atraso cambiario de los últimos años fue que, a medida que los costos internos de producción subían, también se volvían cada vez más duros los permisos para importar. De modo que el precio de los productos de importación subió a un ritmo bastante más alto que el del dólar oficial: el que logra importar, no pone el precio doméstico como si el dólar fuera el oficial.

Eso tuvo dos efectos relevantes. Por un lado, para quienes compiten con importaciones, pudieron elevar sus precios internos de la mano de la inflación de costos. Por ese motivo, no fue un atraso cambiario que genere tanto desempleo como, por ejemplo, el de los 90s: a cada aumento de salarios, un poco más de protección. Para los asalariados, no tuvieron la ganancia de salario real que típicamente acompaña a los procesos de apreciación cambiaria: el aumento salarial se neutralizaba por el aumento de los obstáculos y por el efecto sobre los precios “no transables”. De hecho, el salario real privado en la Argentina es hoy idéntico al de noviembre de 2011 (y un 10% superior al de 2001: un aumento del 0,77% anual.

¿Qué tiene que ver esto con el futuro? Mucho. Sería un error una unificación cambiaria sin remover obstáculos no-arancelarios a las importaciones porque el efecto sobre los precios sería pleno: el importador pasaría de cobrar internamente “dólar oficial + obstáculos” a cobrar “dólar unificado + obstáculos”. La unificación sería entonces más inflacionaria que removiendo al mismo tiempo los obstáculos, y por lo tanto con un impacto en el salario real. Todo eso sumado a los efectos de “segunda vuelta”. Si hubiese una caída del poder de compra de los salarios, habría más posibilidades de una espiralización salarios-precios-dólar y, por lo tanto, una suba de la inflación.

Como decíamos, sí es de esperar un aumento del precio interno de los productos exportables. Pero el efecto inflacionario neto dependería también de (1) la participación de los productos exportables en la canasta del consumidor, hoy mucho menor que hace 50 años; (2) si existen mecanismos compensatorios, por ejemplo induciendo a una discriminación de precios a favor del mercado interno, (3) el efecto favorable sobre los costos domésticos de una reducción del costo del crédito.

Este último punto parece menor pero no lo es. El costo del capital a veces se aproxima como un 30% de los costos totales. Y ese costo no es otra cosa que la tasa de interés. Una reducción de un tercio en las tasas de interés en dólares, por ejemplo, implicaría una caída de 10% (en esta cuenta de almacenero) en el costo de producir en la Argentina.