Banco Central: la final es en septiembre

 

Es difícil exagerar la importancia que puede tener el presidente Banco Central para la política económica del país. Es el chabón que decide cuántos billetes imprimir, nada menos. El que fabrica la plata. A la larga la riqueza no se fabrica, pero tener la maquinita quiere decir, cuanto menos, que maneja a piacere el precio más importante de esta economía nuestra, ni más ni menos que el valor del verde.

Claro, esto suponiendo que las decisiones del presidente del Banco Central son decisiones del presidente del Banco Central, y no del Presidente o su cónyuge.

La comedia del Bicentenario parece estar acabando. Conclusión del episodio: en nuestro país la independencia del Banco Central es una ficción. Incluso una ficción con escenografía, como la Comisión Bicameral Consejera No Vinculante. No sólo un Redrado tiene que hacer durante cinco años cada cosa que le dicen, sino que además –causa última de lo anterior– el día que no lo hace se tiene que ir. Redrado se suma a la lista de funcionarios cuyo pico o segundo pico en Google Trends –el medidor de noticias de Google– aparece el día de su renuncia, rompiendo una meseta de no-noticias:

trendsredrado

trendsuberti

trendsmiceli

(Fenómeno bien kirchnerista y bien del siglo, más allá de que en los otros casos se trata de corrupción y en este no, en las tres despedidas hay un botín de dólares directamente involucrado, sea adentro de una bolsa, de una valija, o –figurativamente– de los sótanos del Banco Central).

Otro grupo al que se suma Redrado es el de los Panqueques Ex-K, una larguísima lista que incluye al 70% del periodismo, 60% –y en alza– del peronismo, 50% de los ex-funcionarios económicos, 40% del radicalismo y 30% de la población en general. Claro que siempre se puede decir: “es que los Kirchner cambiaron”, al estilo Cobos–Juez–Solá–largo etcétera.

Volviendo a la independencia o no del Banco Central. ¿Es una situación deseable? Da para discutir. ¿Queremos un banquero central totalmente independiente del poder democrático? Claro que no. La única duda, en realidad, es en cabeza de quién colocamos ese poder democrático: el Ejecutivo o el Legislativo. La comedia mostró que en los hechos está en el Poder Ejecutivo.

En septiembre de 2010, es decir, más o menos un año antes de que se conozca al sucesor de Cristina, el gobierno tiene que elegir nuevo presidente del BCRA, con acuerdo del Senado. Creo que el Redrado Affair constituye al menos un buen punto de partida para que nuestro gobierno y nuestra oposición empiecen a mostrar si algo de lo que ocurre en este país les importa. En primer lugar: la oposición debería desde ya empezar a intervenir y opinar sobre los candidatos: probablemente se estará eligiendo en septiembre al primer banquero central post-kirchnerista, que –si cumple su mandato, cosa inédita con esa Carta Orgánica– debería ser la autoridad monetaria durante la administración completa del próximo presidente de la Nación. Para el gobierno podría ser una nueva y casi penúltima oportunidad de mostrar que está aprendiendo ciertas reglas de convivencia política.

Lo sé, lo sé: suena imposible. Pero una a favor es que no falta un nombre razonable, capaz de ser tolerado por todos. Fuera ese u otro nombre razonable, no sería una mala transacción que la oposición diera su voto unánime a cambio de alguna modificación en la Carta Orgánica que balancee la soberanía monetaria hacia el poder legislativo, para que el próximo presidente del Central, pesce a todo lo ocurrido, evite quedar enredrado.