Tras la condena al “lobby gay”, un ex sacerdote homosexual le escribió una carta al papa Francisco

 

Vivió la condena homosexual desde adentro de la Iglesia. Andrés Gioeni era sacerdote cuando empezó a sentir una “pulsión homosexual” y lo comentó con personas de su confianza dentro de su Diócesis en Mendoza. “Hablé con sacerdotes amigos. Me decían que lo iba a superar, otros me invitaban a vivir una doble vida”, cuenta. Prefirió renunciar al sacerdocio. Se vino a Buenos Aires con una mochila a empezar de nuevo, para que nadie lo asociara a su tarea como sacerdote. “Superado ese estigma pude formar mi pareja, con quien estoy hace diez años”, dice. Se dedica al teatro, su gran pasión.

Durante estos días en los que el papa Francisco visitó Brasil, ocasión en la que el Pontífice condenó el “lobby gay”, Gioeni decidió escribirle una carta. “Le escribí porque creo que es un atisbo de esperanza en la respuesta que dio sobre no juzgar a los gays. Hay mucho por renovar en la Iglesia, todo lo que tiene que ver con la teología moral sexual”, dice. Se refiere al uso de preservativos, de los métodos anticonceptivos en general y, también, a la homosexualidad. “Es importante que se dejen de usar textos bíblicos como contrarios a la homosexualidad, como el de Sodoma y Gomorra, que leído desde ciertos teólogos se plantea bien que la interpretación que se daba entonces no es la que le dan hoy, que Jesús nunca condenó la homosexualidad”.

Andrés Gioeni; foto Facebook

– ¿Esos teólogos que lo planean así no tienen lugar dentro de la Iglesia?

– Existe en la Iglesia una dialéctica fuerte y tienen que ir creciendo las posiciones de quienes tienen otras miradas. Pero se encuentran con autoridades muy conservadoras de mucho peso.

– ¿Qué opinás de la condena del Papa al lobby gay? ¿Se hubieran conseguido leyes sin ese activismo?

– Esa expresión dio lugar a muchas interpretaciones. Me pregunto si para él todo proselitismo gay es dañino, porque es claro que sin militancia no se hubiera avanzado en el respeto a los derechos de los homosexuales. Hay países en los que se condena la homosexualidad con pena de muerte, no es menor. Una apertura de la Iglesia sería un paso importante para cambiar la política condenatoria de estos países.

Su historia personal

Andrés Gioeni; foto Facebook

– ¿Cómo fue tu ingreso a la Iglesia?

– Tuve una cercanía de joven con la Iglesia como misionero en Mendoza. Decidí ingresar al Seminario cuando terminé el secundario, a los 18 años. En sexto año, con los retiros vocacionales me incliné por quedarme en la Diósesis de Mendoza. Cursé los ocho años de estudio y me ordené diácono primero y sacerdote después. Estuve en San martín, luego en Mendoza capital. Dos años y medio ejercí en total.

– ¿Por qué dejaste el sacerdocio?

– Durante el Seminario nunca me planeé la homosexualidad. Pensé que el celibato era para mi. Además, yo era bastante homofóbico incluso; supongo que era por mis cuestiones internas sin resolver. Luego cuando ingresé al mundo real, porque el Seminario es como un Tupper, y salí con tareas pastorales me di cuenta de que no había ninguna contención emocional. Empecé a sentir pulsiones homosexuales y tuve mucho miedo. Pensé que era algo transitorio.

– ¿Pudiste hablar con alguien de la Iglesia de lo que te pasaba?

– Hablé con sacerdotes amigos.  Me decían que lo iba a superar, otros me invitaban a vivir una doble vida. Decidí cortar. Me voy, le dije al Obispo, sin más razones.

– ¿Qué pasó después?

– Me vine a Buenos Aires con una mochila. Tenía necesidad de tomar distancia. Acá en el anonimato de la gran ciudad me redescubrí. Pero mi salida fue bastante caótica, escandalosa en la ciudad de Mendoza. Por eso quiero que el Papa intervenga para que no haya más salidas así, caóticas, traumáticas. No hay nada malo en descubrirse homosexual, es liberador y no debería haber condena por eso. Sumaría mucho a la humanidad que la Iglesia dejara de estigmatizar.

– ¿Seguís siendo creyente?

– No, diría que soy agnóstico creyente. Creo en un Dios, en una energía que empuja a tu favor, pero no creo más en el Dios de la Iglesia católica.

 

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