Hay ley de matrimonio igualitario, pero ¿por qué casarse?

 

Maximiliano, de familia cristiana muy practicante y conservadora, vive hace cinco años con David, un joven de familia judía ortodoxa que es comerciante de telas y vestidos de novia en el barrio del Once. Juntos son pareja y han formado su hogar. El nunca pensó que iba a poder casarse.

Pero en la Argentina se aprobó la ley de matrimonio igualitario, que permite a parejas del mismo sexo a contraer nupcias. Ante ese escenario se pregunta: ¿Me quiero casar? ¿Por qué? ¿Me atrae el matrimonio como institución? ¿Es la igualación con los heterosexuales el objetivo de la no discriminación?  Nuestras familias LGBT, ¿serán una copia de los modelos heterosexuales? ¿Somos una “amenaza” al modelo en el que se funda la sociedad occidental todavía hoy? La nueva ley, ¿logra la superación de los prejuicios, conflictos sociales e individuales que implica la condición homosexual?

La película Una familia gay es una búsqueda y una reflexión en torno de esas preguntas. Un recorrido por la ley, por las religiones judía y cristiana, por sus amigos gays que ya se han casado y los que se están casando, por los que lucharon por la aprobación del matrimonio igualitario y ahora no saben si se quieren casar, por sus dos hermanas que han formado cada una su familia, por los tipos de parejas y familias LGBT cuya realidad no logra adecuarse tampoco a la nueva ley…

Maximiliano Pelosi, director de esta película que se estrena hoy [jueves 5], en diálogo con Boquitas pintadas, habla de este documental-ensayo sobre el significado del matrimonio desde la perspectiva de un chico gay. “En relación al estreno estoy muy emocionado. Es una película extremadamente personal. Cuenta parte de mi vida, la protagonizo y la dirijo. Es muy yo”, dice. Se ríe.

“La idea de que se estrene en salas comerciales es increíble para mí. No sólo por una cuestión de ego, sino también por militancia. La película, si bien es muy entretenida y está pensada para que el público la disfrute, cuenta un punto de vista muy particular, tal vez no demasiado alineado al sistema. Aplaudo a los programadores que se animaron a exhibirla. Me llena de felicidad y orgullo”, agrega.

La película es una historia personalísima para Pelosi. “Durante mi infancia, adolescencia y parte de mi juventud viví en un hogar cristiano y heterosexual: misa dominical, colegio de curas, confirmación y comunión. Los ritos de casamiento, nacimiento, bautismo y cumpleaños se sucedían hasta el hartazgo hasta que los divorcios de mi hermano y el de mis padres (y sus posteriores matrimonios), me revelaron nuevas preguntas y dudas acerca de la constitución de una familia, dice.

Un momento en Una familia gay

“Soy gay y recién a los 17 años pude asumirme, aunque no verbalizarlo. Tuve que hacer un enorme trabajo de adaptación, de resignificación y de reordenamiento de mis ideas sobre el mundo para entender mi condición; para poder pararme delante de los otros siendo ‘el distinto’, incluso dentro de mi propia familia. Usé la rebeldía, el humor y el apoyo de mis iguales. Me relacioné con el mundo gay y logré armar una nueva familia, una familia desplazada y distinta. Nos poníamos apodos de roles entre nosotros: tía, tío, primo y prima, hijo e hija, sobrino y sobrina; esos roles o apodos le daban cierta alegría y humor a nuestra realidad”, cuenta.

En el ámbito audiovisual Pelosi participó como productor y realizador de películas de temática de género que permitían una visibilidad del colectivo (Máximo, Lesbianas de Buenos Aires, Un Año sin Amor y Otro Entre Otros) y comenzó a trabajar en JAG (Judíos Argentinos Gays) porque su novio es judío y pertenece a una familia ortodoxa tradicional.

“Hoy tengo 34 años y la ley de matrimonio igualitario es una realidad. Llevo 17 años (la misma cantidad de años que tardé en asumirme, la mitad de mi vida), pensando que lo normal es esta vida que hoy tengo. Y me di cuenta de que ante la nueva posibilidad de legalizar un vínculo afectivo, yo no sabía si quería, o no, dar ese paso”, reconoce.

Un momento de duda

“Construirse a uno mismo junto a otros en un mundo paralelo era, y es, la única forma de sobrevivir a la discriminación. ¿Eso ya cambió?  Ahora el mundo paralelo parece diluirse y se incorpora al mundo igualitario, ¿no era eso por lo que luchábamos?”.

Según considera, la ley de matrimonio igualitario los enfrenta como homosexuales a un nuevo aprendizaje en el que la construcción de sí mismo y los vínculos no se desarrollan en un mundo paralelo; también a una ley que implementa un orden legislativo del derecho pero no a la superación de los prejuicios, conflictos sociales y conflictos individuales que implica la condición homosexual.

“El amor no necesita legalizaciones, pero al legalizar el derecho al amor y la convivencia entre iguales, no sólo se está permitiendo acceder a seguros médicos, herencias, o tener derecho en temas legales, sino que se nos da el permiso, la libertad, para tener una familia. Ahora en las reuniones de amigos y parientes te preguntan “¿y ustedes cuándo se van a casar?”, y esto implica preguntarme, también, si quiero formar una familia”, reflexiona.

Y concluye: “El concepto de familia es el núcleo de la organización moderna occidental y crear un nuevo tipo de familia, ¿plantea una amenaza al modelo en el que se funda esa sociedad occidental hoy? Esta perspectiva de abordar una temática reciente, y que parece superada en la norma pero no aún en la práctica, llevaría a fortalecer el derecho igualitario, no por utilizarlo sino por elegir no hacerlo; se fortalecería la igualdad desde el no, se fortalecería la libertad sin culpas. Se fortalecería, así, un derecho humano universal”.

 

Ficha artística: Maximiliano Pelosi, Luciano Linardi, Ricardo Moriello; Ficha técnica: Guión y Dirección: Maximiliano Pelosi, Dirección de fotografía: Matías Carneiro, Director De Arte: Min Ko, Editor: Damián Tetelbaum, Música: Pablo Trilnik, Dirección de Sonido: Diego Acosta, Productor: Walter Tejblum, Distribuye: Primer Plano Film Group

 

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