Osvaldo Bossi: el poeta gay que “adora pecar”

 
Foto: Gustavo Gottfried

Foto: Gustavo Gottfried

Para el poeta Osvaldo Bossi, vivir y escribir son lo mismo. Cuenta que escribir dejando en claro su homosexualidad fue, sobre todo, una “liberación”.

Su vida no fue fácil. A los nueve años su padre se fue de la casa y Bossi cuenta que se sintió algo responsable de ese abandono. “A veces creo que escribo nada más que para darle voz a ese niño”, dice. Y recuerda la sensación de culpa de entonces, cuando se dio cuenta de que tenía un “secreto” respecto de su objeto de deseo, y que si lo develaba, el mundo se pondría en su contra.

En esta entrevista con Boquitas pintadas, Bossi habla de la escritura, de su vida, de su infancia, del amor (imposible). “El otro es siempre un enorme misterio”, dice. Y trae a colación el título de su último libro, Casa de viento, la bella obra que inspiró esta charla virtual con el poeta.  “La metáfora se refiere a la experiencia amorosa: el cuerpo amado como una casa de viento, que uno habita desde el comienzo, pero que está y no está ahí”.

Un placer conocer a Bossi. Los invito a leerlo y a escucharlo recitar tramos de algunos de sus poemas.

 

SOBRE LA ESCRITURA

-Decís que vivir y escribir son lo mismo: ¿Qué te pasa internamente cuando escribís?

-No lo sé, es muy raro. Como si me transportara a otro lugar, a otra persona, y esa persona fuera yo, pero no el yo que ahora conversa con vos y responde estas preguntas, sino un otro que, si no escribiera, no existiría. Yo mismo me sentiría incompleto… O un fantasma. No sé, con el tiempo tal vez  me haya convertido en un fantasma y la escritura (la escritura de poemas sobre todo) sea lo único real.

-¿Cómo es que no hiciste otra cosa que escribir poesía, incluso cuando no sabías leer ni escribir?

-Es una metáfora, pero como toda metáfora, tiene mucho de verdad. Como si mi corazón hubiera dado sus mejores frutos ahí, en la poesía. Incluso cuando no escribía, la poesía seguía funcionando como un motor que impulsaba las cosas  a mi alrededor. Lo descubro ahora, que ya estoy grande y que puedo mirar hacia atrás, y puedo darme cuenta.

-¿Por qué creés que leer y escribir poesía te generó una visión distorsionada de la realidad?

– No se me ocurre otra razón. Culpo a la poesía, y al mismo tiempo,  se lo agradezco. Si el mundo es lo que la gente, por lo general, dice que es, prefiero tener esta “visión distorsionada” de la realidad. Un poco tonta e ingenua, es cierto, pero lo otro me parece de una amargura sin fin. Desde chico fui así, un gran fabulador. Una manera, como cualquier otra, de defenderme.

-“No tengo ninguna posesión”, decís cuando hablas de vos, en el libro. “Me entretuve con el viento, construí una Casa de viento”, que son estos poemas. ¿Sentís que esto te deja un poco afuera de la lógica del mundo?

-Sí, creo que me deja un poco afuera, Soy un desastre en ese sentido. A mi edad, no tengo nada, salvo un par de libros y la computadora donde escribo mis poemas. Tenía una bicicleta, muy linda, y se la regalé a mi sobrino. Como si me guiara otro deseo, más misterioso. Digamos que el deseo de amor.

-¿Cómo es escribir develando tu orientación sexual? ¿Hay liberación allí? ¿Incomodidad, a veces?

-Escribir, dejando en claro el objeto de mi deseo, fue sobre todo una  liberación. De hecho, la escritura se adelanta siempre a uno, y esa libertad ocurrió primero en los poemas y, de a poco, muy lentamente,  se fue haciendo verdad en mí. Pero mi orientación sexual no es la clave de lo que escribo, sino la llave sin la cual no hubiera podido acceder a otras cosas. Como lo es, eso espero, el tema del amor y su imposibilidad. De hecho, la metáfora de la Casa de viento que da título a la antología, se refiere a los poemas, pero también a la experiencia amorosa: el cuerpo amado como una casa de viento, que uno habita desde el comienzo, pero que está y no está ahí.

SOBRE LA INFANCIA

los poemas de amor que el coyote le escribió al correcaminos (audio)

-En los poemas hay referencias al dibujo animado del Correcaminos y el Coyote, a los útiles escolares, a los juegos etc, con referencias emocionales fuertes. ¿Quién fuiste de niño? ¿Qué dirías que te quedó de entonces?

-Fui un niño solitario y tímido, sobre todo a partir de los nueve años, cuando me di cuenta que tenía un secreto, y que si lo develaba, el mundo se pondría en mi contra y ya no me querrían más. Escribí poemas para revertir esta situación, creo. Mientras tanto, era el niño más bueno del mundo, y era inaccesible. Como si hubiera cometido un pecado mortal o algo así. De hecho, mi padre se fue de casa cuando yo tenía nueve años, y  de alguna forma me sentí responsable de ese abandono.  En el fondo, a veces creo que escribo nada más que para darle voz a ese niño. Y es de esa voz de donde vienen, al menos esencialmente, los poemas de amor que el Coyote le escribió al Correcaminos, y la irrupción de El Avispón verde, y de su ayudante  Kato, en Adoro. El habla, y yo transcribo sus parlamentos.

SOBRE SU PADRE

-En varios poemas hablás de la partida de tu padre, de la ausencia, cuyas referencias más precisas están en el epílogo: ¿Cómo marcó su ausencia tu escritura? ¿Escribir fue un modo de exorcizar esa partida?

-Escribir me ayudo a exorcizar esa partida, es cierto, y a mitificarla. Gracias a eso, yo podía convertirme en el dueño de aquel abandono. En su creador. Construí a mi padre, su soledad y su belleza, palabra por palabra, hasta que ya no podía hacerme ningún daño. En el medio, descubrí la soberanía de las palabras, la capacidad del lenguaje para construir realidades mejores o peores que esta. Por ejemplo, mi padre real murió hace poco tiempo, me enteré por unas tías, y no sentí (al menos hasta ahora) ningún dolor. Como si se hubiera muerto hace mucho tiempo, y el único padre que yo recordaba era ese otro, materializado en cada uno de mis poemas.

SOBRE EL AMOR

-“Mi único pecado era tener también yo un amor”, la cita de Odiseas Elitys encabeza un capitulo. ¿Por qué? ¿Allí el pecado tiene alguna connotación vinculada al ser homosexual?

-Sí, el amor como un pecado. Me encanta ese verso de Elitys. Si me pidieran un epitafio, creo que colocaría ese: “Su único pecado fue tener, él también, un amor”. Sólo que la idea de pecado, ahora, no tiene un signo negativo, sino positivo… Adoro pecar. Y haber estado fuera de la ley, durante gran parte de mi vida, creo que fue una bendición. Aprendí mucho. Y no soy arrogante, todo lo contrario, Tengo la capacidad de comprender mejor que nadie a los que sufren cualquier forma de abandono o de discriminación.

tres (audio)

-En el poema Tres, las estrofas: “Un hombre que ama a un hombre/ que ama a una mujer, está acorralado”: ¿Está planteado como el gran desencuentro amoroso en vos?

-El tema de la imposibilidad en el amor, como ya te expliqué antes, es el gran tema. ¿Mío, únicamente? No lo sé. Más allá de las circunstancias, favorables y de reciprocidad, creo que esta condición se encuentra siempre en cualquier relación. El otro es siempre un enorme misterio. Cuanto más cercano, más lejano quizás. Y en este enredo, la mujer es una aliada. Un espejo que muestra, en muchos aspectos, alguna parte de mí. También hay otro tema: la necesidad de escapar a las definiciones absolutas. En mi novela Adoro, por ejemplo, se cuenta una historia de amor, de un vínculo, que no tiene nombre, y que la novela en ningún momento se ocupa de clarificar.

esto no puede seguir así (audio)

-Decís en La Pena: “La ley que me rige es el amor”. ¿Qué significa? ¿Cómo es vivir desde esa legalidad?

-Bueno, cada uno elige las leyes a las que obedecer, y a las que no. Es placentero, y es inútil, y es aterrador. Cualquiera que se haya enamorado, lo sabe. Pero yo lo llevo, además, al plano de la escritura. Todos mis poemas, si no me equivoco, son de amor. O sea que la ley que me rige, si nos ponemos suspicaces, no es el amor, sino el amor en el particular ámbito de la poesía. El amor poético, quizás. El único amor que me exalta y que me lleva, en definitiva, a traducirlo en poemas. En la nota final de Casa de viento, digo algo así: Si no escribo, me seco como una planta”. Creo que podríamos cambiar la palabra escribir por amar, y sería exactamente lo mismo.