Empieza un “nuevo” año

 

Septiembre es el marzo de los parisinos. Retoman las escuelas, las universidades, los trabajos después de un mes (o dos, según quiénes) de vacaciones. 

Septiembre vuelve con todo. Los museos y los teatros renuevan sus exposiciones y sus obras, y revelan sus programas para los próximos nueve meses. Los parisinos se ponen nuevas metas: empezar yoga, pilates, gimnasia, natación. Las tintorerías despegan el cartel de “cerrado x vacaciones”. El transporte público abandona su “horario de verano” y retoma su frecuencia habitual. 

La ciudad se llena de nuevo de gente. Gente que vuelve dorada y que se viste con colores flúo, o al menos bien vivos. El negro, y las tonalidades bien oscuras, se dejan para el resto del año, cuando llueve y hace frío. 

Y todos hablan de “la rentrée”. En español significa ”vuelta” o “reanudación”. Para los parisinos, la “rentrée” es un concepto en sí mismo. Es el período en el que se retoma todo. Y les gusta hablar de eso. De sus vacaciones, de lo bien que la pasaron, y de la ya agotadora vuelta. Para las madres, es un mundo de papeles, formularios y fotocopias: para la escuela, para el centro que se ocupa de los chicos los miércoles (las clases terminan antes pero ellas trabajan), para la merienda, para la guardería, para la obra social, para emplear a una nueva niñera. Los parisinos son rigurosos y la Administración francesa es amante de los papeles para todo.