Un buen guía para visitar París

¿Cuál es la historia del Petit Palais? ¿Qué era antes? Pregúntenle a Martín

Esta es la historia de un chico que se llama Martín. Llegó a París hace cinco años, siguiendo a una ex novia, directo desde Tres Arroyos, provincia de Buenos Aires. Estudió turismo. Es muy, pero muy, curioso. Le gustan las anécdotas de las ciudades, esas que no se incluyen en las guías de turismo. Sabe mucho, pero mucho, de historia. Y quiere ser tu amigo en París.

Ese que te lleva a visitar la ciudad, te cuenta historias de París mientras caminan y te prepara un picnic nocturno con buenos quesos, buenos vinos y tarteletas con frambuesas, a la luz de las velas, a los pies de la Tour Eiffel. Ese que te dice dónde comer barato y típico francés, dónde encontrar buenas crêpes y dónde degustar un buen soufflé. Ese que te lleva a comer rana, a oler los tés de la tradicional casa Mariage Frères, y que te cuenta una buena historia, y muy verídica, sobre los años parisinos de Picasso. Ese que tiene guantes y bufanda para prestarte cuando hace frío, o un piloto para darte cuando llueve. Ese que te hace descubrir que la place Vendôme esconde la historia de las plazas reales, de Louis XIV y de Napoleón queriendo ser Julio César. Ese que te explica porqué tal queso se combina con tal vino, la diferencia entre los más de 350 quesos franceses o lo que significa que los vinos tengan la denominación AOC (apelación de origen controlado). Ese que te ayuda a cualquier hora, y que te va a buscar si estás perdido porque nadie te entiende. 

Martín propone tours por París, de día o de noche, a pie o en bicicleta (eléctrica), con o sin picnic. Su bicicleta se llama Arturo y tiene una banderita argentina. Le gusta que sus amigos-clientes sean argentinos porque así está “cerca de mi gente”, dice. “Y ellos ven cómo un argentino se apropia de París”, agrega. Los paseos duran entre 3h30 y 4h, como mínimo. El límite máximo es lo que aguanten los pies. “No uso reloj. Un amigo en París no mira la hora”. Y como todo en París requiere un poquito de esfuerzo, ser amigo de Martín cuesta 45 euros de día y 75 euros de noche (la tarifa nocturna incluye el picnic). Las tarjetas son aceptadas, dados los límites de extracción ya conocidos.

Miren la web: www.parisbymartin.com. Escríbanle a martin@parisbymartin.com. O llamenlo por skype (martin.muda) o por whatsapp o viber (toda la info en la página). La van a pasar bien, y de paso aprender un poquito más sobre esta ciudad. Es una súper opción para visitar París, y vale la pena. Si no, nunca lo recomendaría.

El picnic nocturno del París by Martín

 

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Diez días en París, en fotos

Viernes 16h30. Cerca del Palais de Tokio. El día no se decidía entre sol y nubes

Sábado 14h. En bici hasta la Filmoteca del Barrio Latino, sala de clásicos, para ver Funny Face

Domingo 16h. Una vuelta por el canal Saint-Martin. Todos tirados

Lunes 21h. El fin de un día de trabajo

Martes 14h30. Descubrimiento de la primavera

Miércoles 23h. La Durée, visita típica de unos amigos turistas. Para colmo, sobre Champs-Elysées

Jueves 15h30. Subasta de objetos en el hotel Crillon, que cierra x dos años

Viernes 1h30am. Salida con amigos por los Grands-Boulevards

Sábado 10h30. Un amigo turista quería agradecer y compró demasiado en la boulangerie

Sábado 19h. Expo en la galería Perrotin. Son 9500 billetes de 1 dólar colgados. La obra cuesta cuatro veces más

Domingo 20h30. La biblioteca de la casa alemana, en la ciudad universitaria

 

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El gran salto de Hermès

Por cuarto año consecutivo, Hermès transformó el Grand Palais en una gran pista de obstáculos para la competencia de salto a caballo. Desde 2010, esta maison, símbolo del lujo francés, reúne a los mejores jinetes del mundo que durante tres días compiten en pruebas de mayor y menor altura, cronometradas, por premios de hasta 200.000 euros. 

40 jinetes, 100 caballos de competencia, 12.000 asientos para el público, 50 grooms, 5 veterinarios, 17 países representados, entre 90 y 110 euros la entrada y 458.500 euros en premios. Todo, a metros de Champs-Elysées, a metros del Sena, en el corazón de París. 

Acá van algunas fotos. Enjoy 

El Grand Palais, reconvertido en pista de obstáculos para la competencia de salto a caballo

El Saut Hermès se organiza desde 2010. Dura tres días (viernes, sábado y domingo)

Atrás de la pista, los caballos se entrenan y descansan, y los jinetes hablan con la prensa

Este jinete de Catar quedó primero en una de las competencias

Alrededor de la pista, boutiques, talleres y una librería. Todo relacionado con el universo ecuestre

Camperas por 1780 euros, ponchos por 840e, breeches por 650e, sacos por 1290e, jabones por 35e

Brunch para los invitados el día de la apertura

Por si no quedó claro, el color de la maison es el naranja

 

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Dónde están los outlets de París

El outlet de Alaïa, pasando esta puerta y a la derecha

(No está pasando mucho en París. Expos nuevas, comidas y conciertos. En realidad pasa de todo, pero nada importa: estamos todos a la espera de que lleguen las temperaturas primaverales, pare de llover y salga el sol. Obsesionados con eso. Así que mientras, y para los suertudos que planean venir pronto, acá van algunas direcciones de outlets parisienses, una nota publicada en el suple Moda. Algunos, con precios incluso menos elevados que en BA.)

Fieles a las liquidaciones, que en esta ciudad están reglamentadas y por ello son siempre muy concurridas, las parisienses no están todavía muy acostumbradas a acercarse a los outlets (aquí se llaman stocks ) en busca de colecciones pasadas a precios más bajos. Saben que, año tras año, las soldes las esperan (las de invierno, entre principios de enero y mediados de febrero, y las de verano desde fines de junio y hasta fines de julio). Y las grandes casas del lujo francés (Chanel, Yves Saint Laurent, Hermès) no trabajan con stocks. Salvo algunas excepciones (como Alaïa), esta modalidad de compra y venta queda reservada a marcas parisienses consideradas prêt-à-porter de alta gama (Zadig & Voltaire, Sandro, Maje, Comptoir des Cotonniers, A.P.C., Repetto), muy conscientes de que estos espacios atraen a gran parte de los 40 millones de turistas que cada año visitan la ciudad.

Y así instalan stocks en barrios turísticos como Le Marais, el canal Saint Martin o Montmartre, donde envían sus colecciones recién luego de terminadas las liquidaciones. En el corazón del Marais, detrás de una gran puerta de madera casi siempre abierta que da a un patio interno, está el stock de Alaïa (18, rue de la Verrerie, 4e. Abierto de lunes a viernes, de 10 a 12.30 y de 13.30 a 18). Es una excepción en el universo de los outlets porque las prendas son exclusivamente seleccionadas por el mismísimo Alaïa. Cuelgan de las perchas a mitad de precio, aunque para billeteras abultadas: vestidos esculturales y atemporales de entre 750 y 1000 euros, polleras blancas o de seda negra entre 310 y 800, y faldas de broderie inglesa color crema a 1300. El resto son modelos más coloridos. Las clientas se acercan a esta tienda para completar sus compras con alguna pieza de otra colección. Los básicos y los modelos que son reutilizados en la siguiente colección no se encuentran en el stock.

A metros de allí, el stock de Zadig & Voltaire (22, rue du Bourg Tibourg), en algún momento la marca elegida por las parisienses más rock, con reducciones de al menos 40% sobre las colecciones del año anterior. Sus clásicas tunisiennes (las tunecinas son remeras con botones) se venden a 48 euros en vez de 80. También hay jeans, camperas de cuero y accesorios. No muy lejos, siempre en el mismo barrio, el stock de Sandro (26, rue de Sévigné), una marca conocida por sus camisas de seda (a 100 euros) y sus blazers y sacos que se combinan con todo (por menos de 200).

Subiendo en el mapa de París, cerca del canal Saint Martin, las colecciones ya pasadas de Chloé (desde pantalones hasta cinturones, pasando por anteojos) se venden al 50%. Las colecciones a veces son demasiado viejas, y no están exhibidas las mejores prendas ni las carteras de cuero blando. En la puerta hay que decir una clave, que cambia siempre: las últimas veces era -30% yzen . Es en el 8 de la rue J.P. Timbaud.

Más arriba, de camino hacia Montmartre, pero parando en la estación de subte Notre-Dame de Lorette, está el stock de las queridísimas Repetto. Es en el primer piso del 24, rue de Chateaudun, pasando tutús y zapatillas de punta para las bailarinas en la planta baja. No se ilusionen: no encontrarán las clásicas ballerinas negras a mitad de precio, porque se venden muy bien a 160 euros. Pero sí habrá otros modelos de ballerinas (a 90 euros), y sobre todo zapatos con taco y botas (entre 150 y 250), y también carteras y algo de la línea de ropa.

Al este de Montmartre, la marca parisiense y muy urbana A.P.C, con las colecciones hombre y mujer de 2012 a mitad de precio: camisas a 100 euros, suéteres a 140, camperas a 200. Es al 20 de la rue André Del Sarte (todos los días, de 12.30 a 19.30). Sus últimas dos colecciones contaron con la colaboración de la argentina Vanessa Seward, ex directora artística de Azzaro.

Más direcciones:

Sonia By Sonia Rykiel, la línea prêt-à-porter y más accesible de la reina de las rayas. 110, rue d’Alésia. Al lado están la colección Sonia Kids y la línea ropa de cama, y un outlet de Cacharel.

Moda, con zapatos Chloé, Marc Jacobs y Sonia Rykiel. 45, rue Saint Placide.

Maje (mismos dueños que Sandro). 6, rue du Cherche Midi y 92, rue des Martyrs.

Colisée de Sasha (botas, mocasines, ballerinas, sandalias). 59, rue Beaubourg.

Bel Air. Tienen unas doudounes (camperas infladas) que acá estuvieron de moda. 22, rue Beaurepaire.

Les Petites y Claudie Pierlot. Rue de Marseille, cerca del canal Saint-Martin.

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París-BA…-París

Vivir en París es viajar a Buenos Aires, de visita. El empleado de Migraciones está muy bronceado. Pregunta: “¿en qué vuelo viajaste?”. Respuesta: “Air France, 418″. El hombre bromea con la pronunciación a la francesa de la compañía aérea: “¿Cómo es? Er Frans..”. Esa mirada pícara es de levante. Bienvenidos a BA.

Buenos Aires. Ciudad de porciones grandes, de cielo azul, de gente haciendo deporte a toda hora del día. Vivir en París es sorprenderse con detalles o costumbres porteñas que uno olvida y redescubre en cada visita. Los tacheros charlatanes pero simpáticos, que conocen como nadie las miles de calles de esa inmensa ciudad (nada de GPS, Filcar quizás). Los colectiveros que comen un sandwich y unas galletitas Sonrisas mientras manejan, en medio de un tráfico infernal que quebraría la paciencia de cualquiera. Ellos lo hacen todos los días. Los subtes ruidosos y con puertas que a veces no se cierran completamente. Y con boleterías que obligan a pagar con cambio. 

Vivir en París es golpearse con algunas nuevas realidades: los precios inflados, el billete de cien que se escapa de las manos. Los nuevos ricos son aquellos que ganan en dólares, no importa lo que hagan.

Vivir en París es pensar que viajar de visita a BA merece un post. Y un photomaton con fotos porteñas. 

Este tamaño de jugo de naranja no existe en París

El afilador. Justo se le rompió el sistema al momento de la foto

El garagista y su fiel acompañante. Parece un cuadro de Hopper.

Heladerías gigantes convertidas en cafés. No existe en París

Este sol y este cielo celeste se extrañan en París

Teatro en BA

Entrada $160, Comida $120, Estacionamiento (o taxi) $50. Es el 5% de un sueldo de $6.000

Durante mis días en BA eligieron a un papa argentino

La Catedral, dos horas después del anuncio de Bergoglio como nuevo papa

Papamanía

Papamanía bis

Los bares abiertos hasta las cinco am

La variedad de la cafetería porteña. Que diferencien las opciones “pocillo” y “jarrito” es increíble

Los zapatos son una buena compra porteña

El helado porteño

En algunos lugares los precios son casi como en París

En cada visita porteña hay algún trámite administrativo para hacer

Atrapados en el tiempo

Preguntar por una calle desconocida es un desafío para el taxista porteño. El parisino se queja

La vida al aire libre de los perros porteños

Las papas rejilla no existen en París. Ni hablar del amigo lomito

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Lugares para comer canchero

Leche de almendra y organic food en Pinson

El parisino disfruta a todo trapo del fin de semana en la ciudad. Sale a caminar, almuerza en familia o con amigos, se pasea mezclándose con los turistas que invaden su ciudad. Le gusta tener buenos programas planeados de antemano. El parisino es muy urbano.

El post anterior proponía buenos lugares para comer una hamburger o un hot dog. Este viene con algunos nuevos lugares para tener en cuenta para un brunch de domingo (una fórmula bien urbana que el parisino adora), para comer organic, o para imprimir-doblar-guardar en caso de una próxima visita parisina.

Pinson. 6, rue de Forez. Frente a Nanashi. Para comer sano, orgánico, gluten free. La leche es de almendra. El brunch del domingo se llena. El lugar es lindo. Todavía están explorando la identidad gastronómica: a algunos budines (cakes) les falta gusto.

Marcovaldo. 61, rue Charlot. A la vuelta de Pinson. Son cuatro italianos laburantes que se alejaron de la mamma por falta de trabajo. Desembarcaron en pleno Marais y se esmeran en el servicio. La manteca y la confiture vienen servidas en mini potecitos de mermelada Bonne Maman.

Le Mary Celeste. 1, rue Commines. Licuados verdes (espinada, palta, flores, pepino, banana, todo mezclado). Los llaman smoothies. Es a partir de las cinco pm y hasta las dos am. Habrá ostras (1 euro la ostra) y comida asiática. Y buenos cocktails. Es de los mismos dueños que La Candelaria (taquería + bar clandestino) y Glass (hot dogs + bar).

Neobento. 7, rue Beaumarchais. Es el concepto bentô, la bandeja japonesa con compartimentos en donde uno elige qué poner en cada uno. La idea es comer equilibrado: una porción “construcción” (proteína), tres “vitalidad”, una “energía” y una “placer”.

Marcel. 1, Villa Léandre. Rico y en el medio de un barrio lindo. Mientras los turistas invaden la Place du Tertre en Montmartre, los vecinos cancheros van a este mini loft reconvertido en restaurant. Huevos Benedict, sandwich de pastrami con pan al comino, ensaladas con roquefort y panceta, bagels y waffles.

Tuck Shop. 13, rue Lucien Sampaix. Un mini coffee shop vegetariano con sopas, ensaladas, sandwichs y cakes. Es de Stella Rice, una australiana muy simpática. Cerca del canal Saint-Martin.

Pinson

Marcovaldo

Brunch y libros en Marcovaldo

 

Cupcakes de banana en Neobento

Té frío ilimitado en Neobento

La fórmula de las seis porciones por 12 euros

Flores y smoothies en Le Mary Celeste

Preparando el licuado green

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Los parisinos, el hot dog y el hamburger

Una esquina parisina en el Marais, y la boutique de American Apparel abierta el domingo

Durante años se dijo que los franceses eran anti-americanos. Eso quedó en el pasado, al menos en París y al menos en lo que refiere al consumo: 1) la expo de Edward Hopper fue un éxito, siempre llena hasta el final; 2) los Starbucks están repletos, muchos eligen esos vasos gigantes como café take-away de la mañana, 3) las boutiques de American Apparel están por todos lados y les va muy bien. 

Ni hablar de las hamburguesas. El año pasado, los franceses se convirtieron en los segundos consumidores europeos de hamburguesas, con 14 por habitante y por año, detrás del Reino Unido (17). 

Lo cierto es que desde hace un tiempo las hamburguesas abandonaron el perímetro del fast-food para instalarse en el menú de las brasseries, reivindicando su estatuto de opción gastronómica. Y por eso también se están multiplicando en París los lugares cancheros para comer hamburguesas (al menos 12e) y panchos (mínimo 5e). A los ya conocidos se agregan algunos nuevos, con todo el espíritu USA. 

Aquí van algunas direcciones. Recibí muchos mails de lectores que viajan pronto a París. Para esos suertudos, estas son buenas opciones para variar del pato, el cordero y los quesos.

Glass: 7, rue Frochot. Los dueños de la Candelaria abrieron este bar cerca de Pigalle. Está bueno ir de noche, porque es oscuro y chiquito. En el menú, hot dogs y pickles, acompañados por cervezas especiales, cocktails u otras mezclas a base de Pisco o Mezcal. Buena música.

La Maison Mère: 4, rue de Navarin, al lado del hotel Amour. Abrieron hace dos años. Para comer una hamburguesa en un lugar canchero. Hay otras opciones en el menú, todas muy NY. 

Le Coffee Parisien: 4, rue Princesse. Un clásico de la rive Gauche. Abierto todos los días. El fin de semana se llena. En la semana es una buena opción.

Schwartz´s Deli: 16, rue des Ecouffes, en el Marais. La atmósfera es una mezcla de deli neoyorquino y kosher style. Las hamburguesas son gigantes. También hay sandwiches de pastrami excelentes.

Le camion qui fume: es un restaurante móvil. Un camión que de repente se instala en un lugar, abre las ventanas y vende hamburguesas hasta que se terminen. En la página está el calendario que informa por dónde pasará.

Próximo post: nuevas direcciones para comer canchero.

Maison mère, sobre rue de Navarin, en el 9ème, al lado del hotel Amour

Bienvenidos los días de sol

La salida de la estación Quatre Septembre. O la salida de cualquier estación 

Un amigo argentino con conocimientos parisinos muy respetados asegura que el túnel parisino durante el invierno es como Terminator: cuando se empieza a ir, se escucha de fondo un “I´ll be back“. Lo cierto es que el post anterior quedó muy atrás. Nada de buscar programas para luchar contra el túnel invernal. Los días de sol empiezan a volver. Todavía con frío, pero chau lluvia, chau cielo gris, chau gris en todas sus tonalidades. Se huele la llegada de la primavera, esa época en donde extrañamente uno se siente tan canchero de vivir en París. El tiempo ya no es una preocupación ni una limitación social. La mini angustia incómoda da paso a la tranquilidad. Sigue siendo un tema de conversación repetitivo, pero porque hay sol. Todos contentos. Todos más buenos. Nuevo photomaton, esta vez muy azul. 

El jardín de Luxemburgo a la mañana, very nice

Esquina de rue Vaugirard y rue Madame

Hola manzanas parisinas

By Juancho

La sede del Partido Comunista Francés (PCF). Edificio de Oscar Niemeyer. By F.

Camino al Chateau de Versailles. Un día de sol cambia todo. By Juancho

La fuente y los jardines de Versailles

Sigue haciendo frío. Por suerte, ustedes ni lo sienten

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Programas para vencer el túnel invernal

50 tonos de gris

Bienvenidos a la época tunelera de París: cielo gris durante semanas y semanas (se descubren las varias tonalidades de este color), lluvia al mirar por la ventana, viento enemigo. A veces parece que nunca amaneció. De repente el día termina y es de nuevo de noche. Salir da fiaca, sobre todo después de un día largo de trabajo. El trabajo es de hecho el mejor amigo en esta época. Es un buen refugio. Y las emociones se simplifican: un rayo de sol asegura una sonrisa. El límite es cuando uno se escucha subestimando el frío (“por suerte hacen sólo 7 grados”) para auto-convencerse, o dando consejos sobre cómo abrigarse a amigos porteños que están de visita y que de paso nos recuerdan que acá estamos verdes. 

Por suerte, también pasan muchas cosas que, con una buena banda de amigos, nos expulsan de la cueva. Un ballet en la Ópera, una visita nocturna a la expo de Hopper (a las 5am), un buen concierto de los grupos Wave Machines y Tahití 80 en La Cigale. Nuevo photomaton para ustedes, los suertudos, que pasean por París sin frío mientras comen una empanada. Y muchas fotos para disculparme por tanto tiempo sin postear. Culpa del túnel.

Ir a la ópera Garnier es siempre un buen plan

Incluso cuando uno mira al techo

Un sábado a la noche que empieza tranquilo

Y termina con una visita nocturna a la expo de Hopper, abierta 24h el último fin de semana. Así de larga era la fila afuera del Grand Palais. Con 0 grados

Me gustó. Después de la expo, croissant y chocolate caliente en el bar del Grand Palais

Aprendí a cortar quesos

Volvió a nevar. Por suerte fue sólo un día

Un concierto en una sala parisina es siempre un buen plan

En la Cigale (en Pigalle) tocaron los Wave Machines, de Liverpool, y los franceses Tahití 80

Estos son los Wave Machines. Me mandaron la foto especialmente para el blog. Buena onda

Betty Boop en la panadería. Así customizan sus vidrieras los parisinos en San Valentín

Y ví cómo les compraban flores a otras, de camino a casa

 

De París a Mendoza, a very good trip

Los afiches de la peli, en muchas estaciones de la ciudad

Muchos parisinos idealizan la Argentina. La carne, el tango, Buenos Aires, las mujeres, los machos. Les parece exótico. Los que no fueron imaginan las semejanzas entre las dos capitales y lo cómodos que se sentirían en esa ciudad del otro lado del Atlántico. Los que fueron vuelven con los mejores recuerdos y sorprendidos por esos barrios con edificios parecidos a los suyos. Pero las mejores historias las relatan en general esos franceses que tuvieron la oportunidad de recorrer un poco más el país.

Esta semana se estrenó en París la película “Mariage à Mendoza” (Casamiento en Mendoza), primer largometraje del director francés Edouard Deluc. Dos hermanos (Philippe Rebbot y Nicolas Duvauchelle) desembarcan en Buenos Aires, alquilan un auto y salen a explorar los valles y las bodegas argentinas en un road trip de cuatro días antes de llegar al casamiento de su primo (el músico Benjamin Biolay), en Mendoza. En el camino se cruzan con varios personajes como el típico argentino “Yo soy el hombre que estaban buscando” o la clásica bomba latina que enamora a todos. Todo acompañado por la música de Herman Dune, una banda francesa que si no conocen se las recomiendo (hace unos meses escribí un post sobre un festival green en el que tocaron, más abajo subí el video).

La película es un programón. Y una buena manera de ver cómo nos ven los franceses, o al menos los parisinos. Se suma además a dos películas argentinas que se estrenaron recientemente en Francia (El último Elvis, de Armando Bo, y El Estudiante, de Santiago Mitre). Ver a la Argentina en las salas de cine francesas es siempre una linda sensación.

La banda Herman Dune (los de la izquierda, tocando) y el director de la peli, Edouard Deluc, durante una entrevista en Radio Nova, en París

El afiche, en la avant-première del martes. Las pelis se estrenan los miércoles

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