Navidad en París (con fotos)

En la épicerie del Bon Marché

Diciembre en esta ciudad son vidrieras animadas con conejos que saltan, trineos que se desplazan y efecto nieve por todos lados. Los padres tienen la costumbre de llevar a sus hijos a mirar estas decoraciones en las principales boutiques parisinas, como las del Bon Marché, Printemps y las galerías Lafayette.

Diciembre es también una iluminación especial en las calles que aparece como por arte de magia cuando empieza a oscurecer, a partir de las cinco y media de la tarde. Es una iniciativa de la municipalidad en conjunto con los comerciantes, para quienes decorar sus barrios en esta época del año es una manera de agradecer a la clientela. Ojalá que así sea, porque el presupuesto es millonario, aún si en los últimos años empezaron a utilizar el sistema LED de bajo consumo.

Durante este mes también aparecen las “aldeas” navideñas, que seducen a los cientos de miles de turistas que vienen hasta aquí a pasar las Fiestas: casitas blancas o de madera que se instalan una al lado de la otra y proponen todo tipo de objetos relacionados con estas celebraciones (mucho rojo, verde y dorado), recetas de cada región de Francia y degustaciones.

Este es un mes de consumo. Al parisino le genera placer gastar en decoración y en regalos. Dice que la navidad es para los niños y que los regalos son para ellos, pero en esta época se vende la mayor cantidad de libros y de nuevas ediciones, de cajas de películas clásicas y, sobre todo, de perfumes y cosméticos. Nada muy infantil. Las calles están invadidas por publicidades de La petite robe noire de Guerlain, La vie est belle de Lâncome, J’adore de Dior, el N°5 de Chanel o Angel de Thierry Mugler, el top five de los perfumes preferidos de las francesas.

Pero el sector que sin dudas se lleva la mayor parte del presupuesto es el menú. La época navideña francesa y la argentina se distinguen por un factor principal: la temperatura. Aquí es invierno, hace frío y a veces nieva, lo que repercute directamente en las costumbres. No sólo las decorativas sino, sobre todo, las gastronómicas. Aquí se come rico, como en la Argentina, pero también caliente y pesado. La navidad se convierte en una excusa para invertir en buenos productos y armar la mesa con dedicación. Y es una verdadera experiencia gastronómica. Van al mercado y a sus boutiques de quesos y de vinos favoritos para elegir con precisión lo que van a llevar. El frío combina con los arbolitos de Navidad y con una buena panzada. El menú tradicional se compone de foie gras y mariscos de entrada (el 60% de las ventas anuales de ostras se hace entre el 15 y el 30 de diciembre), capón (pollo castrado) y puré de castañas como plato principal, quesos y las clásicas bûches de Noël (troncos de Navidad), una especie de pionono, en general también de castañas o de chocolate. En otros tiempos era un verdadero tronco que se quemaba en Nochebuena en señal de robustez y fidelidad. Para cada plato, se abre una nueva botella de vino, además del champagne. Los franceses brindan antes, durante y después, pero no necesariamente a la medianoche. Tampoco se escuchan fuegos artificiales ni perros ladrando. Navidad feliz para todos.

Una florería del 6eme en época navideña

Uno de los “villages”, aldeas que instalan durante las fiestas, sobre todo para turistas

 

Las bûches de navidad, especie de pionono en general de castañas o chocolate

“Los ateliers de Papa Noel” en las vidrieras del Bon Marché

Las vidrieras cuentan una historia

La decoración con ciervos combina con el invierno

La boutique de LV sobre los Champs Elysées

La Durée

 

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La Fondation Louis Vuitton, en fotos

La cascada en la entrada del edificio

Nuevo refugio parisino del arte contemporáneo, la fundación Louis Vuitton abrió al público a fines de octubre en los bosques de Boulogne, al oeste de París. La inauguración está prevista en tres tiempos (octubre-diciembre-marzo), cada uno alrededor de una exposición, una selección con parte de la colección, y diversos eventos. Esta primera fase está en su mayoría consagrada a la arquitectura. Un gran acierto: es lo que más impresiona. Las escaleras mecánicas, los ascensores y las puertas blindadas de acero de tamaños atípicos para París, además de las vistas panorámicas de la ciudad que ofrecen las numerosas terrazas, hacen que esta especie de observatorio de vidrio y acero construido por el arquitecto Frank Gehry logre imponerse como el gran protagonista durante todo el recorrido. A contracorriente con la tendencia mundial de los establecimientos culturales más minimalistas en donde los espacios buscan desaparecer para que la obra concentre toda la atención, aquí el contenedor supera el contenido. Y, a diferencia de los establecimientos franceses, la fundación LV transmite esa sensación de poder económico más típica de los museos estadounidenses. En 50 años, esta nave marítima pasará a ser propiedad de la ciudad de París. 

A lo largo de cinco plantas se destacan la figura humana monumental en yeso blanco, de más de ocho metros de altura, del alemán Thomas Schütte; la escultura viviente del argentino Adrián Villar Rojas, instalada en una de las terrazas, que evoca una cisterna de agua compuesta de distintos estratos de materiales orgánicos e inorgánicos del mundo entero (tierra, pigmentos, verduras, plantas, piedras, corales, frutas, caracoles, ropa y zapatillas), y el caleidoscopio gigante del danés Olafur Eliasson: 43 columnas triangulares de espejo y vidrio amarillo, iluminadas desde adentro, que generan la ilusión de estar caminando hacia el infinito, en una gruta en medio de cascadas de agua. Las instalaciones de Eliasson y de Villar Rojas fueron algunas de las obras hechas a pedido de la fundación. La idea era que tuvieran alguna relación con la arquitectura para que estén en sintonía con la exposición principal de esta primera inauguración, dedicada a la génesis y la concepción del proyecto de Gehry. El Centro Pompidou ofrece, en paralelo, una retrospectiva de las obras del arquitecto americano-canadiense hasta fines de enero.

La directora de la fundación LV, Suzanne Pagé, antigua directora del museo de Arte Moderno de París, se encarga desde 2006 de enriquecer la colección. Una tarea que realiza en estrecha colaboración con el dueño y presidente del grupo de lujo LVMH (Louis Vuitton Moët Hennessy), Bernard Arnault, que da su opinión sobre todas las adquisiciones para la fundación. “Intercambiamos ideas contantemente. Ella compra, pero yo doy mi opinión sobre todas las obras. Es una colección voluntariamente segmentada. Intervengo con mis elecciones personales”, explica Arnault al diario Le Monde. Su intervención llega a tal punto que en marzo próximo podrá verse una colección curada por él, “Las llaves de una pasión”, que muestra la filiación entre el arte de principios de siglo XX y el arte contemporáneo. Gracias a su mediación, los museos del mundo entero accedieron a prestar obras.

La tan esperada inauguración permitirá también descubrir de a poco parte de la abundante colección personal de Arnault, el hombre más rico de Francia, que en 2005 todavía ni figuraba en la lista de los 200 coleccionistas más importantes del mundo publicada por la reconocida revista mensual ARTnews y que hoy forma parte del top ten. A la exhibición de obras adquiridas para la fundación se le sumarán, ocasionalmente, obras de la colección privada de Arnault. Algo de su gusto ecléctico se había podido ver durante la exposición del museo de Arte de Hong Kong, en 2009: fotos de Richard Prince y Andreas Gursky, películas de Pierre Huygue y Yang Fudong, un cuadro de Basquiat de 1987 y el tríptico Class War, Militant, Gateway de Gilbert & George.

Inicialmente admirador de los impresionistas (de chico la madre lo llevaba de visita a los museos de Lille, Bruselas y Ámsterdam, porque vivían en el norte de Francia), la primera compra de Arnault como coleccionista fue la pintura Charing Cross Bridge, de Monet, durante una subasta en Sotheby´s en 1982 y por la cual pagó 200 mil euros. En la misma época empezó a adquirir obras de Basquiat, y hoy reúne una de las colecciones privadas más importantes. Pasarán veinte años antes de que se interese en el arte contemporáneo. En 2001 adquiere su primera obra abstracta, una pintura geométrica azul, blanca y roja de Ellsworth Kelly. Tiene art advisors, como Patricia Marshall o Hervé Mikaeloff, que serpentean galerías y subastas por él.

Según los diarios franceses, es imposible contar la cantidad de pinturas de arte moderno y contemporáneo que posee Arnault, y que expone en sus residencias pero también en sus oficinas. En un pequeño salón en el que recibe a los periodistas, por ejemplo, hay un Picasso y algunos Warhol colgados, y dibujos de Jean Cocteau y acuarelas de Christian Bérard alineados a lo largo de la pared. La colección de esta décima fortuna mundial en 2013 según Forbes reúne a los grandes nombres del siglo XX: Matisse, Yves Klein, Rothko, Jeff Koons, Damien Hirst y esculturas de Richard Serra como Single Double Torus, una pieza de más de 40 toneladas que decora la entrada de la sede de LVMH.

La escultura viviente del argentino Adrián Villar Rojas

En yeso blanco, esta figura humana del alemán Thomas Shütte mide más de ocho metros

Strip, 2011. Dos de los 14 cuadros expuestos del alemán de 82 años Gerhard Richter

Una de las vistas de París desde la terraza de la fundación

Torre en la neblina

Los tamaños gigantes impactan

El caleidoscopio del danés Olafur Eliasson: 43 columnas de espejo y vidrio

 

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La portera de París

Escena 1. Un amigo de Coco está de visita en la ciudad luz. Le manda un mensaje por whatsapp y se encuentran a tomar algo. El amigo le pide a Coco que haga de intérprete: quiere un cortado. En París el cortado no existe. ¿O es el noisette? Coco bromea con esa mania de llevarse las costumbres argentinas de viaje en vez de pedir lo que se toma en cada nuevo lugar (“Pedite un mate también”) y le sugiere un pequeño café crème (café con leche). El mozo, acostumbrado a los turistas, zanja la discusión proponiendo un macchiato (expresso con mousse de leche). Todos contentos. El amigo viaja con dos amigas. Se habla de todo y de nada. Se evocan algunos “clásicos” de los turistas: las sillas de los bares mirando hacia afuera, los horarios estrictos para comer, la pregunta ¿a qué hora se come en París?, los precios altos pero estables, los baños compartidos damas/caballeros. Una pregunta (¿dónde se puede comprar ropa no muy cara?) activa una serie de consultas sobre la ciudad. A los pocos minutos, Coco está frente a un mapa de París marcando con una lapicera por donde pasear, dónde comer, qué visitar. Momento guía turística, como los cientos que se tienen con las visitas cuando se vive en esta ciudad. El argentino no tiene límites a la hora de preguntar. Y menos cuando está en un lugar que conoce poco y se encuentra con otro argentino que conoce más: qué metro me tomo, como voy, a qué hora sale, dónde tomar algo, dónde imprimir una entrada o un pasaje.. A Coco le aburren esos momentos. Piensa que debería grabar o escribir las respuestas a ciertos pedidos reiterativos para no repetirlas nunca más.

Escena 2. Un conocido de Pía llega a París. Es domingo a la noche, llueve y hace frío. El está de vacaciones, muy arriba y con ganas de salir. Ella está semi hibernando y preparándose mentalmente para empezar la semana. El insiste con mensajes de texto que le incendian el teléfono. Para él es París, el pato, la pâtisserie, la tabla de quesos, el vino. Para ella es una noche de lluvia. Para él son los bistrots, las charlas mirando a la gente pasar, los faroles, los puentes y revivir Midnight in Paris. Para ella es domingo.

Así sirven los sandwichs en Folks & Sparrows

 

 

 

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Una California con acento francés

A 40 minutos en auto de Biarritz, Hossegor es desde 2002 una de las once etapas del circuito World Championship Tour (WCT), organizado por la Asociación de Surfistas Profesionales (ASP). Es la competencia más importante, pero sólo una de la decena que alberga esta estación balnearia del sudoeste de Francia. Las olas del Atlántico la convirtieron en un punto de encuentro de los surfistas del mundo. Al desembarco natural de los primeros amantes del surf en los años 70 le siguió una serie de emprendimientos privados y la voluntad política de hacer de este deporte una de las principales atracciones del lugar. Con los años, la cultura surfista se impuso en el estilo de vida y en la actividad económica de gran parte de sus 3800 habitantes. Montaron escuelas de surf, trabajan como instructores o fotógrafos del agua, fabrican y reparan tablas, venden ropa y todo tipo de accesorios ligados a ese deporte.

Este espíritu peace & love parafinado se extiende a lo largo de toda la costa de la región de las Landas e incluso más al sur, hacia el País Vasco francés. Comunas como Guéthary y Bidart, pasando Biarritz, son verdaderas cunas del surf. Las combis Volkswagen y las camionetas de todo tipo se desplazan con tablas en el techo y con toda una vida adentro: equipos de neoprene, parafina, ropa y hasta miniinstalaciones para poder parar a comer en el camino en busca de las buenas olas. El estilo imperante son los bermudas, el buzo canguro, la gorra y las ojotas. Una verdadera California, rodeada de tapas y con acento francés. La nota completa acá. Van algunas fotos.

El público en Hossegor durante la final de la competencia mundial de surf

El ganador, el hawaiano John John Florence (20)

Parte del equipo de seguridad

La costa de Bidart. Acá se surfea pero las olas son menos grandes

La arquitectura del país Vasco Francés se mezcla con la cultura surf

En Bidart

En Guéthary

En Hossegor

La costa de los vascos, en Biarritz

Un taller, entre Biarritz y Guéthary

Un shaper con una tabla para arreglar. Son arreglos de entre 30 y 150 euros.

El hotel 202, en Hossegor. El surf se mezcla en la deco

Un taller de shaper camino a Bidart, en parte de una casa muy vasca

 

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Un domingo cualquiera (en fotos)

En la Feria de Arte de Paris, la FIAC

Pasear por París un domingo cualquiera: brunch en Paperboy, exposición de fotos de Garry Winongrand en el Jeu de Paume, un poco de naturaleza en la place des Vosges y unos tacos en La Candelaria, donde se habla español. Van algunas fotos.

Un brunch. Este es el “Healthy” de Paperboy, 137 rue Amelot

O este, el “Paperben”, con huevos Benedicte (con salmón) y media banana. Mismo lugar

Un poco de arte

Un poco de hangeo con amigos al aire libre. Acá en place des Vosges

Una pâtisserie francesa

Unas birras y unos tacos en La Candelaria, para un poco de energía sudamericana

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Postales de la Feria de Arte de Paris

La feria vista de arriba, en el Grand Palais

Son 191 galerías de 26 países distintos (los más representados son Francia -por supuesto-,  Estados Unidos y Alemania) que durante cuatro días se dan cita en París para exponer (y vender) sus propuestas de arte contemporáneo. Algunas cifras para entender la dimensión: este año llegaron 100 grupos de coleccionistas, curadores, mecenas y directores de museos internacionales para quienes la FIAC organizó un programa con más de 110 eventos y visitas privadas. 

Vistos desde arriba de las escalinatas del Grand Palais, los compartimientos de la feria forman un gran tetris. De cerca, se observa una cierta tendencia hacia la extravagancia y lo kitsch, con muchas propuestas que brillan y con colores fuertes, de esas que seducen a los compradores con dinero joven. Los precios no ahuyentan al espectador porque en estos pasillos no se habla de crisis. Como explica una galerista alemana, si año tras año vuelve a participar es porque aquí se vende: al coleccionista extranjero le gusta decir que adquirió su obra en la feria de París.

Al igual que durante la Fashion Week, la cita internacional que representa la FIAC pone en funcionamiento una maquinaria artística que se despliega por toda la ciudad. Descubrir lo que exponen las 191 galerías es sólo una de las actividades de la semana. Los establecimientos culturales coordinan sus aperturas para esta época (no es casualidad que la Fundación LV y el museo Picasso, renovado luego de cinco anos de remodelaciones, abran sus puertas este fin de semana), la Fondation Cartier inaugura una exposición en el marco de sus 30 años, en la que el argentino Guillermo Kuitca, artista emblemático de la casa, propone un diálogo entre sus obras y las de Tarsila do Amaral, Francis Bacon, Artavazd Pelechian, David Lynch y Patti Smith, y en los jardines de las Tuileries se instalan obras de 17 artistas como Christian Boltanski y Georg Baselitz.

Acá van algunas fotos del día del vernissage. 

Galería Xippas

Galería Kamel Mennour

 

 

 

 

 

 

 

Gilles Barbier

Gal. Kamel Mennour

 

 

 

 

 

 

 

 

Manuel Valls

Mounir Fatmi

Galería Xippas (Paris, Genève, Montevideo, Punta del Este)

Galería Bärbel Grässlin (Frankfurt, Alemania)

Galería Daniel Templon, Paris

 

McKee Gallery, New York

 

 

 

 

Galería Yvon Lambert. Fue su última FIAC. Cierra la galería después de más de 50 años

Galería Isabella Bortolozzi, Berlín

The Jungle Shop, Mark Dion

María Antonieta, por Pierre et Gilles, inspirados en la ex-escort girl Zahia

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Guillermo Kuitca en la Fondation Cartier (fotos)

Cuando la Fondation Cartier le propuso participar del festejo por sus 30 años, Guillermo Kuitca recordó la instalación que David Lynch había hecho en esta misma casa, en 2007, y que le había quedado en la cabeza. No porque le hubiera gustado particularmente, sino porque le había producido cierta perturbación. El artista, cuya producción se caracteriza por referencias cartográficas, intersecciones de lugares, y territorios físicos y emocionales en donde la presencia humana brilla por su ausencia, se había sentido un poco perdido en relación con esa obra. Tomando ese efecto como punto de partida, Kuitca imaginó el living de Lynch (al que llama por su nombre de pila), un cuarto en rojo y negro, con poca luz, sillones y la voz en off de Patti Smith. Bajar las escaleras de esta fundación parisina es sumergirse en esa puesta en escena pictórica y sonora que se completa con obras de Tarsila do Amaral, Francis Bacon, Vija Celmins, Lynch y Artavazd Pelechian, y que puede verse hasta el 22 de febrero.

Figura emblemática de este laboratorio de arte contemporáneo, el diálogo entre artistas que imagina Kuitca refleja esa generosidad que los curadores franceses destacan al hablar de él. La misma que lo llevó a crear, a principios de los noventa, el programa para jóvenes artistas convertido, después de más de 20 años y 130 participantes, en uno de los semilleros artísticos más importantes del país. Desde hace dos años, empezó a trabajar en espacios y sobre paredes existentes para llevar sus obras pictóricas a una tercera dimensión. Este año, expuso en Zúrich, en Nueva York y San Pablo, donde la Pinacoteca do Estado exhibió una retrospectiva.

La entrevista completa publicada en Sábado puede verse acá. Van algunas fotos de la expo.

David´s Living Room, 2014, instalación de Guillermo Kuitca

De fondo se escucha una grabación sonora de Patti Smith hecha con Lynch en 2011

Sun is gone, 2014. David Lynch

Pintura mural, óleo y acrílico sobre pared y paneles de madera

 

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El museo Picasso reabre esta semana

Después de algunas reaperturas anunciadas y retrasadas, y de varias invitaciones a la prensa para descubrir el lugar, el nuevo Picasso finalmente reabre al público a partir del sábado 25 de octubre. Las remodelaciones, que lo mantuvieron cerrado durante cinco años y terminaron con la remoción de su antigua presidenta Anne Baldassari, lo volvieron capaz de recibir el doble de público, sumaron 13 salas, renovaron el jardín y crearon un café en el techo. Además, el público tendrá acceso al último piso del museo, hasta ahora cerrado, que exhibirá la colección privada del artista malagueño. Hay que ver cómo todo ese aluvión de curiosos que se espera impactará en el barrio: el Marais ya estaba de moda hace cinco años pero la cantidad de turistas que visita esta zona, sobre todo el fin de semana, creció exponencialmente. La nota se publicó hoy en la sección Cultura del diario, y acá van más fotos para que vean el nuevo museo con las obras finalmente colgadas. En esta primera exposición inaugural se exhiben 400 de las 5000 que reúne la colección del establecimiento, el refugio más importante de la producción de Picasso en el mundo.

Vaso, pipa, as de tréboles y dado, 1914

Olga pensativa, 1923

El beso, 1925

Cabeza de mujer, 1921

Gran bodegón del velador, 1931

Crucifixión, 1930

La lectura, 1932

Retrato de Dora Maar, 1937

El barrio desde la ventana, 2014

Niño jugando con un camión, 1953

Jacqueline con las manos cruzadas, 1954

El beso, 1964

Le Déjeuner sur l´herbe, según Manet, 1960

Los techos de París, 2014

Autorretrato en el Atelier rue Schoelcher, París 1915-16

La metamorfosis de Picasso, 2014

En la entrada del museo

 

 

 

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Ambiente bistrot y platos gastronómicos

La semana que viene en la familia de Xavier se festejará un cumpleaños. Para celebrarlo, le pidieron que reserve una mesa en algún restaurante de la ciudad. Xavier lo hizo por internet y con tres semanas de anticipación.

Hay ciertos restaurantes parisinos en los que nunca hay lugar si no es con antelación. Forman parte de lo que aquí se llama la bistronomie, conjunción de las palabras bistrot y gastronomie, una tendencia en donde en un ambiente de bistrot, lejos de las mesas con manteles blancos y formalismos, se sirven platos gastronómicos. En los últimos años, la cocina francesa no le ofreció al mundo un gran líder creativo y mediático como el catalán Ferran Adrià o el danés René Redzepi (chef de noma), pero inventó esta nueva manera de comer que parece tener una vida más larga que la revolución molecular.

La decoración no es pretenciosa pero tiene un estilo, que se mezcla con muebles de ikea o de alguna tienda de antigüedades. En general proponen menús, a veces incluso en cinco pasos tipo degustación, y con precios que varían entre 30 y 40 euros al mediodía y entre 50 y 60 a la noche, vino aparte. Las propuestas cambian porque aquí se priorizan los productos frescos y de estación. En su mayoría sólo están abiertos de lunes a viernes.

No corren por ser reconocidos pero ya forman parte de esas direcciones presentes en las agendas de los gourmets extranjeros. Proponen una calidad que se legitima con el paso del tiempo y consolidan una tendencia: gastronomía a precios razonables, en un ambiente relajado en donde la estrella sigue siendo el plato. Es el caso de Vivant, Septime (que este año fue distinguido con una estrella Michelin), Le Chateaubriand (de noche hay que hacer fila afuera para el segundo turno, sin reserva), Le Verre volé, Le Baratin (de la argentina Raquel Carena), Frenchie, Saturne, La Régalade, L’Abri, Le Pantruche, Coinstot o Bistrot Bellet, entre otros.

La banda no deja de multiplicarse. Algunos incluso inauguran versiones más accesibles como Vivant Cave, Clamato o Le Caillebotte, en donde proponen platitos que acá llaman tapas de entre 7 y 13 euros: tartare de ternera y ostras con frambuesas frescas, vieiras con calabaza y cáscaras de cidro, anguila ahumada con coco y semillas, o navajas con manteca de hierbas y almendras. A esta versión de asociar tapas con vinos o tragos sobre mesas de madera rústica se suman lugares como Mary Celeste y Au Passage

Ofrecen vinos naturales, lo que favorece a muchos productores independientes porque les permite tener una vidriera parisiense y reinventan la cocina francesa, sin salsas pesadas ni complejidad pero con productos frescos y asociaciones creativas. Privilegio de esta ciudad, varios de estos chefs pasaron antes por las cocinas tradicionales como Alain Passard, Robuchon y Christian Constant cuando estaba en el Crillon o en el Ritz.

Esta nueva generación de cocineros muchas veces suman en sus cocinas a chefs japoneses, que cada vez más se instalan en esta ciudad, porque encuentran en esta bistronomie una libertad que no conocían en la alta gastronomía. Y la enriquecen con sus técnicas de cocina más liviana, una estética particular en la presentación de los platos y la delicadeza gustativa. Eso sí: a reservar con tiempo. Ésta es una ciudad que premia la anticipación.

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La nueva colección de zapatos Hermès

Durante cada semana de la moda, además de los desfiles, las maisons aprovechan para mostrar sus nuevas colecciones. El caso de Hermès, que presentó su colección de zapatos primavera/verano 2015 del francés Pierre Hardy, que colabora con la casa desde los 90 (desde entonces creó también su propia marca). Fue en una parte del museo Nissim de Camondo, un lugar construido a principios del 1900, inspirado en el Petit Trianon de Versailles, y que hoy alberga una colección de muebles y objetos de arte del siglo 18. Un lugar muy francés y bastante fascinante para recorrer, con un jardín con castaños de Indias. Si además hay sol, el paseo vale la pena. En estas presentaciones nada es dejado al azar. La escenografía muy conceptualizada estuvo a cargo de Mathias Kiss, que recreó un teatro con un delante y detrás de la escena y con un principio de jardín interno que hace de continuación del de afuera. Todo ello para sólo cuatro horas en las cuales la prensa del mundo entero, que se da cita en París durante la fashion week, desfila también por aquí. Van algunas fotos. El estilo de los zapatos es bastante atemporal, demostrando una vez más que Hermès hace de la tradición su fuerza sin preocuparse por las imposiciones de la moda. Unica concesión: los modelos un poco más sport, en armonía con las tendencias actuales, aunque a la manera Hermès.

 

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