Milán, menos robótica que París

Vista de una parte de la Fondazione Prada, en la periferia de la ciudad. Solía ser una destilería

MILAN.- La semana pasada, arquitectos, diseñadores, desarrolladores inmobiliarios y curiosos del mundo entero desembarcaron en Milán para descubrir una nueva edición del Salón del Mueble, una referencia para todo aquel interesado en el diseño. La feria oficial se instala en las afueras de la ciudad y recibe a más de 370.000 personas en seis días, aunque sin duda lo más interesante es el “fuorisalone“, el programa paralelo que se organiza por los barrios de Milán. Así, después del jamón de Parma y los gnocchi del mediodía, y antes del spritz y demás aperitivos de la tarde, se puede pasear por una antigua fábrica de corbatas reconvertida en galería en la que se exhiben muebles que parecen objetos de arte; caminar algunas cuadras hasta un espacio efímero en el que se reconstruyen diferentes livings, y llegar en taxi hasta un teatro transformado por Hermès que presentaba allí su línea de muebles. Las distancias son cortas y es fácil moverse por esta ciudad en plena ebullición, día y noche. Restaurantes llenos, heladerías abiertas hasta pasada la medianoche y calles atestadas.

En muchos sentidos, sobre todo socialmente, la ciudad es más amigable y menos robótica que París. Los milaneses entran y salen de los transportes públicos sin demasiado orden y con algunos empujones innecesarios -más por instinto de supervivencia que por mala educación-, pero sin generar bronquitas ni resoplidos malhumorados. Los mozos son llamativamente pacientes con los clientes y hasta juegan con los monopatines de los más chicos para que dejen de llorar, y en las calles la juventud se mezcla con las familias porque, aun con hijos, los milaneses no resignan sus momentos de placer. Sin olvidar, claro, ese gen italiano que convierte a los hombres en buenos mozos y a la vez masculinos, a diferencia de los parisienses.

Tradicionalmente conocida como una ciudad “industrial”, Milán perdió esta característica si se escucha a quienes la habitan. Aquí cuentan que, si bien los laboratorios y otras empresas conservan sedes en la ciudad, la producción fue deslocalizada al extranjero. Ello se ve con claridad en el barrio elegido por la nieta del fundador de la casa de prêt-à-porter Prada, Miuccia Prada, para construir su Fondazione, un centro de arte contemporáneo de 19.000 metros cuadrados que, además de exposiciones temporarias, exhibe gran parte de su colección personal. Las diez unidades proyectadas por el arquitecto holandés Rem Koolhas se levantan en lo que solía ser una destilería, en la periferia de la ciudad.

Además de exposiciones y sala de cine, el visitante puede consultar libros raros en una biblioteca o comer algo en el bar Luce, diseñado por el director Wes Anderson, que recrea el espíritu de los cafés clásicos milaneses de los años 50 y la galería Vittorio Emanuele. No hay una boutique que venda arte hecho marketing (como remeras, tazas, imanes o cuadernos) y los espacios no se parecen a esos cubos blancos repetitivos. Lo mejor: un robot de apariencia humana creado por la artista polaca Goshka Macuga recita discursos históricos. Una visita obligada para todo aquel que pase por Milán.

(Más fotos y videos en el próximo post)

En el Podium, bola de carbón vegetal de Phyllida Barlow (2012). Colección permanente

La Fondazione son 10 unidades proyectadas por el holandés Rem Koolhas

 

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Correr: nueva pasión parisiense

Con la llegada de temperaturas menos glaciales, los parisienses se calzan las zapatillas y salen a correr por la ciudad. Los jardines de Luxemburgo y Tuileries, el bosque de Boulogne donde están la fundación Louis Vuitton y el club de polo de Bagatelle, el canal Saint-Martin hasta la Villette y los bordes del Sena son algunos de los lugares predilectos, mañana o noche, cuando la polución se siente menos. No suelen hacer entrenamientos en grupo con un personal trainer ni ejercicios aeróbicos especializados. Pilates, yoga de todo tipo y pesas se reservan para las salas privadas y los gimnasios. Al aire libre, lo único que se ve es gente corriendo. El domingo pasado, la maratón anual de París reunió a más de 50.000 competidores. Eran 35.000 hace diez años. Hoy se estima que esta competencia genera unos 6 millones de euros. Ese mismo fin de semana, unas 90.000 personas pasearon por el salón del running, brazo comercial de esta tendencia y lugar ineludible para los adeptos en busca de zapatillas, accesorios de todo tipo -relojes, aparatos para distender los músculos, electrodos-, alimentos saludables y barras proteicas. No faltó, por supuesto, el stand de las bananas. Todos quieren sentirse Rafa Nadal. O, en este caso, Usain Bolt.

El entusiasmo por el running es mundial. Llegó incluso a esta ciudad intelectual donde la prioridad sigue siendo sentarse en un café y debatir sobre los ideales hasta que el vino y los cigarrillos se terminen. Contradicciones de una ciudad de a momentos atrapada por las tradiciones. Si los primeros años de la vida, hasta la adolescencia, son los que marcan con mayor fuerza el rumbo de una persona, al menos en lo que a inquietudes e intereses se refiere, se podría decir que el francés no está predestinado a ser un deportista. En el colegio, por ejemplo, la cantidad de horas de deporte es relativamente menor que en los establecimientos escoceses o norteamericanos. Tampoco se organizan esas competencias entre escuelas de hockey o de rugby para iniciar a los alumnos en el trabajo en equipo. Largas horas, en cambio, son destinadas al estudio de las obras de Voltaire o de Balzac, a la gramática, a la escritura prolija en cursiva y a los buenos modales.

Pero hay algo de esa disciplina enseñada que vuelve al francés riguroso y metódico. Y en ese marco, antes de pensarlo como competencia contra el otro, como fuente de músculos o con una función estética, el deporte se convierte en un camino hacia la autosuperación. Práctica disciplinada, foco en la técnica y objetivos cada vez más complejos. Sin saberlo, uno puede estar frente a un dentista que se revela cinturón negro en judo.

Para quienes aguantaron esos 42 kilómetros fue un buen paseo parisiense. La maratón cruza todo París, ida y vuelta. Empieza en la avenida Montaigne, pasa por la Bastilla, recorre las afueras del este de París y vuelve bordeando el Sena hasta el Trocadero, se mete por los jardines del oeste de la ciudad y termina a pocos metros del Arco de Triunfo. Con sus remeras verdes y sus medallas colgadas hasta el final del día, los competidores eran identificables por todo París luego de la carrera. Incluso ese grupo en una mesa que festejaba con cervezas el desafío realizado.

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Caballos y monturas Hermès en el Grand Palais

El Grand Palais volvió a convertirse este fin de semana en un paddock gigante para una nueva edición del Saut Hermès, la competencia de salto ecuestre organizada desde 2010 por esta casa francesa en el corazón de París. Los mejores jinetes y los mejores caballos se dan cita durante tres días para competir en la pista. El público también aprovecha para dar vueltas por los puestos instalados alrededor y en donde descubren todos los métiers de esta casa ligados al universo del caballo, como las monturas hechas a mano, la vestimenta y los accesorios. Seguir leyendo

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Artistas chinos en la Fondation Louis Vuitton

Pintura y escultura de Zhang Xiaogang. Retrato familiar y social de la sociedad china.

El nuevo accrochage de la fundación Louis Vuitton presenta una selección de obras de artistas chinos que, sin querer mostrar un panorama exhaustivo del arte chino actual, permite entender las preocupaciones y los mecanismos de creación artísticos en un país que crece y que cambia a pasos agigantados. Seguir leyendo

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Paris partida entre norte y sur

Enfrente de la Casa Argentina de París, ésa por donde pasó Julio Cortázar antes de ser el autor de Rayuela y que hoy alberga a estudiantes e investigadores argentinos que llegan a esta ciudad, hay una escultura en bronce de José de San Martín. Seguir leyendo

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Arte en Punta del Este

PUNTA DEL ESTE.- Durante el vernissage para coleccionistas e invitados VIP, el martes pasado, en el stand del galerista Renos Xippas estaban todos contentos: en cuatro horas se vendieron doce obras del artista uruguayo Ricardo Lanzarini (1963), unos dibujos de formato medio, a 2500 dólares cada uno, hasta hace no tanto guardados en un depósito de Ginebra. Los compradores eran argentinos, uruguayos y algunos belgas. Ningún brasileño. Al día siguiente hubo recambio, agregaron nuevos y se siguió vendiendo.  Seguir leyendo

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Postales de París

Caminar por París en estos días es una mezcla de decoraciones navideñas, símbolos patrios y gendarmes que dispersan las concentraciones, prohibidas por tres meses mientras dure el estado de urgencia decretado luego de los atentados del 13 de noviembre. Muchas banderas se ven colgadas en los balcones, sobre todo en la rive droite y al este de la ciudad, mientras que las tradicionales vidrieras navideñas se multiplican, sobre todo en la rive gauche. Van algunas fotos de estos días. Seguir leyendo

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Paseo por Le Bon Marché navideño

La época navideña encuentra a París en un momento particular, golpeada por los atentados terroristas del 13 de noviembre y a la vez con ganas de resistir, mostrarse de pie y seguir adelante. Si bien la afluencia en las boutiques cayó un 30% y los parisinos recién ahora empiezan a hacer sus compras de navidad, las grandes tiendas mantienen la tradición tan francesa de sorprender a sus clientes, en cada nuevo fin de año, con decoraciones de lo más variadas en vidrieras e interiores. Una de las propuestas más lindas es la de Le Bon Marché, la gran boutique de la rive gauche. Van algunas fotos para que paseen por el lugar como si estuvieran acá. Seguir leyendo

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Los atentados repercuten en la economía

Se multiplican los mensajes en homenaje bajo el monumento de la plaza de la República

Los días después de los atentados del viernes 13, el tradicional cabaret parisino Moulin Rouge vio como las reservas de mesas caían estrepitosamente. Cerca de 500 de los 800 clientes cancelaban su visita. Seguir leyendo

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Un golpe a la juventud parisina

Estuve recorriendo las calles de París y los lugares de los ataques. El restaurante familiar de comida camboyana Le Petit Cambodge, el canal Saint Martin, la plaza de la República, los alrededores de la sala de conciertos Bataclan con el perímetro cerrado. Son todos lugares a los que voy siempre con mis amigos. Y con los amigos de mis amigos. Los atentados golpearon el corazón de la juventud parisina. Muchas de las víctimas tienen entre 20 y 35 años. En enero el objetivo era un “cuerpo de metier” como dicen acá: los periodistas y caricaturistas de Charlie Hebdo. Hoy es la generación Bataclan.  Seguir leyendo

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