Pareciera haber estado planeado: la primera vez que tuve que ir a la facultad (ubicada en la 27 y 7ma avenida, en pleno Chelsea) me topé con colores que me eran similares…No solo el cielo celeste radiante con algunas nubes blancas me hacía acordar a nuestra bandera, si no que, para mi grata sorpresa, encontré lo siguiente:
Miles de globos celestes y blancos se disipaban en el cielo, bailando al compás de un murmullo constante de alumnos que celebraban el famoso “back to school”. Lejos de acercarme a las masas y hacerme amiga (lo que todas las demás personas hacían con bastante espamento) miré al cielo por unos cuantos minutos. Fue emocionante.
Las casualidades son muy frecuentes en Nueva York. Pero esta fue más que una casualidad. Fue una perfecta bienvenida.