Vivir en Nueva York

La variedad está en la lectura

Comentá (13)

Entrar a una librería en cualquier parte del mundo y elegir un libro es una tarea puntillosa, demandante. No es fácil, dada la vasta cantidad de libros publicados.

Ahora, en Nueva York, es imposible! O mejor dicho, para quien escribe: divertidísimo!

Hay tanta variedad de librerías, libros y ediciones, que uno puede pasarse horas y hasta días buscando lo que necesita o dejándose sorprender con libros que nunca imaginaríamos que existirían.

A continuación, un dato estremecedor: vi libros desde US$1 a US$225.000 (sí, leyeron bien, doscientos veinticincomil).

El clásico de los clásicos acá se conoce como Barnes and Noble, una librería inmensa, ubicada en varios barrios de Nueva York. Tengo el placer de vivir a tres cuadras del local más grande de Manhattan, de cuatro pisos, atiborrado de libros y de un café interno (Starbucks, cuál otro si no?) donde poder ojearlos antes de comprarlos (es interesante, porque siempre que voy termino compartiendo mesa con otros lectores y conversando sobre los libros que estamos por comprar). El problema, al menos para mí, es que a comparación con Argentina, los libros no cuestan mucho, y me siento tentada a diario… Un día necesitaba una dosis Cortazareana, y fui y me compré Rayuela (en español, por supuesto). También tienen la obra completa de Borges, García Lorca, García Marquez, algo de Octavio Paz, Sábato, etc…

Y un consejito: en el tercer piso hay una sección de “Bargains” en la cual encontrar libros incomparables a precios ridículos. Yo me compré dos libros de fotos de los Beatles – mi banda adorada- a US$9.

Otro spot recurrente en tema de libros es Strand, en Broadway y la 13, una librería cuyo principal atractivo es encontrar libros por precios muy baratos. De hecho, hay una sección desplegada en la calle de libros a US$1. De más está decir que una de mis hobbies preferidos en NYC es pasar por Strand a ver qué hay de nuevo en esos cajones, todos desordenados, de libros casi regalados. Los títulos que podemos encontrar ahí, son desorbitantes.

También hay una buena selección de libros que despliegan vendedores ambulantes en esquinas y rincones. Por ejemplo, en Williamsburg, es muy común caminar por Bedford Avenue y regatear a US$15 un librazo (como el que me compré yo) de Monty Python. También venden todo tipo de novelas y ensayos de millones de autores de todo el mundo.

Aunque la manera  más cómoda de comprar libros acá, es por Amazon. Es tan tentador estar en su casa, en su pijama, con 10 grados bajo cero, y con un sólo click poder comprarse unos excelentes libros y baratísimos! Ese libro que buscábamos desesperadamente en Barnes and Noble, en Strand, en la New York Public Library y que estaba agotado, está en Amazon. La ventaja es poder elegir entre ediciones nuevas o usadas (las usadas van desde US$2 en adelante).  

Y por qué no soñar con libros inaccesibles: Bauman Rare Books es una librería ubicada en la avenida Madison, que vende los libros más exclusivos que yo he visto alguna vez, que van desde US$1000 a US$225.000. Cuando entré por primera vez a Bauman pensé “ojalá algún día pueda ahorrar y comprarme un libro de estos” (porque son todas versiones originales, firmadas por los autores, que datan desde el siglo 17 en adelante), pensando que serían caros, pero tampoco imposibles! Valen lo mismo que un auto o un departamento!  Obviamente no me dejaban sacar fotos en el local. Pobres… como si eso fuera un impedimento para esta blogger.

Y el último párrafo, para uno de mis lugares predilectos en Nueva York: PHAIDON Bookstore. Un espacio poco pretencioso, en Soho, reune todos los libros de la editorial PHAIDON, quizás una de mis preferidas. Mientras uno se deleita con esos libros que huelen rico, de hojas gruesas y satinadas, de fondo siempre pasan música cancherísima,y además, el vendedor es inglés y muy conversador.

Por eso decía que comprar un libro en NYC no es tarea sencilla….auque qué placentera!

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Publicado el 19.12.09 en Arte, arte, arte, Costumbres.
13 Comentarios de los lectores
  1. polaca80

    Julieta por acá 32 grados, húmedad terrible y sin posibilidades de conseguir algo bueno para leer por poca plata.
    es lo que nos toca…me alegro que vos disfrutes esos hallazgos literarios, que la pases super bien, un beso.

  2. Pato

    Julieta! que lindo tu post de hoy…. yo soy de las tuyas, a cada ciudad que voy… me la paso entrando a las librerias y buscando lindos libros, y si son baratos mejor!… la ultima vez que estuve en NYC dedique 2 dias a recorrer librerias de todo tipo y comprarme libros…
    Hoy en Buenos Aires es la noche de las librerias… van a estar abiertas hasta la madrugada…
    Saludos desde la mojada buenos aires!

  3. Inés

    Me encanto el dato de la librerías!! definitivamente me voy a dar una vuelta por mas de una la próxima semana!!
    Me encanta el blog, se convirtió en una adicción jajaja Besos

  4. Gonzo Rock&Cook

    Hola Julieta hacia mucho que no entraba al blog. Que bueno lo de la libreria y tambien sobre tu viaje a LA que tampoco habia visto, te recomiendo un libro de un chef muy famoso en el mundo llamado Anthony Burdain llamado ”confeciones de un chef” se que el tipo tiene un resto groso en NY, te encargo datos porfa… que andes bien y muchas felicidades para estas fiestas :) . Gonzalo

  5. Cristian

    Woow nunca imaginé que había tal variedad de libros y librerías! Creo que es algo que le falta a Buenos Aires. Aca la mayoría de las librerías son todas del mismo estilo. Queremos un post navideño!! Esta semana los locales abren más temprano y extienden su horario? La gente compra compulsivamente o este año por la crisis financiera no es tan así? A pesar de la nieve la gente sale corriendo a la calle en búsqueda de sus regalos? Amo tu blog !!

  6. Julieta Sopena

    Cristian! Acabo de postear el famoso post navideño. Espero que te guste! Y con respecto a tu pregunta sobre si la gente compra compulsivamente, es simple: para mí hay una compulsión en el aire impresionante.Ahora, para la gente que vive acá,y sobre para la gente de la industria de la moda,que es con la que yo estoy en contacto, las ventas y el consumismo han bajado enormemente. Supongo que será porque para mí, en comparación con Argentina,donde la crisis es constante (casi desde que tengo uso de razón) y donde la gente tiene un comportamiento mucho más cauteloso, esto es un frenetismo salvaje,por más deprimido que esté el mercado…
    Así que todo es muy relativo.Pero para los ojos de un argentino, sí, la gente acá enloquece con las compras. Además hay una cultura del “regalo” muy fuerte y linda. Hay locales enteros que venden nada más que bolsas y papeles para envolver!
    Saludos!!

  7. Julieta Sopena

    Hola Gonzo, gracias x ese dato! No lo tenía…voya investigar….o sea,no me queda mucho tiempo, porque me estoy yendo a Bs As este jueves, pero cuando vuelva,seguro me doy una vuelta por ese restaurant.
    Beasito y felicidades para vos tbm!

  8. Julieta Sopena

    Inés gracias!! No dejes de ir a Phaidon! Si te gustan los libros de biblioteca,de buenas fotos, es el paraíso!

  9. Julieta Sopena

    Pato! Cómo estuvo esa noche de librerías??
    Acá tbm está mojado, pero por la nieve!!
    Besitos!

  10. Julieta Sopena

    Polaca,no te desanimes! Creo que en Bs As tbm hay buenos libros!! No son baratos, eso es verdad…pero bueno, quizás en algún mercado en San Telmo se encuentran hallazgos divertidos.
    Besos!!

  11. Juan Pablo Neyret

    La librería de Babel

    Como sabiamente sigue diciendo Cortázar al principio de “Las babas del diablo”: “Nunca se sabrá cómo hay que contar esto”. Además, ya no son las épocas de la máquina de escribir sino de la compu y el terror ante la página en blanco ha sido suplantado por el simulacro del terror ante la pantalla en negro. Los famas dirán, lógicamente, “desde el principio”, pero that is the question: ¿cuál es el principio? ¿Cuántas veces llegué a New York, a “la ciudad donde todas las cosas son posibles” como dice a su vez Michael, a “la ciudad que nunca duerme” como canta Sinatra, “la selva de los símbolos” de la modernidad como la define Marshall Berman en “Todo lo sólido se desvanece en el aire”? ¿A New York se llega o se vuelve aunque nunca se haya ido, como cuando Borges dice, evocando a su abuelo Francisco: “Vuelvo a Junín, donde no estuve nunca”? Mejor será no seguir pisando los pianitos del tedio y decir, como el mismo cronopio: “Qué diablos”. O preguntarse: ¿todas las polacas se llaman Magdalena?

    Si vamos a seguir la formidable teoría del antropólogo francés Marc Augé sobre los “no lugares”, esos espacios de la que él llama “sobremodernidad”, los que sólo están hechos para pasar de paso, entre ellos los aeropuertos, debería decir que llegué por primera vez a New York el 10 de noviembre de 2003, pero ¿el aeropuerto JFK es un “lugar” de New York antes de que, como en las películas —porque en New York se vive siempre como en una eterna película, preferentemente llamada “Historias de New York” y cuyo afiche reescribe seguro que sin saber sabiéndolo Muñoz Molina en “Ventanas de Manhattan”—, un remisero pakistaní con el que pasamos una hora en el coche hablando de su vida anterior en Inglaterra y su pasión allí por el golf, me buscara por mi nombre para llevarme desde el estacionamiento a mi primer destino, New Jersey? Pero, vamos, que se supone que deberíamos estar hablando aquí de libros, y de eso intentaremos hablar.

    Y nuevamente, ¿cuándo empieza la historia? Puede ser cuando mi amiga polaca Magdalena me llevó desde New York a Rosario, a un congreso en el que nos conocimos personalmente luego de tanto e-mail, un libro para que fotocopiara. Puede ser también cuando ante mi amor irredento por “Hechizo del tiempo/Groundhog Day”, la misma Magdalena me enviara por correo postal a la Argentina un librito (el diminutivo alude sólo al tamaño) formidable sobre esa comedia romántica, editado por el British Film Institute. Bueno, basta, lo que significa: comencemos. Si después de una semana en New Jersey un escritor —de libros hablamos, sí— te dice con los ojos azorados “¿Cómo? ¿Pero todavía no fuiste a Nueva York? ¡Si estás a menos de una hora en tren! ¿Qué esperás?”, entonces fecharemos mi llegada una semana después de JFK, el lunes 17 de noviembre de 2003, cuando el New Jersey Transit, Corredor Rojo, me dejó, cual Armstrong pisando la luna, a eso de las cuatro de la tarde, en Penn Station. Salir más azorado aún a la Octava y ver antes que nada, que todo, el Madison Square Garden y pensar “Sandro y Pappo”, subirme a un taxi que ahora sé es redundante pintar como amarillo y, ya casi anocheciendo en ese otoño, hacerme llevar a una de las universidades de la Gran Manzana, ésa en la que trabaja Magdalena, la polaca, mi amiga y desde entonces cicerone.

    No sé cómo pudimos hacer tantas cosas en las únicamente seis horas que estuve, convengamos entonces, por primera vez en New York, pero en este lugar (¿o un no lugar de Augé, un blog?), claro, corresponde hablar de, entre tantos, el lugar inevitable al que me llevó Magdalena cuando ya era de noche. En efecto, en efecto: la Barnes & Noble neoyorquina.

    Lo que se dice cultura de librerías no digo que no tuviera hasta entonces. Basta y bastará siempre recorrer en la avenida Corrientes porteña, entre la 9 de Julio y Callao, las decenas que se apiñan para decir con Terencio que nada de lo humano me es ajeno, menos aún ellas. Sin jamás olvidar las de mi Mar del Plata, empezando siempre por “Don Quijote”, en la que su siempre recordada dueña, Marta Lemos de Videau, librera de las/los que no van quedando en la Argentina (basta con citar el “cerrado por melancolía” de Isidoro Blaisten o la partida física de Héctor Yánover), me enseñó desde la adolescencia a leer, nada menos. En la tan oximorónicamente llamada “Feliz” lo que más me había impresionado hasta entonces era la de usados que visitaba, “El Atril”, de dos pisos entonces. Pero, y perdón por el brusco cambio en el que llaman registro de lenguaje, llegar por primera vez a la Barnes & Noble de New York… Dios mío de mi vida, como dice el ateo Sabina… es como aquella publicidad que hacía el Gordo Casero: “Convenzancén, esto no es pa’ cualquiera”. Una librería de cuatro pisos, con escaleras mecánicas, tan parecida a la biblioteca de Babel, si uno sobrevive al primer síntoma de desmayo… es —Julieta bien lo sabe— una panadería para un ratón. Literalmente, ya que de libros hablamos, no se puede creer, mientras allá afuera la ciudad empieza su eterno insomnio.

    Nadie rebaje a lágrima ni a chivo, pero es muy difícil explicar la primera vez de un argentino en una librería en la que se consigue todo lo que usted siempre quiso saber sobre la literatura pero, aunque se animó a preguntar, jamás obtuvo una respuesta en la Argentina. Yo, que nunca me subí ni me subiré a una montaña rusa, creo, qué digo, estoy convencido de que lo hice por primera vez allí. Los ojos no alcanzan para mirar, las manos no alcanzan para tocar, y sí, caeré en la remanida comparación con la mujer de tu vida, “esa compañera / que me esperaba, y que tal vez me espera”. (Debo confesar que miro para atrás y se me ocurre que uno de los parámetros, si no el parámetro, para pensar en la mujer de mi vida es cuántas horas sería capaz de tolerarme dentro de una librería. Todas, con harta razón sin duda, dormidas en cumplimiento del deber, menos una. No, Magdalena claro que no: con ella gocé del privilegio de que fuera de verdad solamente amiga, de que estuviera casada y por ende sin apuro y, además, de que, como corresponde en una librería, nos perdiéramos por un par de horas, cada cual por su lado, para reencontrarnos frente a la caja al momento de pagar.)

    La Barnes & Noble de New York es un monstruo, es la Medusa. Basta con mirar para acá y encontrarse con toda la crítica literaria, para allá y con toda la literatura de creación, para acullí y con todos los libros de viajes o cocina, para acullá y con todos los de, qué sé yo a esta altura, sociología, antropología, filosofía así como tárot (sin ofender, que una tía lo tira como nadie), los mal llamados “infantiles” que en rigor son para niños, New Age, más los acostumbrados souvenirs, más todo lo que uno pueda imaginarse y, mejor aún, lo que no pueda, que también está. En medio de ese mareo como cuando dábamos vueltas cuando éramos chicos y creíamos que dar vueltas para el otro lado era “desmarearnos”, no sé, ni valen aquí las estadísticas, cuántos, cuantísimos libros, fui manoteando, desde luego, los que buscaba, que estaban todos, y los que no buscaba y me llamaban con su canto de sirena, que también agarraba impúdicamente. Sólo nombraré uno, que pude haber conseguido incluso antes aquí en Estados Unidos, pero que si no se compra en New York, no vale.

    Antes de irnos a cenar a un restorantito (otra vez, el diminutivo sólo por el tamaño, pero huelga decir que bellísimo) francés, brindar por la amistad eterna y de pronto salir corriendo para tomar al bus a Penn Station porque se me iba el último tren a New Jersey (ya que no a Londres como el de la ELO), Magdalena, cuando nos reencontramos en el primer nivel y yo encaraba orondamente para la caja, empezó a hacerme una serie de gestos y señales que al principio me dije: “serán cosas de polacos”. No: pecado venial de los que prescriben seis años después, y ni siquiera eso porque aquí es totalmente lícito, ella, claro, trataba de indicarme, y lo logró a tiempo, que tenía la tarjeta de cliente de Barnes & Noble, y que le pasara la parva de libros a los que yo le había echado mano para juntarlos con su propia parva y pagar todos con descuento.

    Lo dicho: luego, la cena, la corrida para llegar a tiempo al NJT, la rápida despedida, otra vorágine en que la memoria me encuentra sentado en un vagón, con la bolsa casi reventando de libros de la Barnes & Noble de New York y yo, manoteando en busca de ése que dije diría. No otro, claro, que, aunque (o más bien porque) ya lo había leído en su traducción española a la que llamar pésima es poco, fue el primer libro de un autor estadounidense comprado en Estados Unidos que leí en este país: “The New York Trilogy” de Paul Auster. La ciudad de cristal, “City of Glass”, me recibía otra vez desde sus páginas mientras el tren, casi sin darse cuenta, arrancaba.

  12. polaca80

    bello relato Juan Pablo, quisiera perderme en esa Babel, quisiera perderme en NY, respirar lo infinito y ver multiplicarse los sentidos.
    ahora me voy, a un lugar sorprendente pero distinto de esa voraginé del norte.
    voy muy al sur, a recorrer otra Babel de piedra,musgo,pinos, aguas radiantes y millones de estrellas para quienes las buscan.
    me voy… cada uno hace distintos viajes, todos recogemos sabidurias, que nos nutren .
    muy buen comienzó, porque es muy bueno volver a empezar.

  13. Julieta Sopena

    Juan Pablo, como siempre: gracias x tus aportes tan enriquecedores!
    Y Polaca,buen viaje!El sur Argentino es uno de mis lugares preferidos en el mundo! Es como un imán al que uno necesita volver repetidas veces…
    Feliz 2010!!

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