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La mística de todo final es que siempre supone, al mismo tiempo, un comienzo. ¿Mejor o peor? No lo sabemos al momento de pronunciar el adiós. Pero de seguro ese comienzo es desconocido, y por ello, lleno de expectativas y construcciones. Ilusiones. Enigmas.
Me tomé esa brevísima introducción para contarles que ha llegado el momento de decirle adiós a Vivir en Nueva York. Aunque a decir verdad, me gusta más cómo suena un ¨Hasta Luego¨. Hasta luego al blog. Hasta luego a Nueva York. En 3 días estaré emprendiendo el tramo JFK-EZE, pero esta vez, y por el momento, sin pasaje de vuelta.
Las razones son variadas. Y garantizo que en ninguna de ellas se encuentra desamor por esta ciudad que idolatro. Profundamente.
Me acuerdo que en uno de los primeros posts, allá por septiembre del 2009, cité varias frases de diversas celebridades que intentaban definir Nueva York. ¡Tareas pretenciosas si las hay! Qué difícil es encerrar el (o al menos un) significado de esta monstruosa ciudad en palabras. Hoy releí todas esas citas – y otras – cuidadosamente. Y me sucedió lo siguiente: sentí que podría haberlas escrito todas yo. Y probablemente les pase lo mismo a ustedes. A los que conozcan Nueva York, y sorprendentemente, también a los que nunca la hayan pisado. Porque Nueva York está ahí, en el imaginario colectivo. Es de todos, y al mismo tiempo no es de nadie. Es democrática, libre. Es fantasiosa. Es bipolar. Aspera como pocas, estridente. Y también blanda.
¡Qué difícil es dejarla! Para despedirla, aquí un repaso por algunos aspectos de su persona:
* Tres bellos rincones: Gramercy Park (observarlo de afuera nomás, porque es un parque cerrado con llave); para fanáticos de la sopa de tomate: Bread; la terraza del Metropolitan Museum.
* Las tres peores situaciones en la vida de un neoyorkino: caminar por Canal Street; toparse con una festividad de alguna comunidad un domingo a la tarde por 5ta avenida; tomarse un taxi en cualquier punto de la ciudad a las 17.00 pm (es el recambio y no hay ni uno disponible, literalmente), aunque mejor dicho: tomarse un taxi, punto.
* Las tres mejores situaciones en la vida de un neoyorkino: tomar yogurt-helado por la calle, en un día de 46 grados, sintiendo como a cada paso en el cemento, una cucharada enfría verdaderamente nuestra piel (equivale al café en invierno, con el efecto inverso); comprar libros en Strand por US$1; ir a Duane Reade, CVS o cualquier otro local que tenga el letrero de ¨farmacia¨ a la madrugada, en casi completa soledad.
* Tres profundas desilusiones: el New Museum (el edificio vale la pena, pero la obra y las muestras son pobres); Spiderman (la superproducción musical con música de The Edge que sólo tiene plata tirada en técnica); el zoológico del Central Park.
* Tres momentos insólitos: a cada año, ¨el día de la guerra de almohadas¨ (increíble, pero cierto. Miles de personas se juntan a pegarse con almohadones); el desfile de los cientos de Papás Noel (civiles disfrazados de colorado con barba blanca); el desfile de Halloween; el desfile de Thanksgiving de Macys; los fuegos artificiales del 4 de Julio, y quizás hasta más importante, el presupuesto destinado a ellos (en los pasados hace apenas 25 días, se habló de varios millones de dólares). Me pasé, puse 5 momentos. ¡Cuántos desfiles!
* Tres palabras que asocio libremente con NYC: luz, condensación, histrionismo.
* Tres grandes enseñanzas:
1) Nueva York, o una nueva dimensión del tiempo (estoy convencida de que, por un fenómeno inexplicable, en esta isla las agujas del reloj corren más rápido).
2) Nueva York, o la certeza de que la diferencia enriquece.
3) Nueva York… O nueva yo.
Por último, me toca hablar de ustedes: lectores queridos. Me atrevo a decir que en un año y medio de blog, y sin siquiera conocer sus caras, se han transformado en ideales compañeros de viaje. En primera medida por haber seguido las experiencias – aciertos y desaciertos – de quien escribe. Pero sobre todo, por haberse tomado minutos para comentar y proponer. Por haber elegido debatir. Por haber escuchado, defendido. Por haberse entusiasmado, y haberse sorprendido.
Por haber compartido.
GRACIAS. Por el diálogo.
Creo que sin duda tendremos varias citas más. Nuevos viajes. Nuevas charlas. Y retomo: ¿mejores o peores? No lo sabemos. Pero de seguro distintas. Y lo más importante: propias. La potencialidad de su riqueza, sólo depende de nuestra autoría.
Hasta la próxima!
Julieta Sopeña

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Otro año, otra Navidad, y otro NYC. Una ciudad distinta a la que me recibió, allá por agosto del 2009. Más rica, al menos ante mis ojos: más familiar y al mismo tiempo siempre tan impredecible.
Esta vez decidí pasar una auténtica Navidad blanca, acá en la gran manzana. Ya les mostraré fotos de los copos de nieve tapando las veredas (está pronosticado nieve para el viernes a la noche!)
Mientras tanto, quería adelantarles un breve compilado de algunas vidrieras navideñas. Realmente son sorprendentes. Hay gente especializada en este tipo de vidrieras, que se pasan meses diseñándolas y armándolas. He aquí algunos ejemplos, que los dejarán perplejos, para ir aclimatando lo que es, probablemente, una de las semanas más lindas del año:
Feliz Navidad!!
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Si algunas sociedades, por ejemplo como la Argentina, valoran los aspectos cualitativos y por qué no emocionales, por ejemplo, de las relaciones humanas o de trabajo, otras, como la americana, son puramente cuantitativas.
Ninguna es peor o mejor.
Es fascinante que a un año y medio de vivir en Nueva York me siga asombrando el uso indiscriminado que hacen los americanos de los números. A esto se le agrega que la cultura Neoyorquina hace apología de la inmediatez.
El lunes pasado tuve una charla en la facultad: tres señores muy serios de una empresa consultora que se especializan en reestructurar empresas en default, abrieron su presentación diciendo “la velocidad es más importante que la perfección”. Y me pareció una buena manera de describir el estilo de vida en NYC. Aunque yo le agregaría mi opinión personal, en lo que sería: “la velocidad y la cuantificación son más importantes que la perfección“.
Son ejemplos cotidianos los que dan la sensación de vivir en un mundo digitado por los números en Nueva York: el martes estaba en la facultad esperando para una reunión por la extensión de mi visa, y encontré varios folletos sobre la institución, con la típica información acerca de todas las carreras, cursos y hasta amenities de cada edificio. Lo que llamó mi atención fue un folleto cuyo título era “Reporte anual de seguridad en FIT”. Era nada menos que un detalle – muy detallado, valga la redundancia- de todos los índices de criminalidad dentro de la propiedad de FIT, año por año. Había, entre otros, casos de violencia sexual, portación de armas, robos y drogas (en muy bajas proporciones, aclaro por si mi madre lee este post!!).
La misma sensación tuve al día siguiente del fin de semana de Thanksgiving, en el que aparecieron publicados en todos los diarios los resultados de las ventas -desproporcionadas- de semejante festejo. Algunas cifras que me impactaron fueron: “212 millones de consumidores”, “US$45 billones en ventas” y “Amazon: más de 4 millones de usuarios únicos en su sitio”.
Los números abruman!
Una anécdota de color: estaba en una charla sobre formación de tendencias. La mujer que hablaba, de la empresa WGSN (una de las agencias de tendencia más grandes del mundo) contaba cómo era el día a día de su vida laboral y cómo recorría cada rincón del planeta en busca, justamente, de aquello diferente que podría transformarse en una tendencia en materia de moda. Apenas se abrió el espacio para preguntas del público, casi todos los americanos saltaron con interrogantes puramente cuantitativos. Algunos muy directos preguntaban “cuál es el soporte cuantitativo de tu búsqueda?”, otros más sugestivos presionaban con “en qué tipo de mediciones se basan tus resultados” y hasta había quienes admitían: “no entiendo cómo podés deducir el nacimiento de una tendencia de algo que capta tu ojo subjetivo”. La pobre disertante, ante semejante invasión, aclaró: “soy una artista. No entiendo nada de números”. Y puso fin a una eterna discusión.
Basta con ver todos los powerpoints de mis compañeros y profesores: siempre empiezan con una hoja llena de números! En un trabajo final en grupo, un profesor muy amigable pensó que nos hacía un favor al ponernos a todos los latinos juntos (dos argentinas, un panameño y un mejicano). Craso error! El resultado no fue más que una presentación llena de palabras y movimientos exagerados, con menor anclaje en datos duros. Ahora, nadie puede negar que la audiencia se divirtió mientras hablábamos.
Hay algo que rescato de la cuantificación sistemática, y es la transparencia que de ella deriva. Los números acá son valorados porque son la información pública menos discutible y, por qué no, el gatillo de cualquier discusión.

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Cuando estábamos en la ciudad de Shenzhen (a pocos kilómetros de Hong Kong, pero aún así, a un abismo en cuanto a estilo de vida y sus ciudadanos), fuimos un grupo de 40 occidentales a visitar las oficinas de una marca de ropa local. Antes de subirnos al colectivo en el que nos transportábamos, nos quedamos unos minutos fumando y matando el tiempo. En eso vi que 4 chinos se acomodaban en sus sillas para observar deliberadamente a la masa de ojos no rasgados. Sigilosamente me desprendí de la escena y pude tomar esta placa para el recuerdo: oriente mirando a occidente.
Si de contrastes se trataba, esta buena postal no necesita más de mis palabras:

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La abundancia es categórica en Hong Kong, la sensación de saciedad, recurrente. Hay mucho de todo y poco de nada.
Algo que llamó mi atención: la polución visual – agresiva, evidente- no tiene punto de comparación con la polución auditiva, o la falta de ella: en Hong Kong no hay ruidos! Creo encontrar dos explicaciones a semejante observación:
- me imaginaba que semejante ciudad vital desprendería un ruido infernal y ensordecedor.
- vivo en Nueva York! (el ruido a sirenas, bocinas y gente gritando es una constante de la escena diaria).
Acá les regalo otro relato fotográfico de mi aventura en Hong Kong. En este caso, dará cuenta de un país que para saciar a sus más de 1.3 billones de habitantes y a los cientos de turistas diarios, hace apología de la cantidad: Hong Kong, esa ciudad donde, claramente, menos NO es más!
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Noche y día. Yin & Yang?
Hong Kong, ciudad encantadora:


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Mi primer día en Hong Kong fue agotador. No sólo por la diferencia horaria, si no porque no tuve mejor idea que ir a visitar al Tian Tan Buddha, o más conocido como el Gran Buddha, en la isla de Lantau, a 40 minutos en barco de Hong Kong. Resulta que es el Buddha sentado al aire libre más grande del mundo (34 metros de alto). Su tamaño es tan imponente, que en un día muy claro, los locales me dijeron que puede verse desde la isla de Macau, a media hora de Hong Kong, para el otro lado. Fue construido en los años 90´y para hacer trabajar un poquito a los turistas, pusieron más de 250 escalones (que subí uno a uno, casi deshidratada del calor) para llegar a la enorme estatua de bronce.
Debo admitir que Hong Kong no me pareció una ciudad demasiado religiosa…es decir, sí vi muchos Monasterios Buddhistas e Iglesias Católicas por todos lados… pero la ciudad en sí no me representó un alto grado de espiritualidad.
Igualmente, ya que este es el Buddha más grande del mundo, no quería dejar de compartir un humilde recorrido fotográfico:
Y de yapa, les regalo mi foto preferida:

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Poco me queda para agregar a una secuencia de fotos que tomé especialmente para mostrarles algunos de los contrastes que conviven en la ciudad de Hong Kong:
1) Arquitectura: la modernidad de la isla de Hong Kong contrasta con los edificios de los años 50, atiborrados de personas, del resto de la ciudad, especialmente en los distritos de Kowloon y Nuevos Territorios:


2) Puntos de venta: la oferta es por de más amplia, y los puntos de venta varÃan del clásico shopping tal como lo conocemos todos, a los mercados locales, en donde comida, accesorios y juguetes se enciman unos con otros:


3) El lujo vs. lo trucho: la industria del lujo es en Hong Kong, quizás, un signo vital de la ciudad. Un dato curioso que lo ejemplifica: hay la misma cantidad de locales de Hermes que en ParÃs! Los shoppings se ubican uno al lado del otro, a cuál más inaccesible. Pero por otro lado, semejantes plataformas conviven con puestos en la calle que venden todo tipo de imitaciones de carteras, prendas y accesorios, como si fuera ampliamente legal. Es un interesante debate… el delito está permitido:


4) Culturas: el legado de la madre Inglaterra todavÃa se puede ver en detalles tan cotidianos como, por ejemplo, los asientos del conductor en los autos. Contrarresta con la impronta de los cientos de monumentos y templos budistas:


5) Paisaje: Hong Kong es una ciudad con una vegetación extraordinaria. Es verde y saludable. Pero al mismo tiempo, el puerto con inmensos barcos de carga – uno de los de mayor tráfico del mundo- y las grúas en el medio de la urbe, le confieren al paisaje un sentido industrial de lo más literal:


A cada rincón, un opuesto. Cada imagen, cada color, cada salto y cada polo, enriquecen a la ciudad de una manera tal que la vuelven extremista.  Bella Hong Kong.
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Admito que creía a mi mente más poderosa que mi cuerpo. Mas no. Era verdad nomás que teníamos un reloj interno, el cual nos marca la hora de nuestro metabolismo.
Una diferencia horaria de 12 horas altera el normal funcionamiento de cualquier ser vivo. Y hasta donde yo sé, soy un ser vivo (aunque mi cara en este momento demuestre claramente lo contrario). Y apelo al silogismo: ergo, mi funcionamiento fue alterado -a anormal – durante 15 días en China, y lo será por unos días más en NYC.
En primer lugar, volé al futuro: salí de Nueva York un viernes a las 14.30 y llegué a Hong Kong el sábado a las 21.00. Me levantaba todos los días a las 4.30, porque mi cuerpo dictaminaba que eran las 16.30. Como era de esperar, a las 14.00, en medio de una clase magistral, no podía mantener los ojos abiertos. Recién me terminé adaptando para el día 12 – dicen que es una hora por día – y una vez que había logrado vivir y dormir a la China, tuve que volver al este. De la misma manera, desde hace dos días que duermo 2 horas, me despierto a los sobresaltos a las 5 de la madrugada pensando que es la hora de tomar el té y duermo siestas fenomenales de 18.00 a 21.00.
Viajar a China es más que desafiar, si no quizás hasta cierto punto agredir a nuestra propia naturaleza. Pero sí que vale la pena!
No hubo párpado, por más pesado, ni cansancio físico, por más extremo, que hayan podido opacar la excitación de esta occidental suelta en Asia.
Acá vamos!
Nota al pie:
Para quienes no tuvieron la oportunidad de seguir el blog con anterioridad: me fui por dos semanas a Hong Kong, Foshan y Shenzhen, a hacer un seminario con toda la clase del master que estoy haciendo acá en NYC. Es parte del programa: tenemos dos Universidades hermanas en París y en Hong Kong, y a cada semestre, nos hemos juntado en las tres ciudades (Nueva York, Paris y Hong Kong, sucesivamente) para estudiar de manera intensiva durante 15 días, formando cada vez un grupo de aproximadamente 70 personas, del mundo de la moda, provenientes de casi todos los continentes (nos faltaron sólo Australianos).
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He llegado a NYC!!!
Quiero aclarar antes que nada que estuve 15 días sin internet (y admito: lo padecí). En Hong Kong me cobraban US$17 por cada vez que me quería conectar y en China continental no tenía acceso… de más está decir que salía del hotel a las 7.30 de la mañana, cursaba todo el día y volvía a eso de las 10.00 de la noche.
Dicho esto, sumo un segundo comentario: tengo tanto para contar, que me cuesta elegir un tópico por el cual empezar a relatar lo que fue, probablemente, un viaje de la intensidad.
Pienso que lo mejor va a ser ir subiendo en diferentes posts crónicas del viaje, con el lujo de la perspectiva, porque ya fui, volví, y ahora puedo pensar China.
Aunque en primer lugar, quiero empaparlos con algunas consideraciones aisladas:
- El vuelo no fue tan terrible como me lo suponía.
- Ahora, la diferencia horaria al llegar (12 horas) fue peor de lo que jamás pude haber imaginado.
- Hong Kong es una ciudad de contrastes.
- China podrá superar a Estados Unidos, en algunos años, en materia económica, pero todavía me quedan dudas acerca de la posibilidad de semejante gigante de ejercer la hegemonía mundial a todo nivel.
- Los chinos son personas extremadamente hospitalarias. Es verdad: pocas razas tienen ese fervor y espontaneidad típicos del latino y que tan reconfortante nos parecen, pero qué atentos resultaron ser! Interesados (en el buen sentido), generosos, humildes y laboriosos, son algunos calificativos que podrían, pero ni siquiera logran, representar la grandeza de sus personas.
- Quienes pensábamos que Nueva York es la ciudad que nunca duerme, estábamos totalmente en lo erróneo. Hong Kong lo es!
- El consumismo es cultura en China.
- Los taxistas manejan peor que en el cualquier parte del mundo.
- La comida… mejor, lo dejo para un post lleno de detalles.
La experiencia fue indudablemente imponente.
Los invito a revivir mi viaje a China, un país fascinante, lleno de miedos pero también atrevido y audaz.