Vivir en Nueva York

10 cosas

17.03.10

Hoy una amiga de la facultad me preguntó qué tenía pensado hacer una vez que terminara el master. “Vas a volver a Argentina, o planeás quedarte acá?”, me interrogó ingenuamente, sin saber que la respuesta significa en realidad, para mí, un indiscutido dilema.

Tampoco sabía que su pregunta me haría quedarme hasta la madrugada pensando qué extraño hoy de Buenos Aires y qué extrañaría mañana de Nueva York si volviese:

10 cosas que extrañaría de Nueva York:

- Subte abierto las 24 horas

Banana bread (pan de banana)

- Comprar por internet (absolutamente todo: el supermercado, hacer una reserva para un restaurant, libros, ropa, remedios, revelado de fotos, etc…)

- La atención al consumidor

- La tranquilidad de poder andar por la calle con ipod, iphone, kindle o cualquier tipo de tecnología sin sentir que un motochorro acecha por los cuatro costados

- La canela

- Los músicos y bailarines en el subte

- La línea de teléfono fija ilimitada

- Las  promociones/liquidaciones/descuentos

Netflix: o sólo US$8 por mes por el alquiler ilimitado de películas

 

10 cosas que extraño de Buenos Aires:

- Que el médico viene a domicilio

- Que los taxistas no se estresan – ni te hacen bajar de su taxi- cuando uno tiene que hacer varias paradas

- Que el diario está debajo de la puerta en vez de abajo, en el lobby, en el mailbox

- Que cuando uno llega a un restaurant con reserva hecha se puede sentar en la mesa aunque no hayan llegado todas las personas

- Que la propina no es el 20%!

- Ascensores en todos los edificios

- Que los autos no son automáticos

- Las sobremesas eternas

- Que – por suerte- no todos los días vemos ratas caminando tranquilamente por la calle como si fueran perros

- Los espacios amplios

 

El descubrimiento más triste vino a las dos de la mañana en punto: ordenar mis pensamientos en listas no me ayuda en lo más mínimo a responder a la pregunta inicial. Pero como no me urge una respuesta inmediata  – y ya tengo bastante sueño- hoy miércoles 17, el reloj marcando 2.04 am, me voy a dormir y les pregunto a ustedes: qué extrañarían de Argentina?

Gran miércoles para todo el mundo!



broadway

Para mí, que soy una aficionada del teatro musical, vivir en Nueva York es como para un goloso trabajar en una panadería. La vasta oferta es un atentado constante al bolsillo: en Nueva York hay aproximadamente más de 120 teatros ( 60 “Broadway Theatres“, 37  “Former Theatres in Manhattan” y 26 “Off Broadway theatres“). No es que la cantidad de salas apabulle (en Buenos Aires hay más de 250), pero, y en esto radica la máxima tentación, la calidad de cada una de las obras es inmejorable.

Las entradas van desde los US$45 a los US$300. La buena noticia es que hay algunas maneras de conseguirlas hasta un 40% menos – en Times Square, haciendo una cola de más o menos 1 hora el mismo día de la función – o de ganarse el lottery (las dos primeras filas son sorteadas a US$25 cada entrada, una hora y media antes de la función en la puerta del teatro). Alguna que otra vez me ha pasado de conseguir “partial view” por US$40 (el primer palco, casi sobre el escenario, desde donde algunas escenas no se logran ven)  y en otras épocas – hoy ya no es tan común- de sacar “standing tickets“, entradas a US$10, de parado toda la función.  Rebusques de apasionados.

Para los conocedores, esto puede llegar a ser redundante, pero para los novatos, acá detallo algunas de mis obras preferidas para que al menos puedan ver por youtube:

- Hair: el clásico de los años 70 volvió a la cartelera newyorkina, y cómo! La energía de los actores se traduce a cada movimiento y nota musical. Después del saludo final invitan a todo el público a subir al escenario a bailar y cantar el clásico “let the sunshine in” con todos ellos. Quien sueña con pisar un escenario de Broadway, esta es la oportunidad.

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El público jugando a ser parte del elenco de Hair

- In the Heights: la obra transcurre en Washington Heights, el barrio latino por excelencia en Nueva York. Y como no podía ser de otra manera, los ritmos calientes y los despliegues coreográficos son protagonistas de una obra que se llevó el premio Tony a mejor comedia musical.  

- Wicked: quizás la obra más elegante y mágica que yo haya jamás visto. Relata los pasos previos a la conocidísima historia del Mago de Oz y revela cómo el hombre de ojalata, el león y el espanta-pájaros perdieron el corazón, la valentía y el cerebro, respectivamente. La historia se centra en el concepto de amistad entre Glinda, la bruja del Norte y Elphaba, la bruja verde del Oeste . La música es sublime y el vestuario, grandilocuente. Los aplausos: claros indicadores de por qué es la obra más vista actualmente en Broadway.

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La escenografía de Wicked, a minutos de empezar la función.

- Nex to normal: si existe una obra que se destaque por la actuación, es Next to normal. Es poco pretenciosa: seis actores, sin cambio de escenografía, ni gran despliegue, logran que casi la totalidad de los espectadores llore sin consuelo. La música estilo pop-rock acompaña el drama de la historia – una mujer esquizofrénica y maníaco depresiva que busca incesantemente el recuerdo de su hijo fallecido -.  Las letras, las miradas y cada marcación, erizan la piel. Seguramente sea uno de esos musicales que cambien la historia de Broadway.

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La escenografía – única durante toda la obra- de Next to normal

- West Side Story: imperdible, y no sólo por el hecho de que la protagonista sea argentina – Josefina Scaglione en el rol de María -, si no porque las coreografías (originales) de Jerome Robins y una orquesta de más de 30 músicos, logran hacerlo a uno sentir en la época dorada de los musicales, allá, cuando el entretenimiento era fastuoso.  

-Billy Elliot: por suerte quienes nacen con un don para el baile y el canto tienen la posibilidad de demostrarlo de muy chiquitos en esta obra: un elenco compuesto en su mayoría por niños de 4 a  13 años – en especial el famoso Billy, con apenas algo más que una década de vida-, deja a la audiencia sin poder siquiera respirar. Una obra de un mensaje esperanzador y de una calidad llamativa.

- The lion king: esa historia triste al principio, pero llena de esperanzas hacia el final, que muchos vimos cuando Disney lanzó la película animada, no podría estar mejor contada que en Broadway: un elenco de afro-americanos cantan, bailan y tocan la percusión como ningún blanco podría jamás (es la verdad). Las marionetas y recursos utilizados lejos están de la tecnología, y se acercan a la creatividad en estado puro. La directora, Julie Taymor – quien ideó, dirigió y diseñó el vestuario de la obra- ya es seguramente una de las figuras claves de la escena musical newyorkina y mundial.

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 El mono Rafiki al comienzo del Lion King, cantando “Circle of Life”

Creo que sentarse en una butaca durante más o menos dos horas significa algo más que ser simples espectadores, sino verdaderos coautores, dueños casi irrefutables de una historia que armamos en nuestra mente. Esa es la verdadera obra que aplaudimos: la que los actores nos dejarán para siempre en nuestros pensamientos.

 

Quienes quieran información sobre las obras en cartelera:

www.broadway.com (en inglés)

www.todobroadway.com (en español)




Lo alucinante de esta ciudad, ya lo dije varias veces pero no temo a la repetición, es que lo imposible es posible.

Aún así, y contradiciendo a la newyorkina que en la nota anterior afirmó haber perdido la capacidad de asombro (leer “Esa línea delgada”), yo no logro dejar de sobreexaltarme cada vez que una imagen insólita se cruza frente a mí, o sea: casi todos los días. Lo bizarro, lo que está al límite, lo exótico, lo fuera de lo común está ahí, en la vía pública. No siempre todos lo advertimos; a veces no es tan obvio y hay que mirar para arriba y para todos los costados con atención. Y otras veces, es evidente, nos invade sin pedir permiso.

Lo cierto es que de una manera u otra, caminar por Manhattan puede volverse una experiencia interesante:

 

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Camioneta-chatarros. Lower East Side. Sábado 9.30 PM.

 

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Perro multicolor (?!). Midtown (5ta Avenida). Domingo 5.00 PM 

 

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El mismo perro, y su dueño multicolor! (este hombre no pedía plata ni hacía ningún tipo de show. De hecho se molestó cuando le saqué la foto).

 

 bizarro

Sé que no se ve bien (pero en mi estado atónito, fue lo máximo que pude hacer): salida del teatro (Broadway y la 45), una mujer hacía pis en la calle como quien no quiere la cosa. Está justo detrás, a la izquierda del basurero. El novio, los dos vestidos de traje muy impecables, la esperaba en la vereda, hasta con cara de orgullo!  

 

argentina - new york

En una ciudad donde repetidas veces a mi frase “Soy de Argentina” me responden “Ah sí, yo fui a Brasil”, cuelgan en un local de Soho estos buzos.

 

Y estos son sólo algunos ejemplos que la lente de mi cámara logró captar. Por buena suerte la lente de nuestros ojos no necesita ni de estuche, ni de tiempo para enfocar (bueno en mi caso sí, cuando no llevo los anteojos puestos), ni de flash ni de ningún “click”. Retiene todo. Instantáneamente. Y así seguiré acumulando imágenes y escribiendo textos para transmitírselas.

Feliz viernes!  

 



Feliz Día

08.03.10

08/03/2010

Aunque nos tilden de emotivas, ciclotímicas, apasionadas, incansables, qué sería de la humanidad sin la cálida mirada de una mujer?

A todas y a cada una les deseo un muy feliz día desde Nueva York.



desnudez 1

 

Entre lo artístico y lo profano, muchas veces hay un límite borroso. La desnudez no escapa al listado de temas sensibles que cíclicamente cobran revuelo en cualquier tipo de sociedad – desde la más conservadora hasta la más permisiva-.

Hace algunas semanas descubrí en el New York Times un artículo que me llamó la atención. Se titulaba: “Hey Look! She´s naked! But it´s art, so it´s all right” (“Hey miren! Está desnuda! Pero es arte, así que está todo bien”).

Al parecer, desde el 18 de febrero – y hasta el 21 de marzo – la galería Chair and The Maiden ubicada en el barrio de West Village, no tuvo mejor idea que provocar a los peatones y autoridades de la ciudad exhibiendo en su vidriera (a la calle) a una mujer de carne y hueso, completamente desnuda, con un accesorio de la cabeza al medio cuerpo que para nada la cubre. La actriz, o cualquiera sea el título que mejor la define, se llama Megan Hanford. Y se pasa 4 horas por día, en promedio, enseñándole al mundo la desnudez humana. Las discusiones son evidentes, hasta reiterativas: dónde trazar una línea divisoria entre lo correcto y lo incorrecto del arte?, si es que esa línea existe, en algún remoto lugar de nuestro imaginario.

Algunos episodios con la NYPD (New York Policy Department) quisieron atentar contra la libertad, voluntad o simplemente gusto personal del artista, Brian Reed. Sin éxito, intentaron remover a la srta. Hanford de la vidriera.

Hay algo que es verdad: la mujer no está guardada en un cuarto al que sólo el público interesado puede acceder, si no que se yergue ante los ojos de cualquier persona que, de casualidad o no, pase por el frente de la galería. Quizás en este punto descansa la máxima controversia del asunto.

La noticia disparó una serie de cuestionamientos acerca de la finalidad artística de mostrar cuerpos desnudos, y los medios locales recordaron al famoso Spencer Tunick, ese artista intrépido que viaja por el mundo haciendo instalaciones de seres humanos que se dejan fotografiar desnudos en lugares públicos. Ahora, me intriga mucho saber qué repercusión tendrá la exposición que está por venir en el MOMA, de la artista serbia hiper reconocida Marina Abramovic, en la cual cuerpos reales desprovistos de ropa estarán exhibidos en el museo durante cada jornada, desde el 14de marzo hasta el 31 de mayo.

Sin duda, la desnudez es una temática que da que hablar.

El comentario más elocuente, sin embargo, me pareció el de una mujer que el cronista del New York Times entrevistó, preguntándole su opinión sobre la vidriera de la mujer desnuda: “soy nativa de Nueva York, soy inmune al asombro”.

Punto.

www.moma.org

www.chairandthemaiden.com



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Hoy me desperté y prendí la tele, como todas las mañanas, para ver los noticieros. Después de un zapping de 45 minutos, dejé clavado CNN y me levanté a seguir con mi paper para la facultad. Mientras escribía sobre el índice de competitividad en China, escuché de fondo algo insólito. Salté de mi escritorio a la televisión (no se crean que hay más de 4 metros) y presté más atención:

Lanzaron para  Iphone – y en breve para Blackberry – una nueva aplicación que se llama Tiger Text. En qué consiste? En elegir qué mensajes a qué destinatarios serán borrados en qué período de tiempo. Así, quienes quieran mantener extrema privacidad por x razón, ya no tienen que temerle a la clásica revisada de celulares…

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Me pregunto si habrá que ponerle un polo negativo o positivo a dicho lanzamiento. Por ahora me quedo con el nombre, que me pareció elocuente. Pobre Sr. Woods! No paran de beneficiarse con su desgracia personal.

En cuanto a la repercusión, habrá que esperar unos días, para ver la verdadera penetración en el mercado. Aunque a priori, pareciera que acá más de uno está contentísimo… qué peligro, o gran oportunidad!, como se lo quiera mirar.

http://itunes.apple.com/us/app/tiger-text



Loca yo?

26.02.10

“Alerta meteorológica”, “salir de su casa lo menos posible” son dos frases que se escucharon repetidas veces en la televisión desde ayer al mediodía. El cielo parecía rabioso, despidiendo copos de nieve a borbotones, incesantes, durante más de 30 horas. Mas quien escribe considera que un cielo gris y denso, pero no por ello menos bello, nos cubrió a todos con una capa blanca esponjosa, inmaculada, pura.

Es verdad: las calles se transformaron en una pista de patinaje – y no precisamente artístico-, los aeropuertos cerraron o cancelaron sus vuelos, los colegios suspendieron las clases, algún que otro choque ocasionó un infierno de tráfico – descontando que los taxis frenan literalmente en cualquier lugar para recoger pasajeros que se sacan los ojos por subirse (y armados con enormes paraguas)-, varias zonas del norte del país se quedaron sin luz y las sirenas de los bomberos aturdieron a cada rato durante toda la jornada. La nieve es incómoda, fría y molesta.  

Pero, acaso no es lindo ver nevar?

Hoy me desperté a las nueve de la mañana y bajé a la calle a sacar fotos: los chicos jugaban con tablas de snowboard y armaban muñecos de nieve, a carcajadas. Los grandes, apurados, tenían el ceño fruncido. Un perro raza Samoyedo saltaba hiperquinético de felicidad.

Me quedé un rato parada en una esquina, sin paraguas, en Park Avenue y la 17. No pude ni contar la cantidad de personas que me atropellaron - y me maldijeron-, pero sí recuerdo uno en especial que me dijo “are you nuts?” (”estás loca?”). 

Si sonreir un viernes de tormenta por la mañana es estar loca, entonces sí.

Me fui caminando hasta el Soho, pasando por Union Square, la NYU y Washington Square, di una vuelta por Bleecker Street y desemboqué en Greene Street, una calle normalmente hiper concurrida, más desolada que nunca. En la puerta de un local de ropa llamado Seize sur vingt (un local de trajes a medida), fumé un cigarrillo. Uno de los vendedores estaba justo entrando y me miró sorprendido. Arrojó: “estás bien?”.”Sí, estoy bien porque me gusta la nieve”, le contesté. Sus ojos se agrandaron todavía más y ni siquiera atinó a responderme.

“¡Viva! ¡Viva! ¡Viva! Loca ella y loco yo… ¡Locos! ¡Locos! ¡Locos! ¡Loca ella y loco yo! “ Un tango -o balada – más que acertada para muchos momentos cotidianos en Nueva York.



Dar una mano

21.02.10

En este momento es Haiti, en otro fue Katrina o el tsunami en Asia, allá por el 2005. La realidad es que siempre hay una razón  – y no sólo adjudicable a catástrofes naturales - por la cual la sociedad newyorkina se pone la beneficencia al hombro.  Y no es nada más algo que se ve en las películas: en realidad mucha gente en Nueva York (aunque la palabra “mucha” no sea de mi máximo agrado, pues no da cuenta de la cantidad exacta) abraza alguna causa y ayuda económicamente a diferentes entidades, países, sociedades. Al hablarlo con diferentes personas, en seguida puede uno darse cuenta con la naturalidad que lo comentan. Me acuerdo que hace un par de meses una chica de mi edad, en el marco de una charla informal en un bar, me preguntó “y vos, con qué fundación colaborás?”

En este caso me tocó vivir las repercusiones del fenómeno Haiti. No existe casi un lugar, público o no, tanto un restaurant como local de ropa o museo, taxi o aviso en la calle, que no inste a colaborar económicamente con Haiti.

Al principio me llamó la atención. Ahora – por suerte – lo veo como algo natural, casi una condición sine qua non que cada uno, desde su lugar y sus posibilidades, debería asumir. En locales de ropa como H&M, tiendas departamentales como Century 21 o hasta zapaterías de diseño, al efectuar una compra, una cajera amablemente nos pregunta si queremos donar aunque sean centavos para Haiti. En varios restaurants hay buzones o frascos en donde poder también dejar una contribución. 

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En el MOMA una caja de vidrio ubicada en el centro del hall central apela a nuestra caridad.

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Al subir al taxi, en las pantallas varios mensajes señalan la importancia de ayudar. Hasta la archi conocida marca Polo Ralph Lauren sacó una línea de remeras cuya recaudación irá para dicho país (acción cuyo nombre, abarcativo, es “Fashion for Haiti” – “la moda por Haiti”- ).

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En varios cajeros automáticos antes del mensaje “inserte su tarjeta” aparece un letrero que explica de qué manera se puede colaborar.

Muchas estrellas del cine y la música apoyan la iniciativa. Y un número considerable de entidades y fundaciones se generaron de la noche a la mañana con el puntual propósito de ayudar al país más pobre de América.

Y obviamente desde cualquier celular, con sólo mandar un mensaje de texto puede uno donar cantidades impensadas de dinero a través del boom del mobile-commerce.

Más allá de si las empresas aprovechan este momento para promocionar cuán responsable es su marca  o no, el hecho es que la conciencia de ayudar está instalada en Nueva York.

En una ciudad donde lo material pareciera regir por sobre cualquier otro principio, también hay algunos destellos de humanidad. Es positivo. Realmente se vuelve difícil ser insensible al mensaje comunitario de beneficencia.

Al final del día, cualquiera sea el motor de dichas acciones, una cadena se pone en marcha. La cadena de dar una mano.

Y, sin ánimo de ser repetitiva, pero no pudiendo faltar a mi esencia, me pregunto: será cultural?



El sábado pasado tuve la suerte de ser invitada al desfile de Lacoste en la carpa quizás más famosa de Nueva York, Bryant Park, en el Fashion Week otoño 2010.

Llegué a eso de las 9.30 am (el desfile empezaría a las 10.30), pensando en tener una hora para recorrer la carpa.

Mas no tardé más de 5 minutos, porque, a diferencia del BAFWEEK en Buenos Aires, el predio es chiquito y poco ostentoso. Algunos stands bordean tímidamente a la carpa, y en el centro una instalación con prendas en exposición es el único atisbo de que estamos en uno de los eventos de moda más emblemáticos del mundo. También me llamó la atención no ver ningún cartel en memoria de Alexander McQueen.

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Ahora, el verdadero espectáculo era la gente, los invitados – tanto hombres como mujeres-. No todos los días ve uno señores de traje y sobretodo de piel de visón hasta el piso, o mujeres con zapatos con más de 15 centímetros de taco (a las nueve y media de la mañana).

El ambiente era de jolgorio, en el cual toda la gente interactuaba activamente, café en una mano - que Starbucks repartía gratis- y cámara de fotos en la otra. En vez de ver personas, yo veía más bien accesorios moverse como por sí solos: sombreros, anteojos, carteras inmensas, botas hasta la media pierna, cadenas, collares, relojes, se hundían en un mar de detalles.  

Cuando entré al salón de Lacoste me sorprendió la organización – impecable, por si hace falta aclarar- del evento. Todos los invitados teníamos por supuesto un asiento asignado previamente y en cada uno, un libro de considerable grosor. Podía uno perder la noción del tiempo ahí dentro, porque parecían las 10 de la noche. Un salón oscuro, de paredes negras, era el marco perfecto para un desfile colorido e impactante de tan solo 7 minutos:

El público aplaudió ferviente la colección del diseñador Christophe Lemaire.



Hoy propongo en realidad como foto del domingo un conjunto de fotos de la obra argentina Fuerzabruta. Ayer la fui a ver al Daryl Roth Theatre y, al igual que en Buenos Aires, se adueñó de los sentidos de todos los que estábamos allí presentes. Extrema calidad de sonido y de imagen: