Hace un tiempo compré el libro que aparece fotografiado sobre estas líneas, atraído por la frase del título, portador de inevitables reminiscencias con nuestra triste crisis de 2001. Pero, por sobre todas las cosas, lo elegí porque la pluma del fallecido Antonio Mingote – muy identificado él con la derecha española, al igual que el autor del libro, Alfonso Ussía- había incluido en la ilustración sobre el desastre ibérico a la caricatura del ahora presidente Mariano Rajoy. Es decir, que el libro prometía sacar de su andarivel ideológico al escritor y al dibujante, unidos e impulsados por un grito tristemente familiar para los argentinos.
Pero no: nada fuerte hay sobre la crisis económica ni nada mordaz hacia toda la clase política o el sistema de partidos. De hecho, en sus páginas hasta me topé con una auténtica hagiografía de Esperanza Aguirre. Y la referencia más abierta a nuestra crisis -por lo menos, hasta donde lo leí- es una cita nada halagüeña a Federico Luppi, a quien Ussía lo critica por haber incurrido en un acto de “memez argentina” al pedir, en una edición del festival de San Sebastián, que se formara un “cordón sanitario” para aislar a los ciudadanos de le región del entonces presidente José María Aznar.
Mi primera reacción, al leer esas líneas, fue de desencanto ante esa línea semi-xenófoba… aunque después, con las pulsaciones recompuestas, mi memoria me “redirigió” hacia un momento en que uno de los tantos personajes de nuestro platinado actor justificó, al menos para mí, aquello de la “memez”. Y está claro que no me refiero aquí al Luppi actor, sino el padre “progre”, liberado y rayano en lo inverosímil que encarnó en la película “Martín (Hache)”, allá por 1997.
En una de las escenas más recordadas, el “papá piola” -que le prometía sexo espontáneo a su ex esposa, entre otras cosas muy creíbles- le decía que la patria “es un invento” de los “fascistas” y que él, porteño, se sentía más identificado con un madrileño que con “un tucumano o un salteño”. Todo esto, escuchado por su hijo homónimo, un Juan Diego Botto que en la escena se esforzaba por fumar en el interior de un bar -¡que suerte que eso no volverá más!- y quedar canchero al mismo tiempo.
En mi caso personal, de más está decir que no comparto ni una sola frase de todo su discurso. ¡Ah sí! en realidad hay una: cuando Martín (padre) califica de “pavadas”, al final de su sermón de ciudadano del mundo, todo lo que él mismo dijo anteriormente.
¿Y ustedes qué opinan? Vamos, que estoy pensando mucho sobre estos temas, ahora que estoy sensible con lo de mi regreso…
He aquí la escena de “Martín (Hache)”:



