¿Hay algo más que produzca más tensión que manejar en la niebla por un camino de alta montaña?
Sí: manejar en la niebla por un camino de alta montaña… y que en el medio de la ruta aparezcan vacas sin ganas de hacerse a un lado.
Eso es lo que nos pasó en Cangas de Onís, la antigua capital de Asturias, cuando intentamos subir al pico mas alto para disfrutar de una de los escenarios naturales más bellos de Europa. Mi mujer se ganó, así, la “superlicencia” de conducción… y todos nosotros, también un buen susto. Porque el humo blanco que van a poder ver al final del video no corresponde a ningún efecto especial, sino a los pobres discos del embrague de nuestro coche, que no aguantaron tanta subida interrumpida por estas queridas lecheras…
Uno de los comentarios más comunes entre los argentinos residentes en Madrid, a la hora de hacer comparaciones con Buenos Aires, Rosario, Córdoba y otras ciudades de nuestro país, es la “sensación de caminar tranquilos” por las calles a cualquier hora… y casi en cualquier lugar de la capital española. Y la crisis, por grave que pueda ser, no ha cambiado esto: ya se trate de Chamartín, Vallecas, Salamanca, Chueca o Valdecarros, nadie aquí se preocupa por volver tarde a su casa, ni apura el paso en la vereda ante la proximidad de un siempre sospechoso desconocido, ni, menos aún, mira en todas las direcciones a la hora de entrar a su casa.
La “sensación de seguridad” y Madrid, sin lugar a dudas, son muy buenas compañeras. Y yo, valga la redundancia, me sentía seguro de esto… hasta que encontré la excepción dentro de mi propia casa.
Esta revelación se produjo cuando mi hijito de dos años, accidentalmente, accionó el pestillo que traba la puerta del baño, y se quedó encerrado. Luego de larguísimos minutos de intentar, vanamente, enseñarle a abrirlo, nos vimos forzados a llamar al cerrajero.
En solo media hora, se apersonó la excepción en mi casa. Vestía inmaculados pantalones blancos -los más caros de El Corte Inglés-, elegantamente combinados con una camisa de reciente estreno. Y mientras revolvía su pulcra caja de herramientas -parecía un necessaire por su brillo y orden- enviaba también mensajes con la Blackberry que llevaba en su bolsillo derecho, o atendía llamadas con su Iphone 4s que había dejado en el piso.
Solo demoró 5 minutos en sacar al pequeño, que salió disparado a abrazarse con su madre, con la cabeza gacha. Es un gesto que ya conoce bien: en su curriculum ya tiene dos celulares ahogados (en el inodoro y en la bañadera) y tres sillones rayados con marcador indeleble.
Pero la lapicera Mont Blanc de nuestro visitante ilustre acabaría de pronto con el dulce sabor del reencuentro familiar. Al alcanzar la factura, los trazos de su estilográfica de colección nos llevaron, en un instante, al asombro… y a la indignación:
Sí, vieron bien: ¡¡¡ 366 euros, por menos de diez minutos de trabajo !!!
Protesté, pero fue inútil. Sus respuestas legales, pero moralmente ilegítimas, salieron disparadas una tras otra: “Es lo que se cobra, señor. Es viernes de un fin de semana de puente-no importa que recién eran las 7 de la tarde-, con lo cual tiene extras. Está todo incluido -aunque no puso nada, sino que solo sacó el pestillo- y, además, le he aplicado un 15% de descuento porque estamos en promoción”, me dijo, a la defensiva, mientras me mostraba papeles y más papeles. También estaba preparado para las amenazas de denuncia a FACUA (la asociación de defensa del consumidor española), porque de inmediato me mostró un certificado que implicaba la aprobación de su proceder por entidades similares.
No pude hacer nada más que sentirme indefenso. Solo me quedaron dos deseos en el fondo del bolsillo: felicitarlo al cerrajero por saber de dónde sacó el dinero para comprarse el Ipad que seguramente usará si me lo vuelvo a cruzar algún día, y pensar en comprarle un kit de cerrajero a mi pequeño bribón cuando cumpla 18 años. Así podrá asegurar su porvenir… y también el mío.
Son estos días de mucha locura aquí en España… y ni qué hablar en la Argentina.
Escuché cosas muy desagradables que nunca pensé que escucharía, pero también muchas actitudes nobles por parte de españoles y argentinos que se dan cuenta de que los quieren embarcar en una guerra que no es tal.
Por suerte, las relaciones entre la Argentina y España tienen muchos más canales que los meramente comerciales y diplomáticos… así que, por más que un ministro decrete aquí -como si tuviese el divino poder de hacerlo- un quiebre de las relaciones “fraternales”, y por más que allá saquen a relucir anacrónicas consignas antiimperialistas, yo en lo personal confío en un rápido regreso al cauce de tanta irracionalidad. Y no me refiero aquí a quién tiene el gran bonete, si estuvo peor el gobierno kirchnerista pateando el tablero sin querer terminar un juego con reglas aceptadas hasta noviembre pasado, o Repsol insistiendo con una plan de desinversión que poco le sirvió a la Argentina. No, yo me refiero a este enfrentamiento entre argentinos “ladrones” y españoles “expoliadores” (y no solo gobernantes y empresarios) que no nos merecemos los argentinos que disfrutamos viviendo en España tanto como los españoles disfrutan viviendo en la Argentina. ¿Se puede borrar todo esto de un plumazo? Yo creo que no… y así lo conté el martes en la TVE (aún cometiendo un par de dequeísmos):
PD: Esta participación es anterior a la reunión que mantuvieron el canciller español y Hillary Clinton… por lo tanto, en aquel momento solo se conocían las quejas del gobierno español por la supuesta falta de una condena contundente de los EE.UU. hacia el gobierno argentino. Y en torno a ese gesto (ya desactualizado) de la Casa Blanca, giraron algunos de nuestros comentarios. Aclarado.
El viernes pasado tuve la oportunidad de volver a participar en la tertulia del canal de noticias de la Televisión Española… y, además del tema candente (Repsol YPF), tuve que referirme al otro que “hierve” en estos momentos: el del posible rescate financiero de España. Como me encantaría conocer su opinión sobre un tema sobre el que trabajo a diario, a continuación les copio un pedacito de ese programa:
P.D.: Les voy a convidar un mate a cada autor de mensajes respetuosos. Lo hago con gusto (y también de tacaño, porque acá, en Madrid, la yerba es casi más barata que allá…)
En los últimos días, un video ficcional que muestra a un padre y a una hija de reciente pasado en la clase media que recorren Madrid tras haber quedado en la calle, causó conmoción en Internet y en las redes sociales.
La producción, que fue hecha ad honorem para Cáritas por el publicista Alejandro Toledo, llega justo en el momento de alta sensibilidad social, en que los rumores sobre un rescate financiero de España se multiplican… y, a juzgar por los comentarios que dejan en las páginas web en las que se ha colgado, disparó una suerte de examen de conciencia sobre por qué España llegó a esta situación.
Ahora, y conociendo ya el tipo de visión particular que tienen muchos de los argentinos y españoles que suelen dejar comentarios en este blog, quisiera saber qué piensan sobre este video, si se corresponde con la realidad que ven a diario y a lo que escuchan que les cuentan los demás sobre la situación de la clase media, en especial durante el último año. ¿Es verosímil este video… o es una exageración?
Espero que me contesten aunque, por sobre todas las cosas, que apoyen a Cáritas y a todas la asociaciones que ayudan a los que más lo necesitan en España, la Argentina y el mundo entero.
Nunca me voy a olvidar de las emociones cruzadas de Bilbao en el Jueves Santo: la ciudad nos recibió embanderada en una celebración que rebosaba de recogimiento por el paso de las cofradías y, por otro lado, de alegría por la clasificación del Athletic de Bielsa a la semifinal de la Europa League.
Les dejo, a continuación, una de esas postales, que empecé a capturar en el balcón de la habitación de mi hotel, y seguí en la calle, ante la anónima mirada de los penitentes:
Hoy salí a pasear por la ribera del Manzanares, y admito que quedé maravillado con la estupenda recuperación que han hecho de esta imprescindible zona de esparcimiento para Madrid, una ciudad que necesita de espacios verdes tanto como de lluvias. La verdad sea dicha, la última vez que había pasado por esa zona, aún estaba inundada de máquinas de la industria de la construcción… y de la amenaza de que ese proceso se prolongara ad eternum gracias al proyecto de desmantelamiento del estadio Vicente Calderón.
Sin embargo, pude desenchufarme dentro de la ciudad como hacía muchos domingos no me sucedía. O pude hacerlo, al menos, hasta que me topé con el graffiti de un paredón ribereño que me retrotajo inmediatamente al trabajo, ya que aludía directamente a la nota que publiqué hoy (y a la que pueden acceder haciendo clic aquí) sobre los miedos de España a corto plazo. ¿Habrá sido un lector de La Nación el que escribió esta frase que van a leer a continuación?
Hace unos días estuve en la Córdoba “original”, la “Ciudad buena” fundada por los romanos en el siglo I AC, y conocida también como Qorteba por los fenicios en esta enorme comunidad autónoma de Al-andalus, como, a su vez, la llamaban los muchachos de oriente que se quedaron siete siglos por estos pagos. Pero yo… yo conozco ese nombre de otro lado. Y así lo recuerdo en este video que armé para ustedes con las imágenes que coseché este sin de semana entre las sierras andaluzas:
El verano último, cuando los Indignados (o “indignad@s”, como les gustaba autodenominarse a este grupo -y grupa-) tomaron la Puerta del Sol, se les ocurrió rebautizar a la estación de metro de este histórico lugar con el nombre de “Sol-ución”. Esta foto que tomé el año pasado retrata aquellos días locos:
Hoy, 10 meses más tarde, aquel “asalto” en procura de la reivindicación de un sistema político y una realidad económica y social diferente para España ya casi fue olvidado por todos. Aunque, a decir verdad, no exactamente por todos… porque para los creativos publicitarios de la campaña de Samsung Galaxy, la técnica empleada por los manifestantes del 15-M no es digna de olvido, sino de emulación. Miren, si no, esta imagen que mi camarita guardó ayer:
Y bueno… después de todo, algún efecto tuvo la acampada. Solo espero, claro, que estas ideas tan originales no vuelen hacia el Río de la Plata. ¿Alguien se imagina, en Buenos Aires, una estación de subte llamada “Sprite LIMA limón”, o “Leche PASTEURizada Sancor” o, incluso “CASTRO BARROcutina”?
A continuación, también van a ver un par de fotitos que saqué en esa plaza, con dos detalles que quise llevarme de recuerdo: mi reencuentro con las cigüeñas extremeñas y las naranjas “pecho frío” de los árboles de la calle, que solo sirven para las fotos o para jugarse un “picaíto” en la vereda. Pero lo que es hincarles el diente… no señora, no señor. Es un invitación a desdoblar el llanto y la llanta.