Todos nos sentimos incomprendidos alguna vez o incómodos por no encontrar nuestro espacio, por no experimentar la empatía que tanto necesitábamos. Ni hablar de cosas más simples como cuando uno está de viaje o en algún lugar que no conoce y las calles no están señalizadas, haciendo imposible ubicarnos.
Algo sobre esto podemos hablar los “ZURDOS”, los que la genética se encaprichó con querer hacernos manejar nuestro cuerpo con su lado izquierdo. Lo mío es un caso atípico (no podía ser de otra manera) porque uso la mano izquierda pero mi pierna fuerte y hábil es la derecha. Como sea, ya tener que hacer todo con la mano izquierda es un problema en un mundo pensado para derechos.
Desde dolores de espalda y cintura por tener que escribir toda torcida en la facultad, hasta la imposibilidad de poder usar utensilios como tijeras o abrelatas, y ni hablar de quedar directamente excluídos de deportes como el polo. A muchas otras cosas me tuve que acostumbrar porque no me quedó otra, pero es increíble que en el siglo XXI todavía no hayamos adaptado el quehacer cotidiando para que los zurdos podamos desarrollarnos plenamente.
Esta sensación de que el mundo no está pensado para mí que yo experimento de vez en cuando, es la que acompaña constantemente a las personas con discapacidad. Indiferencia, maltrato, discriminación: esto es lo que les hacemos sentir a diario. Más allá de su limitación, que puede ser visual, motriz, auditiva o mental, estas personas todavía tienen que padecer barreras sociales y arquitectónicas que no los dejan ejercer libremente sus derechos más básicos a la educación, la salud, el trabajo o la recreación.
En la Argentina, según el último censo del 2010, hay 3,2 millones de personas con discapacidad que se CHOCAN – literalmente – con dificultades como no tener ascensores para acceder a una escuela, una persona ciega que no tiene las señalizaciones que necesita para poder moverse por la ciudad, un chico sordo que tiene limitada su inserción laboral porque no lo contratan en ninguna empresa aunque tenga la misma preparación que otros.
Mirando el VASO MEDIO LLENO, ha habido muchos avances en la inclusión de las personas con discapacidad en los diferentes ámbitos, pero todavía falta mucho por hacer. Sin embargo, quiero aprovechar para celebrar que el 12 de julio pasado el Ministro de Educación de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Lic. Esteban Bullrich, firmó frente a la ONG Acceso YA un compromiso de obra para garantizar el acceso de todas las personas a las escuelas públicas y privadas, según establece la Ley Nº 962.
El acta de compromiso indica que a partir del 30 de agosto de 2012, los 322 establecimientos educativos de gestión estatal, en donde concurran niños con discapacidad o capacidad motriz reducida, deberán cumplir con las condiciones mínimas de accesibilidad y funcionamiento interno.
En este sentido, también rescato la inagotable e importante tarea que diferentes ORGANIZACIONES SOCIALES realizan para concientizar sobre esta problemática y también por hacer efectivos los derechos de las personas con discapacidad:
- LA USINA: promueven un cambio de actitud con respecto a la discapacidad, para generar el
ejercicio de una ciudadanía activa. Además impulsan Redactivos, una empresa social que emplea a diferentes talleres protegidos para hacer de proveedores a grandes empresas
- FUNDACION PAR: promueven la integración laboral de las personas con discapacidad.
- ADEEI: trabajan por una educación para todos, que permita a las personas con discapacidad terminar con su trayecto educativo.
- FUNDACION RUMBOS: lucha por la accesibilidad en todas las ciudades argentinas para las personas con discapacidad.
- RALS: es una red de asistencia legal y social para que las personas con discapacidad puedan ejercer sus derechos.
¿En qué situaciones sentiste que el mundo no estaba pensado para vos?







