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A falta de talento para bautizar a sus proyectos, cada vez son más las grandes cadenas internacionales que se acercan a la Argentina para apropiarse de la “incuestionable” originalidad local para elegir nombres.
A continuación te contamos una lista de fragantes casos de apropiación extranjera.
Domino’s
La cadena de pizzerías Domino’s –controlada a nivel mundial por Coca-Cola- probó sin éxito un desembarco en Buenos Aires a principios de los ’90, pero nunca se atrevió a incursionar en Tandil, porque sabía que en la ciudad de la piedra movediza ya funcionaba un competidor homónimo.
Alcampo
Alcampo es la razón social que tomó la cadena de supermercados Auchan cuando se instaló en el mercado español. A esta altura está claro, que para la elección del nombre se inspiraron en este autoservicio de frutas, verduras y carnes que funcionaba en el barrio de Martínez.
Whimpy
Cuenta la leyenda que un estudiante norteamericano, colaborador de Naomí Klein de paso por Buenos Aires quería conocer la librería de las Madres de Plaza de Mayo. La curvita que pega la avenida de Mayo lo desconcertó y se terminó cruzando con esta heladería de Congreso, que funcionó como “inspiración” para bautizar su cadena de hamburguesería, que compite contra McDonald’s y Burger King.
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Después de la hecatombe con que terminó la guerra de las empanadas de los ’90 (Solo Empanadas fue a la quiebra y El Noble Repulgue se vendió al grupo Cardón), la próxima batalla que se avecina en el mundo del fast-food autóctono es la de las cadenas de milanesas.
Si hay un plato emblemático para los hogares argentinos es la milanesa, aunque llamativamente nunca pudo posicionarse como un producto de cadena como de hecho sucedió con las pizzas, las empanadas o las hamburguesas. Sin embargo, en el último tiempo comenzaron a surgir algunas propuestas de comida rápida basadas en este producto.
El Club de la Milanesa
Es la cadena porteña pionera en la milanesa fast-food. Hoy cuenta con cinco locales en Buenos Aires y ya inició su expansión nacional con la apertura de las primeras sucursales en Córdoba y Rosario.
Mamma Mila
Desde hace tiempo, Córdoba se posicionó como a la vanguardia nacional en materia de consumo masivo (con ejemplos como Grido, 1882 o Tarjeta Naranja) y por esto no sorprende que sea la Docta el lugar de nacimiento de una propuesta como Mamma Mila (gran nombre) que compite contra Burger y McDonalds en los patios de comida de los shoppings cordobeses.
Milanesas del Mariscal
Otra cadena cordobesa especializada en el plato favorito de los argentinos. En la firma se jactan de contar con una carta de más de cuarenta tipo de presentaciones. Algo así como el Jumbo de la milanesa.
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Como ya contamos en un post de hace unas semanas uno de nuestros lanzamientos favoritos de fines de 2010 fue El Libro de Oro del Helado Argentino. En esta verdadera enciclopedia del helado, Natalí Schejtman y Javier Porta Fouz nos cuentan, entre otra cantidad inconmensurable de datos divertidos, que la Argentina es uno de los contados mercados en el mundo en el que la vainilla no figura entre los sabores favoritos de los consumidores.
La posición cuasi hegemónica que ostenta el dulce de leche relegó a la vainilla a un pelotón de segunda en la lista de helados más pedidos por los argentinos, a diferencia de lo que ocurre en el Primer Mundo. En Estados Unidos, por ejemplo, se trata del gusto más pedido y algo parecido ocurre en la mayoría de los mercados europeos y en Japón.
Otra muestra de la excepcionalidad negativa de la vainilla en la Argentina es lo que sucede en el mundo de las gaseosas. La Coca-Cola Vanilla –que reemplazó a la Vanilla Coke y se comercializa en más de treinta países del mundo- nunca llegó a estas tierras y tampoco se conoce de otro lanzamiento de una bebida con sabor a vainilla.
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Hasta los ‘90, el negocio de las galletitas en la Argentina estaba dominado por dos empresas nacionales, Bagley y Terrabusi, que trabajan con un extensísimo portafolio de marcas y líneas que competían en prácticamente todas las categorías.
Así las Melba (Terrabusi) se enfrentaban con las Panchitas (Bagley), las Coquitas (Bagley) con las Coco (Terrabusi) y las Surtido (Bagley) con las Variedad (Terrabusi).
Todo cambió con el desembarco de las multinacionales Kraft Foods (que se comió a Terrabusi) y Danone (que hoy controla a Bagley asociada con Arcor).
La avanzada extranjera fue acompañada por el lanzamiento de nuevas marcas como Oreo y Pepitos, que llegaron al país con un innegable afán imperialista.
Hoy en las góndolas porteñas se encuentran ocho versiones productos con la marca Pepitos –desde las galletitas tradicionales hasta los alfajores, pasando por unas tortitas y presentaciones con relleno de maní.
El panorama es peor con las Oreo. En un kiosco de Open 25 llegamos a contar una docena de productos de la “Aldea Oreo” y todo indica que la marca está en camino de convertirse en la Marolio de las galletitas.
Si seguimos así no falta mucho para que en el mundo de las galletitas se viva una palermización parecida a la que vive Buenos Aires. En treinta o cuarenta años todos los porteños seremos de Palermo y como dice Fabián, un amigo de la casa, los vecinos de Villa Riachuelo se van a jactar de vivir en Palermo Little River.
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Con este post inauguramos una nueva sección de los mitos urbanos. Uno de los más difundidos, al menos en Buenos Aires, es que en algunos kioscos venden Droga (así con mayúsculas, música de Telenoche y la voz de Julio Bazán).
Acá te contamos las cinco pruebas para descubrir si detrás del amable kiosquero de tu barrio se esconde un narcotraficante buscado por la DEA. Igual, aclaramos que este es un post de ficción y que cualquier parecido con la realidad es simple coincidencia.
1. A las 3 AM está abierto. A las 3 PM está cerrado.
2. En la puerta hay más adolescentes que en un McDonald’s un sábado a la tarde.
3. Tienen cambio en monedas (se las entregan la misma mafia que también abastece a los autoservicios chinos).
4. Nunca tienen los lanzamientos de golosinas que aparecen en TV. Las últimas novedades que llegaron a sus escaparates son el Tubby 3 y los bocaditos Holanda.
5. El lugar de la tradicional caramelera de Arcor fue ocupada por una caja gigante de papel para armar cigarrillos Ombú.
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Hace unas semanas Editorial Sudamericana publicó El Libro de Oro del Helado Argentino, un muy divertido tratado sobre uno de los verdaderos orgullos de nuestro país. Natalí Schejtman y Javier Porta Fouz elaboran una verdadera enciclopedia sobre las distintas formas de tomar helado en la Argentina y entre un montón de datos interesantes nos cuentan que en todo el país no gustan los mismos sabores.
De esta manera, descubrimos que cruzando la General Paz y años luz de la moda porteña del mascarpone y la tramontina, en el interior continúan funcionando muy bien algunos sabores de helado que cuesta muchísimo conseguir en las heladerías de Capital.
Acá van algunos ejemplos
Helado de naranja
En la Capital Federal son muy contadas las heladerías que continúan ofreciendo este gusto en su cartelera y de hecho no se lo encuentra en Freddo, Chungo o Persicco, mientras que en las heladerías del interior aseguran que sigue siendo muy demandado especialmente en todo el Litoral. Entre los porteños el gusto fue perdiendo terreno frente al limón y en menor medida otros cítricos como el pomelo y la mandarina. Igualmente, tímidamente en los últimos días se produjo un regreso a los kioscos de Buenos Aires a partir del lanzamiento que hizo Arcor de los helados Opera, que son elaborados con crema de sabor naranja.
Helado de banana
La Asociación de Fabricantres Artesanales de Helados y Afines (Afadhya) alertó hace un tiempo que el sabor de banana -.que cuesta mucho conseguir en las heladerías de Cabaillito o Palermo- es muy exitoso en el norte del país y que también funciona muy bien en el Gran Buenos Aires, a partir de la inmigración del interior al conurbano.
Helado de Crema Portuguesa
Otro caso raro. La crema portuguesa –cuya fórmula más o menos consensuada incluye la combinación de crema americana con frutas abrillantadas- prácticamente desapareció de los locales porteños, pero en varias plazas del interior se coló junto en el top ten de sabores más pedidos.
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El lado B del consumo tiene sus premios. Siguiendo los pasos de entidades señeras como la corporación teatral marplatense y sus Estrellas de Mar, en Secretos de la Pirámide vamos por la segunda edición de nuestros premios (virtuales). A continuación los ganadores.
Categoría: Cerveza b-brands
La venta de Isenbeck al grupo Miller posiblemente signifique el certificado de defunción definitiva de marcas como La Diosa Tropical o Loco, pero el mundo de la cervezas b-brands no se da por vencido. Para desvelo de Moreno, la gente de la cadena Día% decidió importar desde Holanda su marca propia de cerveza, que descubrimos gracias al amigo Leandro.
Categoría: Gaseosas alternativas
Ganador: Neo Cola
La gente de Naranpol sigue convencida de que a las multinacionales hay que darle pelea en su propio terreno y lejos de querer competir solo por precio ahora lanza una nueva gaseosa premium con reminiscencias Matrix para presentarle batalla al sistema.
Categoría: Evento corporativo
Ganador: La Salada en el Hotel Presidente
Te perdiste el cóctel de presentación de ¡Hola! Argentina? No te preocupes, a Juanita Viale le pasó lo mismo. Igual el evento corporativo del año no fue el de Tattersall sino la velada que organizó la gente de La Salada en el Hotel Presidente para festejar el primer año de su portal de Internet.
Categoría: Fast-food autóctono
Ganador: Fábrica de Pizzas
La peor pesadilla de Ugi’s continúa con su avanzada implacable sobre los barrios porteños y -en un caso inexplicable para la Argentina actual- sin tocar los precios: la grande de muzzarella sigue clavada en seis pesos (menos que un paquete de Camel).
Categoría: Autoservicio chino
Ganador: Supermercado Mayo
Como ya es un clásico los chinos son imbatibles a la hora de encontrar las mejores ofertas de vinos. Nuestro último descubrimiento (ojo! el supermercado está hace un montón, pero nosotros lo encontramos ahora) es el autoservicio Mayo (Tacuarí al 800), en pleno San Telmo (el barrio más top de Buenos Aires).
Categoría: Mejor nombre de local
Ganador: Casa de repuestos Kosovo
A la hora de bautizar cualquier local la solución más fácil es elegir una ciudad o región de Europa y así se multiplican en la ciudad los heladerías Venezia y los supermercados Ibiza. Nuestros amigos de Boedo, en cambio, optaron por la originalidad y se despacharon con este pequeño homenaje a la Guerra de los Balcanes.
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Cuando los autoservicios chinos empezaron a copar a Buenos Aires uno de los prejuicios más extendidos era que su crecimiento iba a encontrar un natural freno en los barrios más chetos de la ciudad. La idea generalizada era que el modelo de supermercado oriental –orientado al precio y que despertaba muchas dudas en materia de higiene y calidad bromatológica- podía funcionar en el conurbano y las zonas menos privilegiadas de la Capital. Sin embargo, a fuerza de ofertas, surtido de primeras marcas y extensión horarios los inmigrantes orientales lograron conquistar al ABC1 porteño.
A continuación un top five de los autoservicios chinos más chetos de Buenos Aires -algo así como las tres P de Jumbo (Panamericana, Palermo y Pilar), pero en plan oriental-
1. Yamile
Av. Quintana al 200
El barrio más exclusivo también cuenta con su autoservicio chino. Conviviendo con las joyerías más caras de la Argentina, el hotel Alvear y las boutiques importadas, Yamile representa la avanzada oriental en pleno ABC1 porteño.
2. Autoservicio Austria
Austria al 1800
Lo más parecido a Winery que se puede conseguir en formato oriental. La oferta de vinos ocupa el 20% de la superficie total del local y cuenta con una interesante propuesta en materia de bodegas boutique.
3. El chino de la Horqueta
Blanco Encalada al 1800 (San Isidro)
Durante años, La Horqueta fue territorio exclusivo de Disco. Pero anticipándose al desembarco de Coto, los chinos también dijeron presentes en el barrio más cheto de San Isidro.
4. Super Eco
Av. Las Heras y Puyerredón
Otra prueba de la sorprendente capacidad de los chinos para contar con una excelente oferta den materia de vinos. Su fuete son los precios bajos, como (ojo! son precios de la semana pasada) como el Uxmal a $ 20, Trumpeter ($ 36) o Luigi Bosca ($ 52)
5. D&M
Reconquista al 300
El cartelito en la puerta no se anda con vueltas y de entrada en ** aclaran que lo suyo no son las ofertas sino las propuestas gourmet para los operadores de la Bolsa y ejecutivos bancarios del microcentro.
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Junto con las casas de diseño y los restaurantes étnicos, el signo distintivo de Palermo son los nombres ingeniosos elegidos a la hora de bautizar un comercio.
Los dueños de las marcas compiten por ver quièn le pone el nombre más gracioso a su negocio, con el riesgo siempre presente de quedar un poco pretenciosos, y así se multiplican locales bautizados como “Un Gallo para Esculapio”, “Pájaro que comió, voló”, “En el nombre del postre” o “Te quiero mucho, poquito, nada”.
Como una especie de virus de la gripe A del retail, en el último tiempo la moda se fue expandiendo hacia otros barrios de la ciudad y cada vez son menos los rincones porteños que se pueden jactar de ser inmunes a la epimedia palermitana.
El problema es que la tendencia amenaza a extenderse a otros campos más allá restaurantes y las marcas de ropa. Y ya se alzan, algunas voces alarmistas que alertan que no falta mucho para que en el fútbol del ascenso aparezcan equipos con nombres como “Cómo quieres que te aliente” o “Delantero que la metió, voló a Europa”.
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La imagen se repite en cualquier cancha de Primera División y en la mayoría de los clubes de Buenos Aires que militan en el Nacional B y la B Metropolitana. Cuando se quiere tomar una gaseosa, no hay opciones para elegir y de acuerdo al club existe un monopolio de las multinacionales Coca-Cola o Pepsi. La historia es igual con las hamburguesas que están bajo el control de Paty, del grupo brasileño Marfrig.
Sin embargo, en el caso de los helados se se da un caso muy raro. Ni Frigor ni Arcor –los dos gigantes que domina el negocio en la Argentina- pueden hacer pie en la mayoría de las canchas argentinas, que están copadas por marcas mucho menos conocidas como Panda, Yo Helados y hasta algunas ignotas como Target o Ice Cool.
“Las negociaciones se tienen que hacer con el concesionario del club y por lo general tienen un alto componente de informalidad, sin que medien contratos, lo que termina alejando a las marcas más grandes”, reconocen en una de las fábricas líderes.
La mejor prueba del alto grado de informalidad del negocio es que sin importar la marca que tenga la concesión, en la mayoría de las canchas argentinas los heladeros continúan utilizando las casacas y las heladeras que entregó en algún momento Nestlé, con lo cual se da la paradoja de que un hincha desprevenido que llama a gritos al Frigolero terminé comprando un palito marca Target.
Si bien ahora Frigor pudo ingresar a la Bombonera, los hinchas de Boca de más treinta y pico añoran a los míticos helados Refresquito, una pyme de Avellaneda que al mejor estilo Asterix se había convertido en la pesadilla de los Torpedo.
Como los contratos son por club y no por cancha se dan algunas situaciones extrañas, como por ejemplo que hasta mayo del año pasado, cuando Chacarita jugaba en Primera División, en el estadio Diego Maradona cambiaba la marca de helado de un día para el otro, si el local era el dueño de casa o si lo hacía el funebrero. Cuando jugaba Argentinos Juniors la marca de helados era Arcor (algo así como el Freddo del fútbol), mientras que con Chacarita salían a la cancha los palitos de Arti (made in Solano).
Acá va un listado de las marcas de helados que se consiguen en cada estadio
Huracán: Frigor
Gimnasia La Plata: Panda
Argentinos Juniors: Arcor
All Boys: New Cream y Yo Helados (Yomo)
River: Panda
Boca: Frigor
Racing: Ice Cool (Nigolú)