
Una de las ideas equivocadas más difundidas entre los ejecutivos argentinos es que los productos y servicios a los que acceden los pobres son sumamente baratos y por lo tanto los bajos márgenes de ganancia que ofrecen significan una barrera de ingreso demasiado alto para la llegada de un nuevo competidor.
Sin embargo, la mayoría de las familias de bajos recursos, tanto en Bombay o Soweto como en González Catán o Aldo Bonzi terminan pagando por la mayoría de las cosas que compran mucho más que un hogar de clase media, lo que implica que existe una oportunidad real para los nuevos jugadores que quieren ingresar a esos mercados.
Para explicar el hecho de que los hogares de menos recursos muchas veces paguen más caro los productos y servicios que consumen, los especialistas hablan de una “sanción por pobreza”, que básicamente es universal y que solo varía de un país a otro por una cuestión de magnitud.
Más allá de la injusticia, la disparidad entre los gastos de una familia pobre del segundo cordón del conurbano bonaerense y un hogar de clase media de Palermo significa que existe una oportunidad de reducir en forma drástica los precios de los productos y servicios a los que accede la base de la pirámide sin que esta baja signifique sacrificar toda la rentabilidad.
Un trabajador que vive en la localidad de Rafael Castillo, en el partido de La Matanza, y debe llegar todos los días hasta la estación de Liniers para tomar el tren paga por el recorrido en colectivo de siete kilómetros $ 1,75 contra los $ 1,10 centavos que cuesta el boleto de subte para recorrer los once kilómetros que separan la estación Congreso de Tucumán, en Belgrano, del microcentro.
El gas es otro ejemplo de inequidad social. Más allá del fuerte aumento dispuesto a fines de 2008, los hogares de clase media y alta de la Capital Federal y el primer cordón del Gran Buenos Aires cuentan con el servicio de la red cuyo costo es entre cinco y siete veces más barato que la garrafa que consume una familia humilde de Merlo Gómez o Burzaco que forman parte de los catorce millones de argentinos sin acceso al gas natural.
La disparidad también se hace sentir a la hora de comprar un medicamento y hasta los alimentos más básicos, como el arroz o la polenta, que también son más caros en un pequeño almacén de Merlo Gómez que en un hipermercado de Plaza Italia.
27.11.2009
12:58 pm
hola alfredo, no esta repetido este post ?
mue gusta mucho leerte , saludos,
t .
01.12.2009
1:22 pm
También he oído que Carrefour tiene precios más caros en el sur que en Vicente López. La razón es que allí tienen un público cautivo que tiene la facilidad de trasladarse, como si la posee los que se encuentran más arriba de la pirámide en el caso de no convenirle los precios de su zona.
01.12.2009
1:23 pm
Perdón, quise decir ” que NO posee la facilidad de trasladarse”.