Natacha Diz, rumbo a El Origen 2015

 

Muchos me preguntan por qué corro. Otros, para qué corro. Y otros, simplemente, creen que estoy loca. Verdaderamente loca. A todos, absolutamente a todos les respondo lo mismo: corro para seguir viva. Esas ganas de vivir que antes no sentía me las devolvió un simple par de zapatillas. Lejos de cualquier fundamentalismo, así lo siento. Así lo escribo. Así lo digo.

Desde ese primer día hasta hoy pasaron más de 8 años y muchas carreras, pero descubrí mi pasión por el trail running en la prueba en la Argentina: El Cruce Columbia. Mi poca experiencia en el terreno llevó a que cometa errores que me dejaron un sinsabor en la boca y muchas ganas de revancha, pero también grandes amigos, como por ejemplo Florencia Pollola. Ellos me pusieron en el camino correcto. Ellos supieron bajarme la ansiedad. Ellos supieron escucharme.

La idea de correr los 100km de El Origen 2015 empezó a gestarse en  nuestras charlas de campamento en El Cruce 2014.

Natacha y Paola, van por los 100km de El Origen

En mayo me inscribí para correrla en equipo con Paola Corsico, una amiga de mi pueblo, Germania, en la provincia de Buenos Aires. Fue pasando el año, carreras de por medio, con la mirada fija en Villa La Angostura y en el mes febrero. Como todos los años, la familia partió de vacaciones rumbo a Bombinhas, Brasil, y hacia allá salí con mis pesas rusas, mi core y mi colchoneta. Acompañada del plan impreso y un fibrón para tachar los días. Sabía que tenía morros para entrenar y superar una cuenta pendiente que en el llano no podía: las benditas e imprescindibles cuestas.

Todas las mañanas sonaba el despertador a los 6. Un café, un trozo de pan y dulce y a la playa a correr por senderos maravillosos, trilhas en los morros marcadas por Giliard Pinheiro (quíntuple campeón de Bombinhas Indomit, entre otros logros), que en sus charlas diarias me iba enseñando, con total humildad y toda mi atención.

Faltando 4 días para volver, trotando por las piedras pisé una floja y se dobló totalmente el tobillo izquierdo. El crac fue desalentador. Me senté a llorar. A llorar de verdad. Con bronca. Con rabia. Con mucha tristeza. Bajarme de la carrera no era una posibilidad. Volví trotando despacio y al llegar a la playa me encontré con Giliard, quien me tranquilizó y me llevó a su fisioterapeuta. El diagnóstico no era grave. Entonces, inmediatamente, comencé la rehabilitación.

Hoy ya estoy en casa. A punto de partir a la Patagonia. No puedo decir que al 100%, pero con las mismas ganas de siempre de dejarlo todo en la montaña. Porque después de todo, los resultados importantes de una carrera no son los que se miden en minutos o kilóetros, sino en personas y en esa calidez que se encuentra en el running. Sin importar si sos  de elite o una simple ama de casa como yo. Porque al final de cuentas, lo importante y más lindo es correr. Correr, más allá de todo.

Nos vemos en El Origen. Con más ganas de vivir que nunca. ¡Por supuesto!

Seguinos en twitter en @LNCorre y en @DamianCaceres.
También podés acompañarnos en Facebook