#MajorsRun: de Nueva York a Tokyo, del sueño a la realidad

 

Y al fin, lo que era un proyecto fue realidad: “100 días, dos maratones, un sueño”, está cumplido. Después de Nueva York, el 2 noviembre de 2014, Tokyo llegó puntual, como no podía ser de otro modo, el 22 de febrero 2015. Y así, #majorsrun completó su miniciclo, que puede sumar a Berlín 2013. Ahora, “sólo” quedan Chicago, Londres y Boston, tal vez en ese orden.

Ya habrá tiempo de profundizar, pero ahora es momento de dejar que decanten las sensaciones, siempre distintas, de otra carrera, siempre distinta. Tokyo se corrió bajo un cielo plomizo, con un frío más aparente que real y una lluvia que amenazó con ser, pero nunca fue. Arranca desde el edificio municipal de gobierno de la ciudad, con perfil de Ciudad Gótica, y justamente al lado mío partió… Batman. Dicen que esta es la carrera con más pre inscriptos del mundo (de 304.000 quedamos 33.500), pero lo cierto, sin necesidad de dato estadístico alguno, es que se trata de la carrera con más disfraces por competidor del mundo: tras dejar atrás a Batman, pasé a Morticia Adams muy fácil, porque iba con tapado, y hasta a un vaso de Starbucks Coffee, con la tapita en la mano; en el medio, todos los personajes del Cómic japonés, que son muchos, y Michael Jackson, con zapatos.
Suena a chiste, pero es verdad, como también lo es que desde la largada hasta el kilómetro 10 invita al apuro, porque es una pendiente muy pronunciada. Luego, entra en una planicie que no se va alterar hasta el kilómetro 36, donde empiezan a atravesarse una serie de puentes criminales. En el primero, alguien del público, con gran sentido de la solidaridad, puso a sonar un continuado de la canción de Rocky. El último está en el kilómetro… 41. ¿Hay necesidad?
Los 42 kilómetros, absolutamente todos, hasta los puentes, están rodeados de aficionados que gritan alaridos cortos, y hacen sonar todo tipo de objetos, sobre todo globos alargados, al estilo NBA. Cada tanto, muy cada tanto, hay bandas de música: la primera, militar; unas cuantas, de un extraño pop japonés, que mezcla música americana y vestuario y movimientos locales; y un par, sólo un par, de los tradicionales tambores asiáticos.

El lugar más Tokyo de la carrera es la curva de Ginza: cuando se pasa por allí, da la sensación de que debería correrse de noche y en verano, al imaginarla totalmente iluminada. El resto es gris y ocre, el no color de los edificios de la ciudad, sobre todo opacadas por el cielo nublado.

Lejos, muy lejos de Batman, espero, llegaron los ganadores. Endeshaw Negesse (Ethiopia, 2:06:00), Stephen Kiprotich (Uganda, 2:06:33) y Dickson Chumba (Kenya, 2:06:34) entre los hombres. Birhane Dibaba (Ethiopia, 2:23:15), Helah Kiprop (Kenya, 2:24:03) y Tiki Gelana (Ethiopia, 2:24:26), entre las mujeres.
Lejos, muy lejos de ellos (y de Batman, espero), llegué yo, con mis 3h45m08, mejores que las 3h46m58s de Nueva York y peores que las 3h43m17s de Dubai. Las 4h17m00 de Berlín tuvieron el valor del primer paso.

Gracias a todos los que me respondieron #justdoit cuando propuse #majorsrun.
Y al Migueles Team, siempre presente. Y gracias a Marti Arcucci, que se bancó mi pésimo humor del sábado, cuando lo que no pudieron dos maratones lo pudo una escalera mecánica: lesionarme. Ella sabía que una rodilla hinchada no iba a frenarme y me lo dijo. Pero no le creí. Tampoco a Malena Arcucci, que trataba de convencerme desde Londres.
Esto son sólo las primeras sensaciones. Ya vendrá la crónica en serio. Sin Batman. O con él.

#majorsrun #justdoit

Podés seguir el nuevo viaje de Daniel Arcucci en su Facebook y en su twitter @daniarcucci, siempre bajo el hashtag #MajorsRun