Cruce de los Andes 2013, por Leandro Esconjaure​gui

 

Por Leandro Esconjauregui

Licenciado en Ciencias Políticas y Runner

El Columbia Cruce de los Andes comienza no en la fecha de largada de la carrera, sino meses antes con la preparación física y técnica que requiere. Va de suyo que a toda competencia le es propia una determinada preparación.

Siendo que fue mi primer Cruce, las expectativas y ansias eran eruptivas, y por qué no, desgastantes.

Primer fin de semana de Febrero/13, llegó la hora. En menos de una semana estaremos en plena competencia. Ya ha comenzado mi período vacacional en el trabajo. Comienzo a tener una idea de lo que creo es entender lo que voy a hacer. Aparece más ansiedad y algo de miedo. Ya arrancó la cuenta regresiva de un sueño esperado.

Martes 5 de Febrero comienza el Cruce en etapa previa. El viaje de Buenos Aires al sur, a Junín de los Andes, y luego a Pucón – Chile- desde donde largará la carrera.

No estoy solo, está mi entrenador y compañeros del team. Todos tenemos nuestras propias expectativas y ansiedad. Estamos desbordados de una energía que sólo aparece en las competencias y que sólo los deportistas conocemos. Quizá Daniel -entrenador- sea el único que maneja de una forma diferente esta cuestión. Cuenta con una trayectoria deportiva importante y experiencias anteriores en el Cruce, aunque esta vez correrá en categoría individual, no en grupo.

Llegó la hora. Se larga la carrera. Amanece el día viernes 8. Así serán, a su vez, los próximos días, a las 05.00 am habrá que levantarse, desayunar y prepararse para la aventura. Cada día 07.30 larga ésta.

En la primera etapa estoy muy ansioso, quiero que comience. Llegamos a la base del volcán Villarrica antes de las 07.00 am. Más de 40 minutos de espera para la largada. Lleno mi camel, camino, voy, vengo. Comienzo a entrar en calor. Llaman a los corredores élite internacionales presentes en el evento para tomarles fotos. Junto a ellos la élite nacional. Todos presentes, no falta ninguno. Daniel Simbrón, un orgullo, está entre ellos. El me llama, me da indicaciones. Me aposto en mi lugar de largada. Sólo minutos breves separan este instante del comienzo.

28 km y algo más en este primer día. No se cuánto esfuerzo me demandarán. Se que el segundo tramo de la travesía contará con un promedio de 40 km. Debo reservarme, pero debo correr y competir a la vez. Este deber, no es para todos los participantes. Si para mí. Es mi desafío personal. Desafío que permite conocer límites y capacidades, tanto físicas como psíquicas. El deporte en alto rendimiento requiere de ambas.

Los ascensos no son mi fuerte. No tengo entrenamiento de montaña, de altura. Entrenar en una plaza en la que su altitud máxima no supera los 5m SNM, no tiene correlación con Los Andes. Pues bien, estas son las condiciones. Las pendientes más agudas las hago caminando, no tengo opción, pero en mi cabeza resuenan las palabras de Dani, pasos cortitos y constantes. No perder el ritmo. En las pendientes más amenas, mantengo el trote. Es maravilloso saber cuánto responde nuestro cuerpo.

Leandro, por sus tiempos, viajó con los corredores de elite

En cada etapa la primer mitad ha sido de elevación prácticamente constante con fuertes pendientes más cortas o más largas, que por contra, y en buena hora, también bajadas pronunciadas y leves, con distancias relativas a las subidas. He aquí mi satisfacción y revancha. Lo que no puedo en las subidas, lo puedo en las bajadas. Sea en montaña abierta o en los bosques.

La primera etapa me demanda temple, nervios, ansiedad, equilibrio y Razón. Es una carrera mental, debo cuantificar mi energía y rendimiento para prorratearlo a las etapas siguientes. El cuerpo me responde sin problemas. No debo excederme, al final de ésta me quedarán aún casi 70 km por recorrer y correr. Comparto la última parte de la carrera con Oihana y Wouter. Este ha sido un gran compañero de corrida. Ella lo mismo. Un placer compartir y ver el desempeño de una de las más grandes corredoras mundiales.

Últimos 3,5 km, acaba el bosque y queda solo un camino de tierra en bajada constante. La suerte está echada, nada me detiene. Dejo mis piernas en libertad, que a su propio antojo se deslicen hacia abajo. Así pasan los últimos kilómetros, a buena velocidad y me encuentro con el arco de llegada.

Ahora queda almorzar y descansar.

A nivel medio consciente, medio inconsciente voy proyectando las otras dos etapas. Proyección de tiempos a cumplir, de esfuerzo físico, de recuperación.

La etapa II me lleva casi 13′ más de lo proyectado. Me siento feliz, se cumple mi objetivo. No tengo experiencia y delante mío tengo los mejores corredores de Argentina y otros del resto del mundo. Voy solo sabiendo y no sabiendo esto. No reparo en quienes son ni en quien soy. Esta etapa es realmente dura, tiene pendientes con fuertes inclinaciones. Mis piernas alrededor del kilómetro 10 están exhaustas. Continúo, no falta mucho para que comiencen los descensos. Y así llega el primero. Abrupto, largo, lo disfruto. La velocidad alcanzada es alta, quizás jamás antes experimentada. Estoy eufórico y temeroso. Continúan algunas subidas, más benévolas y nuevas bajadas. Atravieso una montaña y un bosque. Últimos kilómetros, me acerco a la meta. No tengo más agua en mi camel. Sorbo y no hay líquido.

No importa, la llegada está a un palmo. Y llego.

Nuevamente comer y descansar. La cosa se complica. El esfuerzo físico ha dejado sus secuelas. Me cuesta descansar, lo hago mal y eso tendrá su efecto en la tercera etapa. Quiero comer, tengo mucha hambre, pero, siento cierta repulsión a la comida. Alguna vez experimenté la sensación de nausea. A no desesperar, queda una etapa más y todo termina. Por suerte y desgraciadamente termina. Deseo de culminar por el cansancio acumulado y deseo de continuar para disfrutar la sensación de saberme libre, de estar en la inmensidad de la naturaleza que me embarga. De contar con mucha gente que está pasando por lo mismo.

La elite se alista para la etapa final

Ultima noche con lluvia tenue y arrullado por los rumores del río, transito unas horas entre el descanso, el letargo y la vigilia. Cuando menos quiero acordar, nuevamente otro amanecer que no tardará en despuntar tras las montañas frías y escondidas en oscuras nubes. 05.00 am y el campamento ha perdido su somnolencia. Luciérnagas del amanecer pululan en el predio y se preparan para su último día. Para un gran día.

Nos vamos hacia la largada. Van llegando los ómnibus con los corredores a dicho puesto. 07.30 se da la señal y en grupos partimos por el camino.

Este día no me he levantado bien. Me siento algo débil. No hay chance, es la tercera etapa y no hay tiempo para indisposiciones. He aquí una etapa que si bien me ha exigido físicamente mucho en su primera mitad de recorrido, me ha exigido mucho más en todo el trayecto, de un ejercicio mental de relajación y positividad. Pensar en los propósitos personales, en lo proyectado, en mis padres. Me ha servido para saber y confirmar una vez más que la energía fluye y que uno la genera más de lo que la incorpora. Que la voluntad es una herramienta fundamental para la vida. Que la sensibilidad no es menor para los logros.

En la primera mitad corremos prácticamente en ascensos continuos. Pendientes pronunciadas y leves. Muchas de ellas, levemente leves. Igualmente, siguen siendo pendientes. Mis piernas no pueden hacer más de lo que hacen. Tienen independencia de mí. Llevan su ritmo en planicies, en las subidas camino, y con gran esfuerzo mantengo un ritmo constante y parejo. En las bajadas, nuevamente, mis piernas se liberan y puedo ayudarlas a correr mejor aún.

No me detengo. No me quiero detener. Debo seguir. Quiero hacerlo. Sigo y no paro jamás. Ha comenzado a mitad del recorrido a hacer mucho frío. Viento helado, cielo cerrado y oscuro con una suave llovizna. Un leve adormecimiento en mi brazo izquierdo por el frío. No me abrigo, sé que falta poco para que repunte en mi carrera.

Al fin han llegado las ansiadas bajadas en el terreno. Este está a mi favor. Comienzo a deslizarme y nuevamente aparece esa incansable e indescriptible sensación de libertad y bienestar. Estoy volando. Cruzo una gran planicie acercándome a lo que parece un gran palmar desde lejos, y no es otra cosa que un tupido bosque de algún tipo de Araucaria. Me siento vivo, vivamente vivo. Corro en terreno descendente entre arbustos por estrechos senderos que zigzaguean una y otra vez. Adrenalina verdadera.

Vuelvo a divisar a algunos compañeros. Las figuras de Bruno y Emma. Ella, inalcanzable, imparable. El bosque cerrado ha quedado atrás. Un camino sinuoso para vehículos nos sigue inspirando a correr. Repentinamente, la ruta internacional, realmente es el final. Es de ripio con leve pendiente y no me permite mejorar mi velocidad. Lo importante es mantener el trote constante. La llovizna me refresca y me bendice. Me da fuerzas. Llego a la aduana chilena, y un kilómetro más para la de Argentina. A medio camino el cartel de “Bienvenidos a la República Argentina”. La emoción me sobrepasa y no puedo contener las lágrimas. Me hablo y me ordeno no llorar, ser más frío, nada de sentimentalismo. No es el momento, quedan aún algunos kilómetros, y luego sí, podré soltar cuanto siento.

Aduana Argentina y los dos kilómetros finales hasta la base del Volcán Lanín. Controlo mi ansiedad, pues se me está haciendo muy largo este pequeñísimo recorrido en el cual parece inalcanzable el objetivo. Sin darme cuenta me señalan el desvío de la ruta y veo el arco de la meta final. Todo adrenalina. Tomo la mayor velocidad que puedo, que es poca y sonrío satisfactoriamente. La gente que está a la vera aplaude, asciendo a la rampa, paso el arco y desciendo. Mauricio me recibe con un fraternal abrazo. Qué emoción! Me río, lloro a la vez. Wouter me abraza y nos saludamos alegremente. Estoy realmente feliz, no sé muy bien como se explica o se entiende esta felicidad, pero es felicidad con todas las letras. Momentos más tarde encuentro a quien ha hecho posible que logre esto, a Daniel. Otro abrazo, otra gran alegría.

Termina la carrera y comienza otra etapa en mí, la noción de lo hecho. Es como una mera idea, aún no concreta. He corrido casi100 kmen tres días con un buen tiempo. Soy feliz, lo estoy y también hay mucha gente en esta situación. Me he superado a mí mismo. Pero lo que más he superado no es mi capacidad física, sino la psíquica. He sido positivo siempre, fui a participar con la intensión de dar todo. Así lo hice. Fui a competir, fui a disfrutar, fui a conocerme un poco más. Lo he hecho. Fui a encontrarme conmigo mismo; me encontré.

Allí viví. La Vida jamás tan sentida. Siempre que corro siento el porqué de la vida: la felicidad que me da.

Leandro terminó el Cruce 11º en la Categoría General con un tiempo total de 9h50m23s.

Aquí, los resultados…

Fotos y videos de Juan Manuel Izzi.

Podés seguirnos en el Twitter @DamianCaceres

PONELE UN “ME GUSTA” Y HACETE AMIGO DE RUNNER BLOG EN FACEBOOK ACÁ…

  • MARTHAN

    Grande Lea!!!
    Usted si que es un atleta. No como los que corren solo 21k en RIO de Janeiro.
    Abrazo de maratonista

  • http://www.facebook.com/mauripagliacci Mauri Pagliacci

    Muy buena crónica Lea! Un gusto haberte conocido, gracias por los videos. Un abrazo de llegada de Cruce! Nos vemos pronto.