Re correr Tokyo

Por Daniel Arcucci

No es la primera vez que viajo a Tokyo, pero sí la primera vez que voy a correrlo. Y, se sabe, cuando uno corre los lugares, los recorre. Los reconoce aunque ya los conozca. La primera vez fue en diciembre de 1990, en una época de oro de la revista El Gráfico. Tanto, que me tocó ser el enviado especial para cubrir la final de lo que entonces era la Copa Intercontinental, o Europeo-Sudamericana, o Toyota, entre Olimpia, de Paraguay y Milan, de Italia. Una semana en Asunción, para producir una edición especial del campeón de América, y después el viaje al otro lado del mundo, casi como una más de la delegación de un equipo en el que brillaba Raúl Vicente Amarilla, asomaba un talentoso Luis Alberto Monzón, se perpetuaba en el arco Ever Almeida y tenía en la dirección técnica al mítico Luis Cubilla.

Poco pudieron hacer, en el Estadio Nacional de Tokyo, ante uno de los mejores equipos de la historia, tan admirado entonces como el Barcelona de tiempos cercanos: el Milan de Arrigo Sacchi y los tulipanes holanedeses –Rijkaard, Van Basten y Gullit- los aplastó con un contundente 3 a 0. Todo fue deslumbrante entonces. Desde el fútbol del Milan –“Así se juega al fútbol”, tituló El Gráfico- hasta la posibilidad de entrevistar mano a mano a Arrigo Sacchi, por entonces ideólogo de una revolución futbolística, hasta la idiosincrasia japonesa, respetuosa al extremo, en una serenidad que sólo parecía quebrarse cuando hacían sonar aquella bocinas insoportables durante los 90 minutos de un partido.

La segunda vez fue en mayo de 1993, para la inauguración de la JPL, la primera liga profesional de fútbol japonés. No sólo fue Tokyo, entonces, sino cada una de las diez ciudades que tenían equipo representativo. Y no sólo fue contar el cotejo inaugural en sí mismo, con show más propio de Hollywood que de la cultura oriental, sino que el gran protagonista de la noche fue un argentino. Ramón Angel Díaz. Contratado como la gran estrella del Yokohama Marinos –así como Zico lo era del Kashima Antlers y Pierre Littbarsky del Jeff United-, marcó el gol del triunfo sobre el Yomiuri Verdy, el más poderoso de los equipos, y su inconfundible tonada se escuchó en el estadio colmado por 60.000 almas, en una entrevista pública: “Quiero dedicarle el triunfo a mi familia, que está aquí, y a toda la gente del Yokohama Marinos”, dijo. El título de El Gráfico de entonces podría generar una polémica ahora: “¡Gol de Lamón!”. Con él viajamos en subte y en metro, desde el centro de Tokyo hasta Yokohama, en las afueras, donde vivía.

La tercera vez fue en junio de 2002 y no es necesario recordar mucho. El famoso Mundial al que la selección argentina de Marcelo Bielsa llegó como máxima favorita, junto con Francia, y terminó yéndose en primera ronda, junto con Francia. En La Nación, habíamos comenzado con los suplementos especiales desde 95 días antes y la competencia de Argentina duró 10. El triunfo contra Nigeria en Ibaraki, la derrota contra Inglaterra en Sapporo y el empate contra Suecia en Miyagi. El ambicioso plan de cobertura del diario, cuando apenas se había salido de la triste crisis de 2001, fue producir dos ediciones diarias, una matutina, con el ejemplar de La Nación, y otra vespertina, regalada en diferentes lugares. Y la decisión fue cumplir con lo prometido, aun sin el seleccionado en carrera.

Semejante gesto nos permitió recorrer Japón detrás de otros seleccionado, hasta ver la mítica coronación de Ronaldo, O Fenómeno, que un par de meses antes no sólo no sabía si iba a seguir jugando al fútbol sino que se dudaba que pudiera caminar normalmente.
Vivíamos en Iwaki, un pequeño pueblo a poco más de una hora de Tokyo en tren bala, porque el cuartel general que había elegido el seleccionado quedaba cerca de allí, en Naraha Hirono. Muchos años después, aquel fabuloso predio, fue utilizado como refugio por los ingenieros que trabajaron en la recuperación de la planta nuclear de Fukushima, arrasada por el tsunami. Fue, entonces, un verdadero “Búnker de los héroes”.

Vuelvo ahora, por cuarta vez. No me moviliza el fútbol, sino otra pasión, más personal. Correr. La maratón de Tokyo, tercer major que afrontaré después de Berlin 2013 y Nueva York 2014, está al alcance de mis pies. Por esas cosas del destino, se da cuando en la Argentina comienza el torneo más extraño de su historia. “Un torneo japonés”, diría el hablar popular, aunque difícilmente a algún japonés se le hubiera ocurrido organizar algo tan extraño.

Nunca antes en mi carrera profesional de 32 años había optado por vacaciones en el momento en que comenzaba la actividad, pero así se dio. Tal vez porque es tiempo de hacer cosas que nunca había hecho, como correr dos maratones en apenas 112 días.
Tres veces antes había pisado esa tierra milenaria y maravillosa, pero nunca la había corrido. Ahora sí puedo decir que voy a re correr Japón.

#majorsrun #justdoit

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Un trote gentil con un atleta de elite

Por Daniel Arcucci

“Vos marcá el ritmo, yo te sigo”, me dice Luis Molina y no hay en su voz ni una pizca de  condescendencia del atleta de elite sino toda la humildad de un chico de pueblo, cuando él es ambas cosas al mismo tiempo.

Estamos en el extremo de uno de los circuitos urbanos de Nike, el de Vicente López, y la idea es compartir un trote y una charla gentiles.

El viene de hacer un fondo de 18K, está preparándose para 10.000 metros en serio, que se correrán en el Cenard a finales de marzo, y a mí me quedan horas para tomarme el avión a Tokyo, para correr mi segunda maratón en poco más de tres meses, después de la de Nueva York.

Mientras la brisa del río atenúa un poco el color, la charla va y viene del fútbol al atletismo, dos deportes que lo apasionan de manera diferente. Si fuera por hablar, Luis hablaría todo el tiempo de la pelota. Si fuera por hacer, Luis haría todo el tiempo lo que hace, que es entrenarse con un entusiasmo que contagia.

De palabra, y de idolatrías, le resulta más sencillo referirse a Riquelme o a Maradona que a Kipsang o a Mutai. Es capaz de describir con detalle de archivista el partido de su Boca querido que más lo emocionó –“El del gol con la nuca de Guerra, lo vi desde la tribuna, era muy chiquito-, pero no ponerle nombre al récordman del mundo de maratón, aunque sí es capaz de recitar de memoria su tiempo y hasta sus parciales, como hace con los propios.

“Yo soy feliz corriendo”, dice, cuando logro colar una pregunta después de varias suyas sobre las posibilidades de Boca en el torneo próximo a comenzar y de confesar su fanatismo por “90 Minutos de Fútbol”, el programa de Fox Sports. “Salir a entrenar por Lobos, mi pueblo, es todo. Hago lo que me gusta y lo hago para crecer, para superarme”, cuenta.

Los objetivos están ahí, delante suyo. Bajar tres segundos en los 10.000 que se avecinan, de su 29m48s a 29m45s, para ir al Sudamericano de Lima y al Panamericano de Toronto, y más allá la Maratón de Berlín, en busca de la marca A que lo lleve después a su gran sueño, los Juegos Olímpicos de Río.

Mientras tanto, disfruta como un chico y así lo transmite por correr esas carreras que le llegan al corazón: “El domingo voy a Lincoln. Y te recomiendo una, incomparable: la carrera de Reyes, en Trenque Lauquen. La gente sale a la calle y te va dejando el paso angostito, así, te aplauden, es una fiesta…”. Este año la ganó, por supuesto. Y la sumó a su currículum, que alimenta con esmero de artesano y que va desde aquel título nacional en 3000 metros, de menores, al título nacional de Media Maratón, una de sus distancias predilectas.

En 2014 vivió una gran alegría y una gran tristeza, que de las dos está hecha la historia de un atleta de elite: en junio, ganó la Media Maratón de Nike, en 1h04m, y en octubre se le hizo cuesta arriba la Maratón de Buenos Aires, para la que había llegado con la mejor preparación, y que terminó ganando su amigo, Mariano Mastromarino. De las dos experiencias sacó conclusiones, todas positivas. Seguir, mejorar, crecer.

Al día siguiente, ya estaba planificando su entrenamiento, que en promedio ronda los 180 kilómetros semanales. “Corro mucho”, dice. “Tengo una base grande, lo que después me permite ajustar de acuerdo al compromiso que tenga por delante… Ahora, por ejemplo, estoy en los 200 kilómetros semanales”.

Vamos pegando la vuelta y a mi empapadura en sudor se opone su frescura, como si todavía no hubiéramos arrancado. “¿Para vos quién es mejor, Messi o Maradona?”, arranca de nuevo con su tema favorito. Y después de darle forma de respuesta a uno de los temas más debatidos del mundo (del fútbol), vuelvo sobre uno de los temas más habituales del mundo (del atletismo): ¿cómo es el entrenamiento habitual de un atleta de elite?

“Me entreno todos los días, la mayoría en doble turno. En mi caso, cinco o seis. No me cuesta. Lo disfruto. La mayor parte de los días, en Lobos. Si no, en el Cenard, cuando vengo a Buenos Aires y me quedo en la casa de un amigo… Pero reconozco que me gusta más el campo que la ciudad. No tengo secretos. Bueno, sí, uno. Antes de empezar, en el calentamiento, me pongo Pegada al corazón, de Jáuregui. Bien futbolero. Y también suelo escuchar a los Reyes del Barrio”.

Mientras cuenta todo eso con naturalidad, advierte mi decepción porque el reloj no está tomando el GPS y, por lo tanto, no tengo ni idea del ritmo al que vamos, aunque se que le vamos a agregar un kilómetro a los 5 que tiene el circuito. Me dice entonces, con el mismo tono del comienzo, sin condescendencia y con humildad: “Debemos andar en 5’10”. Dos minutos después, el reloj se conecta y el paso al que vamos es… 5’10. Miro sus muñecas; sólo lleva una pulsera. El tiempo está en su cabeza. Cabeza de corredor.

#majorsrun #justdoit

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Cada runner con su tema

Por Daniel Arcucci

No suelo correr con música. Me gusta más el “tapatap-tapatap-tapatap” de las zapatillas contra el asfalto en las carreras urbanas, las charlas con más o menos aire del running team hecho enjambre, las bandas al paso de las grandes medias maratones, el aliento babélico de las grandes maratones del mundo o, simplemente, los sonidos de las mañanas en algún trote a la vera del río.

No suelo correr con música, pero no quita eso que la música me impulse a correr. Escuchar un tema y que el piso se empiece a mover bajo los pies. Escuchar un tema y que, además del ritmo, la letra acompañe la sensación. Desde un trotecito gentil hasta un fondo largo, pasando por una pasada, valga la redundancia, que todos tengan una razón de ser.

Tener la placentera obligación de elegir cada lunes un Tema Run para “No somos Nadie”, el programa del amigo Juan Pablo Varsky, le puso el marco a una búsqueda que se volvió obsesiva y terminó por ponerle música al #majorsrun, ese lindo desafío autoimpuesto de “100 días, 2 maratones, 1 sueño”. Al título habría que agregarle, ahora, “y unas cuantas canciones”, que empezaron 55 días antes de la Maratón de Nueva York y seguirán, sumándose, hasta la Maratón de Tokyo.

Son estas. Ninguna porque sí. Todas con algo.

Haciendo click con el botón derecho del mouse y elegiendo la opción “Guardar como”, podés descargar los temas.

“Dicen que estoy atrapado en un sueño”. Wake me up (Avicii)

“Está todo en mi cabeza”.  Mr. Brightside (The Killers)

“Sé que estaremos sanos y salvos”. Safe and Sound (Capital Cities)

“El barco me está llevando muy lejos, lejos de las memorias”. Starlight (Muse)

“Yo estoy listo, ahora”. Use somebody (Kings of Lyon)

“Es el lugar donde esconder mis demonios”. Demonds (Imagine dragons)

“Si esto es lo que tenemos, entonces lo que tenemos es oro”. Stay the night (James Blunt)

“1,2,3, agarrate y vení conmigo”. Are you gonna be my girl? (Jet)

”Mi cuerpo vuelve a la vida y todos nosotros corremos”. Runaways (The Killers)

“Estos son los días que estabas esperando, estos son los días de los que no te arrepentirás”. The Days (Avicii)

“Incluso cuando pierdo estoy ganando”. All of me (John Legend-Tiesto)

“Corre, corre torbellino. Cada vez más lejos”. Girls like you (The naked and Famous)

“Si tan sólo no me doblo y no me quiebro, te encontraré del otro lado”. Bend and Breake (Keane)

Faltan 78 días para la Maratón de Tokyo. Queda mucho por correr, queda mucho por escuchar.

#majorsrun “justodoit”

(*)Daniel Arcucci es periodista y maratonista. Secretario de redacción en el diario La Nación, Panelista en 90 Minutos de fútbol (Fox Sports). Colaborador en No Somos Nadie (FM Metro 95.1).

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Una carrera para pensar y sentir

Por Daniel Arcucci

“Pensá la carrera. Lo que se gasta al principio, se paga al final”, me dijo Luis Migueles hace un par de semanas, después de un par de fondos demasiado entusiastas y ya con la cabeza en Nueva York. Como si la suya estuviera aquí, ese es el consejo fundamental que repiten todos, a medida que se acerca la hora de la carrera más universal, tal como se la define y autodefine.

Desde Joan Benoit, la leyenda viviente que en 1984 ganó la medalla dorada olímpica, hasta el Indio Cortínez, que disfruta de la alegría y la expectativa de los atletas aficionados como si fuera uno más, todos le dan forma a ese concepto, con matices.

Benoit nos sorprendió, en persona, después de haber visto un video suyo de aquella proeza de hace 30 años, cuando bajó la escalinatas del Nike Store de Flat Iron para sentarse, mínima y gradiosa, frente al grupo de corredores del Nike Club de Nueva York. “Son lógicos los nervios”, dijo. “Yo también los sentía. Es una carrera maravillosa, diferente a cualquier otra. A mí me gustan las historias. Y se corre para contar la historia de cada uno; la mía, la de cada uno de ustedes”, agregó.

El video y sus palabras fueron un impulso más para salir a correr 3 millas por la 5ª. Avenida y sus alrededores, bajo la llovizna, con todo el grupo, y para experimentar aquel consejo: no dejarse llevar por la emoción.

Eso decía el Indio: “Hay que respetar tu (tiempo) histórico. Dejar la emoción para el final de la carrera, porque es ahí donde la vas a necesitar. Los primeros parciales son mentirosos. Los dos primeros puentes (Verrazzano y Pulaski) definen tu carrera. Si pasaste demasiado rápido la Media Maratón, fuiste…”.

Al tercero también se refirió Benoit, y todos: “Queensboro es terrible”, dice. Una corredora que cuenta con seis maratones de Nueva York bajo sus pies la interrumpe: “A mi me encanta”, le dice. “Bien por vos”, le dice Benoit. (“El maratón de Nueva York: cinco puentes a la felicidad”)

Es clave: una vez subido y bajado, como si fuera un tobogán, cuentan, se llega al punto máximo de la necesidad de euforia y apoyo para seguir en carrera. Una multitud, y una pronunciada y larga cuesta, recibe a los maratonistas, para encarar la parte final.

Es a partir de allí, sobre todo, donde dicen que se hace realidad el slogan: el corredor es un testigo de la fiesta que la ciudad se organiza a si misma. Es Nueva York, a partir de allí, la que empuja a ser recorrida. Habrá que verlo. Habrá que sentirlo.
Un día antes, lo que se siente es una profunda emoción. Hay que guardarla, como un tesoro, para cuando se la necesite. La Maratón de Nueva York se corre, pero sobre todo se piensa y se siente.

(*)Daniel Arcucci es periodista y maratonista. Secretario de redacción en el diario La Nación, Panelista en 90 Minutos de fútbol (Fox Sports). Colaborador en No Somos Nadie (FM Metro 95.1)

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Un viaje por el mundo

Por Daniel Arcucci

Wittemberg recibe a Jeptoo, ganadora de la última edición del maratón.

De todas las definiciones que he leído, me quedo con la más reciente, por certera y porque me despierta la mayor empatía: “Correr la maratón de Nueva York es como hacer un viaje por el mundo”, dijo Mary Wittenberg, que evidentemente tiene una gran capacidad de liderazgo para dirigir la carrera más universal y también una gran capacidad de síntesis para decirlo todo con sólo esas trece palabras.
Las pronunció hace apenas unos días, en España, donde la Maratón de Nueva York recibió el premio Príncipe de Asturias, justificado precisamente en la condición internacional de la competencia, valor que la hace única y distinta, un imán irresistible para todo tipo de atletas, desde la élite más exclusiva hasta los aficionados más entusiastas, desde los Estados Unidos hasta el último rincón del planeta.
En charla con el diario El País, Wittenberg profundizó el concepto, aunque no fuera necesario. “Su carácter mundial la hace diferente. Es la maratón que más corredores internacionales tiene. Y cada uno de ellos tiene su historia en Nueva York. Hemos alcanzado el millón de personas que han terminado la maratón. Eso significa un millón de historias. Una de mis preferidas es la de Edison Peña, uno de los mineros chilenos atrapados. Al salir de la mina, dijo que quería correrla. Le respondieron que era imposible. Seis semanas después, lo consiguió. Nueva York es una historia de superación. Muchos piensan que no podrán terminar la carrera, pero lo hacen y es un gran logro personal. Hay personas que después de eso son capaces de lograr otros retos en sus vidas”.
En la primera edición, en 1970, largaron sólo 127 corredores, que pagaron 1 dólar por la inscripción, y llegaron apenas 55, con no muchos más alentándolos, o mirándolos asombrados, a lo largo del recorrido, 55 vueltas alrededor de Park Drive. Ganó el local Gary Muhrcke, en 2h31m38s.
En esta edición 44 (sería la 45, de no haberse suspendido la de 2012 por el huracán Sandy) serán, seremos, más de 50.000, lo que significará para la ciudad un impacto económico de 340 millones de dólares, y habrá miles de personas siguiéndola por televisión, más otros miles de neoyorquinos alrededor del circuito, que desde 1976 recorre los cinco distritos que componen la Gran Manzana. Por eso se larga desde Staten Island y se atraviesa el puente Verrazzano Narrows, imagen poster de la carrera, para seguir por Brooklyn, Queens, Manhattan, el Bronx, Harlem y terminar en el Central Park. Delante de todos partirán, y seguramente llegarán, los keniatas Wilson Kipsang (que supo batir el récord del mundo en Berlin 2013, con el registro hoy superado de 2h03m23s) y Geoffrey Mutai (récordman de la competencia, con 2h05m16s).
Detrás, en el medio, por cualquier parte, estarán, estaremos todos aquellos que, como bien dice Wittenberg, construyen, construimos, la historia de la carrera con nuestras historias. “Quiénes corren lo hacen para ganar, pero no por ser los más rápidos. No es una cuestión de batir récords, sino de correr por Nueva York”, dice.
Y tiene razón.

Daniel Arcucci, en la previa al maratón de Nueva York.

(*)Daniel Arcucci es periodista y maratonista. Secretario de redacción en el diario La Nación, Panelista en 90 Minutos de fútbol (Fox Sports). Colaborador en No Somos Nadie (FM Metro 95.1)

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#RunningTalks: La democracia del running, según Daniel Arcucci

Doy por cierto que todos sabemos por qué estamos acá. De qué vinimos acá para hablar. De lo que habla todo el mundo en este momento, ¿no? De una moda. De un boom. No hay lugar donde no se esté hablando de esto. Vinimos acá para hablar del Mundial de fútbol, me imagino” dice Daniel Arcucci, en el inicio de su charla motivacional que, en junio de este año, cuando faltaban pocos días para el comienzo de Brasil 2014 y menos todavía para la Media Maratón WeRun Bue, Nike organizó en el ND Ateneo, bajo el nombre RunningTalks.

Si es así, si no estoy equivocado, si vamos a hablar del Mundial, entonces yo voy a empezar hablándoles de Diego Armando Maradona. Después de años y años haciéndole preguntas, él por fin me hizo una a mí: ‘¿Por qué corrés? ¿Por qué corrés tanto?, me preguntó Diego con su natural desmesura. Y a mí me salió una respuesta maradoniana, explosiva. Le contesté con el corazón, como siento que él siempre me contestó a mí: Corro porque correr me salvó la vida.

Partiendo de este concepto, Arcucci cuenta cómo el running se convirtió en un factor determinante para levantarse después de haber caído. En el momento en que sintió que todo se desmoronaba, correr lo ordenó, lo encauzó y lo hizo volver a sonreir.

Este disparador lo llevó a correr su primer maratón; a recibirse de maratonista a los 50 años en Berlín. Fue en septiembre de 2013 cuando comenzó un sueño: completar las seis majors (Berlín, Nueva York, Tokyo, Chicago, Londres y Boston).
El próximo domingo 2 de noviembre, Daniel comenzará a correr por su sueño en los 42k de Nueva York y le sumará un desafío: 112 días después, el domingo 22 de febrero de 2015, correrá el maratón de Tokyo.  

Concluye Arcucci: “Y terminé con una sonrisa, que es algo que me pasa todo el tiempo cuando corro, tengo una sensación constante de buen humor…Aparecen las respuestas a todas las preguntas, incluída la pregunta inicial de Diego: ¿Por qué corro? ¿Por qué corremos?”

En palabras de Daniel Arcucci, él corre porque:

*Corro porque me hace feliz.

*Corro porque me hace sentir joven.
*Corro porque me hace superarme y ganarme a mí mismo cada día (y, sí, es una competencia).
*Corro porque me resultaron un logro los 10, los 21, los 42 y en el futuro serán los 100.
*Corro porque me alegro cuando llego, me alegro cuando gano y me alegro por los que llegan y por los que ganan.
*Corro porque me permite conocer lugares nuevos y reconocer lugares que ya conocía, todos vistos desde una perspectiva diferente.
*Corro porque puedo hacer lo que en ningún otro deporte: competir con los mejores en el mismo lugar…
*Corro porque un día me propuse correr hasta morir, pero cuando llegué a la meta estaba más vivo que nunca.
*Corro cuando estoy mal, para estar bien; y corro cuando estoy bien para estar mejor.
*Corro, también, porque estoy un poco loco.

Todos los oradores de las Running Talks

 

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100 días, 2 maratones, 1 sueño

Hace poco más de 25 años nació Malena Arcucci, mi hija, en mi casa. No fue una emergencia; fue una elección. Junto con la mamá decidimos que el parto en casa era la mejor opción para una pareja de mujer naturista y hombre del interior, que veían los centros hospitalarios de la gran ciudad como un lugar entre riesgoso y hostil, y a la posibilidad de hacer las cosas a la antigua como algo simplemente natural.

No fue una acción temeraria, aunque lo pareciera; hubo una preparación para afrontar ese momento.

No fue una competencia por demostrar valentía, tampoco: fue una decisión de acuerdo a las convicciones propias, sin invadir las ajenas ni tratar de convencer a nadie. Lo que es ideal y saludable para uno, puede no serlo para otros.

Hay un delgado hilo que une aquello que “no se debe” con lo que “se puede” para terminar atando lo que “se quiere”.

Esta experiencia personal familiar, y la conclusión que la explica o la justifica, vuelve a la mente ahora, cuando estoy a punto de afrontar un desafío que tal vez “no se deba” pero seguramente “se pueda” y sin duda “quiero” llevar a cabo. Así como no pretendía rebatir hace un cuarto de siglo los consejos médicos, tampoco pretendo rebatir ahora los consejos de quienes más saben de running, pero con convicción y respaldo voy a encarar ahora este plan que he dado en llamar “100 días, 2 maratones, 1 sueño”.

El próximo domingo 2 de noviembre voy a correr los 42K de Nueva York y 112 días después, el domingo 22 de febrero de 2015, los 42K de Tokio.

Ni una hazaña, si lo logro, ni una provocación, para los que no recomiendan  correr dos veces la madre de todas las carreras con tan poco tiempo de descanso entre una y otra. Tampoco una temeridad: antes de decidirlo consulté a un equipo completo, para escuchar consejos y para someterme, a los 51 años recién cumplidos, a todos los controles que fueran necesarios.

“Si en una buscás marca y en la otra te cuidás, dale nomás; con responsabilidad y entrenamiento, todo es posible”, dijo mi entrenador Luis Migueles, entre resignado y entusiasmado,  apenas escuchó la intención, antes de uno de los habituales encuentros sabatinos del Migueles Team.

El doctor Oscar Mendoza, cardiólogo y runner, verificó que todo latía bien. Gustavo Güerzoni, kinesiómago amigo, aportó sus mágicas plantillas. Karen Cámera, nutricionista, ordenó la dieta. Fede Engel, en Perú Beach Fitness, guía con la base del gimnasio. Alberto Intebi, médico y también maratonista, chequeó todo. En Nike me dijeron “Just do it”.

El resto será hacer, convencido, lo que me gusta hacer. Correr.

Y creo que ya todos saben por qué corro…

*Corro porque me hace feliz.

*Corro porque me hace sentir joven.

*Corro porque me hace superarme y ganarme a mí mismo cada día (y, sí, es una competencia).

*Corro porque me resultaron un logro los 10, los 21, los 42 y en el futuro serán los 100.

*Corro porque me alegro cuando llego, me alegro cuando gano y me alegro por los que llegan y por los que ganan.

*Corro porque me permite conocer lugares nuevos y reconocer lugares que ya conocía, todos vistos desde una perspectiva diferente.

*Corro porque puedo hacer lo que en ningún otro deporte: competir con los mejores en el mismo lugar…

*Corro porque un día me propuse correr hasta morir, pero cuando llegué a la meta estaba más vivo que nunca.

*Corro cuando estoy mal, para estar bien; y corro cuando estoy bien para estar mejor.

*Corro, también, porque estoy un poco loco.

Podría tomar todos esos argumentos para explicar por qué quiero hacer lo que voy a hacer. Podría utilizar la primera y la última, pero tal vez me quede con una de las razones, la más específica.

*Corro porque me permite conocer lugares nuevos y reconocer lugares que ya conocía, todos vistos desde una perspectiva diferente.

Podría agregarle, eso sí, que esa perspectiva diferente se puede contar. Compartir. Y tal vez sirva para inspirar.

Por eso contaré y compartiré toda la experiencia aquí, en el Runner Blog, donde ya compartí mi experiencia en la Media Maratón de Nueva York 2013, así como lo había hecho en el debut en los 42K de Berlin 2013 o la fascinación de recorrer esa distancia en la Dubai de Maradona.

También en mi Facebook y en mi twitter @daniaarcucci, siempre bajo el hashtag #MajorsRun

Porque, quién sabe, después de haber corrido el major de Berlin y de encarar ahora los majors de Nueva York y Tokio, este desafío llamado “100 días, 2 maratones, 1 sueño” tal vez sea sólo… la mitad del desafío.

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Daniel Arcucci, Dante Dib y Damián Cáceres corren los 21k Arnet de Buenos Aires por Lisandro

Lisandro Luis Suárez tiene 10 años. Nació con síndrome de Down y una enfermedad en la sangre que hizo que le amputaran uno de los miembros inferiores. Para mejorar su calidad de vida, en 2010, necesitaba una prótesis que su familia, de bajos recursos, no podía costear. Por eso, en su nombre, la asociación Manos Abiertas colocó un aviso dentro de los Clasificados Solidarios pidiendo esta donación por la que juntaron 28.000 pesos.

Hoy, cuatro años después, Lisandro necesita un cambio de prótesis porque al crecer, la anterior ya no le sirve y no puede continuar con su crecimiento. Según explicaron los especialistas, es imperioso readaptarla y cuesta poco más de 20.000 pesos. Por eso, Daniel Arcucci, secretario de redacción de La Nacióny apasaionado runner, Dante Dib, del área comercial, y Damián Cáceres, a cargo de este blog y de la producción de La Nación Corre, decidieron correr la media maratón Arnet de la ciudad de Buenos Aires para juntar fondos.

¿Cómo podés colaborar? Muy simple. Se abrió una cuenta solidaria en el banco Nación a nombre de Lisandro Luis Pereyra o Liliana Rosa Pereyra: Sucursal 0085. Caja de Ahorro en pesos 4141956. 

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Motivación, emoción y experiencia: #RunningTalks We Run Buenos Aires

“Vinimos acá para hablar de lo que habla todo el mundo en este momento, ¿no? De un boom. No hay lugar donde no se esté hablando de esto. Vinimos acá para hablar del Mundial de fútbol, me imagino. Si es así, si no estoy equivocado, entonces yo voy a empezar hablándoles de Diego Armando Maradona.”

Así comenzaba su charla denominada “La democracia del running”, el periodista deportivo y maratonista Daniel Arcucci. Él fue el encargado de abrir la función “Running Talks” organizada por Nike Argentina en el marco de una nueva edición de We Run Buenos Aires.

La tradicional carrera de la marca de la pipa, ubicada años anteriores en el cierre del calendario runner capitalino y caracterizada por significar el debut de muchos corredores en las competencias masivas de 10km, en esta oportunidad va por más. El domingo 8 de junio, 10.000 runners serán parte de los primeros 21km que organiza Nike en el país y, anticipando este gran evento, se brindaron las “Running Talks”, el jueves 5 de junio a las 21hs en el teatro ND Ateneo, charlas motivacionales de distintos personajes que contaron sus experiencias con el running desde un costado amateur, en algunos casos, y profesional en otros.

La charla de Arcucci comenzó con un tono humorístico pero continuó con una emotiva y sincera explicación de por qué corría: “Corro porque correr me salvó la vida”. Partiendo de esa afirmación, relató su vida como runner, sus experiencias como maratonista y desarrolló el concepto de la democracia del running al ser una actividad fácilmente realizable por todo aquel que se disponga a hacerla, más allá de su condición social, sexo, edad e historia deportiva.

Más tarde llegó el turno del biólogo Estanislao Bachrachquien realizó una síntesis de los procesos que acontecen en el cerebro de un corredor de largas distancias. En “Brain & Running” explicó cada unos de los beneficios que los neurocientíficos han estudiado y comprobado que el correr genera en quienes lo practican. Con ilustraciones claras y en no más de 15 minutos, Bachrach de vasta experiencia en este tipo de charlas, pudo desarrollar la temática del running desde un costado científico y haciéndoles saber a los runners por qué les gusta tanto correr y, en muchos casos, por qué puede convertirse en una adicción.

Continuando con el concepto motivacional, habló Juan Craveri, un empresario que pudo vencer la obesidad gracias al running, al triatlón y al ultramaratón. En su disertación titulada “Willpower” relató sus vivencias en un ultramaratón en Brasil donde tuvo que lidiar con su propio ángel y su propio demonio para determinar si, a pesar del dolor y el sufrimiento al que estaba sometiendo su cuerpo. Craveri salió airoso de la situación y finalizó la carrera gracias al apoyo y acompañamiento de sus compañeros de equipo que no lo dejaron abandonar. “Hay que acordarse que abandonar es para siempre”, declaró. Para terminar afirmó que el running no es una actividad solitaria y que muchas veces el saber que un compañero espera que uno termine es lo que hace que nuestra voluntad no desaparezca y podamos continuar corriendo y alcanzar nuestra meta. 

Tras estas tres charlas llegó el turno en que Gonzalo Bondedo entrevistó a las atletas marplatenses María Peralta, Florencia Borelli y Sofía Luna. “Empecé a correr a los 12 porque me gustaba un chico del colegio que iba a atletismo”, contó Luna. “Empecé de chiquita porque mi papá es triatleta y nunca más me pude ir”, puntualizó Borelli. Por su parte, Peralta, representante maratonista olímpica en Londres 2012, expresó: “Me volqué a las distancias largas después de tener mi primer hija. Estaba con 23 kilos de más y no m gustaba verme así. Antes competia en distancias en 1500 y 3000″.

Para el final quedó la medallista olímpica de Sanya Richards Ross, medallista olímpica estadounidense especialista  en los 400 metros individualesy por releveos. “Cuando sos joven no tenés miedo al dolor, a caerte y a nada”, describió y, con una sonrisa enorme, agregó: “Recomiendo correr porque te mantiene joven y sexy”.

Maradona, parte del eje con el que Arcucci disertó, alguna vez le preguntó por qué corría y por qué corría tanto. La respuesta, bien puede aplicarse a todos los concurrentes al evento:

*Porque me hace feliz. 

*Porque me hace sentir joven. 

*Porque me hace superarme y ganarme a mí mismo cada día (y, sí, es una competencia). 

*Porque me resultaron un logro los 10, los 21, los 42 y en el futuro serán los 100. 

*Porque me alegro cuando llego, me alegro cuando gano y me alegro por los que llegan y por los que ganan. 

*Corro porque me permite conocer lugares nuevos y reconocer lugares que ya conocía, todos vistos desde una perspectiva diferente. 

*Porque puedo hacer lo que en ningún otro deporte: competir con los mejores en el mismo lugar… 

**Corro porque un día pensé que no valía la pena estar vivo, pero cuando llegué a la meta estaba más vivo que nunca. 

**Corro cuando estoy mal, para estar bien; y corro cuando estoy bien para estar mejor. 

***Corro, también, porque estoy un poco loco.

Fotos: Prensa Nike.

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Una maratón en la Dubai de Diego Maradona

Por Daniel Arcucci

“Contame todo. ¿Cómo es esto que se te dio ahora de correr maratones?”. Diego Armando Maradona, más habituado a contestar preguntas de otros que a hacerlas él, muestra un interés genuino. Sentado a la cabecera de la mesa negra laqueada del comedor de su casa en The Palm Jumeirah -el lujoso barrio mundialmente conocido como La Palmera de Dubai, que se ve en las fotos turísticas y, dicen, también desde el espacio-, no baja la vista para esperar la respuesta. Mientras, descarna artesanalmente uno de los cogotes de pollo que van dejando vacío un plato hondo y, tras dejar brillosos los mínimos huesos, pica con el tenedor de la ensalada de rúcula y clara de huevo, condimentada con limón y aceite de oliva, que él mismo se encargó de preparar. Es un ritual de su dieta, que respeta y repite en cada almuerzo y cena.

Trato de explicarle, algo balbuceante en el inesperado rol de entrevistado, después de casi treinta años de entrevistador del mismo personaje, qué es “esto de las maratones”.

Diego ya sabía bastante, en realidad, porque lo había leído en el mensaje iniciático de la idea, nacida el año pasado, cuando faltaban poco menos de cien días para la carrera y habían pasado apenas veinte de mi debut en los 42 km de Berlín, con la motivación de siempre (“Corro cuando estoy mal, para estar bien; corro cuando estoy bien, para estar mejor”), pero esta vez con el agregado de lo exótico del lugar. Y de su presencia allí.

Y fue uno de los primeros, Diego, en responder a la inevitable pregunta: “¿No te vas a morir de calor?”. No. Enero en Dubai es invierno y tanto los amaneceres como los atardeceres son de una agradable primavera, casi otoñal. En el verano de julio y agosto, en cambio, hasta el mar se calienta por encima de los 40°. “En esa época, podés poner a hervir los fideos”, dice Maradona, refiriéndose al agua verde que baña la playa que le corresponde a la rama de palmera sobre la que está su casa. Hacia allí dan los ventanales posteriores de la mansión de dos plantas. En la inferior, el hall de entrada; un living hacia la derecha y dos cuartos; otro living hacia la izquierda, además del comedor y la cocina con su comedor diario. En todos los ambientes hay TV, en general sintonizada en Telesur o en partidos de fútbol. Balconeando sobre la playa, una piscina y un césped mullido, sobre el que están montadas una cancha de fútbol tenis y una mesa de ping-pong. Ambos son escenario de desafíos entre Diego y Rocío, su novia, que Maradona dice ganar siempre. En la planta superior está el cuarto principal, otros dos cuartos, una oficina y el gimnasio.

Equipado con máquinas de última generación, allí fue el último entrenamiento, el miércoles por la noche, para la maratón prevista para el viernes 24. Viernes, sí, domingo en el mundo musulmán. Allí, Maradona ha ido reencontrándose con su mejor forma física y sueña con volver a estar por debajo de los 80 kilos. Sobre la cinta, ese aparato que ha sido su acompañante en tantos acondicionamientos físicos, hizo tres ciclos de dos kilómetros a alta velocidad y los complementó con 7 kilómetros sobre la bicicleta. El enorme muñeco azul para practicar boxeo se ofreció sin palabras para cerrar la faena y soportó los golpes con buena técnica y mucha fiereza que le lanzó Diego.

Mientras, en el ambiente sonaba a todo volumen el tema que Dalma cantó con el grupo Apolo, además de mucha cumbia romántica, el Chaqueño Palavecino y, entre otros, una versión de “A cara o cruz” que mereció un acting. En ese ambiente, lo que tocó en la rutina propia fue un trabajo regenerativo, después de haber trotado amables 7 kilómetros durante la mañana, que cerraron tres meses de entrenamientos rigurosos y que sirvieron de recorrida turística a pie por Dubai Marina, uno de los lugares más atractivos de la ciudad. Algo así como un Yacht Club gigante, cruzado por tres puentes y rodeado de modernísimos edificios, como el Dubai Marina Tallest Block, le dan el perfil a Dubai, empezando por el Este.

Vista desde el aire, la ciudad es un largo y angosto corredor, con el mar a un lado y el desierto al otro. Partiendo de Dubai Marina hacia el Oeste, tras pasar The Palm, aparece primero el famoso hotel Burj Al-Arab, más conocido como La Vela y calificado con sus siete estrellas, sobre las aguas mismas. Bastante más adelante, pero sobre la autopista paralela al golfo, la otra referencia inevitable, el Burj Khalifa, la torre más alta del mundo con sus 160 pisos y sus 828 metros.

Pero Dubai no es sólo ese perfil de folleto. Si se sigue avanzando, se llega a la ría Creek, donde el tiempo parece detenido. Los dhows, antiguas embarcaciones, siguen sirviendo para transportar mercancía por el mar de Arabia. El lugar se asemeja a una reserva de los tiempos y las costumbres originarias, mientras a su alrededor todo parece en obra, en constante desafío al futuro. El circuito de la Dubai Marathon 2014 fue insertado en medio de todos esos mundos, pero casi sin tocarlos. La partida, desde Umm Suqueim Rd y Al-Wasl Rd, como un apéndice de doscientos metros perpendicular a la costa y justo de frente a The Madinat Jumeirah, un fabuloso complejo hotelero y comercial. Desde allí, a la derecha por Jumeirah Beach Rd, por casi 20 km, hasta girar en “u” por la mano contraria de la misma calle y seguir así, recto como las vías del tren, hasta el acceso a The Palm y volver a girar en “u”, para retomar por la misma avenida. El final será otra vez por el apéndice, en la mano contraria?

Pero antes del final, claro, está el recorrido. La carrera se largó a las 7, junto con el amanecer. Y entre la bruma fría fue posible ver el perfil de los casi 20.000 participantes. La elite, acotada y dominada por etíopes. Los maratonistas, poco más de 2000 hombres y poco menos de 500 mujeres, con muchos extranjeros. El resto, 10 km y 3 km más masculinos que femeninos.

La maratón no deja de revelar matices -superficiales si se quiere, pero matices al fin- de dos cuestiones centrales en el debate cultural del Dubai de hoy: extranjeros y mujeres. Los extranjeros están por todos lados. Así como se van insertando hasta darle un perfil diferente a uno de los sitios más abiertos de los Emiratos Árabes Unidos en particular y del mundo árabe en general, son los que rodean el circuito hasta hacer casi olvidar las calles de dónde está corriendo uno. Por momentos parece Miami o hasta Nueva York y los repetidos “¡Well done!” o “¡Good job!” (taaan americanos) que se escuchan colaboran en la confusión.

Alientan hombres y alientan mujeres. Ellas, las extranjeras, vestidas como quieren. Shorts y escotes, mayoría en las foráneas, conviven con las negras túnicas típicas y conservadoras, todavía impuestas entre las locales, pero combinadas con rouge y accesorios y cada vez más desafiadas por las jóvenes.

El recorrido, plano y recto, como alguna ruta patagónica, invita tanto a perderse (o ganarse) en un ritmo frenético como en pensamientos.

Al pasar los 10 km en tiempo de 10 km, y no de maratón, el pensamiento se va a Maradona, otra vez, y en la experiencia vivida con él en su trabajo en Dubai. Porque así dijo, cuando llegamos a la sede del Dubai Sports Council, algo así como la Secretaría de Deportes de la ciudad: “Acá trabajo yo”. Allí presentó el proyecto “To the Top with Maradona”, un programa integral de divisiones inferiores de los seis clubes de la ciudad que participan en la Liga del Golfo, y donde aprovechó la conferencia de prensa para dejar uno de esos títulos habituales: “Este año Messi ganó el Balón de Oro al descanso. El mejor premio”. Otro programa, pero éste de TV, lo tendrá como protagonista desde marzo. Se trata de The Victorious , un reality show que el canal Dubai Sports está promocionando y en el que se busca un joven talento futbolístico en todo el mundo árabe.

Al pasar los 21 km en tiempo de 21 km, y no de maratón, sin dolor en ninguna parte y con aire para volar, el pensamiento sigue en una ciudad que parece ser una burbuja de paz para Maradona. Pasa la mayor parte del tiempo en su casa y, cuando tiene que moverse a alguna de sus actividades, lo hace en el Audi A8 manejado por Nasser, su asistente saudí, y en el lugar del acto, se encuentra con su traductor personal, Mohammed. Para los movimientos cotidianos, está Sulaimán, hindú, al volante de una camioneta Audi A6. En la casa, trabajan tres filipinas, Cherry, Merlhyn y Rehyma, que se ocupan de la cocina y de la limpieza, pero sólo hasta las cinco de la tarde. Luego, como en una casa común, todo queda a cargo de quienes la habitan.

Cuando toca salir a cenar afuera, uno de los lugares preferidos es La Petite Maison, uno de los mejores restaurantes y otro lugar donde uno pierde la noción de dónde está. En este caso, podría ser París. Más si se va y se viene en su Rolls Royce color blanco perlado, inundado por un momento por la cumbia villera, en una contradicción que le genera carcajadas a Diego. Compartir una cena con él en ese restaurante es degustar la mejor cocina francesa, de comprobar con qué respeto le piden sacarse una foto y una oportunidad de escuchar una frase que lo define: “Hoy por hoy, ¿dónde voy a estar mejor que acá?”.

Pero esa comida fue después de la maratón, como celebración por el resultado, y la maratón todavía estaba en pleno desarrollo.

Una señal de alerta fue un dolor izquierdo, al pasar los 28 km. Desapareció rápido. Otra, un reflejo de calambre al pasar los 37 km, en los gemelos. Se aflojaron enseguida. A esas alturas, claro, el ganador hacía rato que había llegado: una vez más me tocó correr detrás de un récord del mundo, esta vez junior, del etíope Tsegaye Mekkonen Asefa, en 2h4 m32s.

Una fuerza que me surgió no sé muy bien de dónde, o sí, me impulsó después del fugaz muro, que recién apareció en el 40 km en forma de leve ahogo. Aceleré y llegué a ritmo de media maratón a la última curva, el apéndice de Umm Suqueim Road hacia la derecha. Delante, a sólo doscientos metros, el arco de llegada. A los costados, dos tribunas colmadas. Aceleré y me alcanzó la energía para arengar con los brazos extendidos, las palmas hacia el cielo, ya sin ninguna bruma. Me reí y alcancé a escuchar, tras tanto “Well done” y “Good job”, que también decían “He is happy”. Sí. Crucé la meta en 3 horas 43 minutos y 18 segundos, a 5’17 por cada kilómetro, media hora más rápido que en la maratón debut, en Berlín.

En mi pecho, otro sueño cumplido. En mi espalda, sobre la camiseta de la selección argentina, la dedicatoria que Maradona había estampado sobre su autógrafo, un día antes de la carrera: “Ya ganaste”.

Mirá las fotos de Daniel Arcucci en Dubai…

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