Fanny Elsje Koen, la ama de casa voladora

La Segunda Guerra Mundial partió al medio la vida deportiva de Francina Elsje Koen. La atleta holandesa nació en Baar, en el centro de los Países Bajos, en abril de 1918. Su padre, granjero por herencia, le inculcó el deporte como una de las mejores posibilidades de expresión. Pasó por varias disciplinas hasta que su profesor de natación le sugirió que se dedicara al atletismo porque podría procurarle mejores oportunidades. Y no se equivocó. Así conoció al periodista Jan Blankers, con quien se casó en 1940 para pasar a ser conocida como Fanny Blankers-Koen.

Si bien participó en los Juegos de Berlín 1936, con sólo 18 años, los resultados debieron aguadar hasta 1948. El olimpismo moderno, producto del absurdo conflicto bélico, debió reacomodarse tras la pomposa cita en la capital alemana bajo el influjo nazi. Tokio había sido elegida para los Juegos de 1940, pero renunció en 1937 por la guerra chino-japonesa. En reemplazo, el barón Pierre de Coubertin, dos meses previos a su muerte, designó a Helsinki, en Finlandia. Tampoco pudo ser. En 1939, apenas tres meses antes de estallar la guerra, el Comité Olímpico Internacional (COI) eligió a Londres para la siguiente edición de 1944. Pero ninguna de las dos pudieron celebrarse. En ese entonces, mientras Holanda se encontraba invadida por el ejército del Tercer Reich, Blankers-Koen era la mujer más veloz del mundo, aunque le faltaba la homologación que podían ofrecerle los Juegos Olímpicos.

Recién en Londres 1948, la holandesa pudo desplegar todo su talento para obtener 4 medallas doradas sobre las 9 disputadas en el atletismo. Con 30 años y dos hijos, Blankers-Koen logró los 4 oros en 100, 200, 4 x 100 metros y 80 metros vallas. Un lauro que solamente los atletas masculinos Alvin Kraenzlein (1900), Jesse Owens (1936) y Carl Lewis (1984) pudieron igualar. Podría haber ganado más, pero cuatro era el máximo de pruebas en que le permitían participar las rígidas reglas de entonces. Tenía los récords del mundo en seis disciplinas. Además de los tres individuales en las que ganó, también en salto de altura, longitud y pentatlón. Se retiró en 1953 y, desde 1981, se disputan en su honor los Fanny Blankers-Koen Games, en la ciudad holandesa de Hengelo.

Sus últimos años fueron difíciles. Aquejada por el Alzheimer y con graves problemas cardíacos, murió en 2004, a los 85 años. En 1999 había sido elegida por la Federación Internacional de Atletismo (IAF) como la mejor atleta femenina del siglo XX.

Esta publicación corresponde a la columna de La Nación Revista del domingo 1 de febrero de 2015.

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Edison Peña, el minero chileno que no tiene temor de correr

Edison Peña, uno de los 33 mineros chilenos que en 2010 fue rescatado tras permanecer 69 días atrapado bajo tierra en una mina de San José, ubicada a 30km de Copiapó, está listo para salir a disfrutar de El Cruce Columbia 2015. Su presencia, una de las grandes atracciones de la 14° edición, trasciende las fronteras con un claro mensaje de superación. “Si le demuestras a Dios que estás dispuesto a luchar, te escucha mejor que si te rindes porque a Dios no le gusta que nos demos por vencidos”, contó el minero que para superar las largas horas a la espera del rescate recortó las botas de trabajo con punta de acero hasta convertirlas casi en zapatillas deportivas para ponerse a correr en las galerías de la mina.

Peña, fanático de la música del legendario Elvis Presley, fue el decimosegundo hombre rescatado luego de sobrevivir más de dos meses bajo tierra a más de 700 metros de la superficie. “Corro desde siempre. Soy un corredor amateur desde el colegio, tiempo en el que también andaba en bicicleta”, contó el chileno de 38 años al que sus compañeros en la mina le decían “el atleta”.

En 2010, con el dorsal N° 127 en su pecho, a un mes de ser rescatado, Peña fue una de las presencias estelares en la maratón de Nueva York. De hecho, su historia fue tan fuerte que se impregnó como una de las principales celebridades de la maratón más emblemática del mundo. Tras el milagroso rescate, que fue seguido en directo por la televisión en todo el mundo, los organizadores del maratón neoyorquino lo invitaron a ver la carrera, pero el minero fue mucho más allá y aceptó el desafío de correrla. Oportunidad en la que confesó que para él fue “cumplir un sueño y que correr en una carrera como ésta te hace libre”. Y agregó: “Lo hago para motivar a los que lo quieran hacer en el futuro. No soy un gran atleta, pero no tengo temor de correr”, señaló.

“Es una emoción saber que voy a correr El Cruce. Cuando participo de estas pruebas me ayuda el pensar que puedo superar cada uno de los obstáculos que se presentan”, deslizó el hombre que prefiere correr en montaña antes que en la calle porque “allí, la naturaleza, -afirmó- te demuestra tu real lugar en el mundo y lo pequeño que sos”. El atleta amateur chileno, a pesar de no estar en su mejor condición física, en los últimos dos meses intentó recueperarse con fondos largos para llegar lo mejor posible a una competencia que nada se asemeja a lo que vivió por más de dos meses en las profundidades del suelo trasandino.

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Kilian Jornet: “No busco derrotar a la montaña”

Foto: Sofía Ciravegna

El mejor corredor en altura del mundo, de paso por Buenos Aires tras conquistar el Aconcagua, explica por qué elige la naturaleza y le escapa al cemento de la ciudad (*)

“Sé muy bien que no me van a recodar porque, en la actualidad, el olvido es muy rápido y prematuro. En la sociedad de hoy, con el impacto de las redes sociales como Twitter, Facebook e Instagram tenemos muy poca memoria. Lo que sucedió hace dos días ya es viejo”, cuenta el catalán Kilian Jornet. Kilian Jornet es algo así como el Roger Federer del tenis trasladado al Skyrunning, un híbrido entre el montañismo y el trail running, disciplina que implica correr por senderos montañosos, huellas, rastros o caminos alternativos, con grandes trepadas y abruptas bajadas.

A los 27, Kilian conjuga a la perfección un alma de carne y hueso de 1,70 m y 57 kilos, que se anima a desafiar todos los límites que un terreno escarpado pueda brindarle. “No es por vanidad ni ego –explica–, sino porque es mi forma de vivir, hoy en día, la montaña. Es mi forma de atacarla (rápido, muy rápido). Es una opción que elijo para recorrer y conocer mi hábitat preferido. La montaña es un espacio de libertad, de absoluta libertad, y depende de la forma en la que uno la encara. Esa es mi manera. No es mejor ni peor que otra. Es mi manera de vivirla en la actualidad. De seguro, cuando sea más viejito, lo haré más lento. Es decir, sin prisa pero sin pausa”.

Foto: Rodrigo Lizama

Sostiene la mirada Kilian. La fija, sin elevar el tono de voz. Escucha con atención y se toma su tiempo para responder. Medita cada palabra. No las lanza al vacío, como cuando desciende una de las incontables cumbres que coronó. Por el contrario, es pausado y sigiloso para explicar y explicarse por qué es como es.  No desafía, pero impone su impronta. No se cree un ejemplo, dice, “porque soy uno más que intenta vivir la vida lo mejor que puede sin esperar nada a cambio”. La vida, su vida, está lejos de la ciudad. Tanto cemente lo abruma. Allí se siente enjaulado, contenido y sin posibilidad de sentirse libre. “Ni bien llegué a Buenos Aires salí a correr por Palermo y a la media hora quise regresar al hotel porque todo se había tornado monótono. La ciudad es un lugar de paso para ir a la naturaleza”, precisa.

Se crió a poco más de 2000 metros sobre el nivel del mar, en el refugio Cap del Rec, en los Pirineos catalanes, donde su padre era guía de montaña y su madre, maestra. Kilian y Naila, su hermana, iban al colegio esquiando en invierno y en bicicleta en verano. A los 5 años escaló en monte Aneto, el punto más alto de los Pirineos con de 3404 m, y a los 10 atravesó de punta a punta los Pirineos. Tal vez por eso, especula con cierta ironía, “no tuve muchas opciones para elegir mi destino”, mientras continúa con su proyecto personal Summits of My Life (Las cumbres de mi vida), donde busca establecer los récords de ascenso y descenso a diferentes cumbres del mundo. Para 2015 piensa atacar el Elbrús, en Rusia, para cerrar con el emblemático Everest, en Nepal.

–Hablás de dejar de lado el ego y la vanidad porque pueden resultar traicioneras, pero estás involucrado con tu proyecto Summits of My Life, ¿no hay un poco de ego y vanidad en semejante proyecto?

No busco derrotar a la montaña, sino estar cerca de ella. Dentro de 50 o 60 años estaré muerto y ella seguirá allí. La montaña es más fuerte que nosotros. Podemos estar allí, intentar hacer cosas, pero siempre luchamos contra nosotros mismos, contra nuestros miedos y límites. La montaña es el terreno de juego, sólo de juego porque, si ella quiere, te gana fácilmente. En definitiva, lo que podemos hacer es jugar con el medio y divertirnos un poco. No más que eso. Y el Summits es un juego en el que pretendo dar a conocer la montaña.

–¿No te aburrís de tanta autoexigencia? ¿No tenés ganas de dejar todo y dedicarte a disfrutar de otros placeres de la vida?

¿Otros placeres? ¿Cómo cuáles? ¡Para nada! Lo bonito de correr en la montaña es que cada día estás en distintos sitios. Cada día puedes ver cosas diferentes. Cosa que no pasa en la ciudad, donde no podría resistir vivir durante mucho tiempo. En la montaña, por el hecho de descubrir paisajes nuevos, todo se renueva y uno se motiva permanentemente.

–¿Cuál fue la mayor enseñanza que tuviste como deportista?

Todas las carreras te dejan algo. Si eso no sucede, en algo has fallado. En la larga distancia, la primera vez que hice Western State, en Estados Unidos, no bebí casi nada y tuve calambres en todo el cuerpo a partir del km 130. Vas poniendo el cuerpo al límite. Allí, al vivir la deshidratación, aprendí a alimentarme y a beber mejor. En otras situaciones de montaña te das cuenta hasta qué punto puedes ir. Lo mismo en carreras cortas, como el km vertical, donde aprendes a balancear tu cuerpo. Pero lo que más me ha marcado es la muerte de mi amigo [Stephane Brosse].

De pronto, Kilian se cierra, se contrae y mira un punto fijo. La muerte de Brosse marcó un antes y un después en su vida, cuando en junio de 2012, el entonces campeón francés de esquí caía muerto en Mont Blanc mientras hacían una travesía en Los Alpes. “Con la muerte de Stephane me di cuenta que le sucedió a él pero bien podría haberme pasado a mí. De hecho, es algo que sigue rondando mi cabeza. La seguridad plena no existe. Nunca. La vida es eso, es salir y afrontar las circunstancias. Es asumir los riesgos, sin pensarte un superhéroe”. Hace una pausa larga, medita, traga saliva y concluye: “De esos que sólo existen en la televisión”.

(*) Nota publicada en La Nación Revista del domingo 18 de enero de 2015.

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Joseph Liu, el corredor descalzo, pasó fin de año en Guadalajara

Por Juan Martínez (*)

El año 2014 se terminó, y suele ser época de balances, revisiones y de formular deseos para los próximos doce meses.

Pero Joseph Michael Kai-tsu Liu no está muy interesado en mirar hacia atrás, sólo vive el presente y se anima un poco a mirar hacia adelante, sabiendo que todo lo que proyecta se irá actualizando con cada paso (descalzo) que dé.

Estos últimos meses, desde que llegó a Tuxtla Gutiérrez, se encuentra más en actividades turísticas que corriendo, y es porque la burocracia puede frenar hasta al más libre de los espíritus, ya que Joseph está a la espera de que desde el área de turismo del gobierno mexicano liberen el pago del patrocinio que acordaron. Con ese dinero, va a poder continuar con la aventura hasta Ushuaia, tal como lo planificó.

Por lo pronto, recorrió el sureste mexicano, un área rica en recursos pero con mucha pobreza económica, y ahora está en Guadalajara, donde vivió veinte años, para pasar las fiestas junto a su familia.

A fines del año pasado soñaba con contar con un equipo de filmación que lo siguiera en sus miles de kilómetros. Con algo más de un año de retraso, parece que el premio llegará: Una amiga probablemente se sume a Running to the end of the world, esta empresa de dos pies descalzos, y filme lo que suceda entre enero y mayo.

Además de los kilómetros que recorra sobre sus pies, 2015 será un año de viajes para Joseph, ya que en mayo detendrá su marcha (espera estar en Colombia a esa altura) para retornar a Guadalajara y estar presente en el casamiento de uno de sus hermanos. De allí, volará a Roma, porque otro de sus hermanos se convertirá en sacerdote y la familia entera irá a presenciar el acontecimiento. Después, de vuelta a las rutas y a correr.

Joseph sabe que deberá apurarse y retomar el ritmo que se detuvo un poco, porque pretende llegar a Ushuaia antes de que comiencen los Juegos Olímpicos de Río, en julio de 2016.

Ya lleva recorridos más de 4 mil kilómetros y 3 países (Canadá, Estados Unidos y México). Le quedan otros 15 mil kilómetros y 10 países hasta completar la enorme travesía por la que una revista de running canadiense lo nombró Atleta del año.

Aquí, y en su web www.run2theend.com, seguiremos sus pasos.

(*) @jmartinezsalta es periodista, locutor y maratonista amateur. Nació en Salta y vive desde 2007 en Buenos Aires. 

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Meta alcanzada: la prótesis para Lisandro Luis Suárez, una realidad

Finalmente se consiguió el objetivo. Los $20.000 para que Lisandro Luis Suárez, de 10 años, quien nació con síndrome de Down y una enfermedad en la sangre que hizo que le amputaran uno de los miembros inferiores, pueda cambiar la prótesis son una realidad. La misión que se inició con los 21k de Buenos Aires, se completó en la maratón del último 12 de octubre. No sólo fueron Daniel Arucci, Dante Dib y Damián Cáceres los que se sumaron a esta movida, sino que muchos más corredores dejaron su aporte y sus ganas de correr por otro.

Aquí, compartimos la nota que Liliana Pereyra, la mamá de Lisandro, escribió a la Fundación La Nación:

“¡¡Buenos días!! Hoy quiero agradecer a todas las personas que solidariamente aportaron para que Lisandro tenga su equipamiento completo de prótesis para caminar y desarrollar sus actividades rutinarias (colegio,terapias,talleres y actividades recreativas). A Lisandro le gusta el teatro. Imagínense lo que para él significa poder actuar. Verlo es algo verdaderamente !!impagable!!!

En primer lugar, al diario La Nación por dar la posibilidad y ser el puente para llegar a todos ustedes. A la Fundación Manos Abiertas por ser la garantía  y el requisito principal para llegar a este medio. Yo, en representación de Lisandro y de toda su  familia, les agradecemos y les deseamos lo mejor porque su aporte fue fundamental. A todos, les deseamos lo mejor y los bendecimos. De nuevo, gracias por ser parte de nuestra felicidad”.

 

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Juan Pablo Varsky narra la confusión de la atleta que se equivocó de circuito

“No sabía adónde era la carrera. Llegaba tarde. Eran 8.25 y en Figueroa Alcorta y Monroe creí que el circuito [de la media maratón Mizuno] correspondía al de Ace [que comenzaba en Dorrego y Alcorta]“, cuenta del otro lado del teléfono Nazarena Bettinelli, con una sonrisa fresca e inocente que evidencian sus 14 años. “Al ser tan tarde, me sumé desde el km 6,5 según me di cuenta después. Por suerte, personas de la organización me prestaron su teléfono para localizar a mis papás”, agrega.

La imagen de Triamax que ilustró esta confusión se desparramó por las redes sociales para generar un gran revuelo dentro del microclima runner. Se había anotado en la prueba participativa (3km) de Ace y, finalmente, corrió 8km dentro del recorrido de la media maratón de Mizuno. No faltaron las más diversas opiniones y suposiciones sobre el error de la joven atleta. “Nos asustamos mucho. Como estaba todo vallado y estábamos llegando tarde, dejamos que Nazarena iniciara la carrera desde ese punto. Pero al ver que todas las remeras eran azules y blancas (las de los 21k Mizuno) y no verdes como las de Ace asumimos que estaba pasando algo. Nos acercamos hasta Udaondo y Alcorta, frente a la cancha de River, y el circuito obviamente continuaba para el lado del Vicente López”, explica su mamá Nilda Inés De Innocentis. Y añade: “Rescato la colaboración de los voluntarios. Rápidamente le dieron a Nazarena un celular para contactarnos”.

Nazarena es de Villa Ballester e ingresó en el mundo del running hace poco más de 3 meses. En su mundo adolescente, “corro hace un montón porque me gusta”, dice. “Es la segunda carrera en la que participo. Me firma la autorización mi papá”, describe. Su primer experiencia se dio en la carrera de Tenaris, en Campana, el último fin de semana de setiembre.

La experiencia, en palabras de Nazarena, es positiva y arroja un aprendizaje. “Me sirvió para darme cuenta que podía correr más que 3km. Nunca antes lo había hecho. Quiero seguir corriendo”, señala. Y su madre, resume: “Hay que llegar temprano a las carreras y saber dónde comienza y dónde termina. Las decisiones correctas de quienes estaban en el circuito ayudaron a que este error de mi hija se resolviera rápido. Va a seguir corriendo porque le hace bien y a nosotros nos encanta acompañarla”.

Foto: Triamax.

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Joseph Liu, el corredor descalzo une Canadá y Tierra del Fuego

Por Juan Martínez (*)

- No me gusta hacer lo que hace todo el mundo.

Quizá ese sea el motivo inicial por el que a alguien se le puede cruzar por la cabeza correr alrededor de 19 mil kilómetros descalzo, desde una punta del continente americano hasta la otra. En realidad, que a alguien se le cruce por la cabeza no es lo sorprendente, sino que se decida a encarar el asunto.

Eso fue lo que hizo Joseph Michael Kai-tsu Liu Roqueñi a principios de julio de 2013. Este canadiense, hijo de un chino y una mexicana, empezó a correr en Montreal, la ciudad donde tuvo domicilio fijo por última vez, y no va a parar hasta llegar a Ushuaia.

La travesía lleva ya más de un año y casi 4700 kilómetros. De Canadá fue a Estados Unidos, cruzó este enorme país completito, y acaba de finalizar su paso por México (al menos corriendo, porque aún le queda un tiempo allí entre turismo y trámites).

Para que esta aventura personal tenga un significado mayor, Joseph se comprometió a ayudar a distintas instituciones que propongan métodos novedosos de educación y, en cada país por el que avanza, recauda dinero a través de su página: www.run2theend.com

El camino, obviamente, no fue sencillo. No sólo la enorme proeza física y el hecho de ser un desclasado, alguien sin hogar ni rutina ni seres queridos cerca con quienes contactarse, fueron complicaciones. Incluso a alguien que decide vivir al margen de la sociedad, recorriéndola por el costado, le modifica la vida un mismo factor que a todos nosotros: el dinero.

Se quedó sin un dólar en el bolsillo innumerables veces en este tiempo, pero siempre apareció una persona que lo invitar a su casa, un hotel que le ofreciera un canje, un restaurante que le regalar comida, o un sponsor fugaz que ayudara a tirar un poco más.

Una de las primeras complicaciones que enfrentó fue una mala decisión propia. Salió de Montreal cargando una mochila con sus pocas pertenencias, pero el peso fue demasiado para los hombros y tuvo que reemplazarla por un carrito similar al que se usa para trasladar bebés, aunque con una onda más deportiva. Esa “carriola”, como él la llama, lo acompañó durante todo el trayecto por Estados Unidos, de una punta a la otra.

En este tiempo, Joseph vivió una semana en una granja en Great Barrington, donde ordeñó vacas y realizó otras tareas de campo, a cambio de alojamiento; se tiró en paracaídas en Myrtle Beach; visitó un set de filmación de The walking dead en Grantville; dio rienda suelta a su curiosidad de ingeniero industrial en distintas fábricas; dio charlas en escuelas y eventos; acampó al costado de muchísimas rutas; y, sobre todo, conoció un montón de gente.

En México el apoyo fue mucho mayor, y la carriola descansó, porque los Ángeles Verdes, una patrulla oficial de las carreteras, lo escoltaron en cada jornada. Allí también volvió a ver amigos de la infancia y la adolescencia (Joseph vivió veinte años en Guadalajara), y recibió un auspicio de la Secretaría de Turismo nacional, con el que podrá correr tranquilo hasta que llegue a Ushuaia, dentro de aproximadamente tres años.

Hoy en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, dio por finalizada su etapa mexicana de corridas, pero se quedará en ese país a la espera de que la burocracia libere el pago acordado, y recién entonces encarará hacia Belice para seguir viajando hacia Argentina.

El viaje de Liu, en fotos:

(*) @jmartinezsalta es periodista, locutor y maratonista amateur. Nació en Salta y vive desde 2007 en Buenos Aires. 

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Un mes, una carrera, una pasión…

La atleta Sofía Cantilo competirá el 18 de octubre en los 160km de The North Face Endurance Challenge, de Chile. A partir de hoy, la corredora compartirá en Runner Blog sus vivencias en el duro camino a las 100 millas

No se prepara una carrera de 160 kilómetros en un mes. No hace falta ser experto en atletismo para saberlo. Pero hay carreras que se dan de una manera especial, cada cosa que ocurre engancha como un engranaje perfecto: un encuentro, un comentario al pasar (“la North Face de Chile ahora incluye la distancia de 160″), una carrera planificada que se cae del plan… Una loca idea, un llamado, una grata respuesta, y te encontrás ahí, exactamente en el lugar que querías, de cara a la única carrera de ultratrail de 100 millas de Sudamérica.

The North Face inauguró su circuito de carreras en Chile hace varios años ya, con la Ultramaratón de los Andes, que después tomó el nombre que estas carreras tienen en USA, Endurance Challenge. Pero ahora han ido un paso más allá al sumar las 100 millas porque, si bien se trata de la distancia emblemática de trail running, las demás Endurance Challenge del mundo no la han sumado a sus carreras, porque requiere de un trabajo logístico inmenso.

Y así, contra la lógica, contra los libros, contra la razón, me preparo para correr el 18 de octubre en Chile. Porque lo que verdaderamente te mueve, te impulsa, no viene de afuera. A los corredores nos mueve la pasión.

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Daniel Arcucci, Dante Dib y Damián Cáceres corren los 21k Arnet de Buenos Aires por Lisandro

Lisandro Luis Suárez tiene 10 años. Nació con síndrome de Down y una enfermedad en la sangre que hizo que le amputaran uno de los miembros inferiores. Para mejorar su calidad de vida, en 2010, necesitaba una prótesis que su familia, de bajos recursos, no podía costear. Por eso, en su nombre, la asociación Manos Abiertas colocó un aviso dentro de los Clasificados Solidarios pidiendo esta donación por la que juntaron 28.000 pesos.

Hoy, cuatro años después, Lisandro necesita un cambio de prótesis porque al crecer, la anterior ya no le sirve y no puede continuar con su crecimiento. Según explicaron los especialistas, es imperioso readaptarla y cuesta poco más de 20.000 pesos. Por eso, Daniel Arcucci, secretario de redacción de La Nacióny apasaionado runner, Dante Dib, del área comercial, y Damián Cáceres, a cargo de este blog y de la producción de La Nación Corre, decidieron correr la media maratón Arnet de la ciudad de Buenos Aires para juntar fondos.

¿Cómo podés colaborar? Muy simple. Se abrió una cuenta solidaria en el banco Nación a nombre de Lisandro Luis Pereyra o Liliana Rosa Pereyra: Sucursal 0085. Caja de Ahorro en pesos 4141956. 

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Mariela Gallini, del llano a la montaña

Participar en el Campeonato Nacional de Carrera de Montaña era un evento impensado hace un tiempo para los de Buenos Aires. El desnivel y la dificultad para entrenar en terrenos similares al de la competencia llevan a ver casi como imposible lograr un buen papel. Pero en el 2014 la Federación Atlética Metropolitana (FAM) tomó la decisión de armar el equipo para estar en el Torneo que se realizará el próximo 10 de agosto en Agua de Oro, Córdoba, y entre las primeras convocadas figura Mariela Gallini, corredora de zona norte y actualmente integrante el equipo Los Ñandúes.

Entrenada por Fernando Díaz Sánchez, no la tendrá fácil. Como la mayoría de los deportistas de elite, tiene un trabajo como empleada bancaria que le quita horas de preparación y de descanso. A pesar de ello, no hay día en que baje la guardia.

Con entrenamientos diarios en el circuito aeróbico que bordea al hipódromo de San Isidro, Gallini, de 31 años, completa su preparación con trabajos de musculación y natación en el gimnasio Oxígeno (Beccar), rutinas de flexibilidad y fuerza de tren superior e inferior y entrenamientos específicos en el polideportivo de Bella Vista, además de las habituales competencias.

“Con mi entrenador hicimos un plan de carreras. En un principio la idea pasaba por mejorar el tiempo de los 10 kilómetros, para luego retomar las carreras de aventura. Estuve un año sin participar en ninguna de ellas. Una vez superado el objetivo de bajar los 40 minutos en los 10 mil metros en calle, retomé las carreras de aventura con su correspondiente cambio de rutina”, explica.

La citación se dio a través de la agrupación Los Ñandúes. En una reunión de delegados de la FAM fue postulada en base a sus destacados tiempos en carreras de aventura o con desnivel.

Ganadora de la categoría de entre 30 y 34 años de los K21 de Tafí del Valle y Tandil realizados este año (donde en la general fue segunda y octava, respectivamente), fue segunda en la clasificación femenina del Osde Cruce Tandilia, además de imponerse en la distancia de 21k en la North Face, a comienzos de año.

A la hora de preparar las carreras de montaña, Gallini sigue la línea bajada por su entrenador: “Se hacen muchos ejercicios de fuerza en el gimnasio, intentando imitar la misma exigencia de la carrera. Subidas a bancos, saltos, trabajos con arnés, sentadillas y estocadas, además de correr todos los días”, cuenta.

“El hecho de entrenar siempre en llano y competir con diferentes desniveles y alturas es una gran desventaja para los que somos de esta parte de Buenos Aires. Para estar a la altura de las personas que conviven con otro relieve, tenemos que crear la circunstancia en el gimnasio. Y también viajar para participar y vivir otros escenarios de competencia”, relata.

En cuanto a su citación para participar del Campeonato de Montaña, no oculta su felicidad: “Ya es un orgullo estar en una competencia nacional. Es la primera vez que la FAM envía representantes, por eso reitero: es un orgullo doble. Daremos todo para hacer un excelente papel”.

Finalmente, a la hora de hablar de su preparación entremezclada con el trabajo, reconoce: “Es lo más difícil. Trabajo de corrido en un banco, de 9 a 18. Entreno antes y después de eso. Y en esta época cuesta un poco más porque siempre, ya sea temprano o tarde, también uno se prepara de noche”.

“Lo difícil es poder compensar la falta de descanso. Pero hay que mantener todos los gastos que implica este tipo de actividad, que son muchísimos”, completa.

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