Kilian Jornet: “No busco derrotar a la montaña”

Foto: Sofía Ciravegna

El mejor corredor en altura del mundo, de paso por Buenos Aires tras conquistar el Aconcagua, explica por qué elige la naturaleza y le escapa al cemento de la ciudad (*)

“Sé muy bien que no me van a recodar porque, en la actualidad, el olvido es muy rápido y prematuro. En la sociedad de hoy, con el impacto de las redes sociales como Twitter, Facebook e Instagram tenemos muy poca memoria. Lo que sucedió hace dos días ya es viejo”, cuenta el catalán Kilian Jornet. Kilian Jornet es algo así como el Roger Federer del tenis trasladado al Skyrunning, un híbrido entre el montañismo y el trail running, disciplina que implica correr por senderos montañosos, huellas, rastros o caminos alternativos, con grandes trepadas y abruptas bajadas.

A los 27, Kilian conjuga a la perfección un alma de carne y hueso de 1,70 m y 57 kilos, que se anima a desafiar todos los límites que un terreno escarpado pueda brindarle. “No es por vanidad ni ego –explica–, sino porque es mi forma de vivir, hoy en día, la montaña. Es mi forma de atacarla (rápido, muy rápido). Es una opción que elijo para recorrer y conocer mi hábitat preferido. La montaña es un espacio de libertad, de absoluta libertad, y depende de la forma en la que uno la encara. Esa es mi manera. No es mejor ni peor que otra. Es mi manera de vivirla en la actualidad. De seguro, cuando sea más viejito, lo haré más lento. Es decir, sin prisa pero sin pausa”.

Foto: Rodrigo Lizama

Sostiene la mirada Kilian. La fija, sin elevar el tono de voz. Escucha con atención y se toma su tiempo para responder. Medita cada palabra. No las lanza al vacío, como cuando desciende una de las incontables cumbres que coronó. Por el contrario, es pausado y sigiloso para explicar y explicarse por qué es como es.  No desafía, pero impone su impronta. No se cree un ejemplo, dice, “porque soy uno más que intenta vivir la vida lo mejor que puede sin esperar nada a cambio”. La vida, su vida, está lejos de la ciudad. Tanto cemente lo abruma. Allí se siente enjaulado, contenido y sin posibilidad de sentirse libre. “Ni bien llegué a Buenos Aires salí a correr por Palermo y a la media hora quise regresar al hotel porque todo se había tornado monótono. La ciudad es un lugar de paso para ir a la naturaleza”, precisa.

Se crió a poco más de 2000 metros sobre el nivel del mar, en el refugio Cap del Rec, en los Pirineos catalanes, donde su padre era guía de montaña y su madre, maestra. Kilian y Naila, su hermana, iban al colegio esquiando en invierno y en bicicleta en verano. A los 5 años escaló en monte Aneto, el punto más alto de los Pirineos con de 3404 m, y a los 10 atravesó de punta a punta los Pirineos. Tal vez por eso, especula con cierta ironía, “no tuve muchas opciones para elegir mi destino”, mientras continúa con su proyecto personal Summits of My Life (Las cumbres de mi vida), donde busca establecer los récords de ascenso y descenso a diferentes cumbres del mundo. Para 2015 piensa atacar el Elbrús, en Rusia, para cerrar con el emblemático Everest, en Nepal.

–Hablás de dejar de lado el ego y la vanidad porque pueden resultar traicioneras, pero estás involucrado con tu proyecto Summits of My Life, ¿no hay un poco de ego y vanidad en semejante proyecto?

No busco derrotar a la montaña, sino estar cerca de ella. Dentro de 50 o 60 años estaré muerto y ella seguirá allí. La montaña es más fuerte que nosotros. Podemos estar allí, intentar hacer cosas, pero siempre luchamos contra nosotros mismos, contra nuestros miedos y límites. La montaña es el terreno de juego, sólo de juego porque, si ella quiere, te gana fácilmente. En definitiva, lo que podemos hacer es jugar con el medio y divertirnos un poco. No más que eso. Y el Summits es un juego en el que pretendo dar a conocer la montaña.

–¿No te aburrís de tanta autoexigencia? ¿No tenés ganas de dejar todo y dedicarte a disfrutar de otros placeres de la vida?

¿Otros placeres? ¿Cómo cuáles? ¡Para nada! Lo bonito de correr en la montaña es que cada día estás en distintos sitios. Cada día puedes ver cosas diferentes. Cosa que no pasa en la ciudad, donde no podría resistir vivir durante mucho tiempo. En la montaña, por el hecho de descubrir paisajes nuevos, todo se renueva y uno se motiva permanentemente.

–¿Cuál fue la mayor enseñanza que tuviste como deportista?

Todas las carreras te dejan algo. Si eso no sucede, en algo has fallado. En la larga distancia, la primera vez que hice Western State, en Estados Unidos, no bebí casi nada y tuve calambres en todo el cuerpo a partir del km 130. Vas poniendo el cuerpo al límite. Allí, al vivir la deshidratación, aprendí a alimentarme y a beber mejor. En otras situaciones de montaña te das cuenta hasta qué punto puedes ir. Lo mismo en carreras cortas, como el km vertical, donde aprendes a balancear tu cuerpo. Pero lo que más me ha marcado es la muerte de mi amigo [Stephane Brosse].

De pronto, Kilian se cierra, se contrae y mira un punto fijo. La muerte de Brosse marcó un antes y un después en su vida, cuando en junio de 2012, el entonces campeón francés de esquí caía muerto en Mont Blanc mientras hacían una travesía en Los Alpes. “Con la muerte de Stephane me di cuenta que le sucedió a él pero bien podría haberme pasado a mí. De hecho, es algo que sigue rondando mi cabeza. La seguridad plena no existe. Nunca. La vida es eso, es salir y afrontar las circunstancias. Es asumir los riesgos, sin pensarte un superhéroe”. Hace una pausa larga, medita, traga saliva y concluye: “De esos que sólo existen en la televisión”.

(*) Nota publicada en La Nación Revista del domingo 18 de enero de 2015.

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Opinión: De la pista a la calle

Comparto la columna de opinión que escribí en LN Revista, del domingo 21 de diciembre. Por un tema de edición, se debió achicar el espacio. Aquí, va completa con mayor precisión. Lejos de buscar polemizar con atletas y entrenadores, la misma intenta poner blanco sobre negro una situación que atenta contra los intereses del deporte madre: el atletismo.

Los caminos del running y del atletismo, el origen de todos los deportes, están separados. Van por carriles diferentes y en las grandes competencias a nivel global, a veces, logran unirse. Al menos, en la Argentina, la distancia parece imposible de allanar. Es notorio que los atletas de elite salgan eyectados de la pista para saltar a la calle. No lo hacen por gusto, sino por necesidad. Los premios, exiguos en su mayoría, suenan como tentadores llamadores para llegar a fin de mes. La falta de apoyo genuino hace que posterguen procesos de entrenamiento en pos de un fin económico. Los casos sobran. Y a borbotones. A contrapelo con lo que enseñan los grandes maestros como Antonio Silio, múltiple récord nacional de 5000, 10.000, medio maratón y maratón, y Oscar Cortínez, ocho veces  campeón argentino de maratón, los atletas se ven entre la espada y la pared. Por caso, Luis Molina, uno de los atletas con mejor proyección de estas latitudes, corrió en lo que va del año no menos de 10 carreras callejeras (de 10, 15, 21 y 42 km), cuando su objetivo de máxima era la maratón de Buenos Aires, en octubre pasado, con reales chances de clasificar a los Jugos Panamericanos de Toronto 2015. Molina finalizó a 14 minutos del marplatense Mariano Mastromarino, vencedor de la prueba. Ambos atletas corrieron juntos hasta el km 21. Luego, las diferencias físicas y mentales al momento de la prueba, obligaron a Molina a mermar el ritmo. En palabras de Cortínez, en Factor Running Radio: “La trayectoria no se fabrica, se hace. Si un atleta compite demasiado, la energía se vuelve difusa y se aleja del único objetivo real: competir en los Juegos Olímpicos. Esto le sucedió a Molina durante el año. Los sponsors y las federaciones son en parte culpables porque, en vez de priorizar los intereses del atleta, los hacen correr cualquier carrera para mantener una beca que nunca es suficiente”. Como corolario, el atleta oriundo de Lobos, a las dos semanas del maratón estaba compitiendo en una media maratón en La Plata, que ganó bajo un calor abrasador, mientras Mastromarino reponía fuerzas en su casa.

El cuadro comparativo finaliza con los premios que entregan las carreras. Mientras Buenos Aires, con más de 10.000 inscriptos, premió a Mastromarino con $6000, la maratón de Mar del Plata, con 8000  participantes (sumando corredores de 10, 21 y 42 km), otorgó 15.000 al hombre y a la mujer más rápida. Por su parte, el ganador de Buenos Aires desembolsó casi $9000 para finalizar su puesta a punto de tres semanas en la altura de Cachi, Salta, a 2300 metros sobre el nivel del mar para bajar al llano y competir en la maratón. En resumen, fue a pérdida y se impuso a atletas keniatas de segunda y tercera línea que igualmente cobran un bono fijo por sólo participar.

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Skyrunning 2014: los 7 destacados de la temporada y una sede nacional

A principios de esta semana se dio a conocer la noticia de la creación de la Federación Argentina de Skyrunning. Si bien el trail running es una disciplina en auge en el país, ¿sabemos cuál es el origen de esta federación? ¿cuáles son las disciplinas que rige?¿en qué consiste la Copa Mundial que organiza?

Mauricio Pagliacci, experto en la materia y creador de Trail Running Argentina, resume en esta nota las disciplinas que comprenden la Federación Internacional de Skyrunning, las fechas de la copa del mundo y las figuras que se disputaron los primeros puestos en 2014.

Skyrunning 2014: Los 7 destacados de la temporada

Jornet y De Gasperi en Limone. Foto: Jordi Saragossa – www.saragossa.cat

La Federación Internacional de Skyrunning gana popularidad año a año en lo que a carreras de montaña respecta a nivel mundial. Quizás por sus tres disciplinas, quizás por ser la pionera, pero más allá de eso, nos gusta ver cómo los mejores corredores del mundo eligen sus carreras para ver quién es el campeón del mundo. La Copa del Mundo de Skyrunning tiene tres categorías, la clásica Skyrunner Series que incluye carreras desde 22k hasta 50k con un mínimo de 1300 metros de desnivel positivo, la UltraSkyrunner Series con carreras de más de 50k y desnivel que exceda a la categoría anterior, y la Vertical Series que incluye los kilómetros verticales (1000 metros positivos en un máximo de 5k). En el sitio oficial de la Federación pueden ver el calendario de carreras de este año.

Ahora, les dejamos los 7 puntos que marcaron el 2014. Si es por escribir hitos, podemos escribir varias páginas, pero creemos que estos fueron los más importantes de esta temporada.

Luis Alberto Hernando ganando Transvulcania

Hernando, cruzando la meta. Foto: Saul Santos

Una constelación de estrellas del deporte, una isla, un circuito durísimo, calor, más calor, y más aditivos harían de Transvulcania el puntapié inicial perfecto de la temporada. No fue sorpresa que Hernando ganara Transvulcania, sabemos el potencial y el talento que tiene (más adelante lo reafirmaría ganando la distancia Ultra en los Campeonatos del Mundo). Jornet llegaba algo cansado de la temporada de esquí, y con muy pocos días corriendo. Hernando tomó cartas en el asunto, y se quedó con Transvulcania. Pueden ver la crónica detallada en nuestro artículo post carrera, acá.

 El triunfo “progresivo” de Stevie Kremer en Zegama

Kremer pasando por Sancti Spiritu. Foto: Foto: Jordi Saragossa – www.saragossa.cat

Otra constelación de estrellas más. “Zegama es Zegama” se escuchó alguna vez, y año a año queda más claro. Un día duro, lluvia, barro, frío. Condiciones que al parecer, le sentaron muy bien a Stevie Kremer. Hablamos los días previos con ella y nos decía “No tengo chances aquí”, refiriéndose a que Enman, Desco, Forsberg, Maiora, estaban a un nivel mucho más alto en senderos tan técnicos. Todas las fichas jugaron a su favor, y fue la que mejor llegó al Aizkorri. Y terminó ganando. Y era sólo una pequeña parte de la tremenda temporada que le esperaba, consagrándose Campeona de la Copa del Mundo de Skyraces una vez más.

Anna Frost, de vuelta a lo más alto

Frosty, cortando la cinta en Transvulcania.

Desde aquella Transvulcania del 2012, o tras ganar dos años seguidos el Endurance Challenge de San Francisco, todos admirábamos como corria Frosty. La neozelandesa estuvo unos meses fuera del circuito por problemas de salud. Se encargó de recuperarse bien, y volvió con todo en mayo nuevamente en La Palma. La rompió, sin dudas, ganando de punta a punta con un ritmo demoledor y batiendo su propio récord Transvulcanero. Lo mejor de todo, es que no fue sólo una carrera. Los triunfos siguieron a lo largo del año, incluyendo su debut en 100 millas (también con triunfo, claro).

Manuel Merillas, el pibe Español

Manu en Trofeo Kima, una de sus grandes carreras del año. Foto: Foto: Jordi Saragossa – www.saragossa.cat

Que temporada para el pequeño Merillas. Lo veníamos viendo el año pasado, con algunas carreras cerca del podio. Un corredor versátil, anduvo bien en las tres categorías, pero destaco en Ultras. Arrancando con un top 10 en Transvulcania, otro top 10 en Zegama, y más destacados para agregar a su palmarés. Su segundo lugar en el Trofeo Kima lo colocó como líder temporal de la Copa del Mundo en esa distancia, pero finalmente quedó relegado al tercer lugar tras The Rut. Igualmente, con 23 años, tiene muchísimas temporadas más por delante. Lo bueno es saber que hay recambio, futuro (y presente) en el deporte.

The Rut, llevando el estandarte del Skyrunning a EEUU…

Montana, lugar ideal para una carrera de este estilo. Foto: Foto: Jordi Saragossa – www.saragossa.cat

Siempre se discute y se compara la dificultad o el tecnicismo entre las carreras estadounidenses y Europeas. Nosotros sólo los vemos de afuera, esa es la verdad, y además nos gustan tanto unas como otras. Pero bueno, ellos tienen otra trayectoria e historia y pueden hacer un análisis más profundo. The Rut se realiza en Big Sky (Montana) y está a cargo de Mike Foote y Mike Wolfe, dos tipos que han corrido a lo largo y ancho del mundo. Gracias a eso, lograron que el espíritu europeo se mezcle con la velocidad estadounidense, llevando al país del norte la final de la Copa del Mundo de UltraSky, juntando a lo mejorcito del deporte de ambas partes del charco, y creando un evento muy vistoso. Sumado a la ultra, también realizaron una fecha de la Copa de Kilómetro Vertical. Para tener en cuenta…de esas a tachar de la lista.

…y el triunfo que le dio el título a Emelie Forsberg

Siempre sonriente, Emelie rumbo al triunfo en The Rut. Foto: Foto: Jordi Saragossa – www.saragossa.cat

Emelie tuvo una temporada difícil. Podríamos decirlo tranquilamente si vamos a comparar con temporadas anteriores. Pero no fue una temporada mala, menos si se logra un título de Campeona Mundial en Ultras, ¿no? Tuvo un accidente fuerte en Transvulcania que no sólo la llevo a abandonar en La Palma, sino que también la saco un poco de ritmo para las carreras que le seguían. Luego, volvió con todo, ganando la Ultra en los Campeonatos del Mundo, y llevándose el triunfo en la misma categoría en la Copa del Mundo con triunfos en la Ice Trail Tarentaise y finalmente en The Rut, que la colocó como puntera definitiva en el Ranking.

La triple corona de Kilian Jornet

Skyrunner de pura cepa, Kilian en Trofeo Kima. Foto: Foto: Jordi Saragossa – www.saragossa.cat

Bueno, no podía faltar el señor. Haciendo historia otra vez, planificando sobre la marcha, en lo que fue su temporada más destacada (por no decir su mejor temporada). Más allá de sus triunfos en múltiples carreras y múltiples distancias, lo hecho en Hardrock 100 este año creíamos que sería lo más importante. Pero con el correr de las fechas de las copas del mundo se vio con posibilidades de ganar las tres categorías, y fue por ello. Y lo consiguió. Es el primer atleta en conseguir las Tres Copas del Mundo de la ISF, ganando el ranking de Kilómetro Vertical, el de UltraSky, y el de Skyrace, en una sola temporada. Un tipo que no deja de sorprendernos, tanto en lo deportivo como en lo humano. Ahora, le queda el récord de ascenso y descenso en el Aconcagua en Diciembre. NdE: Me llena de orgullo que cierre su “mejor temporada” en una montaña en nuestro país.

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Huellas Solidarias viaja a la Patagonia para el K42

El próximo sábado 15 de noviembre, Villa La Angostura será el punto de encuentro de miles de corredores que participarán de una nueva edición del K42. Esta tradicional carrera representa la gran final de los circuitos internacionales K42 y K21 que se lleva a cabo durante todo el año en distintas partes del mundo.

En este marco, la acción de Huellas Solidarias se traslada a Villa La Angostura para juntar donaciones en la patagonia argentina. La iniciativa de Fundación La Nación, La Nación Corre y Red Solidaria estará en la entrega de kits, los días jueves 13 (de 14 a 20) y viernes 14 de noviembre (de 9 a 12 y de 16 a 19), en el Centro de Convenciones de la ciudad (Calafate 15 y Boulevard Nahuel Huapi).

Nuevamente habrá voluntarios de Red Solidaria (VLA), que destinarán las donaciones de zapatillas, todo tipo de calzado y ropa a las entidades locales que más lo necesiten. Con la idea de que este acción siga creciendo, se replicarán durante todo 2015 en cada una de las fechas del K21 Series.

Así nos fue durante las Expos 21K y 42K de Buenos Aires…

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Una carrera para pensar y sentir

Por Daniel Arcucci

“Pensá la carrera. Lo que se gasta al principio, se paga al final”, me dijo Luis Migueles hace un par de semanas, después de un par de fondos demasiado entusiastas y ya con la cabeza en Nueva York. Como si la suya estuviera aquí, ese es el consejo fundamental que repiten todos, a medida que se acerca la hora de la carrera más universal, tal como se la define y autodefine.

Desde Joan Benoit, la leyenda viviente que en 1984 ganó la medalla dorada olímpica, hasta el Indio Cortínez, que disfruta de la alegría y la expectativa de los atletas aficionados como si fuera uno más, todos le dan forma a ese concepto, con matices.

Benoit nos sorprendió, en persona, después de haber visto un video suyo de aquella proeza de hace 30 años, cuando bajó la escalinatas del Nike Store de Flat Iron para sentarse, mínima y gradiosa, frente al grupo de corredores del Nike Club de Nueva York. “Son lógicos los nervios”, dijo. “Yo también los sentía. Es una carrera maravillosa, diferente a cualquier otra. A mí me gustan las historias. Y se corre para contar la historia de cada uno; la mía, la de cada uno de ustedes”, agregó.

El video y sus palabras fueron un impulso más para salir a correr 3 millas por la 5ª. Avenida y sus alrededores, bajo la llovizna, con todo el grupo, y para experimentar aquel consejo: no dejarse llevar por la emoción.

Eso decía el Indio: “Hay que respetar tu (tiempo) histórico. Dejar la emoción para el final de la carrera, porque es ahí donde la vas a necesitar. Los primeros parciales son mentirosos. Los dos primeros puentes (Verrazzano y Pulaski) definen tu carrera. Si pasaste demasiado rápido la Media Maratón, fuiste…”.

Al tercero también se refirió Benoit, y todos: “Queensboro es terrible”, dice. Una corredora que cuenta con seis maratones de Nueva York bajo sus pies la interrumpe: “A mi me encanta”, le dice. “Bien por vos”, le dice Benoit. (“El maratón de Nueva York: cinco puentes a la felicidad”)

Es clave: una vez subido y bajado, como si fuera un tobogán, cuentan, se llega al punto máximo de la necesidad de euforia y apoyo para seguir en carrera. Una multitud, y una pronunciada y larga cuesta, recibe a los maratonistas, para encarar la parte final.

Es a partir de allí, sobre todo, donde dicen que se hace realidad el slogan: el corredor es un testigo de la fiesta que la ciudad se organiza a si misma. Es Nueva York, a partir de allí, la que empuja a ser recorrida. Habrá que verlo. Habrá que sentirlo.
Un día antes, lo que se siente es una profunda emoción. Hay que guardarla, como un tesoro, para cuando se la necesite. La Maratón de Nueva York se corre, pero sobre todo se piensa y se siente.

(*)Daniel Arcucci es periodista y maratonista. Secretario de redacción en el diario La Nación, Panelista en 90 Minutos de fútbol (Fox Sports). Colaborador en No Somos Nadie (FM Metro 95.1)

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Un viaje por el mundo

Por Daniel Arcucci

Wittemberg recibe a Jeptoo, ganadora de la última edición del maratón.

De todas las definiciones que he leído, me quedo con la más reciente, por certera y porque me despierta la mayor empatía: “Correr la maratón de Nueva York es como hacer un viaje por el mundo”, dijo Mary Wittenberg, que evidentemente tiene una gran capacidad de liderazgo para dirigir la carrera más universal y también una gran capacidad de síntesis para decirlo todo con sólo esas trece palabras.
Las pronunció hace apenas unos días, en España, donde la Maratón de Nueva York recibió el premio Príncipe de Asturias, justificado precisamente en la condición internacional de la competencia, valor que la hace única y distinta, un imán irresistible para todo tipo de atletas, desde la élite más exclusiva hasta los aficionados más entusiastas, desde los Estados Unidos hasta el último rincón del planeta.
En charla con el diario El País, Wittenberg profundizó el concepto, aunque no fuera necesario. “Su carácter mundial la hace diferente. Es la maratón que más corredores internacionales tiene. Y cada uno de ellos tiene su historia en Nueva York. Hemos alcanzado el millón de personas que han terminado la maratón. Eso significa un millón de historias. Una de mis preferidas es la de Edison Peña, uno de los mineros chilenos atrapados. Al salir de la mina, dijo que quería correrla. Le respondieron que era imposible. Seis semanas después, lo consiguió. Nueva York es una historia de superación. Muchos piensan que no podrán terminar la carrera, pero lo hacen y es un gran logro personal. Hay personas que después de eso son capaces de lograr otros retos en sus vidas”.
En la primera edición, en 1970, largaron sólo 127 corredores, que pagaron 1 dólar por la inscripción, y llegaron apenas 55, con no muchos más alentándolos, o mirándolos asombrados, a lo largo del recorrido, 55 vueltas alrededor de Park Drive. Ganó el local Gary Muhrcke, en 2h31m38s.
En esta edición 44 (sería la 45, de no haberse suspendido la de 2012 por el huracán Sandy) serán, seremos, más de 50.000, lo que significará para la ciudad un impacto económico de 340 millones de dólares, y habrá miles de personas siguiéndola por televisión, más otros miles de neoyorquinos alrededor del circuito, que desde 1976 recorre los cinco distritos que componen la Gran Manzana. Por eso se larga desde Staten Island y se atraviesa el puente Verrazzano Narrows, imagen poster de la carrera, para seguir por Brooklyn, Queens, Manhattan, el Bronx, Harlem y terminar en el Central Park. Delante de todos partirán, y seguramente llegarán, los keniatas Wilson Kipsang (que supo batir el récord del mundo en Berlin 2013, con el registro hoy superado de 2h03m23s) y Geoffrey Mutai (récordman de la competencia, con 2h05m16s).
Detrás, en el medio, por cualquier parte, estarán, estaremos todos aquellos que, como bien dice Wittenberg, construyen, construimos, la historia de la carrera con nuestras historias. “Quiénes corren lo hacen para ganar, pero no por ser los más rápidos. No es una cuestión de batir récords, sino de correr por Nueva York”, dice.
Y tiene razón.

Daniel Arcucci, en la previa al maratón de Nueva York.

(*)Daniel Arcucci es periodista y maratonista. Secretario de redacción en el diario La Nación, Panelista en 90 Minutos de fútbol (Fox Sports). Colaborador en No Somos Nadie (FM Metro 95.1)

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#RunningTalks: La democracia del running, según Daniel Arcucci

Doy por cierto que todos sabemos por qué estamos acá. De qué vinimos acá para hablar. De lo que habla todo el mundo en este momento, ¿no? De una moda. De un boom. No hay lugar donde no se esté hablando de esto. Vinimos acá para hablar del Mundial de fútbol, me imagino” dice Daniel Arcucci, en el inicio de su charla motivacional que, en junio de este año, cuando faltaban pocos días para el comienzo de Brasil 2014 y menos todavía para la Media Maratón WeRun Bue, Nike organizó en el ND Ateneo, bajo el nombre RunningTalks.

Si es así, si no estoy equivocado, si vamos a hablar del Mundial, entonces yo voy a empezar hablándoles de Diego Armando Maradona. Después de años y años haciéndole preguntas, él por fin me hizo una a mí: ‘¿Por qué corrés? ¿Por qué corrés tanto?, me preguntó Diego con su natural desmesura. Y a mí me salió una respuesta maradoniana, explosiva. Le contesté con el corazón, como siento que él siempre me contestó a mí: Corro porque correr me salvó la vida.

Partiendo de este concepto, Arcucci cuenta cómo el running se convirtió en un factor determinante para levantarse después de haber caído. En el momento en que sintió que todo se desmoronaba, correr lo ordenó, lo encauzó y lo hizo volver a sonreir.

Este disparador lo llevó a correr su primer maratón; a recibirse de maratonista a los 50 años en Berlín. Fue en septiembre de 2013 cuando comenzó un sueño: completar las seis majors (Berlín, Nueva York, Tokyo, Chicago, Londres y Boston).
El próximo domingo 2 de noviembre, Daniel comenzará a correr por su sueño en los 42k de Nueva York y le sumará un desafío: 112 días después, el domingo 22 de febrero de 2015, correrá el maratón de Tokyo.  

Concluye Arcucci: “Y terminé con una sonrisa, que es algo que me pasa todo el tiempo cuando corro, tengo una sensación constante de buen humor…Aparecen las respuestas a todas las preguntas, incluída la pregunta inicial de Diego: ¿Por qué corro? ¿Por qué corremos?”

En palabras de Daniel Arcucci, él corre porque:

*Corro porque me hace feliz.

*Corro porque me hace sentir joven.
*Corro porque me hace superarme y ganarme a mí mismo cada día (y, sí, es una competencia).
*Corro porque me resultaron un logro los 10, los 21, los 42 y en el futuro serán los 100.
*Corro porque me alegro cuando llego, me alegro cuando gano y me alegro por los que llegan y por los que ganan.
*Corro porque me permite conocer lugares nuevos y reconocer lugares que ya conocía, todos vistos desde una perspectiva diferente.
*Corro porque puedo hacer lo que en ningún otro deporte: competir con los mejores en el mismo lugar…
*Corro porque un día me propuse correr hasta morir, pero cuando llegué a la meta estaba más vivo que nunca.
*Corro cuando estoy mal, para estar bien; y corro cuando estoy bien para estar mejor.
*Corro, también, porque estoy un poco loco.

Todos los oradores de las Running Talks

 

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Desde el avión

Y llegó el día. Los últimos trotes quedaron atrás, días en los que me costaba más salir a entrenar y otros en los que era una urgencia, una necesidad. Tocó correr con lluvia, con frío y con calor. El calentamiento global ha hecho de este último mes algo muy extraño en cuanto al clima. Aunque aún no empecé con las pasadas, tuve días en los que hice cuestas, días en los que me “asesiné” a escaleras. Corrí con amigos, y corrí sola. Tuve algunos trotes inolvidables, como el del domingo pasado, acompañando a una chica de la Fundación para el Atletismo Asistido en su primer maratón. Disfruté extra de esos kilómetros junto a 10.300 otros corredores “tomando” las calles de Buenos Aires. 
Ya estoy viajando a Santiago para participar de la Endurance Challenge: una carrera que tiene un peso enorme por su fama internacional, y porque es la primera vez que cuenta con la distancia “madre”: los 160 kilómetros. Además, tiene una carga especial, ya que cuenta con más de 9000mts de desnivel positivo (casi como UTMB) y un corte horario bastante ajustado.
Pero “calavera no chilla”, amo la montaña, disfruto del desafío que presentan las subidas, me encanta llegar arriba y mirar hacia atrás, ver el camino que recorrí, hasta dónde llegué… Me cuestan las bajadas, pero sólo lo que nos cuesta, vale: como en la vida misma.
Todo arco es, a su vez, una largada y una llegada. Para mí, con mi último trote de ayer, se terminó una aventura: el camino hasta la Endurance Challenge está recorrido. El viernes empieza una nueva: ¡se larga la carrera!
(*) Sofía Cantilo competirá el 18 de octubre en los 160km de The North Face Endurance Challenge, de Chile, y será la corresponsal de Runner Blog y de @LNCorre.

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Un momento de paz

Salgo de casa y prendo el cronómetro. El GPS aún no agarró señal, pero no importa: la clave está en poner un pie delante del otro, en sumar kilómetros, en nada más. La mente me juega malas pasadas, me incita a volver a casa, me quiere engañar. La gente piensa que siempre queremos salir a correr, que siempre estamos felices de entrenar. Pero lo cierto es que hay días en que es difícil ponerse las zapatillas y salir. Hay días en los que la vida te aplasta y es difícil levantarte.
El clima es agradable, pero las caras grises de la gente y la infinidad de autos me abruma. Entonces cierro los ojos y veo la montaña: veo un sendero chiquito frente a mí, de tierra, con algunas piedras. A mi izquierda hay matorrales y, a mi derecha, la nada. Inmensidad, vacío, aire, pureza, montañas a lo lejos. Sueño con el momento de estar ahí, pisando ese suelo, esquivando esas raíces. Pronto.
Abro los ojos. La ciudad sigue igual: fría, a pesar de la cálida humedad; vacía, a pesar de la gente. En 11 o 12 kilómetros, mis zapatillas me permiten viajar 1.600 más. Correr lleva a tu mente a lugares increíbles, te permite viajar a donde más lo necesitás. He aprendido que cuanto más difícil me es salir, mejor me hace correr.

(*) Sofía Cantilo competirá el 18 de octubre en los 160km de The North Face Endurance Challenge, de Chile, y será la corresponsal de Runner Blog y de @LNCorre.

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Maratón de Buenos Aires, el debut de una amateur

Por Luján Scarpinelli

¿Podré? Camino hacia el arco de la largada, volví a preguntármelo. Lo había hecho la noche anterior; días antes, cuando tuve la remera en mis manos, y una infinidad de veces en el último año. Meses atrás, esperaba llegar sin dudas a la línea de partida. Pero mi entrenamiento, autodidacta y bastante desprolijo, echó por tierra el ideal que proyectaba de mí misma para este día.

Ahí estaba. 7 am. Empecé a mezclarme entre los uniformados de verde fluorescente. Esperaba encontrar un ejército de atletas estilizados, de piernas fuertes, vestidos con la última tecnología, y con aspecto de hombres de acero. En cambio, los que me rodeaban, tenían, como yo, apariencia de mortales. La mayoría estaba lejos del estereotipo que imaginaba capaz de correr semejante distancia.

Me ubiqué en un lugar al azar detrás de la largada. Abrazos, palmas y gritos de aliento acompañaron la cuenta regresiva. 7.30 sonó el disparo y la masa de más de 10.000 corredores empezó a avanzar como una savia por las calles de Buenos Aires.

¿Podré?, volví a preguntarme. Seguía sin saberlo. Pero tenía un plan, a prueba de frustraciones: intentaría alcanzar la máxima distancia que jamás hubiera corrido, objetivo que se cumpliría en el kilómetro 30. Allí, donde me esperaría Luis, mi hermano, decidiría si ponía fin a la travesía o si la seguiría hasta el final. Cualquiera fuera la elección, el resultado sería positivo.

Con esa meta en mente recorrí los primeros kilómetros. Sola, rodeada de miles, me distraje con música, explorando un recorrido atípico y leyendo dedicatorias en las espaldas. “X mi viejo”, “X Juan”, “X Vero”. Y yo, ¿por quién? Pensar en eso me ausentó virtualmente, por un rato, del entorno.

21k. ¡Puedo! El cartel que marcaba la mitad del recorrido me entusiasmó. En ese punto donde había terminado varias pruebas anteriores, todavía estaba entera, lejos de la fatiga. Alrededor, empezaban a flaquear los primeros compañeros de ruta. Me convencí de que podría terminar, o al menos, lo intentaría.

En el kilómetro 30, Luis se sumó al paso y formamos un equipo. Sentí el encuentro como una etapa superada, y el comienzo de otra, más difícil.

Sentía que estaba cerca, pero con el correr de los minutos la convicción se apagaba. Perdí el interés por los nombres y las frases estampadas; los que iban a la par dejaron de ser compañía. Los músculos, cada vez más entumecidos, acapararon toda mi atención.

¿Puedo? La afirmación volvió a convertirse en interrogante. En el kilómetro 35 sentí el deterioro. A esa altura, los que caminaban se volvieron la mayoría. No era una posibilidad para mí; si frenaba, no me creía capaz de retomar. Empezaron los cálculos, la cuenta regresiva. Y la meta se renovó de un cartel a otro, kilómetro a kilómetro. La voz de mi compañera de siempre en el teléfono, desde el exterior, me dio nuevo aliento para arrastrar un poco más el cuerpo, cada vez más pesado, más torpe.

Kilómetro 40. A la vista el número ya era enorme, demasiado. Hasta ahí, la (¿sana?) locura hubiera estado consumada. Estaba, por demás, satisfecha. Pero la formalidad demandaba un poco más. Pese al cansancio extremo, ya no quedaban dudas. Sólo emoción. El arco de llegada a la distancia destrabó las piernas. Entramos por un corredor de aplausos y, al fin, cruzamos la meta.

Cuatro horas, veinte minutos. Pude. No sabía que podía tanto.

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