Cyborguinho

Muchos querrían tener la vida de Cyborguinho. La mejor parte de la vida de Cyborguinho. Va a la playa todos los días de sol, todo el año. Al Posto 9 de Ipanema. No trabaja. Se la pasa mirando chicas lindas con una sutileza de caballero que ya no existe. Y fuma marihuana gratis.  Seguir leyendo

El Uruguayo

-Estás en Ipanema? veníte al Uruguayo, barraca 80, me dice el tano. Había llegado obligada por mí misma. Los domingos me da entre pereza y pánico encarar la playa. Mucha gente, la ciclovía explota, Ipanema es un infiernito, periferia en la Zona Sul. Muvuca, que es el nombre de una barraca del Posto 9 y quiere decir amontonamiento, tumulto. Estar en la muvuca es estar en el medio del quilombo. Y el uruguayo era un quilombo de gente, sombrilla pegada con sombrilla, piernas con hombros, bunda con cabeza. Pero menos mal que salí de casa y del barrio y encaré lo que siempre soñaba en Buenos Aires, ir a la playa un domingo, lo soñaba literalmente. La capital tenía una playa descomunal y era la ciudad más perfecta del mundo. ¿Buenos Aires con playa? Dios, la gloria. Pero no tiene.

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El sueño de dominar la pelota

La primera vez que vi este juego fue en la playa de Copacabana, durante un viaje de prensa a Río, y saqué la foto que abre este texto. Habíamos bajado 15 minutos a la playa después de dos horas de almuerzo en el Tulip Hotel. La mayor parte del tiempo de los viajes de prensa uno se la pasa comiendo. Era julio, el día estaba cálido y cuatro chicos en sunga se pasaban la pelota a orillas del mar con tanta gracia que quedé hipnotizada. En ese entonces no sabía que ese juego se llamaba altinha -o altinho-, o sea, altita, y que cuatro años más tarde estaría viviendo en Río y participando de una de esas ruedas. Seguir leyendo

Día de la Tierra en Ipanema

El Día de la Tierra puede ser un día cualquiera, pero no en la playa de Ipanema. El clima de abril es delicioso, el otoño dorado de los cariocas, con la playa semi vacía, visitada por los frecuentadores de siempre, por ejemplo, el ingeniero forestal Marcos Costa de Andrade, más conocido como Boto Carioca, que un 22 de abril armó una exposición de sus dibujos digitales amarrados con canutos en la arena. Por suerte, rarezas como esas y otras que aparecen en las siguientes imágenes, quedaron registradas y están acompañadas de la bella voz de Otto. ¡Feliz Día de la Tierra! Y que muy pronto entendamos la importancia esencial de este hábitat que posibilita la vida.

Playa limpia

No combina. Las meninas en cola-less y sus pelos alisados acostadas sobre colillas de cigarrillo, los garotos bronceados y sus anteojos caros rodeados de flyers de boliches, nenitos de dos años haciendo castillos de arena al lado de servilletas usadas, pajitas de plástico, botellas vacías, bolsas de papas fritas. No combina la playa con la inmundicia.

Río, 40 grados

El tránsito está como el clima, infernal. La sensación térmica es de 49º, “Rio 40 graus
cidade maravilha, purgatório da beleza, e do caos” rapea la cantante y compositora Fernanda Abreu en su canción que es casi tan famosa como la película que hizo célebre la frase: Rio, 40 graus, del paulista Nelson Pereira dos Santos. El filme, de 1955, es considerado como el puntapié del Cinema Novo, movimiento estético y cultural que comenzó a mostrar la realidad brasileña.

Hay dos opciones para zafar del calor, encerrarse con aire acondicionado o ir a la playa, donde, aunque hagan 50 grados, siempre hay una brisa marina que apacigua la increíble temperatura a la que puede llegar el día; y está el Océnao Atlántico, y el Matte Leão, una bebida refrescante hecha a base de yerba mate, que acostumbra a tomarse helada y con limón, servida directamente de los barriles que cargan los vendedores ambulantes en las playas. Su compañero inseparable es el Biscoito Globo, un aro blanco y crocante con sabor inexplicable.

En vez de seguir intentando describir estos alimentos tradicionales de las playas cariocas, hice un video, justo para un día como hoy. Lo único malo de estas dos delicias es que el precio aumentó ¡imagina na Copa!.

Matte Leão y Biscoito Globo from Ana Schlimovich on Vimeo.

Un viernes carioca

Me despierto tipo 8, sin alarma, intento meditar, duro 25 minutos. Me hago un mate con tostadas, requeijão -saudades del queso blanco argentino- y mermelada. Trabajo un poco, no mucho, hasta las 11, que viene mi profe de yoga. A las 12 y cuarto me voy a la feria de verduras, que ya está por cerrar. Los vendedores me preguntan cómo me fue en el viaje. Vuelvo repleta de hojas, tomates cherry, papas, apios, puerros, brócolis, naranjas, manzanas, bananas, mango. me olvidé de la palta.

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La carioquez II

Dije que volvería sobre el tema. Lo merece, abarca mucho más de lo que se pueda contar en un post. La carioquez es asombrosa, sorpresiva, nunca pasiva, nunca opresiva. Es fuerte, alegre, violenta, única.

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