Edición aniversario

Este es el post 250. Un cuarto de kilo de posts son muchos posts. Hay que festejar. El número coincide con otro número redondo, nueve años exactos de Río de Janeiro. Ayer, porque el post 250 y el festejo empezaron a celebrarse y a escribirse anoche.

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Bipolar

Estoy escribiendo una nota sobre Río para una revista dirigida a mujeres jóvenes, y empieza así: es inevitable, nombrar Río de Janeiro y que se te dibuje una sonrisa en la cara. Visitarla diez veces y querer volver mil más.

Y es la pura verdad, pero, pero, pero Seguir leyendo

El señor de las llaves

El dueño de la casa bacana, esa de la Rua Canning, donde me quedé para cuidar las plantas hace varios meses, me dijo que en vez de mudarme a la isla, o a Chile o a la China, tengo que mudarme a Ipanema; que no huyo de Río, huyo de mi casa. Y que el departamento de al lado, está vacío. Me pasó el teléfono del propietario, que es el mismo que el del suyo y de todo ese edificio horizontal, y me contó que lo vio justamente cuando quería entrar al departamento vacío. Seguir leyendo

Arena de oro

Todas las tardes sin lluvia, el productor Fabio Tabach publica una foto en las redes sociales desde su escritorio. En portugués escritorio significa oficina, y el de Tabach, como el de otros miles, es de arena, mar y tiene como fondo el Morro Dois Irmãos. En su tarjeta aparece la siguiente dirección: Av. Vieira Souto s/n, Posto 9, Ipanema.

Seu Mario es paulista, tiene el pelo blanco y mide 1,90. Debe haber sido banquero, o ingeniero eléctrico, o vendedor de autos. Ahora vende mousse de chocolate, frutilla, maracujá. Cuando empezó, hace nueve años, a un real, ahora a tres. “Es el mejor -grita con voz grave-, no soy yo el que lo dice, é o povo de Ipanema que diz“. Camina por la arena en sandalias y, como Tabach el productor, trabaja sólo cuando hay sol. En Ipanema los días hábiles dependen del clima.

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Enamorados del vino

Era una calle nada. O peor, era una calle que daba miedo. Queda atrás de la salida del Metrô y al lado de la favela. Casi no circulan autos por ahí. Un edificio de miles de departamentos ocupa toda la cuadra. En Ipanema, eso sí. Abajo del edificio hay un pé sujo, esos botecos tradicionales que infelizmente están en vías de extinción, y una casa de materiales de construcción. Enfrente una escuela y nada más. A la noche la Rua Jangadeiros era un desierto oscuro. Hasta que llegaron ellos.

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Un minuto de viento

Estoy escribiendo un post sobre el lanzamiento del libro “Vai, Brasil”, de Alexandra Lucas Coelho, la periodista y escritora portuguesa que últimamente cito bastante en este blog. Desde las siete de la mañana y desde hace algunos días, edito el video de la entrevista en un programa que no conocía, coloco subtítulos, corto partes con todo el dolor del alma y la escucho. Al principio habla de la fuerza aplastante que tiene la naturaleza sobre Río de Janeiro, de lo pequeños que somos ante ella. Seguir leyendo

Alto Astral

Hacía cuatro días que no salía de casa. El clima era perfecto para hibernar, un frío raro en Río de Janeiro y lluvia, mucha lluvia. El Aterro do Flamengo más verde que nunca. Después de cuarenta días de viaje, de transitar por espacios ajenos, mi casa era el mejor lugar para estar. Seguir leyendo

Cyborguinho

Muchos querrían tener la vida de Cyborguinho. La mejor parte de la vida de Cyborguinho. Va a la playa todos los días de sol, todo el año. Al Posto 9 de Ipanema. No trabaja. Se la pasa mirando chicas lindas con una sutileza de caballero que ya no existe. Y fuma marihuana gratis.  Seguir leyendo

El Macho del Domingo

Había sido un día de playa formidable, Ipanema semi vacía, mar caribe, delfines pululando en el mar, sí, de verdad, a veces aparecen. Apolos jugando altinha, Apolos haciendo surf, Apolos con sus novias, Apolos haciendo guiños. Apolos como el nadador de la novela que estoy devorando, O Meu Amante de Domingo, de Alexandra Lucas Coelho, escritora, periodista y cronista portuguesa que vivió tres años en Río. Seguir leyendo

Vida de bacana

Vivo a dos cuadras de la playa, del hotel Fasano, del posto 8. Demoro cinco minutos en llegar hasta la arena, meterme al mar. El sol de mayo tiene esa temperatura de la que uno no se queja ni por el frío ni por el calor. Son las tres y media de la tarde, es viernes y terminé de trabajar. En la playa estamos los afortunados. Sólo eso nos asemeja a todos los que estamos hoy acá. Recostados sobre los pareos, dormitando en reposeras, besándose en el agua, caminando por la orilla con patas de rana y bodyboard. Sin traje de neoprene, eso no hace falta. Hay olas fuertes, buenas para hacer bodyboard parece, el mar está lleno de chicos que barrenan y hacen giros sobre esas olas cortas y que caen en picada. Los surfistas están más en la punta, cerca de la piedra de Arpoador. Afortunados los que estamos. Seguir leyendo