Rio-20. Demasiado bueno para ser real

 

Esta crónica la escribí hace poco menos de dos años. Es antigua pero también un anticipo, no de lo que sucederá en el Mundial, eso nadie lo sabe y Brasil es como un mago, el panorama siempre parece turbulento pero de alguna forma casi milagrosa todo sale bien. Es un anticipo de un futuro post.

Así las cosas, con puntos suspensivos…

En general y desde siempre, no me gustan demasiado los eventos, menos aun los mega eventos. La multitud, la cantidad exagerada de actividades, la gente que va. Me da tedio, me pierdo, desisto antes de empezar, tengo fobia. Y me da culpa que me pase esto, porque vivo en una ciudad en la que están sucediendo y sucederán los eventos más grandes del planeta. No logro acompañar la alegría mundial y olímpica, lo siento, no puedo, no me sale.

Pero, hoy abrí una excepción. Desde que me enteré que Vik Muniz iba a dar una conferencia en el flamante Galpão da Cidadania, a las 5 de la tarde de hoy, viernes 15 de junio de 2012, me organicé mental y logísticamente para no dejarlo pasar. El hombre, cuyo trabajo me parece muy bueno, está participando de Rio+20 con un proyecto que se llama “Paisagem”, y como ya hizo en Lixo Extraordinario (Waste Land) -documental sobre los recolectores de basura del Jardim Gramacho que fue nominado al Oscar en 2011-, va a montar una imagen, en este caso de la Bahía de Guanabara, rellenada con materiales reciclables (epa, el diccionario me subraya esta palabra, “reciclable”, como si no estuviera correcta) que llevará la gente. Le voy a llevar mis tapitas, para colaborar.

El Galpão da Cidadania queda en Gamboa, barrio que está siendo destruido para estrenar cara nueva en el Mundial, la “revitalización” que le dicen. Todo cortado, calles y edificios cercados, tractores, tapiales, andamios, operarios, policía, polvo y tránsito atascado: un caos. Me armé de coraje y encaré el peor día de la semana en cuestiones de embotellamiento. Salí con tiempo de sobra para no perderme el evento, pero siempre me pierdo en el centro, no logro entender el mapa, llego a los destinos guiada por taxistas, motoqueros, policías (que nunca saben nada), ni sé para qué les sigo preguntando. Después de tres instrucciones diferentes, localicé el predio, inmenso, con toda su fachada en ladrillo a la vista. Estacioné la moto y entré. Llegué temprano, el lugar estaba vacío, ocupado apenas por el staff, cientos de personas con uniformes de colores diferentes, según su función, y su respectiva credencial. Recorrí las exposiciones de fotos, la sala de lectura, hasta chequeé los e-mails en unas computadoras que estaban a disposición del público. Todo muy lindo y prolijo y carísimo. Después de otras tres instrucciones sobre dónde sería la conferencia, di con el salón de Vik. En el segundo piso, al fondo.

Me acerco a la mesa de recepción y pregunto si allí es la conferencia y a qué hora empieza. -Sí, es aquí, empieza a las 17hs y tiene que inscribirse. -Pero ya son las 17hs, le digo mientras anoto mi nombre y mail. -Ya debe empezar, en unos cinco minutos, me contesta otra de las recepcionistas.

Camino lento para seguir haciendo tiempo y descubro un salón con unos sofás espectaculares que quisiera tener en mi casa, y una mesa con bocaditos y bebidas. Sigo haciendo tiempo, ahora con la boca llena, hasta contenta porque no había almorzado. Como varios bocaditos, variados, hasta me lleno, y sigo caminando, haciendo tiempo. Al rato largo abren la sala de conferencia, somos pocos, me siento por ahí y empiezo a congelarme bajo el aire de los 4 splits. Me cambio a la otra punta y me acomodo en la primera fila, en una de las sillas de cuero blanco (supongo que sintético) que también me gustaría tener en casa. Me siento y espero, la sala se va llenando lentamente, hasta alcanzar un cuarto de su capacidad. Hay algunos fotógrafos, periodistas y gente que no sé lo que será pero parecen ser algo más que gente común. Hay tres micrófonos en la mesa de conferencias, cada uno con su botellita de agua mineral. Me aburro. Empiezo a armar palabras con la palabra “desenvolvimento” (desarrollo), proyectada en una pantalla: miento, nieto, moto, viento, tonel, monte, telo, lento, viendo, veo, velo, love, seno, senil, elemento, ileso, vivo, volvi, vil… miro el techo, las luces, el tacho de basura hecho con un monitor viejo boca arriba, con florcitas de tela pegadas alrededor, me aburro. Por fin entra una mujer y se para detrás de la mesa de los oradores, pero no parece conferencista, parece productora y dice: “infelizmente (esta palabra es clave para anunciar negativas en Brasil) Vik está atascando en el tránsito y no va a conseguir llegar”. Silencio. Entendemos: “está atrasado”, “va a demorar” y de a poco esas deducciones se hacen verbales, pero la respuesta de la productora no varía. “No va a conseguir llegar”, “vamos a tener que suspender la conferencia”… La con…ferencia de la lora, pienso yo. Perdí toda la tarde, me vine hasta la peor parte del centro, el peor día de la semana, para un “evento”, y el tipo dice que no viene porque está atascado en el tránsito. Una pésima razón para un evento como Rio+20. Embotellamiento y sustentabilidad no combinan. Y pienso en qué es al final la sustentabilidad, qué pasa con el tiempo que yo perdí esperando, con ese tiempo que no se recupera más, que es más valioso que todo, porque, como dijo Letícia Novaes, “al dinero lo tenemos de vuelta, al tiempo no”. Entonces, sustentabilidad, es decir, sostener una actividad en el tiempo sin acabar con los recursos, debería empezar por valorar el único recurso irrecuperable: el tiempo. Y al final qué farsa es esta de Rio+20, un evento millonario que propone discutir medidas sobre el medio ambiente en el mismo país (y en el mismo año) donde la presidenta aprueba un código forestal que va a acabar con el Amazonas en favor de los monopolios agrícolas. Y que va a construir una hidroeléctrica absurda y cuasi-inútil también en el pulmón del planeta, modificando completamente el entorno, y desterrando a los indígenas que viven ahí desde mucho antes de que inventaran que esto es Brasil.

Salí de la sala triste, como una nena que hace una fila enorme para comprar caramelos y cuando llega su turno le dicen que no hay más, ese tipo de tristeza. Anunciaron que proyectarían el documental del tipo, pero ya lo vi y además me quería ir. Al atravesar todo el edificio hasta la salida pasé por una instalación fotográfica-sensorial sobre la comunidad indígena Yawanawa, de Acre, extremo oeste del Amazonas, y casi me largo a llorar. Por tamaña contradicción.

Iba caminando hacia la moto, ya se había hecho de noche, y una chica me pregunta si estaba yendo para el Metro, le dije que no, y después de que logramos intuir dónde estaba la Estación Uruguaiana (ella, yo no sabría decir), me preguntó si había ido a la conferencia de Vik Muniz. Debe haberlo intuido por mi cara de disgusto, en realidad teníamos un gesto parecido. -Me gusta mucho su trabajo -me dijo-, era una oportunidad increíble, no había tanta gente… demasiado bueno para ser real.

  • Jésica

    Una pena Ana! Sonó más a excusa al no llegar a la cantidad de público esperada que a un embotellamiento! :(

    • http://blogs.lanacion.com.ar/rio-de-janeiro/ Ana

      Esa no la había pensado!! mmmm también es probable…

  • Re

    Ana, supongamos que naciste en un manicomio , y no conoces nada mas que eso, nunca ha salido de alli. Entonces la locura para ti es ‘normal’, verdad? Psiquiatricamente es una locura. Pero es una LOCURA NORMAL, disfrazada de cordura. BIENVENIDA AL PLANETA TIERRA ! Un manicomio normal comun y corriente. Manicomio donde los civiles son bombardeados para protegerlos de la violencia y darles democracia , los niños se mueren de hambre en un mundo de abundancia , la gente pide prestado dinero que no existe y paga intereses sobre el mismo , la comida es una forma de veneno, o donde DESTRUIMOS de forma consciente el biosistema q nos da la vida misma !! Solo para beneficiar a una élite. Y los internos NO pueden percatarse q les estan metiendo la yuca porque están demasiado ocupados siguiendo a su equipo de fútbol o su novela favorita. Ese es nuestro bello planeta.
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    • http://blogs.lanacion.com.ar/rio-de-janeiro/ Ana

      Tenemos un bello planeta, sí sí, sólo está dado vuelta. La descripción que hiciste es tremenda, y real.

  • Gwyneth

    Suele haber mucha incoherencia entre lo que se dice y se hace, la gente es muy hipócrita y se vive autojustificando. Además hay poco respeto por el otro. Las grandes buenas causas siempre van a tener buena prensa, pero a mi me dan desconfianza, no tanto por los “intereses ocultos” sino por cuan coherente es la gente que las impulsa.

  • Diego

    El tránsito de Río es un caos y con todas estas reformas (las veo y dudo que para el mundial terminen la mitad de todo lo que están haciendo, la verdad) es infinitamente peor. El que pretenda cruzar el centro en hora pico, que se prepare a perder un par de horas, fácil. Y es cierto eso de que es muy difícil orientarse, muchas calles no están señalizadas y los que manejan tienen que conocerlas de antes para no agarrarlas de contramano. Y al contrario de Bs As, la mayoría de los choferes, diarieros y vendedores no conocen su ciudad.

    Con respecto a tu pérdida de tiempo, me quedé pensando. Cuántas veces nos habrá pasado. A todos. Por ejemplo, perder medio día para hacer un trámite (cosa mas inútil y menos edificante no creo que exista) y no poder realizarlo porque nos habían informado mal y no tenemos legalizada una fotocopia. O presentarte a un hospital para operarte, con tu bolsito y la mejor predisposición posible, y que te suspendan la cirugía porque no hay cama o hay un caso mas urgente. Tiempo perdido, muerto, intrascendente. En la estructura del cine clásico, los tiempos perdidos no existen. No aportan ni información, ni interés ni emotividad en el espectador. Pero en el mundo real son inevitables.
    Creo que el tiempo perdido por cosas triviales demuestra que la vida no tiene mas sentido que el que nosotros querramos darle.