La cabeleireira

 

En Argentina se dice pelo y aquí cabelo, en Argentina hay peluqueros y acá cabeleireiros. La peluquería es el salão de beleza y el salón de belleza es la segunda casa de las brasileñas. Uñas, pelos, cejas, tira de cola, todo es modelado, pintado, recortado, depilado, alisado y generalmente mejorado en estos salones de todos los tamaños y estilos que proliferan como las farmacias y los lanchonetes, en las veredas, en las galerías y hasta dentro de los edificios. Enfrente de mi casa, en una calle tranquila de barrio, hay tres. Una peluquería para mujeres, una para hombres y otra unisex.

Esa unisex era de Cristina; una mujer enorme, desordenada, desaliñada, nada delicada, pero excelente peluquera, de esas que te miran la cabeza y saben qué producto usaron para dejarte el pelo así. Cristina es la cabeleireira de los gringos, nos atendemos con ella varios extranjeros de distintas nacionalidades. Siempre que voy me pregunta cómo está Ricardo, el colombiano, que si sigue de novio con Alyson, la inglesa, a quien también atiende y si Luciana, argentina, está enojada porque la última vez que fue a hacerse la escova progressiva -alisado permanente- tuvieron un percance con el precio del tratamiento. -Es que ese día yo la estaba pasando muy mal, estava na pior, dice con los ojos llorosos por el vapor químico que se desprende del pelo y porque era la pura verdad, Cristina no estaba nada bien.

La habíamos rastreado después de perder su paradero, porque a la peluquería unisex que estaba frente a mi casa la vendió. Cristina pasó a atender en casa, en la suya, un departamento minúsculo de la calle Corrêa Dutra, en uno de esos edificios tipo mole, con 20 departamentos por piso. Cuando llego está preparando un arroz en la cocina y cambiando las piedritas del gato. En la sala de entrada está la peluquería: paredes descascaradas, una publicidad de tintura colgada, luz blanca de lámpara de ahorro, un espejo, una silla y un lavatorio de peluquería. Por oposición se me viene a la cabeza el recuerdo de Catherine, la peluquera francesa que me cortó el pelo en su departamento de Montmartre.

Cuando Cristina realmente me ve se le trasforma la cara, agarra un mechón de pelo y pregunta quién me hizo eso. Y le cuento. Que había sido en Staff Cerini, una peluquería ultra famosa de Buenos Aires. Que había ido porque a una amiga le hicieron unos reflejos hermosos y cuando le pregunté dónde me dijo que ahí, con Bautista el colorista. Fui a ver a Bautista el colorista, que tiene el mismo color de pelo que me dejó a mí, antes de intentar arreglarlo: decolorado a blanco. -Quiero hacerme unos reflejos naturales, de este tono, le dije mostrándole una foto en una de esas revistas que después hojear te dejan deprimida. Bautista el colorista se paró atrás mío, que estaba sentada con la bata puesta frente al espejo, pasó las manos como dos rastrillos por mi cabellera, que estaba virgen, sin ningún rastro de colores falsos, recién cortada -por Verónica, otra peluquera, que también atiende en un departamento, pero de Barrio Norte-, y mirándose a sí mismo en el espejo, sin dejar de rastrillarme el pelo, dijo: vos dejáme a mí. Te voy a hacer un decolorado en las puntas que es lo que se usa. -Pero yo quiero… Te va a quedar divino, se apuró a declarar con tono de quien no tiene ni mucho tiempo ni mucho margen para el diálogo. Por dentro sentí surgir impotencia-miedo-confianza-esperanza.

Una hora más tarde tenía la cabeza igual que él, las raíces oscuras y la mitad del pelo blanca. Horror. Si mojado estaba platinado, seco tenía el color de la arena de Arraial do Cabo, pálido. A punto de llorar le dije que no uso el pelo así. -Bueno, te lo oscurezco. Una hora y media más tarde tenía el pelo naranja. -Con los lavados se te va a ir aplacando. Silencio. -Podés venir el martes para que te arregle? -Me voy el lunes. Kadu, un amigo actor-bailarín-maquillador-peluquero-curitibano, me arregló el color al mes.

Así que a Cristina le cuento todo esto cuando me agarra el mechón más damnificado de todos. -Usó productos de mala calidad, dice, refiriéndose a Bautista el colorista. Y esa era justamente la razón por la que no me hacía color con ella. Mirando el entorno, me daba pánico la calidad de los productos. Staff Cerini es caro, tiene un salón impecable, música fuerte, 70 empleados, guardarropa, denota calidad. En fin. Lo único que quedaba por hacer con ese pelo corto, mal teñido, destruido y con la forma de un casco por la humedad carioca, era lo que hace el 80% de la mujeres en Brasil: escova progressiva.

-Vamos a ver cómo queda, pero no te garantizo nada, dice Cristina, a la que quiero, por sincera. Me coloca el producto, que se llama Botox, se va para la habitación y me llama. -Vení, sentáte acá, dice señalando una silla que está al lado de la cama, en la que ella se acuesta boca abajo con el control de la tele en la mano. Miramos el noticiero, hablamos de lo caro que está Río, de la corrupción, de hombres.

Volvemos a la antesala, abre la puerta para que el vapor del químico que sale al secar el pelo se esfume, el gato se escapa, Cristina grita, sale a buscar al gato, lo encierra en el baño. Entra una vecina, charlan sobre otros gatos. Todo se llena de una neblina con olor a vainilla. Me pone unos protectores de oreja para no quemarme con la planchita. Tocan el portero. Sube un chico. Cristina me pide si le puedo adelantar el pago. Le pago y ella separa una parte para darle al chico, que le trae maconha. Le pregunta si no tiene uno armado para fumar ahora. Veo toda la escena por el espejo como si fuera una película. El dealer no tiene y se tiene que ir. Cristina cuenta que está saliendo con un tipo, pero que está harta porque es muy vueltero, que ya no está para aguantar histéricos. Es divorciada, tiene 51 años y una hija de 23 que está embarazada por segunda vez, de otro. Dice que va a empezar a trabajar en una peluquería porque esto de atender en casa no le cierra, y no le alcanza.

El pelo queda duro, parece de plástico. Si tenía algo de vida se la acabamos de quitar. Cristina le hecha la culpa a Bautista el colorista, y tiene razón. -Me voy a rapar la cabeza, le digo, es algo que siempre quise hacer y no hay mejor momento que éste. Así corto de una buena vez la cadena repetitiva: ir a la peluquería para cambiar y salir deseando que el tiempo pase rápido para que todo vuelva a la normalidad.

  • Susana

    Eexcelente u divertidísima crónica de una experiencia habitual para nosotras. Me encantó y me hizo reír mucho.

  • Mae

    Noooo!! malditos peluqueros Ana.. siempre sufro cuando voy a uno, incluso el que voy hacer muchos años.. siempre desconfio de como me va a quedar y muchas veces me voy disconforme y al borde del llanto… Malditos los de Cerini que cobran una fortuna! Me senti identificada con tu relato…. Te rapaste al final??
    Saludos!

    • http://blogs.lanacion.com.ar/rio-de-janeiro/ Ana

      cha chan!!! saludos Mae!

  • Gwyneth

    Que personaje tu peluquera! Lo bueno del pelo es que eventualmente crece y ya el problema esta superado! Aqui tambien el 90% de las melenas esta bajo efecto de la escova progressiva, pero yo sigo prefiriendo para marco de la cara el volumen que me dan los rulos!

    • http://blogs.lanacion.com.ar/rio-de-janeiro/ Ana

      en mi próxima vida quiero tener rulos definidos

  • juani

    esta semana te esta llamando Almodovar , para que escriban un guion juntos , de ahi al Oscar , no hay nada , felicitaciones anticipadas ,
    otra cosita , un secreto develado : los hombres no envidiamos de ustedes ese proceso exclusivo que poseen , la maternidad ,
    una de cal y una de arena
    me cage de risa con la escena del porro y la peluquera ,muy bueno muchas gracias

  • Agustina Krapp

    Muy buen relato Ana! Muy graciosa la entrada en escena del dealer…

  • Cocotte

    se dice “cabeleireira” o “cabeleireiro”, te falta una “i” latina en el medio ! Increíble es que, tratando de explicar cómo se escribe y se dice en portugués, que lo digas y escribas repetidamente mal !

    • Ana

      Siempre creí que era sin i, ahora lo corrijo. Se agradece la observación. Increíble que me corrija con tan pocos modales aecaballero.

    • http://blogs.lanacion.com.ar/rio-de-janeiro/ Ana

      No sabía, siempre creí que era sin i. Se agradece la observación. Increíble que me corrija con tan pocos modales aecaballero.

      • Cocotte

        No. Lo increíble es que alguien pretenda explicar cómo se dice y escribe algo en un idioma, no lo sepa escribir y reitere el error. Falta lectura en portugués. Y faltan correctores y conocedores del idioma portugués dentro del diario La Nación. Saludos. Buenas fotos.

        • Matias

          Qué mala onda que hay! Me parece que acá lo importante es lo que la nota grafica y como retrata una situación de manera deliciosa (otra palabra no cabe mejor Ana!) y para aprender un idioma hay que ir a una escuela a estudiarlo, no leer un blog.

        • http://blogs.lanacion.com.ar/rio-de-janeiro/ Ana

          Una vez salió un titular sobre una nota de Mato Grosso en tapa que decía “O mais grande do mundo”. Menos mal que no lo viste si no te infartabas directamente. Capaz podés postularte para ser corrector/a. Saludos!

          • Cocotte

            Y quizás vos podrías postularte para hacer un curso de portugués, tal como propone el amigo Matías, no ?
            Ya que vivís en Brasil (hace 8 años !!!) podrías aprovechar y aprender el idioma, eh ?

          • http://blogs.lanacion.com.ar/rio-de-janeiro/ Ana

            Creo que Matías se refería a otra cosa, pero no importa. Demasiado drama por una i. Hay un montón de blogs en portugués muy bien escritos, te recomiendo Ornitorrinco, excelente y sin errores.

          • Diego

            La verdad es que podías hacer la observación sin agresividad, porque cualquiera puede equivocarse, incluso alguien que habla el portugués de toda la vida, un Saramago, ponele. Lo mas importante es la historia que Ana (que habla un portugués excelente) nos quiere contar. Yo trabajo para un estudio en Río y muchas veces en el fragor del combate cometo groseros errores gramaticales, conjugaciones verbales sacadas de la manga… pero me las perdonan porque valoran mi trabajo.
            Ojo, lo digo sin animosidad, favor de no recurrir a falacias Ad Hominem por favor.

    • Pablo Palá

      Estamos para disfrutar leyendo las aventuras y vivencias de Ana en Río de Janeiro, no para vengas a corregir como el maestro de Siruela, que por cierto ni en español escribís bien. Saludos y buena vida.

      • Cocotte

        Pablo Palá, me parece muy bien que “estés para disfrutar leyendo aventuras y vivencias de Ana”. Y veo que estás no solo para eso sino también para hablar una catarata de forradas, típicas de gente analfabeta como vos. Saludos y comprate una vida.

        • Pablo Palá

          Analfabeto no soy, sino no estaría acá respondiendo. Ya tengo una buena vida, muchas gracias y saludos muy cordiales.

  • pedro

    Ana, um roteiro para Almodovar. Seu texto é muito bom, tão bom quanto suas fotos.Abs. Pedro

  • Alberto

    De todos modos un nuevo comienzo Ana,lo importante está dentro de la cabeza y no fuera. Besote. Alberto.

  • silvia bb

    Ana tu blog es el mejor del diario.Ojalá escribieras todos los días.Sos genial.

  • Daniela

    No hay salida para la quimica mal hecha, si no cortar lo más que se pueda. Big chop le dicen las “cacheadas” para sacar el alisado permanente. Eso me hice despues que me lo destruyeron con un alisado de marca cara, y yo no queria alisar, solamente bajar un poco el rulo. Resultado: el pelo largo por primera vez despues de 15 años, está super corto y yo volviendo a ser “cacheada”