La bicisenda más linda del mundo

 

Si contornear la geografía carioca de Glória, Flamengo, Botafogo, Copacabana, Ipanema y Leblon ya era impresionante, avanzar por una pista suspendida en el aire, entre el morro y el mar, es simplemente espectacular. El domingo pasado inauguró la nueva ciclovía Niemeyer que conecta la Zona Sul de Río con el barrio de São Conrado. Tiene casi cuatro kilómetros, comenzó a ser construida un mes antes del Mundial y costó unos 45 millones de reales. La próxima etapa será construir el tramo hasta Barra da Tijuca, otros tres kilómetros de ciclovía. Así se podrá contornear el mar en bicicleta do Leme ao Pontal, como dice una de las canciones más conocidas del gran Tim Maia. 

Carolina Escosteguy, carioca fanática de la bici, no aguantó esperar a la fecha de la inauguración y la estrenó dos días antes. -Me pareció sensacional -dice-, aunque sólo fui hasta el Pepino, para ver los aterrizajes de ala delta.

La relación cercana entre la abogada Escosteguy y la bicicleta empezó cuando volvió de un viaje a Copenhague, enamorada de la idea de usar la bici para todo. -En esa época, 2009, establecí una meta de ir a trabajar de bike algunas veces por semana. Iba con ropa deportiva y después de una ducha en el estudio de mi papá me cambiaba. Con el tiempo, las idas al trabajo en bicicleta aumentaron y al ver que en realidad no transpiraba casi nada, cambié de técnica. En vez de bañarme al final, lo hacía antes y me subía a la bici con el pelo mojado. El estilo pasó a ser Cicle Chic -comenta Carol, que es un ícono en el uso de la bici en Río- y voy de casa al trabajo con la misma indumentaria: vestido, maquillaje, aros enormes y hasta taco alto. Um glamour só! 

-Una vez que la bici se torna tu medio principal de transporte es inevitable conocer otros fanáticos de las dos ruedas que te ayudan a desmistificar esa idea, más que pasada de moda, de que sólo el entregador de la farmacia combina trabajo con bicicleta -sigue contando la abogada-. Personas maravillosas que me presentaron al movimiento Cicle Chic, que es vestirse divinamente para pedalear, tal como lo harías para usar cualquier otro medio de transporte. Y a encuentros como el Tweed Ride, en el que las personas se visten como si estuvieran en los años 20-50 para un picnic en diversos puntos de la ciudad. El más conocido es el que se hace en la Isla de Paquetá, donde uno realmente parece estar en el siglo pasado.

Cuando la bici pasa a formar parte tu vida, la modifica, porque lo cierto es que arriba de ese vehículo finito la visión de la vida cambia por completo. Carolina forma parte de grupos como Massa Crítica – Rio de Janeiro, que debate sobre la movilidad urbana y organiza pedaleadas que salen todos los viernes de Cinelânida, en el centro de Río; y de Ciclovia em ação: Laranjeiras e Cosme Velho, que logró, después de años de movilización, la implementación de ciclovías en esos barrios y funciona como modelo piloto para aplicar en proyectos de otras regiones.

Para los turistas, Escosteguy recomienda adquirir un número de celular local para usar el aplicativo del sistema de bicicletas públicas Bike Rio, las laranjinhas, como les dicen por acá. Su uso cuesta apenas diez reales por mes y las bicis están desparramadas por gran parte de la Zona Sul de Río de Janeiro.