El Macho del Domingo

 

Había sido un día de playa formidable, Ipanema semi vacía, mar caribe, delfines pululando en el mar, sí, de verdad, a veces aparecen. Apolos jugando altinha, Apolos haciendo surf, Apolos con sus novias, Apolos haciendo guiños. Apolos como el nadador de la novela que estoy devorando, O Meu Amante de Domingo, de Alexandra Lucas Coelho, escritora, periodista y cronista portuguesa que vivió tres años en Río.

Este domingo tiene más de tres años, pero permanece intacto en la memoria por lo que pasó media hora después de que esa luz otoñal, que se va demasiado temprano para mi gusto, formara un paisaje tipo foto de Instagram de diez mil likes. Sin filtro.

Me saqué la bikini mojada y vestí una seca, hábito que aprendí después de algunos inviernos en la playa, varios resfriados y secuelas incómodas; zapatillas y buzo porque los veinte grados en moto se convierten en dieciséis, y en Río dieciséis grados duelen. Debe ser la humedad o la falta de costumbre, pero los dieciséis grados cariocas son helados. Y ahora que lo pienso haber ido a Itacoatiara en havaianas con mi amiga Vicky al segundo día de comprar la moto fue una inconsciencia. Primero por ese puente interminable que de tan ventoso tiembla y segundo porque está prohibido andar en moto con havaianas. No lo sabía en aquél entonces, tan felices que íbamos estrenando cascos y en shorts, otra cosa que está prohibida, acompañadas por la generosa suerte de los principiantes. Pero el día del que quiero hablar no había viento, sólo veinte grados con sensación térmica motorizada de dieciséis.

Las llaves de la moto, dónde estaban las llaves de la moto. Revolví el bolso, saqué todo, pareo, protector solar, libro, I-pod, bikini mojado, crema para el pelo, las publicidades que junté en la arena para tirar y me olvidé de tirar. Las llaves de mi casa. Pero nada de las llaves de la moto. Merda.

La moto sola, paradita en el estacionamiento del cantero de la Vieira Souto. Y las llaves de la moto puestas. Puta que pariu. Qué boluda y que suertuda. O Meu Amante de Domingo me contagió las ganas de putear. Y qué distraídos, o compasivos, porque ahí estaba la moto, regalada y estacionada.

Ipanema, Arpoador y en vez de seguir por la Avenida Atlántica bordeando el mar me metí en Nossa Senhora de Copacabana que es más calentita, resguardada por los edificios y los motores de colectivos-taxis-autos, uno pegado al otro. Total para las motos no existe el embotellamiento, existe el zig-zag.

Cuando llegué a la Princesa Isabel, final de Copacabana, el semáforo se puso en amarillo y en vez de pasar, frené. De atrás surgió un aparato de dos ruedas y mil cilindradas con un ser montado, pero montado en cólera, porque mientras paraba bien cerca movía la cabeza como lamentándose, como indignado. Primero las dos manos en la cintura, después agitadas en el aire mientras decía no sé que cosa pero nada bueno y me dirigía una brevísima mirada para que quedara claro que todo el escándalo tenía que ver conmigo.

-Qué pasa? le pregunté a través del casco. Y al pronunciar las últimas dos letras vi sus ojos inyectados, a través de su casco. -No viste que estaba en amarillo? me dijo el ser que era robusto como la moto que tenía entre las piernas. -Sí, por eso paré. -Pero amarillo no es para parar porra, amarillo es para avanzar rápido antes de que cambie a rojo!!! dijo con una furia que no coincidía con la gravedad del episodio. -Bueno, bueno, tenés razón, dije mirando hacia adelante. No iba a arruinar mi domingo de playa. – A mí me no hablás así rapaz!!! gritó el ser y cuando giré la cabeza vi que ya no tenía puesto el casco y no tenía pelo y no era un ser, era un pitbull rabioso. Indignada y con voz finita también grité: no soy un rapaz, soy una mujer! pensando que eso calmaría las cosas. Pero no. Los anabólicos de los que el pitbull abusaba no ayudaban. -Então me respeita porra!!!!!! no alcanzan los signos de exclamación para subrayar el alarido que dio la bestia. -Soy hombre y me tenés que respetar porra!!! sua puta, vadia de merda!! Ah noooo, eso no, y como un caniche enloquecido le ladré sin importarme su tamaño, la indignación le ganaba al miedo. El pitbull puteó más que la protagonista del libro de Alexandra Lucas Coelho y hasta me desafió a pelear. -Te espero acá la vuelta, vadia -que en buen español significa mujer fácil-, te voy cagar a palos. Qué locura. Media hora antes estaba viendo el atardecer desde el agua con temperatura caribe. De dónde salió este monstruo.

El pitbull aceleró como si estuviera corriendo la final del mundo y frenó brutalmente veinte metros después, a la vuelta. Fui a hablar con el policía que estaba dirigiendo el tránsito. -Señor hay un hombre que me está amenazado, está ahí a la vuelta, dice que me quiere pegar. -Yo ordeno el tránsito, no es mi función. -Pero por favor, ayúdeme que este loco me quiere matar. -Va a tener que retirarse porque está dificultando el tránsito, avance. -Pero señor, ahí está el hombre estacionado, no vio todo lo que pasó? estaba al lado! -Avance o le hago una multa por cortar el tránsito y desacatar a la autoridad. Pero qué hijo de re mil puta. Y sé que esta puteada debería ser erradicada como la violencia de género, pero van a pasar años hasta que alguna otra mala palabra salga tan de las entrañas como ésta. Pasé por delante del pitbull, espuma en las comisuras de la boca, las venas hinchadas, las hormonas a punto de hacerlo explotar. Y me alejé a toda la velocidad que la Honda Pop permitía.

Fue la primera vez que vi la cara del machismo sin careta, horrorosa y peligrosa. Llegué a casa hecha un trapo, como si realmente me hubieran molido a palos y tomé una ducha de esas largas que toman las mujeres en las películas después de una violación.

  • Agustina Krapp

    Qué horrible experiencia Ana… A mí me pasó una situación muy poco grata el fin de semana: en el patio de un bar, mientras hablaba con un pibe, llegó su grupito de amigos, nos rodearon y comenzaron a hablar obscenidades, a las que el sujeto con el que hablaba se sumó. Di media vuelta y me fui. El chico con el que hablaba me siguió, me insultó, y continuó haciéndolo toda la noche, cada vez que pasaba cerca mío. ¿Por qué? ¿Con qué necesidad? ¿No les enseñan de chicos a soportar el rechazo?¿Tan herida sienten su masculinidad? Si reacciona así ante una mina que no conoce y con la que no tiene ningún vinculo, ¿a una novia que lo deja, la mata?

    • http://blogs.lanacion.com.ar/rio-de-janeiro/ Ana

      Uf, debe ser algo en la comida, las hormonas que le ponen al pollo, los tomates transgénicos, vaya a saber

      • Diego

        Jaja! Yo como transgénicos sin problemas y no soy así para nada, Ana. Esos tipos vienen así de fábrica y por mas que los hagas comer fruta de huerta orgánica y hacer yoga y budismo zen no van a dejar de ser violentos.

    • Diego

      Agustina, la verdad, es que de chico no te enseña nadie a soportar un rechazo. Uno lo tiene que aprender solito, y algunos lo aprendemos mejor o peor, y otros simplemente no lo pueden aceptar. Yo lo veo como la mejor ocasión para mostrar un poco de dignidad. Otros se hacen los que no les afecta, se ríen y se dirigen a la próxima señorita. Supongo que ese pibe que te trató tan mal se hizo el malo adelante de los amigos para no ser menos. Un pelotudo, bah.

  • Andres Dominguez

    Que Domingo de mird@! Casi tanto como el mio cuando, sentado en la arena de la increible Ipanema, tiré una colilla o “bituca” para os cariocas y me cachó la guardia “lixo zero”. Multa. Por infringir no se cual artículo de no se cual ley. Creo que ese domingo habían miles en la playa. Caí justito yo. Mi vida. “Você vai ter que pagar a infracão no banco do Brasil e, (cuchá esta), CASO DE NÃO PAGAR, A GENTE VAI DEPORTAR A VOCÊ. Volví a la Argentina con $ R170 menos. Fue doloroso, pero no te tiro nunca mas ” uma bituca na rua”..

    • http://blogs.lanacion.com.ar/rio-de-janeiro/ Ana

      Ay qué justo! Ojalá hayan multado al que tiró el palito de camarón que me clavé en el pie hace un mes en esa misma playa!! a ver si aprende, como vos :)

      • Andres Dominguez

        kkkkk!!! (Como dicen ellos!)

    • Muzhik Muzhi Muzh

      las bitucas són el terror de la gente q hace la limpieza publica (en la playa en la arena entonces…) Bem feito pra vc rapá, aprendió ahora no?!

      • Andres Dominguez

        Eu joguei (?) a bituca na calcada, nao na areia.

  • http://fotostudiomario.com maxib

    increible relato, momento de mierda, e impotencia infinita!!!!

  • Muzhik Muzhi Muzh

    Como La Nación faz parte do clipping do Ministério das Relações Exteriores, espero q algum funcionário zeloso envie o artigo tanto para a Secretaria de Políticas para as Mulheres da Presidência da República quanto para o Ministério da Justiça. Seria bom q a própria autora como cidadã brasileira (mesmo q seja talvez em caráter temporário) tb o envie às autoridades, mesmo q o caso já tenha algum tempo (foi o q entendi). O momento é mais q propício já q a presidente sancionou dia 9 de março a lei q torna o feminicídio crime hediondo (sem direito a fiança etc). O principal de uma lei é pô-la em prática, preparar devidamente os agentes da lei etc Já q o Brasil é o país onde lei corre o risco de ‘não pegar’. Aliás, não só aqui. Parece q Argentina tem uma lei mais dura para o feminicídio mas ao q parece não é aplicada devidamente. E pior, a palavra ‘feminicídio’ que a imprensa argentina usa nem ao menos é reconhecida pelo dicionário da RAE.

    • http://blogs.lanacion.com.ar/rio-de-janeiro/ Ana

      Já foi M. Fica para a próxima, que espero nunca chegue!

  • Diego

    Además de loco prepotente, cobarde… como va a desafiar a pelear a una mujer?? Hay gente que está muy mal, y lo mas prudente en la calle, es andar perfil bajo, así uno quede como un boludo, pero la verdad es que uno no conoce de lo que es capaz el otro.

  • Renato

    Todo esto se llama en psicologia TRASTORNO LIMITE DE LA PERSONALIDAD. Lean y van a ver como el 95% personas en el planeta ( exageracaion mia, pero denle tiempo al tiempo) estan afectadas con esta dolencia mental. El mundo esta REJODIDO !!!

    • http://blogs.lanacion.com.ar/rio-de-janeiro/ Ana

      auch

  • Carlos Sanchez Vargas

    Ana, será el feijão transgênico? Ojo.

    • http://blogs.lanacion.com.ar/rio-de-janeiro/ Ana

      seguro!! jajaja