Eclipse de Zaz

 

¿Por dónde se empieza a contar esta historia? ¿Por la cantidad de zapatos amontonados en ese palier de Botafogo? ¿El camino empedrado completamente oscuro que sube por el medio de la floresta y la ciudad hasta una iglesia? ¿O cuando con Letícia Novaes nos damos cuenta de que por cuestiones de altura no somos buenas compañeras de recital?

Voy a viajar en colectivo para dispersar la mente y que bajen las ideas. Justo el 573 viene vacío, todo nuevo y con aire acondicionado. Asientos libres. Ventana. Un surfista al lado con su tabla. El bondi avanza, el paisaje pasa y una chica que sube hablando por celular se sienta justo atrás mío. Con voz estridente le cuenta a una tal Fer que su padre tiene arritmia, que paga 1.700 reales por la obra social y que ella no lo puede seguir ayudando porque tiene que empezar su propia vida. Va vestida como secretaria pero podría ser cantante con ese volumen y la vergüenza nula para hablar en público. No escucho, no escucho, le ordeno al cerebro ¡pero todo el colectivo la escucha! el surfista me mira cómplice, como si supiera que subí para inspirarme y poder contar esta historia. Malditos planes de minutos gratis de Tim para Tim, porque seguro usa Tim. Con ese timbre de voz. Ay que odio. Me doy vuelta y le digo que me está rompiendo el tímpano. Baja la voz dos cuadras. Vuelve a gritar. Bajo.

Crónica de una sincronía

Salí de ese departamento abarrotado de gente, a la francesa, sin despedirme. En realidad a la única que conocía era a Letícia Novaes, que estaba acurrucada atrás de una planta en la pared del fondo. Se hacía tarde. Me sobraba una entrada para ver a Zaz y nadie podía ir. Sabía que me iba a perder la mejor parte de ese encuentro de luna nueva, eclipse y apertura de año solar, pero bueno, suficiente que había ido hasta ahí un viernes lluvioso a la peor hora de todas, cuando el mundo se atropella por llegar a casa antes de que sea lunes otra vez.

Camino por la vereda minúscula de Martins Ferreira. En cierto punto hay que subirse a las raíces de una higuera que corta la calzada y al bajar del árbol, freno. ¿Cómo me voy a ir? Giro, vuelvo a trepar el árbol centenario que le ganó al cemento y justo llega un whatsapp de la musa Letícia preguntando si me había ido. Capaz el eclipse afinó el poder de anticipación.

Me sumo a la caravana repleta de mujeres, atravesamos un portón antiguo y subimos por una calle empedrada, desierta y oscura que penetra la selva. Nadie excepto Dimitri Camiloto, el astrólogo que organiza estos encuentros y el sereno que nos acompaña cuesta arriba, conoce este lugar fantástico o fantasmagórico. -¿Qué es ese edificio? pregunta Letícia al sereno. -Una escuela, contesta el señor. Y un minuto después, cuando ya estamos todos formados en ronda frente a la tal escuela y a una iglesia del siglo XIX, el sereno cambia el tono de voz y dice que va a llamar al 901 -la policía- por invasión a la propiedad privada. Intentos de calmarlo, de explicarle, pero nada, el señor baja indignado, determinado.

¿Cómo cupieron todas esas personas en el departamento?

El ritual termina con el toque de un tambor y la exclamación “alegría” al unísono. Justo el día anterior Letícia había publicado unas fotos y un texto de esos que ella escribe, desestabilizadores hasta para el más hermético, para despedirse de su abuelo, que nació en un pueblo llamado Alegre y de quien heredó, como mínimo, la sonrisa. Suenan las campanas de la iglesia y empezamos el descenso. El sereno tendrá que volver a llamar al 901 para decirles que no hace falta que vengan, que el grupo de locos ya se fue. -¿Qué vas a hacer más tarde?, pregunta Letícia. -Voy a ver a Zaz al Circo Voador y tengo otra entrada ¿querés ir?. -Quiero.

Duolingo

Francia y Rio de Janeiro tuvieron un primer encuentro en 1555, cuando el caballero de la Orden de Malta y diplomático Nicolas Durand de Villegagnon desembarcó en la Bahía de Guanabara, precisamente en la playa que está cerca de mi casa, la Praia do Flamengo, con la intención de crear la Francia Antártica. Los portugueses no lo dejaron, pero los lazos con Francia quedaron y fueron tomando otras formas: el Château de la Isla Fiscal, la plaza París, la arquitectura del barrio de Glória y la cantidad de estudiantes de arquitectura franceses que viven en lo alto de Outeiro da Glória. A los franceses que vienen a Río les encanta la altura, las vistas y el verde. Bastan tres ejemplos, el Hotel Santa Teresa, La Suite, en Joatinga, y La Maison Rio, en Gávea, todos hoteles de lujo ubicados en lo alto de un morro y de dueños franceses. Y a los cariocas les encanta Francia. El deseo es mutuo, por eso la relación funciona.

Hace tres días empecé a estudiar francés online con Duolingo. Como dice la Novaes, recomiendo.

Eclipse total

La primera vez que vi a Letícia Novaes fue hace cinco años en el Circo Voador. Letuce era la banda telonera de los franceses Air y yo hacía fotos para Rioetc. Ahora estamos sentadas a dos metros de donde la fotografié aquella noche: los baños químicos grafitados, charlando de amores y alquileres, perdiéndonos a Bastian Baker, el suizo telonero de Zaz.

Cuando empieza el show de la cantora la capacidad máxima del Circo se hace notar. Ni un lugarcito para pispear sobra. Una chica de mi misma altura dice que se da por vencida y se resigna apenas a escuchar. Casi hago lo mismo, pero me acuerdo de un pasadizo que uso cuando saco fotos y llega hasta al lado del escenario. Agradezco no tener que fotografiar ese show. Le comento a Letícia que por suerte Ramon Moreira, el fotógrafo que  está a cargo del registro de la noche, es alto como ella. Un minuto antes de verle por fin la cara a Zaz, encontramos a Ramon en el pasadizo. Letícia 1,83. Ramón 1,92.

-Si mi mamá que es profesora de francés viera toda esta gente acompañando la letra, no lo podría creer, dice Letícia. El show es azul, como las ramitas del vestido de Zaz y el maillot que usó la cantante de Letuce la primera vez que tocó en el Circo, cuando la conocí.

La voz de esta taurina de 34 años llamada Isabelle Geffroy reverbera en la redondez de la carpa. Debe haber aprendido a cantar antes que a hablar. Su timbre de voz no se parece a ningún otro, y este lugar tampoco. Todos lo repiten y suena a cliché, pero es verdad que hay momentos en que el Circo Voador parece una nave a punto de despegar.

El francés y el portugués deben ser las lenguas más sensuales que hay. Tienen cierta suavidad, una sonoridad sexy que las emparienta. Mi astróloga dice que las cartas natales de Río de Janeiro y París también son parecidas, que tienen mucha energía. Como la luna y el sol, como Letícia y Zaz, que justo el 20 de marzo forman un eclipse, en el cielo y en el circo. Al final no sabía como empezar la historia y ahora no la puedo terminar. Corto. Justo me llama por Skype una amiga que se fue a vivir a Francia y quiere que la vaya a visitar. Au revoir!

  • alberto

    Buenaza la crónica!!
    alberto…

  • Lucila

    Estoy estudiando portugués con duolingo :)

  • Gwyneth

    Que linda cronica! El frances suena muy dulce, pero los temas en frances…no hay caso…paso! Que buena idea lo del duolingo, a ver si me doy el gusto y aprendo portugues!