Carnaval a un metro de altura

 

Fue así. Hace exactamente 20 días vi un flyer que publicó una amiga en Facebook: “Grande Cia Brasileira de Mysterios e Novidades. Oficinas pré carnavalescas Escravos da Mauá Carnaval 2014. Técnica de pernas de pau para sair no cortejo. Quartas e sábados. Gratuito” -Taller de zancos para salir en el desfile. Miércoles y sábados. Gratis.” ¿Quién va? preguntó Vivi, y me apuré a escribir “yo”. Como combinamos de ir juntas, mi respuesta acelerada ya no tendría vuelta atrás. Cada vez más intento que lo que digo y hago, coincida.

No soy fanática del Carnaval. Pasé por todas las fases, la de curiosidad y expectativa, la de la diversión exacerbada, la del hartazgo, la del odio, la de la indiferencia y la de probar entregarme a la Folia como un fiel a un ritual religioso.

El Carnaval es, para muchos cariocas, un fuego refinador del alma, es algo serio, se lo toman en serio, lo sienten en el cuerpo, no lo pueden explicar, vibran, aman, brillan, participan, lo dejan todo, como la selección en la cancha. Son expertos en carnavalear.

Ya fui a varios blocos -desfiles callejeros- en carnavales anteriores, pero recién el año pasado salí en un auténtico bloco, de la mano de cariocas y residentes habitués de la fiesta del Rey Momo (ver post). Disfrazada, medio alcoholizada, un cuarto en estados alterados de consciencia, a los saltitos, como se marcha en los blocos, al ritmo de las marchinhas. Uno podría tranquilamente avanzar caminando, pero entonces no sería un bloco de Carnaval.

Cuando vi ese flyer, 20 días atrás, supe instantáneamente que se me presentaba una oportunidad de oro para unir dos cosas, la experiencia de subirme a un par de zancos y la de participar del Carnaval desde adentro.

Escravos da Mauá es uno de los blocos más tradicionales de Río, tiene 22 años y ganó dos veces el premio Serpentina de Oro del diario O GLOBO. Representa la zona portuaria de la ciudad, donde la cultura negra es fuerte y poderosa, allí está la Pedra do Sal, monumento histórico y religioso, conocida también como la Pequeña África, región en la que se asentó la primera comunidad negra de Río de Janeiro, llegada desde Bahía, en 1608. De noche, sobre todo los lunes y los miércoles, la Pedra do Sal se convierte en un escenario de Samba y Choro, y se llena.

Atravesar la ciudad a las 6 de la tarde es uno de los peores programas que se pueden hacer en Río de Janeiro. Pero ya estaba embarcada, apalabrada, comprometida y decidida a “ir fundo” en los desafíos: el de viajar en colectivo hasta Gamboa durante dos semanas y subirme a esos palos de madera para desfilar.

Llegué tarde y mi amiga nunca apareció. Ya casi terminaba la entrada en calor y subirse a los zancos resultó mucho más difícil de lo que parecía. No vengo más, pensé. Aprender se torna un acto casi heroico con los años. Todos los que están acá, pasaron por estos mismos ejercicios, me dijo la profesora mientras me hacía levantar una rodilla y la otra, una rodilla y la otra, agarrada de una viga, con 38 grados, en pánico. No vengo más.


Al dar los primeros pasos sola entendí que era un camino de ida, un poder que se activa, una adrenalina nueva que hace brillar los ojos y modelar las piernas. Con disciplina estoica, sábados y miércoles dejé la cómoda y airada Zona Sul para internarme en el suburbio del puerto y subirme a esos zancos gentilmente prestados por esta compañía de Misterios y Novedades. ¿Existe esta apertura en otras partes? Una de las zonas más humildes de Río ofrece talleres gratuitos, comparte material, enseñanzas, sonrisas y la posibilidad de desfilar sin cargo. ¿Cómo no amar esta ciudad, aunque la odie también? De onde você é? me preguntan al fin, y se sorprenden cuando digo que soy argentina, no parezco, dicen. Mas você fala muito bem o portugués y yo me regodeo al escuchar eso, porque eu tento, eu tento mesmo falar bem o portugués.

La última semana hubo cuatro clases seguidas antes del desfile. Falté a una y a la siguiente salí por primera vez a la calle para ensayar la coreografía en la Praça da Harmonia. Andar en las veredas rotas, bajar el cordón, cruzar la calle, subir el cordón. Caminar en zancos no es para cualquiera. El secreto es levantar las rodillas y pisar con confianza, la confianza es la que te mantiene equilibrado, decía Marília, la profesora, en los estiramientos previos, fabulosos para el cuerpo agarrotado. Confianza, sí, es lo que necesito. A perna de pau é pura terra, siguió explicando Marília, los zancos son pura tierra. Tem que pisar com confiança, estar aterrado. Aterrado en portugués no es “con miedo”, al contrario, es estar con los pies en la tierra, pisando firme, en el momento presente. Eso también necesito. Qué suerte que vine.

El domingo del desfile había que estar a las 8 y media de la mañana. El desfile era a la una de la tarde. Llegué 9 y media y ya hacían 40 y largos grados. Clima de estreno, risitas nerviosas, artistas entrando en calor, mulatas bellísimas siendo maquilladas y yo retrasando todo lo posible el momento de vestir el traje de Clóvis, rojo, negro y blanco, de manga larga y escote cerrado, que ya pasó por varios carnavales pero ninguna lavandería. Y encima, la máscara, una careta maliciosa que representa a este personaje típico de los carnavales antiguos de la Zona Norte, el bate-bola, que aterrorizaba a los niños pegándoles con una bola de trapo atada a una cuerda.

Personas comunes se transforman en diablos, en arlequines, en payasos, en Yemanjá, en reinas de flores, en cebras y tigres, en soles y lunas. 37 personajes formamos una gran ronda a un metro de altura. Lígia, capitana del equipo, comanda la ceremonia, pide apoyo a los dioses y orixás, dice que nuestro compromiso es llevar el arte a la calle, que eso es lo importante, que el carnaval es la fiesta de la carne pero también del espíritu, las manos dadas, en alto y ¡Evoé! gritamos todos, que nos acompañe Dionisio. Me emociono y casi pierdo el equilibrio.

Lo que sigue son tres horas de desfile cantando la marchinha “São Francisco da Prainha, anuncía o Carnaval, sou escravo da alegria e a minha teimosia é uma festa popular…” Explotan fuegos artificiales, sueltan globos amarillos y azules, los passistas avanzan con sus coreografías, la batería, formada por cientos de músicos, arremete, y el carro con los directivos del bloco anima a los miles de foliões que van a los saltitos, en éxtasis, sacando fotos. Desde arriba todo es más irreal. El sol abrasa y desde abajo continuamente nos entregan botellas de agua mineral.

Llegamos a la Praça Mauá, una hora y media de recorrido, y recién vamos por la mitad. Un camión tira agua y la gente corre a mojarse, grita, festeja. Los envidio. Hacemos nuestra coreografía, la gente nos saca fotos y la máscara me mata de calor. Por momentos se me nubla la vista, siento que me desvanezco, no veo la gracia en nada y me pregunto quién me manda a hacer estas cosas, tomo más agua. Confianza, tierra. Escucho la batería frenética que hace recuperar energías donde no las hay, levanto los brazos y bailo en zancos, sonrío atrás de mi máscara, celebro con mis compañeros de altura y me trago de un saque esta experiencia tropical.

La reina de las flores se acerca hasta la parte de atrás del cortejo, donde está la plebe, “aquí que é bom, aquí que o povo vai solto -aquí que el pueblo va suelto, dice- nosotros tenemos que ir con esta careta -y practica una sonrisa preciosa-, todos duros” -y extiende los brazos con las palmas de la mano hacia arriba, como lo hacen las reinas de las escolas, las grandes passistas que se ven por TV. Agradezco mi máscara. Para ser reina hay que colocarse esa impronta de alegría hasta el final, la reina no puede bajar los brazos, ni estar seria, ni dudar. Ella es la que anima la fiesta, la que sale en las fotos, la que nos contagia, la que todos miramos, admiramos, imitamos. Ser reina tampoco es para cualquiera.

Entre el público vislumbro a mi amigo Turiba, gran poeta carioca. Le grito enloquecida porque en ese mar de gente él es mi única familia, el único testigo conocido de mi hazaña carnavalesca. Turiba no puede creer verme ahí encima, me saca fotos, su novia nos saca fotos y al menos sé que voy a tener un registro fidedigno del más excéntrico de mis días.

(Acá algunas fotos antes del desfile)

  • pedro

    Ana, é preciso muita energia pra resistir a esses eventos. Porque a loucura transitória é o combustível, existe um toque de fuga, uma explosão íntima que “aleja” você da realidade naqueles momentos. Você, parece, ainda tem reservas para muitos trechos. Parabéns e boa sorte. Gosto muito dos seus textos. Abraço. Pedro

    • http://blogs.lanacion.com.ar/rio-de-janeiro/ Ana

      Abraço Pedro! e muita energia!

  • Susana

    gracias por compartir así tu experiencia, con tantas emociones juntas y con tanto humor!!!! excelente y divertida crónica, me encantó.

  • Luis Turiba

    Adorei seu depoimento sobre o meu aparecimento: Entre el público vislumbro a mi amigo Turiba, gran poeta carioca. Le grito enloquecida porque en ese mar de gente él es mi única familia, el único testigo conocido de mi hazaña carnavalesca. Turiba no puede creer verme ahí encima, me saca fotos, su novia nos saca fotos y al menos sé que voy a tener un registro fidedigno del más excéntrico de mis días.

    • http://blogs.lanacion.com.ar/rio-de-janeiro/ Ana

      a pura verdade Turiba!!

  • Gwyneth

    Hermoso relato! Felicitaciones por el debut carnavalesco! Y que el fuego te haya refinado el alma! La vista nublada es sintoma de deshidratacion, lo cual no es extraño si estas marchando tres horas a 40 grados…Si tenes que desfilar de nuevo, hidratate abundantemente los dias previos!

    • http://blogs.lanacion.com.ar/rio-de-janeiro/ Ana

      Gracias por la dica. Por suerte este bloco sale sólo una vez, siempre antes del carnaval. Y hacían 50 grados, 60 de sensación térmica.

  • ricardo romão

    Muito bom dividir contigo a alegria e o entusiasmo de subir na Perna de pau.

    • http://blogs.lanacion.com.ar/rio-de-janeiro/ Ana

      Obrigada pela força Romão. Foi demais!

  • belen aguirre

    Ana gracias por tanto!!!! cada vez me acercas mas a Rio!!!
    que linda experiencia de vida, ojala algun dia pueda vivir al menos un pedacito de todo lo que vivis en esa ciudad tan magica. beso

  • Marilia

    Ana, que ótimo seu relato, me encantó!!!!!!!!!Obrigado por sua presença e venha brincar mais conosco! Brincadeira séria, de criança mesmo! Beijos!

  • Diego

    Parabéns por animarte… una amiga que trabaja con varias escolas desde hace años me conseguía una vaga para desfilar, pero llegué tarde para los ensayos, así que no pudo ser esta vez.

  • Agustina Krapp

    Estar aterrado… Nunca la había escuchado, qué buena expresión! Y qué fantástica tu experiencia Ana