Sabores nativos de São Sebastião

 

Hoy es el día de São Sebastião, el patrono de Río de Janeiro y de Cova da Onça, el pueblo de pescadores en el que estoy, que se llama oficialmente como el patrono que veneran, São Sebastião. Desde el viernes estamos de fiesta, procesiones marítimas con el Santo, con música, con barcos adornados con palmeras y árboles y flores y mujeres disfrazadas y alcohol. Decenas de barcos, lanchas, canoas y yates salen a navegar con la banda de la iglesia tocando en vivo y bajan en la playa paradisíaca de Pratigi y en bancos de arena que aparecen y desaparecen con las mareas.

Después del paseo hay comida gratis para todos, auspiciada por Fernando Brito, el intendente de Cairú, el hombre más nombrado en estos cinco días de fiesta que pasaron, también bancados por la prefectura, o sea, por la gente que no sabe que quien paga el derroche son ellos mismos.

Banderines en las calles, adolescentes vestidos con remeras polo de colores estridentes abrochadas hasta arriba de todo, bermudas ajustadas, gorrito y el pelo diseñado a gillette. Las chicas arregladas como si fuese año nuevo, la fiesta es más importante que el carnaval. De noche, recitales hasta las cuatro de la mañana, de reggae, y principalmente de arrocha, un bolero tropical que está en la cresta de la moda en el nordeste brasileño.

Fue en la playa de Pratigi donde conocimos al ruso, filho -hijo- de Cova da Onça, como se llaman a sí mismos los nacidos en esta punta isleña de Boipeba. Un pescador que usa una cadena plateada con un crucifijo y dice que sus mejores amigos son sus dientes. El lunes, después de una noche de diluvio que no logró detener la arrocha a todo volumen, salimos caminando hacia Ponta dos Castelhanos, una playa desierta con mar tibio, transparente y profundo.

El ruso llevó el machete y unos anteojos negros que usa siempre. Apenas empezó la caminata entre los coqueiros cortó cuatro cocos verdes y abrió cada uno con tres machetazos certeros. Después de tomar el agua dulce del envase y sin pajita, partió cada coco al medio e hizo una cucharita para extraer esa especie de sashimi de coco que se forma alrededor del líquido. El agua de coco es elixir de los dioses, hidrata, cura, refresca, un suero natural que en Río ya cuesta seis o siete reales y en la isla cinco.

Al rato pescó, con la punta del facón, un coco viejo, lo partió y nos convidó una carne dura y oleosa que al masticar deja un sabor suave, delicioso. Levantó otro coco maduro del suelo, con un brote saliendo, lo abrió y retiró la manzana del coco, una pequeña pelota de rugby blanca que tiene la consistencia de una esponja con jugo y sabor de manzana. Veinte metros más adelante consiguió un racimo de coco licurí, unas bolitas amarillas con una pulpa entre ácida y fresca. Y otro más: el coco do dente, un racimo compacto como un choclo pero de granos jugosos, de coco.

Al llegar a la Ponta dos Castelhanos el ruso encontró unas castañas de cajú que habían descartado después de usar la fruta. Encendió un fuego con maderitas, cáscaras de coco seco y hojas de palmera, asó las castañas, las quebró y sirvió unas castañas de cajú tibias y ahumadas, feitas na hora.

A la vuelta se subió a un coqueiro de cinco metros y empezó a lanzar un coco verde atrás de otro. Unos quince. Los abrió y volcó el contenido en dos botellas vacías de agua mineral. Tres litros de agua de coco para acompañar las lambretas que iba a cocinar a la noche. Las lambretas son unos mariscos parecidos a la almeja, pero con un palito blanco que sale del bicho. Y son ricas, muy ricas. Se cocinan en agua con cebolla, tomate picado, pimentón, cilantro y se comen con limón, que fueron descolgados en el momento del limonero. El caldo que dejan las lambretas es otro manjar. De postre, caña de azúcar recién cortada del patio de su casa y un racimo de bananas que sacó de una bananera usando la parte más dura del coco maduro, la que envuelve la carne. En breve el ruso podría inaugurar el festival gastronómico de São Sebastião.

  • Susana

    como siempre, es como si hubiera estado ahí, qué paseo!!! gracias!

  • Gwyneth

    mmm…que delicia parece ser todo, sobre todo por lo fresco! saudades de agua de coco tengo yo ahora…

  • marcelo

    Hola Ana , leo siempre con mucho placer tus blogs , ya que por mi historia me siento un poco carioca. En esta oportunidad me perdi . Estaria bueno un mapita para ubicarse melhor.

    • http://blogs.lanacion.com.ar/rio-de-janeiro/ Ana

      Hola Marcelo, es en una isla bahiana, si ponés el nombre en el google maps te muestra dónde queda.