Corazones isleños

 

Mirella Guidorizzi es diseñadora de indumentaria y como la mayoría de las personas que viven en Ilhabela, cambió la vista infinita de edificios paulistas por otra infinita, pero de mar y selva. La conocí en Baía dos Castelhanos, que integra el top ten de las playas más lindas de Brasil. Desde lo alto del mirador se puede ver su forma de corazón.

* Los epígrafes de la foto se despliegan al pasar el cursor por la imagen.

Era viernes, estaba soleado y mientras los turistas disfrutaban de la playa sentados alrededor de las mesas de plástico frente al mar, con un plato de rabas y una caipirinha de hojas de mixirica -una fruta parecida a la mandarina-, Mirella explicaba a las mujeres de la comunidad de Castelhanos, también sentadas alrededor de mesas de plástico, cómo hay que cortar en diagonal un jean viejo para transformarlo en short, deshilacharlo con una Gillette, colocarle tachas, pintarle un bolsillo o desteñirlo con lavandina.

Castelhanos es una de las 15 comunidades caiçaras del Archipiélago de Ilhabela, litoral norte del Estado de São Paulo. Está llena de almendros, muchas casas son de barro y sus pobladores, unas 160 personas, subsisten cada vez menos de la pesca y recolección de frutos y cada vez más del turismo.

¿Por qué no dibujás algo? le pregunté a Fabricio, uno de los chicos que se fueron acercando a las mesas curiosos y tímidos. Me miraba inmóvil. Dale, acá tenés marcadores para tela. Nada, mirada de por favor no me hables más. Bueno, entonces voy a dibujar algo yo. Un minuto después Fabricio agarró un marcador y no lo soltó más. El chico era un talento, al final de la tarde había intervenido un vestido con palabras de distintos colores y la prolijidad de un arquitecto; sobre una tela de jean había creado unas flores simétricas y complejas como los diseños hindúes y se había hecho un morral con ese mismo retazo cosido por él. Su mamá le enseñó a dar las puntadas y yo a hacer el nudo del hilo rodando el dedo gordo y el índice.

Al día siguiente todos andaban preguntando a qué hora empezaba el curso. Mirella estaba preocupada porque ya casi no le quedaban pinturas, los marcadores estaban con las puntas gastadas y hundidas por la fuerza con que dibujaban los más chiquitos y las tinturas para hacer batik eran historia. Las mujeres, que habían juntado más ropa para reciclar, se pusieron a bordar piedras y lentejuelas, a pegar apliques y reformar camisetas viejas con tijeras. Eran imparables. Se sumó hasta Peterson, un nene de tres años que se puso a pintar con el dedo; y todos los adolescentes de la aldea, que pararon de surfear y jugar taco, una versión brasileña del cricket, para customizar camisetas y bermudas arriba de una canoa.

“Al principio estaba súper preocupada por no entender su comportamiento o no saber lidiar con ellas -dijo Mirella, que no esperaba la participación de los niños-, pero de a poco nos fuimos soltando, fue fluyendo, todas interesadas, curiosas, queriendo aprender. Y cuando dije que eran sólo dos días no querían que terminara, tenían muchísimo interés en continuar. Eso fue lo mejor para mí, estar en contacto ahí con ellos, en un mundo aislado, y poder ofrecerles una actividad que les sirva para cubrir el tiempo ocioso, o la oportunidad de generar un ingreso y ser más independientes.”

El primer día, cuando vi el cartel colgado con distintos ejemplos de bordados; la canasta repleta de materiales, los libros: cien formas de reciclar un jean, cien maneras de reformar una camiseta; la computadora y sobre todo, el comportamiento profesional de Mirella, pensé que se trataba de algún programa patrocinado por la Prefectura, o por algún instituto o marca. Pero no. La iniciativa, los objetos -incluida una parva de camisetas blancas nuevas-; la realización y el tiempo, eran trabajo voluntario de la diseñadora. Y de Carol, su amiga, que desde hace un año va y viene entre São Paulo y Castelhanos, y es como la madrina de la comunidad.

“Hay que tener mucho cuidado porque acá las personas son muy puras, ingenuas -dice Carol-. Absorben todo como esponjas porque hay mucha carencia, por eso son tan receptivas cuando llega algo de afuera, el tema es que puede ser un curso de customización de ropa, o el crack.”

El domingo Aline, de 13 años, llevaba puesta la camiseta batik que hizo el viernes. Peterson, Fabricio, su hermano Junior, João Marcos, Alessandra e Ismael merodeaban por la casita blanca con ventanas azules que está sobre una roca frente al mar. Es la casa de Junior grande, el novio de Carol, otro paulista que echó raíces en esta tierra insular y está a cargo del restaurante Marebar. Junior dijo que los nenes andaban preguntando por mí. El corazón se me infló. Tenían los dientes verdes, azules, negros, coloreados por una tinta más fuerte que la de las telas; unos chicles baratos que mascan el día entero.

Querían que los acompañe de nuevo a La Barra, un río que desemboca en el mar y tiene rocas que sirven de trampolín. Habíamos ido el día anterior. Empezamos a negociar porque yo quería ir al mirador do Gato. No hay nada ahí, me decían. Es feo. No sabemos llegar. La Barra es mucho mejor. Pero quiero ver la vista, insistía. Bueno vamos pero comprás gaseosa y galletitas. Bueno. No, mejor vamos pero primero vamos a La Barra. Ah no, eso no porque después no van a querer ir hasta el mirador. Probaron todas las tácticas de manipulación y al final lo mandaron a Junior chico, el hermano de Fabricio, para que me acompañe. En el camino se sacaron los chicles para comer las galletitas que Alessandra cargaba en su nuevo morral de jean, cosido y pintado por ella misma.

  • Mirella Guidorizzi

    Ana, sem palavras…você conseguiu descrever exatamente o que aconteceu naqueles dias. Gratidão pelo carinho, pela presença e pelo belissimo registro, você nao faz idéia da importancia disso tudo pra mim. Meu coração se renovou depois dessa experiencia, e agora depois de ver o que aconteceu com os seus olhos, me deixa mais agradecida e emocionada (ao pé da letra).
    Não demore pra voltar. Um grande beijo

    • http://blogs.lanacion.com.ar/rio-de-janeiro/ Ana

      Mirella, tem alguns nomes que eu nao lembro, como a senhora do barco, o DJ, o menino da bermuda branca, e alguns outros que nao guardei. Se você saber os nomes, por favor me passe que coloco na descriçao da foto. Abraçaço!

    • Diego

      Parabéns, Mirella! Eu morei um tempo em Maricá, Ponta Negra e gostava de ensinar as crianças a pintar suas camisas como Jackson Pollok e fazer desenhos para eles. Se algum dia eu tiver a oportunidade de conhecer Ilha Bela gostaria de visitar a comunidade. Saudações!

      Uno de tus posts mas lindos y emotivos, Ana.

  • Sebastián Martinez

    Gracias por las historias y las imágenes…….es aire fresco para mi!!

  • Carol Dias

    Olá Ana, que lindo texto! Estou emocionada! Vou imprimir e mostrar pra eles. Foi um prazer recebê-la! Vamos aos nomes: a senhora do barco é a Laurinda, o DJ é o Lucas e o da bermuda branca é o Gean. Volte quando quiser! Beijos

    • http://blogs.lanacion.com.ar/rio-de-janeiro/ Ana

      Eba! gracias pelos nomes Carol, já coloquei e também gracias por abrir as portas. Grande beijo e tomara que até breve!

  • Norma

    Gracias, Ana, por tan hermoso e inspirador texto.

  • Gwyneth

    La nota es hermosa, incluyendo texto, fotos e historias. Una bocanada de aire fresco, en este fin de año, que me dio ganas de visitar Ihlabela y ponerme a recortar jeans!

    • http://blogs.lanacion.com.ar/rio-de-janeiro/ Ana

      Acordáte de que el corte es diagonal Gwyneth :)

      • Gwyneth

        Ah! Gracias por ese detalle!

  • Gregory Molina

    nos paso lo mismo en ese pedazo de isla hermosa… mi novia y yo estamos haciendo un viaje en bicicleta por el litoral brasileño. justo el cosmos y la suerte con ayuda del vientos nos mando para castelhanos y no solo una aventura llegar hasta aquel lugar cosmicolindolunar como lo es esa playa.. son todos una familia que sin usted necesitar ya estan ayudando en todo… gracias por el relato y las fotos.. tengo mas fotos del lugar si quiere se las puedo enviar :D ana

    • http://blogs.lanacion.com.ar/rio-de-janeiro/ Ana

      qué buena experiencia! que sigan juntando esas vivencias “alto astral” sobre las dos ruedas Gregory!