Vivir de viaje

 

Vivir en Río hace que la necesidad de viajar se calme. Se desvanece esa ansiedad de querer estar en otro lado, de recordar el olor del mar, su temperatura, el grosor de la arena, las caipirinhas. En Río todo eso está en frente, a pocas cuadras, cerca, se puede llegar caminando, en bicicleta, en Metrô, sin tener que preparar valijas y buscar hotel.

Viajar para mí es desplazarse a otro espacio física o mentalmente -pero no voy a entrar en ese laberinto-, es estar en un lugar donde, por más que tengamos toda la información y datos útiles del mundo, no conocemos nada. El paisaje, la vestimenta de la gente, los aromas, los sonidos, el idioma, todo es distinto y, lo más importante, somos completamente desconocidos, podemos ser nuevos, podemos decidir quien y cómo queremos ser. Hay que elegir todo el tiempo, desde cómo pasar el día hasta un plato en un menú que no entendemos. Y al decidir uno se va definiendo, va delineando su personaje, observando todo desde una distancia inusual. Por eso viajar hace bien, nos confirma quienes somos y quienes no queremos ser más. No me refiero a hacer turismo, con intermediarios, con todo armado, donde sólo vemos lugares y nunca hablamos con nadie que no sea la propia gente que nos acompaña, un guía, los amigos, o la pareja. Cuanto menor es el número de personas que uno ya conoce, más se viaja. Y se puede viajar hasta en el propio barrio.

Río es una ciudad particularmente transformadora, nadie sale igual a como llegó. Pasan cosas fuertes, es como la India latina, pero menos espiritual y más física, y sin bocinas. Debe tener que ver con su geografía, radical, perturbadora de tan bella, es una ciudad que a pesar de ser súper poblada, no pudo dominar a la naturaleza. La lucha es literalmente salvaje, cada ranura en la piedra es una futura planta y en diez minutos de colectivo uno puede llegar al medio del mato, a la selva, con monos, iguanas y hormigas tamaño araña.

Escribo esto a las cinco de la tarde del sábado, una pareja de loros revolotea entre las palmeras del Aterro do Flamengo, una bendición de parque diseñado por el paisajista Burle Marx. Pasa gente en bicicleta, en skate, una parejita de adolescentes pasa la tarde a los besos, recostados sobre el tronco de un árbol. Otros dormitan, juegan voley en la arena, pasean perros. Escenas de cualquier ciudad si no fuera porque el sol otoñal proyecta una luz anaranjada, medio aterciopelada por la maresía -salitre-, sobre la roca monolítica y piramidal que emerge del mar en la Bahía de Guanabara. El bondinho del Pão de Açúcar sube y baja por el cable. El verdadero bondinho, el original, de Santa Teresa, falta.

A los que no conocen, yo les diría que vengan a Río antes de que cambie, de que la pinten de blanco para el Mundial y las Olimpíadas. Porque puede suceder que desaparezcan los vendedores ambulantes, esos que gritan en la playa “delícia árabe, mais gostosa que o primeiro beijo“, o prohiban las ruedas de altinha, ese deporte carioca que se juega en la orilla de la playa y da tanto placer ver como jugar. O los carritos de tapioca, un crepe de mandioca relleno de lo que uno quiera, o el legendario Bar Luiz, fundado en 1887, que tal vez tenga que irse de la Rua da Carioca porque toda la cuadra fue vendida a un grupo inmobiliario y los alquileres se triplicaron.

Río va a cambiar como lo hicieron todas las ciudades por donde pasan estos mega eventos, para bien o para mal, no será la misma y temo que en esta “cirugía estética” desaparezca el encanto informal de la identidad propia de la ciudad. El Maracaná quedó muy lindo, y también quedará lindo Porto Maravilha, el futuro Puerto Madero carioca, pero las remociones de gente a la fuerza son permanentes, como la de los indios de la Aldea Maracaná, antiguo Museo del Indio, donde querían construir un estacionamiento. Todos perdieron, los indios tuvieron que irse y los dueños del negocio mundialístico tuvieron que desistir de destinar ese lugar a los autos. ¿Qué harán allí? no lo sé, nadie sabe mucho nada. Se miente mucho, es difícil saber de verdad. Por eso lo mejor es confiar en la propia fuente, esa que usamos y descubrimos a la fuerza cuando viajamos.

Me voy, refrescó, esta época del año Río está fresca, una bendición para quien conoce en demasía los veranos de la ciudad tropical. Me voy a comer un tacacá, una sopa amazónica no apta para quien no quiere arriesgarse a probar lo diferente. Ya dice el dicho, el que no arriesga…

  • Susana

    maravillosa y actualísima postal del Río de hoy. Gracias!!!

  • Maurilio

    Ana, buena descripcion del Rio de Janeiro. Pero, uno puede pensar qué Rio está en medio de la selva, lo qué no es verdad. El Parque Nacional da Tijuca, el mayor parque urbano del mundo es que está dentro de la ciudad del Rio de Janeiro.

    • Ana

      Hola Maurilio, me refería a poder acceder con mucha facilidad a ciertos lugares como la cachoeira do Horto, me acuerdo que tomé el bus 409, caminé diez minutos y entré en esa selva espesa. Lo mismo en el Parque Lage, poder sumergirse en el verde en pocos minutos es una ventaja inusual.

  • adolfo D.

    impecable descripción de alguien que vive Río con pasión.

  • tribi

    Volviste Mostra!!! Muera el fusca, viva el viaje!!

  • Marcelo

    Genial !! Un lugar único al que vale la pena volver

  • Agustina

    Ana, es un placer leerte, no me pierdo nunca lo que escribís (aunque nunca antes había comentado ninguna publicación). Cuando estuve en Río hace 2 años, sentí que ese era mi lugar en el mundo. Hasta que pueda recibirme y volver, me conformo leyendo tus historias, siento que estuviera allá por unos minutos. Saludos!

  • http://perfumedeayer.blogspot.com.ar/ Sophie

    “Vivir en Río hace que la necesidad de viajar se calme” Maravilhoso :) !!!!!

    Me gustó mucho lo del viajero y eso de “elegir todo el tiempo”. Eterna búsqueda.

  • MARTIN ONES

    No se ya cuantas veces te di las gracias, pero de todas esta es sin duda la mas sentida, tan emocionante es leer que viajando “podemos decidir quien y cómo queremos ser”, eternas gracias por que me recordaste quien fui durante mi viaje a Brasil, me recordaste el aroma de la comida que me preparaba mi abuela postiza alli y el sabor de los besos que me daba esa muchacha no carioca de nacimiento (nacio en Espirito Santo – Vitoria), pero al igual que vos ya su logica era carioca. Ahora estoy en Tierra del Fuego rodeado por la nieve, trabajando y creciendo, se que cada dia me acerco mas a poder viajar de nuevo y reencontrarme a mi mismo, mientras escucho musica carioca y leo este blog para sentirme cerca y no morir de saudades. Gracias de corazon, gracias por tus palabras.

  • Raphael Ramírez

    Es un lugar hermoso, yo tuve la oportunidad de conocerlo hace un año y quede maravillado. Hace poco conocí Cancún, México. Creo es un lugar que te puede encantar, su cultura, playas, actividades, su gente, es algo que sin duda deberías de conocer. http://www.royalsunset.com/

  • Javier Nuñez

    Ana, celebro tu blog. Por cierto, el segundo párrafo es muy exacto y bello. Conoceré Rio en diciembre, y estoy realmente disfrutando de los detalles y secretos de tan hermosa y misteriosa ciudad… Tu narración inspira a seguir viajando y sumergiéndose en otras culturas, tan lejos y tan cerca a la vez. Gracias, muchas gracias!